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Arno Stern y el origen de la educación creadora mayo 30, 2011

Filed under: Arno Stern,Educación Creadora,transcripcion curso — seeducansolos @ 17:57

Extraído del curso de formación de Educación Creadora; del módulo 1 titulado “Curso de introducción a los fenómenos y condiciones de la educación creadora” impartido por Jose Miguel Castro, el 6 y 7 de noviembre de 2011. Parte 7.

El origen de los conocimientos, de la información, con la que se trabaja en la educación creadora es radicalmente diferente de la mayoría de orígenes de los movimientos pedagógicos porque casi siempre estos orígenes tienen que ver con una figura de una personalidad muy especial (como por ejemplo Neill) o tienen que ver con una ideología, con un proyecto educativo (Pestalozzi) o con un colectivo vivo con unos objetivos o unos intereses

La historia que presentamos a continuación tiene un origen azaroso y que no tiene que ver con ninguna intencionalidad. Arno Stern es judío, y tenía 14 años cuando estuvo escondiéndose durante tres años por Alemania. Cuando salen por la frontera son recluidos en Suiza en un campo de trabajos forzosos y allí están durante 2 años. Cuando consiguen marchar a la Francia no ocupada Arno tiene ya 17-18 años y se ha pasado varios años escapando y no tiene ninguna formación.

Entre los 13 y los 20 años transcurre el periodo de tiempo en el que adquirimos un sistema de creencias, nos hacemos con una ética, adquirimos una serie de opiniones, y nos formamos en definitiva. Pero justo en ese tiempo Arno estaba escapando y no adquiere ese sistema de creencias, esa formación, no ha adquirido ese conocimiento escolar académico que otros adquirimos y eso va a ser su y nuestra gran fortuna.

Cuando pasa a la Francia no ocupada, allí los judíos se organizan y le piden por su edad que se ocupe de un grupo de niños huérfanos de guerra en un centro de acogida. Arno no sabe qué hacer con estos niños, porque no es maestro ni pedagogo. Se enfrenta a este grupo con su ternura, su empatía, su sensibilidad y poco más. Reparte galletas, mantas, los cuida lo mejor que puede y de repente, en una de las cajas de las Cruz Roja, aparece una caja de pinturas.

Este grupo de niños huérfanos era un grupo de niños de diferentes edades. Cuando Arno pone la caja de pinturas en el centro de la mesa de una habitación de 20m2 no sabe muy bien qué hacer y los niños empiezan a manejarse entre ellos. En un momento dado un niño quiere trabajar en un papel del doble de tamaño que el resto. Lo que pasa en estos casos es que cuando un niño quiere algo los demás quieren lo mismo. Arno les explica que si todos quieren el papel grande no van a caber en la mesa, así que Marcell de 7 años, le sugiere que por qué no pintan entonces en la pared. Como Arno quiere satisfacer las necesidades de estos niños, decide forrar de papel las paredes. Empiezan a querer pintar con tamaños mayores, así que le dejan un desván, y para ganar más superficie pone tablas de madera sobre las ventanas. Este es el origen del taller de pintura y de la estructura que permite su funcionamiento.

Todas las reglas del juego que se crean para que el juego de pintar funcione, no son creadas por un adulto para conseguir un objetivo con una finalidad o para que adquieran unos conocimientos: son reglas que van a encontrar los propios niños para que el juego les funcione y Arno lo único que hace es procurar satisfacer sus necesidades. Todo surge de sus necesidades y de su sentido común.

Cuando alguien necesita cambiar de color, va a un lavabo que hay en una esquina y lava el pincel para pasar a otro color, pero un niño cae en la cuenta horrorizado de que así la mitad de la pintura se va por el desagüe y que se les va a terminar pronto si la desperdician de esta manera. Arno propone entonces que para aprovechar la pintura en vez de lavar los pinceles, asignaran uno a cada color. Así no hay que lavar los pinceles y no se desaprovecha nada de pintura. Luego surge otra necesidad y es que un niño quiere mezclar dos colores, entonces se toman otros pinceles sólo para las mezclas. Y así, poco a poco, van apareciendo una serie de reglas que Arno va a aceptar e intentar satisfacer.

Cuando empezaron a ampliar el espacio para pintar, los niños pintan cada vez más y más, pasando algunos hasta 10 y 12 horas diarias. Hubo problemas con la dirección del orfelinato por alterar el orden, ya que los niños no querían ni comer ni dormir, sólo querían pintar.

Arno estuvo con esos niños un año, al cabo del cual los niños van a ser adoptados por familias, pero él en ese periodo observó dos cosas que le llamaron extraordinariamente la atención:

La primera fue ver cómo estos niños se transforman. Esto no sólo le llama la atención a él, sino que vienen de centros hospitalarios para ver qué demonios está pasando en ese orfelinato donde un chaval está consiguiendo con los niños lo que no consiguen médicos ni con terapias ni con medicinas en otros hospitales. Niños que están en un estado calamitoso se transforman en niños afirmados, seguros, que están recuperándose emocionalmente del trauma que han sufrido como nadie se podía imaginar. Arno y todos los demás atribuyen esta mejora en los niños al hecho de estar pintando en estas condiciones, por lo que Arno decide hacer de esto su profesión. Decide crear un espacio reproduciendo esas condiciones para que la gente pueda pintar.

Poco tiempo más tarde, en el año 1949, una vez instalado en París, va a abrir un primer taller de pintura. La mesa a utilizar será estrecha en comparación con la del orfelinato ya que en este caso no se pintaba sobre ella. La mesa sólo se utiliza para posar el agua los pinceles y la pintura, pero esta mesa paleta va a tener una larga evolución y muchas modificaciones hasta llegar a la que utilizamos hoy en día. El taller tiene ya 60 años y Arno (1924) sigue trabajando en él.

La segunda cosa que le llama poderosamente la atención es que le parece que todos los niños pintan lo mismo y él se pregunta si será porque todos son judíos y huérfanos y proceden del mismo medio… y entonces se pregunta cómo pintarán en otros medios, cómo pintarán los niños en la selva, en la sabana, en la estepa, en el altiplano andino, las tribus nómadas… Como nadie le va a responder él decide que va a averiguarlo. Desde 1967 a 1978 Arno viaja por todo el mundo buscando poblaciones aisladas en las que no haya penetrado la cultura occidental, en las que no haya ninguna estructura escolar y en las que no haya práctica del dibujo y se desconozca el papel, y la pintura con pincel… A veces hace viajes larguísimos para encontrar aldeas remotas pero tiene que descartarlas al llegar y comprobar que han recibido la visita de misioneros occidentales y estan “contaminadas”.

Lo que Arno encuentra en su taller de pintura y en estos viajes, es la respuesta a esa pregunta que se había hecho, y esta respuesta contradice absolutamente todos los conocimientos que se habían acumulado hasta el momento en la comunidad científica desde principios del SXIX. La creencia en la que se basaba todo el trabajo sobre el aprendizaje del dibujo resulta ser totalmente erróneo porque Arno descubre que los niños no pintan lo que ven. Descubre que todos los niños del mundo pintan lo mismo independientemente del medio donde estén. Todo el mundo pensaba que la casa triángulo-cuadrado que pintan los niños es la casa que ellos están acostumbrados a ver sin pararse a pensar mucho si la ven o no. Los niños de todo el mundo pintan la casa igual aunque jamás hayan visto una. La prueba es irrefutable, cientos de dibujos lo demuestran, los niños no pintan lo que ven. No pintan los objetos de la naturaleza ni los objetos que les rodean tal y como los ven. Los niños pintan de una manera que es universal, por tanto esa forma de pintar no procede del exterior, si no del interior. Y como sabemos porque está admitido por sociólogos y antropólogos que el exterior nos influye desde que nacemos, pues esto tiene que venirnos de un lugar previo al nacimiento. Esta forma de dibujar y pintar universal está en nuestro código genético.

Arno se va a dedicar a estudiar durante años esto que va a llamar formulación.

En conclusión, Arno ha descubierto por azar (no porque lo estuviera buscando) unas condiciones para pintar que llamaremos las condiciones para la educación creadora. El término educación, lo conservamos por cariño a Arno porque no lo es en el sentido en el que se entiende. Estas serían las condiciones que llevaríamos a cualquier aprendizaje, a cualquier actividad con cualquier material.

Por otro lado estaría la formulación, ese conjunto de trazos que proceden de nuestro código genético.

El término Educación Creadora no es un término acuñado que responda a una forma de pensar o a una ideología o un proyecto, sino que responde a unas condiciones que se crean accidentalmente no siendo esas condiciones un patrimonio de una persona o un grupo. Son unas condiciones que se pueden dar ahora mismo allí al lado, en la forma en la que un sanitario puede atender a su paciente. Se ha dado a lo largo de la historia y también algunos de nosotros lo estamos haciendo a veces sin caer en la cuenta.

 

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