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Blog sobre aprendizaje, crecimiento…

¿Cómo valorar un esfuerzo sin destruirlo? junio 1, 2012

Archivado en: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 18:37

EL ESFUERZO: ¿esfuerzo o placer

Parte 1: El esfuerzo del niño

Parte 2: Dos tipos de esfuerzo

Parte 3: ¿Cómo valorar un esfuerzo sin destruirlo?

Según esto, ¿qué podemos hacer para valorar el esfuerzo del niño? ¿cómo podemos acompañar ese esfuerzo para que continúe? ¿cómo podemos cuidar el esfuerzo del niño sin destruirlo?

En el caso de que la actividad que requiere el esfuerzo responda a un interés personal, tengo más o menos claro el papel del adulto. En este caso yo creo que la postura del adulto debiera basarse en el respeto absoluto a la actividad del niño, y en establecer con el niño una relación en la cual el niño trabaja y el adulto le acompaña para darle lo que necesita. Esta forma de acompañar, no consiste en cambiar unas palabras por otras. Esto consiste en establecer una relación diferente con el niño, dándole lo que necesite, estando a su servicio, poniendo normas, creando buenas condiciones para el trabajo, sin juicio.
Veamos algunos ejemplos:
- si estoy en casa trabajando en el blog, mi marido me demuestra el valor que le da a mi trabajo ocupándose de los niños y no dejando que me interrumpan
- cuando mis hijos corren y saltan por casa, yo les demuestro que valoro su trabajo al no dejarles hacerlo en casa (porque es una norma que tenemos y porque en casa no hay buenas condiciones), al ofrecerles salir a la calle, al buscar un ambiente (en un parque, con amigos…) en el que puedan desarrollar este trabajo en las mejores condiciones posibles.

En aquellas situaciones que suponen un esfuerzo porque las hacemos por obligación no tengo tan clara la postura del adulto, no he reflexionado tanto acerca de ello. En estas actividades están incluidas:
- obligaciones que nos vienen impuestas desde fuera, desde nuestro trabajo: madrugar, reuniones, cursos, estudiar, deberes, tareas,… A veces pueden ser trabajos muy amables y ser incluso divertido, pero continúan siendo obligaciones puesto que no es algo que el niño elige.
- normas: recoger después de utilizar algo, hablar bajito en espacios cerrados…
- cosas que no nos gustan pero que queremos hacer para conseguir algo que sí que nos gusta: ahorrar para ir de vacaciones
Imagino que las pautas a seguir en estos casos serían acompañar al niño, hacérselo lo más llevadero posible, explicarle los motivos por los que lo tiene que hacer, razonárselo, hacerle ver lo que va a conseguir con su esfuerzo….

 

Dos tipos de esfuerzo mayo 31, 2012

Archivado en: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 06:06

EL ESFUERZO: ¿esfuerzo o placer?

Parte 1: El esfuerzo de los niños

Parte 2: Dos tipos de esfuerzo

Parte 3: ¿Cómo valorar un esfuerzo sin destruirlo?

Está muy extendida la idea de que los adultos tenemos que reconocer el esfuerzo de los niños. En que este esfuerzo hay que valorarlo, apreciarlo, cuidarlo, para que se mantenga y el niño continúe esforzándose.
Lo que se suele hacer normalmente es juzgar positivamente el trabajo del niño (qué bien saltas, qué bien escribes, qué bien hablas inglés, qué bien has hecho la tarea), o bien hay quien opta por describir la situación (qué salto tan alto, qué letra más redonda, veo que te esfuerzas mucho, he visto todo lo que te has esforzado, veo que estás usando muchas piezas amarillas en tu torre).
¿Cómo nos sentimos los adultos cuando recibimos este tipo de acompañamiento en actividades que nos suponen un esfuerzo?

Hemos visto que hay dos tipo de “esfuerzos”:
- en aquellas cosas que hacemos porque queremos, es decir, cuando jugamos o trabajamos en nuestro interés
- en aquellas cosas que hacemos obligados, que hacemos porque no tenemos más remedio, porque lo necesitamos para conseguir algo.

En aquellas actividades que a mí me cuesta realizar, no creo que me sintiera cómoda recibiendo un juicio positivo o una descripción de mi actividad:
- qué bien hablas inglés: sé que no es verdad. Si hablara bien inglés no tendría que estar estudiándolo.
- veo que te estás esforzando: ¿y por eso me estás suspendiendo?
- qué bien has aparcado: sí, hombre, después de 20 maniobras
- veo que te ha costado un esfuerzo aparcar: encima cachondeo
- qué bien madrugas¿?¿?
- veo que a pesar de que se te cierran los ojos, has conseguido madrugar: zzzzzz
Este tipo de actividades, solo se llevan a cabo porque se quieren conseguir algo a cambio:
- voy a reuniones de trabajo porque me pagan un sueldo
- estudio en la universidad para sacar un título
- ahorro para poder tener luz eléctrica en casa
- estudio inglés para conseguir un trabajo mejor
Pero sino consiguiera esas recompensas, no haría ese esfuerzo. Necesito la recompensa para hacer el esfuerzo.

En cambio, en el otro tipo de actividades que son las mismas que las anteriores, pero que no cuesta esfuerzo hacer, no necesito ninguna recompensa para hacer el esfuerzo.
Son actividades que se hacen sin obtener nada a cambio.

¿Qué pasa entonces si damos una recompensa por realizar una actividad que no la necesita? Evidentemente, que actividades que se hacen “porque sí”, pasan a convertirse en actividades del otro grupo, en cosas que hacemos para conseguir algo a cambio.

Un niño construye un torre con piezas de construcción. Hace un esfuerzo, pero lo hace jugando, simplemente porque quiere. No consigue nada a cambio, solo su propia satisfacción personal. ¿Qué pasa si le alabamos su torre? Pues que en futuras construcciones buscará nuestra aprobación, y así, una actividad que no necesitaba de nada pasa a ser una actividad que busca recompensa.

 

El esfuerzo de los niños mayo 30, 2012

Archivado en: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 19:11

EL ESFUERZO: ¿esfuerzo o placer?

Parte 1: El esfuerzo de los niños

Parte 2: Dos tipos de esfuerzo

Parte 3: ¿Cómo valorar un esfuerzo sin destruirlo?

Estos días, a raíz de comentarios y entradas de otros blogs, hemos estado dándole vueltas en casa al tema del esfuerzo. Está claro que los niños se esfuerzan, que hacen muchísimas cosas que les suponen un esfuerzo. En los primeros años de vida es muy fácil verlo. Por ejemplo:
- nacer: supone un esfuerzo enorme para el bebé, y sin embargo, la inmensa mayoría de ellos lo hacen sin problemas
- andar, y el desarrollo de la motricidad en general, les supone un gran esfuerzo. Primero sujetar la cabeza, luego la espalda, darse la vuelta, sentarse, gatear, ponerse en pie, dar un paso sin apoyo…. Inmediatamente, tras conseguir un objetivo se lanzan a por el siguiente, a por el más difícil todavía.
- en el juego: cuando corren, cuando saltan, cuando construyen, … ponen su capacidad al límite, haciendo un gran esfuerzo, para correr lo más rápido que puedan, para saltar lo más alto posible, para construir la torre más alta…

Pero este tipo de actividades, ¿las viven los niños como un esfuerzo? ¿por qué lo hacen, si les supone un esfuerzo? Principalmente lo hacen porque quieren,  y porque no tienen más remedio, porque lo necesitan para crecer, para aprender, para desarrollarse.

Los adultos también hacemos esfuerzos a veces. Por ejemplo:
- a mí me cuesta un esfuerzo aprender inglés. En cambio a mis hijos y a mi marido, no les cuesta ningún esfuerzo
- a mí me cuesta un esfuerzo hacer los trabajos que me piden en la universidad. Tengo que ir a clase, leer la bibliografía, escribir reflexiones… En cambio no me supone ningún esfuerzo trabajar en el blog, ir a cursos, leer lo que me recomendais, escribir entradas
- a mí me cuesta un esfuerzo ahorrar dinero para pagar la factura de la luz o del gas, que sube y sube. En cambio, no me cuesta ningún esfuerzo ahorrar para irnos de vacaciones
- me cuesta un esfuerzo madrugar para ir a una reunión del trabajo. Y no me cuesta ningún esfuerzo madrugar para ir de excursión.

¿Cómo es posible? ¿Por qué una misma actividad puede ser un esfuerzo o un placer? ¿Qué es lo que hace la diferencia?
La diferencia está entre hacer lo propio o lo ajeno, en trabajar siguiendo tu interés o en trabajar por obligación, en que la motivación que te mueve sea intrínseca o extrínseca.

 

He leído: Del dibujo infantil a la semiología de la expresión, de Arno Stern mayo 22, 2012

Este libro nos dio una gran alegría cuando se publicó, en el 2008, porque no había ninguno reciente de Arno Stern en español. Pueden encontrarse más títulos en otros idiomas.

El libro trata de la evolución que va siguiendo el dibujo desde la infancia y a lo largo de toda la vida: es lo que Arno llama la Formulación. Explica en qué consiste, qué pintan los niños y qué no, y porqué. De dónde viene, cómo evoluciona, qué condiciones tienen que darse para que no se destruya ese proceso.

El libro se le muy rápido y es ameno (o eso me parece a mí, porque ya sé de lo que habla). Tiene muchas fotografías, dibujos y esquemas que ilustran la explicación.

En cuanto al contenido, me parece básico, imprescindible para cualquiera que tenga algo que ver con la infancia o con el dibujo. Me queda la duda, de si sólo con la lectura del libro se puede llegar a comprender en qué consiste y qué condiciones necesita el dibujo infantil para crecer y desarrollarse. Es mucho lo que se intenta trasmitir, y no sé si se consigue sólo con la lectura del libro. La forma de ver el dibujo infantil (y la educación en general) es muy diferente a lo que hemos vivido y a cualquier otro enfoque que hayamos visto, por lo que no sé, si con la lectura del libro se puede llegar a comprender cómo funciona realmente el dibujo infantil.

 

Por qué no decimos muy bien mayo 11, 2012

Archivado en: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 19:29

La primera vez que que me encontré con la idea de que decir “muy bien”, quizá no era tan positivo como pensaba, fue cuando conocí la educación creadora.
La verdad es que fue una suerte conocer esta forma de ver el desarrollo humano y la educación, antes de ser madre o  maestra, y no tener nada que ver con niños. Porque esta idea del no juicio, requiere un trabajo personal: no consiste en suprimir unas palabras de nuestro vocabulario, sino que va más allá.


No se trata de no decir qué bien, sino de no juzgar. Hay situaciones en las que las cosas no están ni bien ni mal, por lo que no se juzgan. El problema es que hay muchas cosas que están siendo juzgadas cuando no debieran.
Conozco personas que creen que es cruel, que no está bien no decirles a los niños lo que hacen bien. Volvemos al mismo razonamiento de antes: y es que hay cosas que no están ni bien ni mal hechas.
Hay otras personas que creen que los niños necesitan motivación. Los niños necesitan muchas cosas, que les quieran y sentirse queridos y cuidados, necesitan que sus cosas sean tratadas con la importancia que tienen. Y necesitan seguridad, sentir que van a recibir ayuda si la necesitan, saber que tienen a alguien que les valora, que les cuida, que da importancia a su trabajo. Pero todo esto se puede hacer sin juzgarles continuamente, sin estar poniéndoles nota en cada cosa que hacen. No decir muy bien, o muy bonito, no quiere decir que no les cojas en brazos y te les comas a besos siempre que te apetezca. Hay muchas formas de dar cariño a un niño y de demostrarle cuánto te importa. Si eso solo se hace a través de la buena nota que saca el niño en cada cosa que hace, creo que habría que revisar esa relación adulto-niño.
Cuesta mucho encontrar información sobre este tema, de hecho, creo que solo conozco este artículo donde se habla de esto, aunque no estoy de acuerdo con todo lo que dice:
http://www.baalya.es/2011/11/09/alfie-kohn-cinco-razones-para-dejar-de-decir-%C2%A1muy-bien/

Los seres humanos siempre estamos en proceso: no terminamos de hacernos nunca. Siempre nos quedan cosas por aprender, reflexiones que hacer…. nunca terminamos de trabajarnos. Hoy sé muchas más cosas de las que sabía la semana pasada. He conocido personas, he aprendido cosas, cocino diferente, escribo diferente, utilizo otras herramientas…. Soy distinta a como era la semana pasada. Si ahora hago algo bien, ¿quiere decir eso que la semana pasada lo hacía mal? Claro que no, lo hacía diferente, pero no mejor ni peor. Y la semana que viene lo haré diferente también.
Yo escribo de una manera. Y mi hija de 3 años y medio, escribe de otra manera. Si le digo que qué bien escribe….. ¿quiere decir eso que yo escribo muchísimo mejor? Claro que no. Es que ella no escribe bien. Tampoco mal. Escribe a su manera, que es diferente de la manera de escribir de los demás, y es diferente también de la manera que ella misma tenía de escribir en otros momentos de su proceso.
Mi hijo de 5 años, escribe algunas letras. ¿Las escribe bien? Noooo, las escribe a su manera, que es diferente (no mejor o peor) a la forma que tenía de escribir hace un año, y a la forma que tendrá de escribir dentro de un año. Pero no es que escriba “bien”.

Hacer las cosas bien o mal, es una percepción subjetiva, que solo tiene sentido si se compara, si se toma una referencia. Yo conduzco bien. ¿Comparado con qué? ¿con migo, con cómo conducía antes? ¿o con otras personas, que conducen mejor o peor que yo? Yo conduzco a mi manera, aquí y ahora. Pero no bien o mal, ni mejor o peor. No tiene sentido compararse con cómo conducen los demás, porque los demás son diferentes a mí, con otros procesos, otras capacidades, otras circunstancias. Bien-mal son términos relativos, que solo tiene significado si se comparan con otros, y no tiene sentido comparar procesos, porque las personas somos diferentes. Tenemos diferentes procesos y diferentes formas de hacer las cosas. Todas las personas son diferentes a las demás, por lo que tienen su propia manera (diferente a los demás) de hacer las cosas. Y esa forma de hace , no es mejor o peor, es diferente.

Si una cosa está “bien hecha”, cabe la posibilidad de que salga mal. Un juicio, una alabanza, un muy bien, dice muchas cosas. Si un niño hace algo, y recibe un “muy bien” o “qué bonito”, lo que se le da a entender es que eso que esté haciendo le gusta al adulto que le acompaña. Es decir, que lo que el niño hace, tiene que agradar a los demás. Ya no puede hacer las cosas por sí mismo, porque sí, por su motivación intrínseca, sino que tiene que hacer cosas para que le gusten a los demás, por la motivación extrínseca. Se le hace dependiente de los juicios, las opiniones, la motivación de los que le rodean.
Por otro lado, que esto que has hecho esté “bien”, quiere decir que podría haber salido mal. Si un dibujo es bonito, cabe la posibilidad de que me hubiera salido feo.
El juicio (refuerzo positivo, alabanzas, …) no motiva al niño, sino que le hace dependiente de la opinión de los demás. Hacen que el niño deje de trabajar para sí mismo, y se ponga a trabajar para los demás (para conseguir un muy bien). Le condiciona. Y tampoco le da seguridad, sino todo lo contrario: que te juzguen da miedo, da la posibilidad de hacerlo mal aunque siempre le vayamos a decir que lo hace bien.

Circulan por internet muchas presentaciones de diapositivas. Unas son de fotografías increíbles, otras de Dios te quiere… y otras acerca de lo especiales que somos las personas. Hace poco me llegó por correo uno de estos últimos, titulado “Terapia del elogio”. Habla de que las relaciones hoy en día no duran por la falta de cariño en las familias y el valor que se les da a las críticas. Dice que nos elogiamos poco, y esto destruye matrimonios, porque las personas terminan buscando fuera lo que no encuentran dentro. Y la solución que le da a esto es que busquemos lo que nos gusta de las personas para elogiarlas, porque los elogios son la motivación de nuestra vida.
No puedo estar más en desacuerdo. Es cierto que las relaciones hay que cuidarlas, porque sino se deterioran, por supuesto. Pero yo no creo que una relación basada en los elogios funcione. Yo al menos no busco eso en la vida.
En casa, no somos de elogiarnos, la verdad. Yo sé que mi marido me quiere, que le gusto y que le importo. Pero no lo sé por lo que me dice, sino por lo que hace: porque me escucha, me apoya, me ayuda en todo, me hace reír, me aconseja, me anima…. porque sé que le tengo a mi lado a capa y espada, para lo que yo necesite. Se nos nota que estamos enamorados y que hacemos un buen equipo, pero no porque nos lo digamos: es tan evidente que ni nos lo decimos, no hace falta.
En mi vida profesional ocurre lo mismo. Tengo un trabajo en el que se me valora y se me aprecia. Y no me lo dicen con palabras, sino con hechos: están pendientes de lo que necesito, cuando tengo un problema se desviven por ayudarme, me aconsejan, me animan y me apoyan…. Pero no me han dicho nunca lo buena profesional que soy. En cambio he trabajado en sitios donde me ha ocurrido lo contrario: donde todo eran buenas palabras, pero no había nada detrás.
Cuidar una relación, tener una buena relación con una persona, no tiene porqué pasar por juzgarla, alabarla, elogiarla…. por decirle lo bien que hace ciertas cosas.
¿Qué clase de seguridad tenemos en nosotros mismos si necesitamos que desde fuera nos aprueben? ¿Qué clase de madre soy, que necesito que desde fuera me vayan aplaudiendo el cómo lo hago? ¿Qué clase de profesional soy que dudo de todo si no se me reconoce mi trabajo? Y repito, es cierto que necesitamos el apoyo de los que nos rodean, necesitamos que nos quieran, a veces necesitamos oír la opinión de otras personas….. pero esto es diferente a necesitar un “muy bien”.

En mi vida diaria, no me cuesta no emitir el juicio, aunque como ya he dicho es un trabajo personal, de conocer procesos y de reflexión contínua.
No se trata de suprimir el “muy bien” y ya está: no estoy hablando de morderse la lengua y evitar decir ciertas cosas. Se trata de no juzgar, y de cambiar nuestra forma de relacionarnos con ellos, se trata de hacerles ver que les queremos, que nos importan, que valoramos su trabajo, su actividad, su juego, su crecimiento…

En las siguientes situaciones, no digo “muy bien”:
- cuando Luis me ayuda: hay veces, que necesito que me ayuden, por ejemplo, el otro día, subiendo las escaleras de casa, no podía sujetar a los niños y las cosas que llevaba, y le pedí a Luis que me llevara él la carpeta. Al llegar a casa, le dí las gracias, y le expliqué que si no llega a ser por él no hubiera podido subir a casa. Pero no le dije que muy bien.
- cuando pintan
- cuando comen: no creo que mis hijos coman bien, ni tampoco que coman mal. Comen lo que necesitan, lo que hay. Suelen comer de todo, aunque hay cosas que no les gustan. Y comen sentados a la mesa, con sus cubiertos. Lógicamente, el pequeño (2 años) aguanta menos sentado a la mesa que el mayor (5 años), pero eso no quiere decir que uno coma mejor o peor que el otro.
- cuando recogen: después de jugar con algo hay que recogerlo. Sé que mis niños son pequeños, y que por eso muchas veces no lo hacen. Pero no es que lo hagan mal. Les recordamos que hay que recoger, les acompañamos, a veces nos enfadamos, les ayudamos… Y si recogen, no les decimos que han hecho “bien”. Lo que hacen es ponerse a trabajar con otra cosa. La “recompensa” “el refuerzo positivo” viene solo, y es que como han recogido unos juguetes pueden sacar otros. Lógicamente, estoy de mejor humor cuando está todo recogido que cuando lo dejan todo por ahí tirado, pero no les decimos que lo hacen bien-mal.
- en los columpios: veo a madres que no paran de de decirles a sus hijos lo bien que suben al tobogán y lo bien que bajan, lo bien que se columpian, lo bien que se abrochan la cazadora, lo bien que se comen el bocadillo…. A mí eso no me sale. No sé si mis hijos suben bien al tobogán, nunca me lo he planteado.

 

Qué enseñar mayo 6, 2012

Archivado en: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 09:24

No hay quien nos entienda a los adultos responsables de la educación de los pobres niños.

Por un lado, estamos llenos de miedos y de ganas de enseñar. Nos encanta coger a un niño y explicarle, enseñarle todo lo que nosotros ya sabemos y él aún no ha descubierto. Comúnmente tenemos la idea de que el pobre, como es pequeñito, no va a poder conquistar el mundo por sí mismo, así que nos necesita para descubrirle el entorno. Te cojo de la mano para enseñarte a andar (cuando aún lo que tienes que hacer es gatear), te hablo con palabritas para que me entiendas, este cuento no porque es muy complicado para ti, mira así se dibuja un caracol, ahora vamos a jugar con las maderas y hacemos una torre grande…  y por supuesto, cosas más complicadas como leer, escribir, contar, calcular….puufff, eso no nos cabe en la cabeza que pueda aprenderse sin enseñanza.

Y por otro lado, estamos tan ocupados robando descubrimientos y pisoteando procesos, que no nos da tiempo a ver qué necesita un niño. Un niño para trabajar, necesita buen material, necesita orden, necesita HÁBITOS de trabajo. Y este aspecto de la enseñanza no se trabaja: normas, uso del material y respeto, por mí, por mi trabajo y por el de mis compañeros.

¿Y cuál es la consecuencia de esto?

Pues que los niños se creen todo lo que les hemos contado: que aprender es difícil, que como son pequeños no pueden aprender por sí mismo, que necesitan a alguien que les enseñe. Y que como el conocimiento del mundo ya está programado por nosotros, pues no necesitan hacerse preguntas y mucho menos buscar respuestas ni tener interés por nada.

Hay niños que te pueden leer un texto en voz alta, pero no saben coger un libro, no saben pasar páginas, no saben tratar un libro, no han visto un índice, una solapa, un marcapáginas, subrayar lo importante, no saben buscar un libro en una estantería…. Hay niños que te pueden hacer páginas y páginas de ejercicios, pero no saben coger un lápiz, no saben sentarse delante de un trabajo, no saben organizarse el trabajo, no saben buscar la solución en otro libro, no saben cómo hacer para que no se les arrugue todo el trabajo…..

Puestos a enseñar, ¿por qué no dejamos de enseñar contenidos, y nos paramos a enseñar hábitos de trabajo?

 

Necesitamos influencias mayo 1, 2012

El grupo de gente que nos rodea es importantísimo para nuestro desarrollo, para nuestra educación. Cuanto más variado sea ese grupo, mejor, más influencias y posibilidades tendremos.

Hay personas a quienes no les gusta que los niños trabajen desde su interés, porque creen que entonces los niños solo van a trabajar, solo van a conocer y a interesarse por las cosas que les gustan. Creen que un niño así, que solo trabaja desde el interés tendría muchas lagunas. Lógicamente, si una persona solo trabaja en lo que le gusta, hay muchísimas cosas por las que no siente interés y a las que nunca se acercará.

Primero hay que tener en cuenta que en la vida, todos los conocimientos están interrelacionados. Las cosas tiene relación unas con otras. Nuestra idea de trabajo y de aprendizaje es muy escolar. Cuando pensamos en aprender, pensamos en ciencias, lectura o matemáticas. Y lógicamente si un niño se interesa por una de ellas y abandona las otras, tiene carencias enormes. Pero en la vida esto no sucede así, porque absolutamente todo está relacionado y un interés te lleva a estudiar cosas muy diferentes entre sí. Si estoy en clase y les enseño a mis alumnos a dividir, solo les enseño a dividir. En cambio, si un niño, por su propio interés, trabaja con números, descubre muchas cosas, no solo las relacionadas con las matemáticas.

En caso de que fuera cierto, que el niño solo trabaja en lo que le gusta, y no quiere saber nada más de ninguna otra cosa, ¿Qué podríamos hacer? ¿Cuál sería la solución lógica? Los seres humanos somos seres sociales, y necesitamos a los demás para aprender. Yo necesito gente que me hable de los dinosaurios para saber lo que son. Si no los he visto, ni conozco a nadie que me haya hablado nunca de ellos, difícilmente me pueden interesar. Necesitamos a personas diferentes que tengan intereses diferentes alrededor nuestro. Cuanto más diferentes sean, más completo será el ambiente que me rodea, y con más cosas tendré contacto.

El ambiente ideal entonces, desde mi punto de vista, sería aquel en el que trabajan personas diferentes, en intereses diferentes. Si estoy en un aula, en clase de plástica, el maestro puede enseñarles a construir una mecedora con pinzas de la ropa, y en el mejor de los casos, todos los niños aprenden eso. Pero si cada uno de los 20 niños puede trabajar en aquello en lo que les interesa, cada niño aprende 20 cosas diferentes: aprende aquello en lo que está trabajando, lo único por lo que sentía interés, y al mismo tiempo ve a sus 19 compañeros trabajar en otras cosas.

Entonces, en el caso de que a un niño, solo le interese un único tema, y no salga de ahí, lo que podríamos hacer es, por un lado, conseguirle más información sobre ese interés. En vez de apartarle, darle más y más, para que ese interés crezca y de diversifique. Y por otro lado, podríamos buscarle una estructura, un ambiente, en el que trabaje junto a otras personas que a su vez trabajen apasionadas en algo de su interés. Ojo, no para apartarle, sino para que vea que hay otras cosas apasionantes en el mundo.

 

Actividad educativa: pintar abril 26, 2012

La actividad consiste en que el niño pinta, libremente lo que quiera, sin condicionamiento por parte de los adultos. Con el transcurso del tiempo y la práctica, este trabajo lógicamente irá evolucionando, creciendo y avanzando. No voy a entrar en cuestiones más teóricas acerca de cómo es el dibujo infantil, o en cómo se trabaja desde la educación creadora. Intentaré explicar tan solo lo concreto, lo práctico, el cómo hacer para pintar en casa desde esta perspectiva.

En qué no consiste esta actividad

La actividad que propongo es opuesta a la forma en que se trata el dibujo infantil normalmente en nuestra sociedad.

Lo normal, cuando un niño pinta es: que se le de papel sucio y pinturas de poca calidad; que no se le haga ningún caso mientras pinta; o que se le den dibujos para colorear o para copiar; que se le pinten cosas para que le inspiren, o para que vea cómo se pintan; que se le pregunte qué hace; se pide que de explicaciones sobre su trabajo; se le enseña a dibujar; se le dice que lo que hace es muy bonito, estupendo, precioso; se expone su trabajo; se abandona su trabajo.

El dibujo infantil se trabaja en estas condiciones normalmente, y lo que se consigue con ello es que los niños crean que no saben dibujar, y que abandonen la pintura. Esto es así, es un hecho.

Materiales:

Lo más sencillo es trabajar con papel blanco y rotuladores. El papel tiene que ser blanco, no cuadriculado ni por supuesto, con nada dibujado ni escrito. El adulto tiene que demostrarle al niño que su trabajo es importante. Por esto, porque se toma en serio el trabajo del niño, no le da papel sucio, ni usado, le da folios en blanco, un buen papel.

Si se deciden usar rotuladores, estos deben pintar correctamente y hay tener repuesto para cuando se sequen.

Si se quiere simplificar, se puede utilizar también un simple bolígrafo. Y si se quiere complicar más, se pueden utilizar témperas, pero siempre cuidando la calidad del material. Para poder trabajar bien, se necesita una buena herramienta.

Nosotros en casa utilizamos papel y rotuladores, no muchos colores. Pero a veces utilizan una pizarra blanca y rotuladores.

Lo importante es que tengan para trabajar un buen material, cuidado, bueno, en condiciones.

Espacio y tiempo:

Cuando nosotros pintamos en casa, lo hacen sentados en una mesa pequeña, de su medida. Se puede hacer también en una grande, o cada uno donde le resulte cómodo. Lo importante es que lo hagan en una posición adecuada. El adulto tiene que cuidar eso.

En casa no tenemos mucho espacio, pintan mis tres hijos juntos en la misma mesa. Cada uno en su hoja, porque el trabajo de cada niño es sagrado. No se comparte el trabajo. Pero sí se comparte el espacio (la mesa) y los rotuladores. Lo social se trabaja respetando escrupulosamente el trabajo de los demás, y respetando el material y el espacio que tenemos.

Y esta actividad se puede realizar todas las veces que se quiera, los días que se quieran. Como mínimo, yo la pondría un día a la semana. Pero lo que sí que es importante es que haya un ritmo, una continuidad en el trabajo, para que pueda haber una evolución. No sirve de nada pintar todos los días durante dos semanas, y estar otras dos sin pintar, luego pintar un día suelto, otra semana sin tocarlo y luego tres días seguidos… Es necesaria una constancia, que puede ser la que cada familia necesite: un día si, uno no; o todos los días; o cada tres días, o un día a la semana…. pero con una cierta regularidad.

Y el tiempo que dura la actividad, depende de cada niño, de su edad y de su ritmo. Mis hijos por ejemplo, cuando pintan suelen estar entre 15 y 30 minutos.

Qué hace el niño

El niño pinta. Ese es su trabajo. Es asunto solo de él, no nuestro. No pinta para nosotros.

Qué hace el adulto

El adulto se encarga de que el niño pinte en las mejores condiciones del mundo. Acompaña al niño, le apoya, y hace posible que el niño pueda trabajar. Le da valor e importancia al trabajo del niño sin juzgarlo. Asiste al niño y a su trabajo. El adulto tiene que establecer con el niño una relación a la que no estamos acostumbrados, una relación que es difícil que hayamos visto en ningún sitio.

El adulto hace cosas que son accesorias, que hacen el trabajo agradable. Es como una herramienta del niño. Hace aquellas cosas que distraerían al niño de su trabajo. Tiene que estar ocupado, porque no es un observador y es fácil pasar de observador a destinatario del trabajo. Tiene que dejar de ser el que evalúa el trabajo final, para pasar a ser el que cuida y hace posible que haya un proceso.

En nuestra sociedad, se alaba el trabajo del niño para motivarle a que siga pintando, para animarle, para demostrarle que nos importa. En esta actividad, le haremos ver al niño que le queremos, y que su trabajo nos importa de otra manera, sin inmiscuirnos en el contenido de su trabajo, sin juzgar el dibujo. Esto lo hacemos cuidando su trabajo, respetando su proceso, protegiéndolo del juicio, estando presentes, dándole lo que necesita, asistiéndole en su proceso y desarrollo.

Lo normal es que un niño pinte y cuando termine le digamos “que bonito”. Aquí lo que propongo es darle valor al trabajo del niño a lo largo de toda la actividad, sin pasar por el juicio. Yo no lo demuestro que le quiero y que su trabajo me importa porque le ponga una buena nota final diciéndole cuánto me gusta, yo le demuestro que le quiero y que su trabajo me importa, dando la posibilidad de que ese trabajo se desarrolle y crezca, respetándolo y protegiéndolo del juicio, cuidando de las condiciones para que todo esto pueda desarrollarse.

Esto se traduce en que el adulto:

- le da al niño un buen material: le da buen papel, le coloca a su alcance buenos rotuladores, tiene repuestos para cuando se sequen dárselos…

- cuida de que el material vaya a continuar en buen estado: limpia la mesa cuando se ensucia, cambia los rotuladores que se secan por otros nuevos, no deja que nadie trate mal el material, cuida de que el rotulador esté bien cerrado cuando se deja…

- cuida de que el niño trabaje cómodo: si está demasiado lejos de la mesa, le acerca; si la mesa es demasiado alta, le coloca un cojín en la silla; si el niño pinta tumbado en el suelo, le da un cojín, o le tapa con una mantita, o le da una carpetita o un cartóncillo para que ponga debajo del trabajo y pinte cómodo. También cuida de la mano del niño: para poder pintar en las mejores condiciones, la mano tiene que estar relajada y se tiene que coger el rotuladores de la forma correcta.

- da y hace cumplir unas normas: da hábitos de trabajo, de cómo coger el rotulador, respetar el trabajo del compañero…

- guarda el trabajo terminado, poniéndole antes el nombre y fecha, y lo archiva en una carpeta para cada niño

- no juzga el trabajo, ni lo describe, ni comenta, ni motiva… No entra para nada en el trabajo, porque no es asunto suyo: el dibujo es el juego del niño.

- conoce cómo es un proceso normal, hace cursos, lee libros y reflexiona. Conocer el proceso te permite no juzgarlo. Saber que hay una evolución, da mucha tranquilidad, quita miedo. Si sabes que en la evolución de dibujo, el niño pinta torbellinos, y luego ganchos, no te da miedo respetar el proceso, porque sabes lo que va a suceder. No te extrañas, ni te sorprendes, simplemente acompañas el proceso sin juzgarlo.

Qué no hace nunca

- hablar del contenido del trabajo, juzgar, exponer,

- comparar niños: cada niño es diferente a los demás, y por eso cada niño tiene un proceso diferente de los demás

- enseñar a pintar: trabajando así, el niño aprende a pintar, sin enseñanza. Con continuidad y sin juicio, el niño se siente seguro y puede jugar pintando. Así, su trabajo va evolucionando, pasando por diferentes etapas, conquistando nuevos descubrimientos con seguridad y sin miedo. Y este aprendizaje dura toda la vida.

- abandonar al niño: el adulto tiene que estar presente, no se les puede dejar solos

- ser un observador: y no puede tampoco quedarse quieto mirando, tiene que hacer algo

 

Un ejemplo práctico:

En nuestra casa, puede que ellos me pidan pintar, o que se lo ofrezca yo. Cuando les veo que no están haciendo nada se lo ofrezco, les pregunto ¿queréis pintar?  y si uno quiere, normalmente los demás también, por lo que casi siempre pintan los tres a la vez. Solo les dejo pintar en estas condiciones si yo voy a poder estar atendiéndoles, sino tienen que esperar a otro momento en que yo pueda estar con ellos.

Lo primero que hacemos es preparar la mesa, porque la solemos tener llena de cosas, así que despejamos el espacio y se sientan. Tiene cada uno su silla, pero a veces les gusta cambiarse el sitio. Da igual, lo importante es que la mesa esté limpia, despejada y en condiciones, que no haya nada alrededor que moleste o distraiga, que haya un orden. Pongo un bote con los rotuladores en el centro de la mesa (aunque también se puede colocar en otro lugar y van y vienen a cogerlos) y les doy una hoja a cada uno.

Al darles la hoja, conviene dársela a la mano y no colocársela en el mesa, porque así ellos se la ponen en la mesa como quieran (vertical u horizontal), sin que yo tenga que preguntarles. Los folios están guardados en otro lugar, por lo que se levantan a coger la hoja, y vuelven a la mesa.

Cada uno coge un rotulador, el que quiera y comienzan a pintar. Solo se puede coger un rotulador, el que van a usar, porque no se puede acaparar  los rotuladores (hay pocos y hay que tener en cuanta a los demás, y además solo se pinta con un color cada vez). Y hay que tratarlos bien, no les dejo que los golpeen. También hay que poner atención a que se tapen bien para que no se sequen. Cuando cambian de color, dejan el rotulador en su sitio (orden, limpieza y respeto por lo demás y el material) y cogen otro de otro color.

Mientras están pintando charlamos de todo un poco, de cualquier cosa menos del trabajo que estén haciendo, claro. Durante todo el proceso hay que hacer ver para qué estamos presentes: estamos ahí porque los queremos, porque los aceptamos, porque su trabajo es importante para nosotros. Esto hace que al final, el niño no busque la aprobación del adulto a través de su trabajo (“¿te gusta?”), el niño se tiene que dar cuenta de que ya tiene nuestra aprobación. Pero no hay un juicio del trabajo. No entramos en el trabajo, ni para juzgarlo ni para describirlo. Su trabajo es suyo.

Lo que suelo hacer mientras pintan es limpiar la mesa con una toallita, cuando se cae algo al suelo (un rotulador o una tapa) se lo recojo, y así no se tienen que levantar; asegurarme de que no se les dobla ninguna esquina del trabajo…. Esas cosas. En cuanto los niños y el adulto entienden cual es la función del adulto, surgen solas las cosillas que se pueden hacer.

Con mi hijo pequeño, por ejemplo, que tiene 20 meses, lo que tengo que hacer es tener cuidado de que coja bien el rotulador, porque tiende a cogerlo o muy cerca o muy lejos de la punta. Y recogerle todo lo que se le cae (que es bastante). También tengo que tener cuidado de que no coja un puñado de rotuladores. No lo hace para acaparar, lo hace por jugar, así que le suelo ofrecer otro material (“con los rotuladores no puede jugar así, ¿has terminado de pintar? ¿quieres que saquemos las piezas de construcción?”). Los rotuladores solo se los dejo para pintar, para jugar le doy otro material. No los puede chupar, ni lanzar, ni le dejo jugar a meterlos y sacarlos del bote (que le encanta).

Con mi hijo mayor, que tiene 5 años, mi trabajo va por otro camino. Él es más mayor, y está mucho más condicionado, por las abuelas y por el colegio. Por lo que mi trabajo fundamentalmente es darle conversación. Si mientras trabaja, estamos charlando tranquilamente, de cualquier cosa, no hay ningún problema, puede pintar con calma, con seguridad, jugando, disfrutando, sin comeduras de coco. Mientras charla conmigo puede jugar a pintar sin problemas. Pero si no estoy presente, o me distraigo… poco a poco tiende a meterse en el trabajo de sus hermanos, a contarnos qué está pintando, … es muy sutil, porque en casa esto lo trabajamos mucho, y no tiene un condicionamiento bestial, pero por pequeño que sea no me gusta. Cuanto más condicionado está el niño, más dificil es trabajar así.

Y con mi hija, que tiene 3 años, es todo mucho más fácil. Pide todo lo que necesita, y listo. Ahora mismo necesita muy poco: apenas se le caen cosas, y casi no se le escapa el trazo del papel. Y ahora mismo no tiene ningún condicionamiento ni ningún problema. Pero como tiene asumida esta relación que tenemos, como tiene claro cual es mi papel, y quiere seguir teniendo trato conmigo, ella misma ha buscado algo que yo pueda hacer, para trabajar juntas, para que yo la cuide, para que yo pueda hacer ver que su trabajo me importa sin pasar nunca por el juicio. Me pide que le sostenga la tapa del rotulador: coge un color, lo destapa, y me da la tapa, cuando termina con el color me lo da, y mientras yo lo tapo y lo pongo en su sitio, ella coge otro y me da la tapa nueva. Esto lo ha pedido ella sola, a mí no se me había ocurrido, y es un buen trabajo para el adulto que asiste el juego de pintar y que no sabe muy bien qué hacer.

Cuando alguno de los tres termina su trabajo, lo cojo y le doy la vuelta, y en la parte de atrás pongo su nombre y la fecha. E inmediatamente lo guardo en su carpeta.

Nunca hay comentarios sobre los trabajos:

- Ya está,

- Trae, hoy es….. ¿Quieres otra hoja?

- si, dame

No hay un momento en el que nos detengamos a mirar el trabajo, es todo inmediato, me lo dan, le pongo el nombre y lo archivo, por lo que no se da pie a hacer comentarios o a entrar en el trabajo del niño. Cada uno tiene una carpeta, en la que voy archivando todos sus trabajos. Tengo todos los dibujos que han hecho perfectamente guardados y archivados. Y lógicamente, en ellos hay una evolución, ha habido un proceso, un aprendizaje, sin juicio, con seguridad, sin depender de la opinión de los demás, sin motivación, solo respetando y haciendo posible el juego de pintar. De verdad que los niños no necesitan motivación para pintar: mi hijo mayor ha pintado así 5 años, y se ve perfectamente una evolución en su trabajo. Y en casa no ha recibido nunca ningún juicio sobre su trabajo.

Hay gente a quien no le gusta esta forma de hacer las cosas porque creen que es cruel no decirle a un niño que te gusta su dibujo. Esto no consiste en eso, esto no es un método que consiste en no decir “qué bonito”. Consiste en no juzgar algo que no está destinado a ser juzgado. Consiste en posibilitar una evolución y un desarrollo, en no cortarlo. Desde mi punto de vista es cruel destruir el juego de pintar, haciéndole entender al niño que al dibujar tiene que conseguir un trabajo que guste a los de su alrededor. Hay muchas formas de hacer ver a un niño que le quieres.

Si vas a intentar hacer algo así en casa:

Con un niño pequeño, que no está condicionado es muy fácil, y que empieza a pintar, es muy muy fácil. Solo hay que reflexionar un poco acerca del papel que quiere jugar el adulto en este proceso.

Con un niño que ya está condicionada, es un poco más complicado, pero se puede. El adulto tiene que tener claro, qué va a hacer y que no, y poner un antes y un después. Yo intentaría cambiar todo lo que rodeaba el dibujo antes, si se daban otras condiciones.

Por ejemplo, si antes el niño pintaba solo en su habitación, ahora le haría pintar en el salón. O si antes pintábamos juntos en el salón, pues ahora en la habitación. Cortar con lo que se ha hecho antes. Se pueden ir a comrpar un paquete de folios, una carpeta y unos rotuladores nuevos, que no haya usado antes. Y se puede preparar un rinconcito en casa, nuevo, donde se vaya a pintar.

Al niño se le puede verbalizar todo, no pasa nada, pero es mucho más importante lo que se hace que lo que se dice. Se le puede explicar en qué consiste el juego de pintar, y se puede poner la norma de que “no se habla del trabajo”.

Hay niños a quienes les resulta muy difícil recuperar su juego de pintar, todo depende de lo condicionados que estén, y hay niños que lo pasan muy mal. Pero se puede. Es una gran conquista para el niño dejar de trabajar para los demás y comenzar a trabajar para uno mismo. Es mucha responsabilidad y requiere un gran esfuerzo por parte del niño, pero por supuesto que se puede.

Para saber más:

- En el blog hay una serie de entradas dedicadas al dibujo infantil, a la educación creadora y al juego de pintar. Se pueden buscar en el índice, o en las categorías

- También hay mucha información en la página de Diraya, los talleres de educación creadora de Bilbao. En los enlaces hay referencias de a más páginas de educación creadora.

- El último libro de Arno Stern, titulado Del dibujo infantil a la semiología de la expresión, ed. Carena

 

Capacidad de abstraccción abril 23, 2012

Archivado en: aprendizaje,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 15:39

Una de las capacidades más importantes de los seres humanos es nuestra capacidad de abstracción. Nos permite pensar en cosas solo con el cerebro, sin necesidad de tenerlas delante. Esto nos permite adquirir el lenguaje, hacer operaciones matemáticas y resolver problemas, entre muchas otras cosas.

¿Para qué se utiliza?

Se utiliza en el lenguaje, para poder comunicarnos con palabras. Les damos un significado a las palabras, y solo con ellas podemos pensar y trasmitir ideas, sin necesidad de tener delante los objetos o las personas de las que estamos hablando. La capacidad de abstracción es fundamental en la comunicación y en el pensamiento.

También se necesita esta capacidad para comprender lo que pone en un texto escrito, para que las palabras que leemos, vayan construyendo un significado en la mente. La capacidad de abstracción es fundamental en la comprensión lectora.

Es la capacidad que nos permite hacer cosas sin hacerlas realmente, sólo imaginándolas. Yo me voy a encargar de la comida de mañana, y mi capacidad de abstracción me permite imaginar y organizar esa comida: sin abstracción no podría. Me “imagino”, cocino mentalmente, lo que me permite anticiparme, hacerme a la idea de qué es lo que voy a necesitar. Esta capacidad es fundamental para planificar, organizar, inventar, crear…

Se utiliza para resolver problemas, para pensar soluciones, “ver” las distintas consecuencias de nuestros actos sin llegar a hacerlos, para poder decidir la mejor opción. Si me enfrento a un problema matemático en el que tengo un cesto con manzanas y me como una, necesito de mi capacidad de abstracción, para “ver” las manzanas y saber que estoy quitando. Esta capacidad es fundamental para resolver problemas matemáticos y cálculos.

A la hora de construir cualquier cosa (coser una falda, construir un edificio, hacer un mueble, escribir un libro, resolver un ejercicio, planificar un viaje…) se necesita de esta capacidad, para poder “ver” las partes que formarán el conjunto, y para poder “ver” cómo se van a unir y encajar entre sí. Es fundamental para poder planificar cualquier cosa.

¿Cómo se desarrolla?

Los seres humanos nacemos con capacidades, y estas capacidades se desarrollan más o menos según nuestra experiencia, nuestro entorno, nuestras actividades…. Hay muchas actividades que favorecen el desarrollo de esta capacidad. Esta capacidad se trabaja con aquellas actividades en las que se practica la abstracción, en donde se juega, en donde se le da un significado diferente del habitual a un objeto, se trabaja en todas las acciones en las que haya que imaginar, que jugar, que crear. Algunas de ellas son:

- dibujar: porque cuando dibujamos, representamos cosas con los trazos que pintamos.

- escuchar cuentos: porque cuando escuchamos una narración, nuestro cerebro va creando la historia, la va imaginando, la construye en nuestra mente.

- jugar: porque cuando el niño juega, imagina, crea mentalmente, cambia el significado de los objetos, representa, hace como si….

Pero para que se trabaje esta capacidad con estas actividades, hay que trabajar de una cierta manera. No se trabaja si la actividad se produce de cualquier forma. Se tienen que dar una serie de condiciones.

No se trabaja la capacidad de abstracción, si al pintar lo que estás haciendo es seguir un modelo, por ejemplo. Se trabaja esta capacidad cuando se dibuja con las condiciones de las que hablamos en el juego de pintar. En estas condiciones, el juego y el trabajo crecen sin parar a lo largo de toda la vida, no se detiene, no tiene fin.

Para trabajar la capacidad de abstracción al escuchar una narración es necesario que se puedan elaborar imágenes. Es decir, que el que escucha pueda ir construyendo, elaborando, imaginando la historia mentalmente. Esto no puede hacerse por ejemplo, si estamos leyendo un cuento con dibujos. Si la lectura está ilustrada, al cerebro se le imponen las imágenes impresas, y no puede crear las propias. Para trabajar esta capacidad es fundamental el lenguaje oral. Son actividades estupendas contar cuentos (sin imágenes, solo de forma oral, sin el apoyo de un libro) y anécdotas.

Cuando un niño juega, no hace otra cosa más que trabajar con su capacidad de abstracción: juega a que el muñeco es su hijo, a que el sofá es su coche, a que la mesa es su casa….Hay mucha confusión con el “juego”, porque es una palabra que se usa para todo. Hablo de ello en esta entrada y en esta. El niño juega cuando trabaja en algo que le apasiona, sin perseguir ningún objetivo concreto. Un niño no juega cuando obedece las órdenes de otra persona, aunque aquello que le hayan mandado hacer sea muy entretenido.

Esta capacidad la tiene que trabajar el cerebro. Es un proceso interno. Lógicamente, una persona cuanto más trabaje en cosas abstractas, mejor será su capacidad de abstracción. Pero no es un trabajo que podamos hacer desde el exterior de la persona. Es un proceso mental que cada sujeto tiene que construir por sí mismo.

Los adultos que acompañamos a los niños, muchas veces no consideramos “trabajo” a las actividades con las que se desarrolla esta capacidad. Cuando se tabaja esta capacidad, no necesariamente se produce en trabajo, no tienen como resultado un producto, porque como ya hemos dicho, el trabajo es mental. Estas actividades son las típicas, en las que los que acompañamos al niño creemos que ”no hace nada”, porque no está produciendo un trabajo, un producto. A los adultos solo nos parece que un trabajo es trabajo si está produciendo algo. Pero el mayor trabajo que tiene que hacer un niño es jugar.

Esta capacidad es tan básica, que prácticamente toda la actividad del niño (jugar) está encaminada a desarrollarla. Y este trabajo es insustituible. La falta de horas y horas sin hacer nada, solo jugando a meter y casar cosas de un cajón, o garabateando, o escuchando las historias de cuando la abuela era pequeña…… producen que luego te encuentres con niños que, acabando la primaria (12 años) no saben (porque no pueden) resolver problemas matemáticos sencillos. Niños, que después de 9 años trabajado sin parar los problemas matemáticos, no pueden imaginarse un cesto con 6 manzanas y a un niño comiéndose 2.

 

Actividades educativas para niños abril 15, 2012

Yo soy de la opinión de que los niños aprenden solos, sin necesidad de enseñanza ni programación por parte de los adultos que los acompañan. Pero este aprendizaje necesita de un cierto entorno para que se produzca. Por ejemplo, para un bebé pequeño aprender alemán es una cosa normal y natural. No necesita enseñanza, sino que aprenderá él solito. Pero para ello necesita una serie de condiciones, por ejemplo, que sus padres hablen alemán. Y así, en Alemania, millones y millones de bebés, aprenden ellos solitos a hablar alemán, sin enseñanza, sin “programación”, sin “actividades”.

Lo mismo sucede con el resto de aprendizajes. Para aprender a andar, necesitan tener la posibilidad de hacerlo (que le dejen explorar en el suelo) y tener humanos a su alrededor que anden. Para aprender a leer necesitan tener a su alcance textos escritos, estar rodeados de adultos que lean y que contesten a sus preguntas. Para aprender a contar necesitan oír contar, y poder jugar con ello, practicarlo.

El niño puede aprender cualquier cosa por sí mismo, sin enseñanza, en las condiciones adecuadas y con el acompañamiento adecuado.

Cuando busco actividades para hacer con mis hijos, no encuentro casi ninguna que cumpla con estas condiciones, que esté así planteada. Casi todas las actividades educativas están pensadas desde el punto de vista contrario: le enseñan al niño a hacer cosas. Es casi imposible encontarr actividades programadas en las que no se enseñe, en las que el adulto tome otro pepel que no sea el de “enseñante”.

Por ejemplo, si busco una actividad que me sirva para enseñarles a construir adornos navideños, es fácil encontrar un montón de actividades y de ideas, ya diseñadas. Pero lo que yo busco son ideas para que ellos desarrollen su capacidad de construir con distintos materiales… la cosa se pone más difícil.

En próximas entradas, pretendo escribir sobre las actividades educativas que nosotros llevamos a cabo en casa, describirlas a modo de receta, igual que se hace con las actividades que enseñan cosas. Lo que propongo, no son actividades para enseñar, o que aprendan algo en concreto. Y muchísimo menos, son actividades que terminan con la elaboración de un producto muy bonito. Vienen a ser actividades para desarrollar capacidades, y aprender según su interés, lo que tengan que aprender, sin enseñanza, por sí mismos, a su ritmo, influenciándose del trabajo de los que les rodean, sin que se les imponga ningún modelo ni se les roben descubrimientos y con algún adulto que se ocupe de cubrir las necesidades de los niños.

 

 
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