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El taller de pintura y las condiciones de la educación creadora: el juego como medio de aprendizaje julio 13, 2011

Extraído del curso de formación de Educación Creadora; del módulo 1 titulado “Curso de introducción a los fenómenos y condiciones de la educación creadora” impartido por Jose Miguel Castro, el 6 y 7 de noviembre de 2011. Parte 9.

El segundo principio de la educación creadora implica la negación de la enseñanza como medio de aprendizaje. El juego es la herramienta con la que la naturaleza nos ha dotado para aprender, jugar es la única manera auténtica de aprender. El juego es el instrumento natural y auténtico para llevar a cabo todos nuestros aprendizajes en la vida.

La enseñanza como sistema de aprendizaje se descubre como un sistema que no solo no permite aprender si no que dificulta el aprendizaje, lo entorpece y a veces lo destruye sin más. A la hora de enseñar algo, siempre nos encontraremos con la dificultad de que es imposible encajar completamente lo que queremos enseñar con las necesidades, motivaciones, emociones internas, intereses,… de la persona que va a aprender.

La enseñanza es algo que te desvía de lo que tú necesitas hacer, porque te viene impuesta desde afuera, porque te programa, porque te conduce, porque te guía, porque te lleva a donde alguien ha decidido que tienes que ir porque es lo más adecuado. Si alguien desde fuera te dice lo que tienes que aprender, por muy buena que sea su intención te desvía de tus intereses. Por muy buena metodología que se utilice, es imposible que se encaje exactamente con tus intereses, motivaciones, con tu estilo de aprendizaje. Este alguien que decide por ti puede ser el estado, el gobierno de turno, el ideario que siempre tienen en cuenta necesidades sociales… pero no se puede tener en cuenta las necesidades de cada persona. Para nosotros en este sentido, juego, trabajo, investigación serían sinónimos.

Veamos por ejemplo, como se da el aprendizaje del color, las mezclas, los matices…. Normalmente se ensaña que el color verde se forma con otros dos colores. Esto se puede enseñar de una manera burda en las escuelas, con deberes y fichas, o de una manera más sutil, amable, se puede motivar al niño, preparar actividades muy llamativas e innovadoras, mediante juegos (no juegos auténticos, sino juegos que alguien desde fuera del niño le programa, es decir mediante actividades educativas lúdicas), intentar que conecte con sus intereses, sin presión… pero se enseña. El resultado es que la inmensa mayoría de los niños aprenden con suerte a hacer un par de colores, preguntan por el naranja, por el gris, el violeta… y en dos o tres mezclas se acaba todo el aprendizaje sobre las combinaciones del color. Aquí normalmente se paraliza esa investigación, no se suele ir más allá porque hay enseñanza por medio que condiciona.

Y veamos por ejemplo el caso de Germán, un niño que viene a pintar al taller. Los primeros días que llega al taller va a preguntar cómo sale el verde. Podríamos responderle con los colores con los que sale el verde y entonces el niño diría “qué amable Miguel”. Pero no es eso lo que hacemos, no que le vamos a responder cómo sale el verde, le vamos a responder “búscalo”. Y tampoco le vamos a abandonar en la búsqueda, no le dejamos solo con su pregunta. Le vamos a dar unos hábitos de trabajo, unas herramientas para que pueda jugar, para que pueda llevar a cabo esa investigación, ese trabajo, ese juego, en las mejores condiciones posibles. Así se le va a acompañar a meter la yema de un dedo limpio en un color, y con cuidado, la yema de otro dedo en otro color. Se juntan los dos dedos y aparece un color diferente. Nosotros solo le acompañamos en el hábito para que tenga herramientas de trabajo, es él el que decide qué color une con cual, cuanto tiempo va a durar la búsqueda…ect. Va a descubrir mezclando con diferentes dedos las cantidades de colores que salen de la mezcla de dos colores. Jugando descubren los matices y las posibilidades ilimitadas de colores de estas pinturas. Pronto meten un tercer dedo en otro color, mezclan la mezcla que tenían con otro nuevo color, tienen los 10 dedos llenos de color, se lavan y vuelven a empezar.

El juego de combinar colores se dispara pasando algunos niños semanas sin pintar, sólo probando colores. Todas las personas que acuden a un taller de pintura, tarde o temprano terminan por interesarse por las mezclas. Unas al poco de empezar, otras después de años pintando. No importa cuando, todas hacen ese trabajo.

Las consecuencias de este juego son que un día, 6 días o 6 meses después de comenzar la búsqueda del color verde, Germán va a meter los dedos en el amarillo y el azul y al salir el verde pegará un grito de alegría. Y el mensaje que quedará grabado en él no será el de que amable o que listo es Miguel, si no, yo por mi mismo puedo y esto cotidianamente en todos los aspectos del juego. No es extraño por tanto que esta manera de aprender, de descubrir, dote de gran seguridad, que afirme la propia capacidad de resolución, de búsqueda de cualquier concepto, cualquier objeto.

Las consecuencias de ésto es que cualquier niño pequeño después de la estancia de un año en el taller se hace un experto en el color gracias al juego y a la falta de enseñanza. Por el contrario, a un pintor profesional le pedís que os pinte una habitación de un color determinado, y va a recurrir a una carta de colores porque no sabe cómo se hace.

El aprendizaje sin enseñanza se dispara, va mucho más lejos de lo que podríamos imaginar. El aprendizaje con enseñanza se limita porque condiciona a la respuesta que te dan y esas respuestas se buscan durante un primer momento pero luego dejan de buscarse porque no proporcionan ningún placer tampoco, porque no dan sensación de conquista que es para lo que un niño, un adulto, un ser humano está preparado, para conquistar el mundo, cosas, conceptos, objetos, ideas. Éste juego del color, no es un juego limitado a los niños, es un juego para todos, no tiene límites debido a las características de esta pintura: la mesa paleta y sus pinturas son como un teclado infinito perfectamente afinado. Las posibilidades no terminan nunca.

Hay gente que piensa que es bueno limitar el número de colores que se le dan a un niño pequeño para pintar, pero esto es absurdo. Tenemos una idea muy reducida de lo que un niño es capaz de hacer. A un adulto, normalmente no se le piensa reducir los colores. Normalmente, si un objeto, una herramienta o un material es bueno para un adulto, también lo es para un niño. Es imprescindible contar con un buen material para trabajar, seas adulto o niño.

Cuando la gente llega al taller a pintar, no se le explica nada, no se le indican donde están las cosas, cómo tiene que usar el material y cómo se hacen las mezclas. No se le da una charla explicándole el funcionamiento de todo. Para ese tipo de cosas, la persona que lleva el taller le acompaña y se van resolviendo sobre la marcha. Así, cuando alguien llega al taller, empieza a pintar directamente, como veremos más adelante.

 

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