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El taller de pintura y las condiciones de la educación creadora: el espacio personal y colectivo y el grupo heterogéneo junio 30, 2011

Extraído del curso de formación de Educación Creadora; del módulo 1 titulado “Curso de introducción a los fenómenos y condiciones de la educación creadora” impartido por Jose Miguel Castro, el 6 y 7 de noviembre de 2011. Parte 8.

El taller de pintura que creó Arno Stern, es una reproducción evolucionada del primer taller que creó en el orfelinato del campo de refugiados. Es una sala de unos 20m2 en cuyo centro hay una mesa paleta donde se encuentra la pintura, los pinceles, el agua y las chinchetas. Esta mesa paleta representa el espacio de crecimiento social, es un lugar donde hay que tener muy en cuenta a los demás y donde debemos prestar mucha atención a todo lo que hacemos.

En un primer momento, cuando Arno abre su taller, la mesa paleta era más amplia y había más espacio entre los objetos, pero evolucionó hacia concentrarlo. Actualmente hay el espacio y los útiles justos. Así se hace totalmente necesario poner atención para mantenerla en perfecto estado.

La atención es necesaria para favorecer el tener en cuenta a los demás, ya que todo el material es colectivo: hay que poner atención al coger un pincel para no tropezar y desordenarla, hay que tener cuidado al coger pintura para no manchar los colores que después van a utilizar las otras personas y necesitan encontrarlos en las mejores condiciones posibles.

Esto se equilibra con el espacio de crecimiento personal, que es el espacio que cada uno de ellos tiene para trabajar. En este espacio, el papel en el que se pinta, no hay que tener en cuenta a los demás y no se comparte con nadie.

A la hora de pintar, hay un va y viene constante entre el espacio de crecimiento personal y el espacio de crecimiento social, puesto que pintando hay que acudir cada poco tiempo a por la pintura a la mesa paleta.



El mantenimiento de este equilibrio entre las dos zonas define las dimensiones del espacio en el que se trabaja. Ese espacio es para un máximo de 14 personas, para que se puedan desenvolver y se les pueda atender adecuadamente. Se crean unas dimensiones y unos límites que están en armonía con el número de personas y la actividad que se hace, los desplazamientos…, etc.

A la hora de establecer los grupos de personas que van a pintar en el taller, Arno hizo lo contrario, a lo que se suele hacer normalmente, y formó grupos en los que coloca a gente de todas las edades. Así los grupos son completamente heterogéneos y diversos: hay niños grandes, pequeños, jóvenes, adultos, ancianos…

A la hora de formar un grupo para pintar, se separan los niños de la misma edad o los adultos con características similares como por ejemplo dos viudos, o dos presidiarios, o dos personas con síndrome de Down.

La razón de esto es muy sencilla, y es para mandar un mensaje claro a cada persona: eres diferente y aquí tienes el espacio donde tienes derecho a ejercer esa diferencia y expresarte.

Solamente aceptando que eres diferente a todos los demás puedes tomar las riendas de tu propio proceso. No sólo tienes que aceptar tu diferencia y asumirla como algo valioso en sí misma si no que es la única manera de aportar riqueza a los demás.

En un grupo diverso hay una corriente de influencias enorme. No se va a dar el fenómeno de imitación como se da en otros espacios pero si va a haber corrientes de influencias muy grandes.

Este es el primer principio de la Educación creadora, asumir radicalmente que somos diferentes y crear estructuras donde se pueda ejercer ese derecho básico a ser uno mismo. Esto implica una aceptación incondicional de cada persona independientemente de su punto de partida también lleva implícita una confianza absoluta en cada persona.

En un grupo donde se da esta variedad en seguida se manifiesta, enseguida se hace evidente que son diferentes, crecen de forma diferente, trabajan de forma diferente y necesitan cosas diferentes. Entre otras cosas, necesitan espacios diferentes.

El espacio personal de cada uno no tiene límites. En esos espacios se ve que tienen diferentes ritmos de trabajo porque no hay un ritmo personal común para nadie. Hay personas que hacen trabajos grandes, y personas que hacen trabajos pequeños (con independencia de la edad de cada uno). Los contenidos son también sustancialmente diferentes porque tienen intereses y necesidades diferentes, trabajan con conocimientos diferentes, con emociones diferentes, es decir que la diversidad se manifiesta en toda su riqueza. En un grupo tan rico, las ideas de quién es el que lo hace bien, el que lo hace mal… no se puede mantener, naufragan. No se sienten ni mejores ni peores.

Esa aportación de riqueza a los demás suelen verbalizarla aquellas personas que desde una minusvalía sienten que su diferencia es una carga para los demás y sin embargo en este espacio lo sienten como un valor añadido que están aportando al grupo.



Como se puede imaginar, en un grupo tan diverso hay una corriente de influencias enorme y se establecen gran cantidad de relaciones, conversaciones, juegos secundarios…. Llegan a conocerse los unos a los otros de una forma auténtica. Saben lo que pintan unos y otros y la desaparición de la concepción de cosas bien o mal hechas, mejores o peores, suele manifestarse rápidamente. Así por ejemplo, ante un trabajo grande, de 30 papeles puede llegar un niño pequeño al taller por primera vez y decir – ¡qué grande, qué bonito!-. Cuando este mismo niño lleva dos o tres semanas trabajando en el taller, lo que dice es: -¡Hoy va a venir Fulanita, qué bien¡- Porque ya asocia cada trabajo a cada persona, con las diferencias que ésta tiene. Ya no piensan en mejor hecho, peor hecho, qué grande o qué pequeño, si no que ya solo ve a esa persona.

En un espacio así, donde no hay nadie parecido a ti, no puedes compararte con nadie y no se establecen relaciones competitivas: cada cual tiene su espacio y su ritmo. Es evidente que todos somos diferentes, no mejores ni peores sino diferentes. Es este espacio, con un grupo así formado no se puede competir con nadie.

En este espacio no se está en silencio, si no que se habla de todo tipo de cosas menos de una: no hablan nunca de lo que pintan, porque al estar haciendo un trabajo de expresión profundo (de 4º grado) están teniendo una relación completa, compleja y profunda entre ellos. No utilizan jamás lo que pintan para comunicarse entre ellos.

 

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