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Blog sobre aprendizaje, crecimiento…

Cómo trabajamos las matemáticas en casa diciembre 18, 2011

Esta podría ser una entrada corta y fácil: las matemáticas en casa no las trabajamos de ninguna manera. De verdad que no. No ponemos a los niños ningún tipo de actividades, y muchísimo menos organizadas o programadas.

Pero los niños en casa aprenden  ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo se puede facilitar que un niño aprenda matemáticas? ¿Qué ambiente hace falta para adquirir conceptos matemáticos? ¿Cómo trabajo las matemáticas en casa desde el interés del niño? ¿Qué actividades favorecen el aprendizaje matemático? ¿Qué puedo hacer yo para que ellos aprendan matemáticas por sí mismos, sin que nadie les enseñe? ¿Qué necesita un niño para aprender matemáticas por sí mismo?

Antes de empezar a contestar estas cosas, creo que hay que tener claro una serie de cuestiones acerca del aprendizaje:

  • Los niños aprenden solos todo lo que necesitan. Tienen capacidad para ello porque son seres humanos. Cada niño busca su método para aprender, según sus características, sus habilidades, sus capacidades, va buscando y haciendo unas actividades, unos ejercicios, que son exactamente los  que él necesita para aprender. Los niños, son capaces. Son personas completas, perfectas, en su momento de desarrollo. Saben cómo hacer para conseguir nacer, alimentarse, dominar su cuerpo, la abstracción y el lenguaje oral. Estos son aprendizajes mucho más complejos que las matemáticas o el lenguaje escrito.
  • El aprendizaje es un acto social: aprendemos de otras personas. No inventamos el conocimiento cada vez que lo aprendemos, sino que se lo vemos a los demás, y nos quedamos con ello. Necesitamos a los demás. Atención que no he dicho que necesitamos que nos enseñen, porque no es así: necesitamos a los demás para aprender, pero no necesariamente necesitamos que nos enseñen.
  • El aprendizaje es un proceso interno: esto implica, por un lado que va por dentro, y por lo tanto no se puede ver desde fuera. Los de alrededor no tenemos forma de saber lo que sabe o no sabe otra persona. Y también implica que el aprendizaje tiene que hacerlo la persona, los de alrededor no podemos hacer que el otro aprenda, es una cosa que tiene que hacer uno mismo.

Para aprender un niño necesita:

  • Que la actividad nazca de él, necesita que el interés sea suyo, que la actividad tenga sentido para él, que sea suya la iniciativa, motivación intrínseca. Tiene que querer hacer lo que hace.
  • Sentirse seguro, sentirse capaz, no tener miedo.
  • Estar en un entorno donde la gente haga lo que se supone que va a prender.

Teniendo esto presente, ¿QUÉ PUEDO HACER YO CÓMO MADRE PARA QUE APRENDA MATEMÁTICAS? Mi respuesta es que nada: Las va a aprender de todos modos.

Cuando busco en Internet ideas de actividades y juegos para hacer con los niños, tengo el problema de que todo lo que encuentro es contrario a esta forma de ver el aprendizaje. Si quiero favorecer el aprendizaje de las matemáticas, sin imponer nada a mis hijos, dejando que sigan su proceso natural, cuesta mucho encontrar actividades educativas que trabajen así. Prácticamente todo lo que encuentro es para sacar al niño de su proceso y motivarle para seguir el camino que se supone que es mejor para él. No se encuentran actividades diseñadas para trabajar desde esta perspectiva, y me gustaría tener tiempo para poder trabajar en ello, plasmar a modo de receta nuestras “actividades educativas” aún cuando las trabajemos sin intención de enseñar nada. Actividades educativas para niños, sin intención educativa.

A continuación contaré qué es lo que hacemos los adultos que ayuda a que los niños desarrollen su capacidad matemática, y qué es lo que hacen los niños cuando trabajan las matemáticas:

LO QUE HACEMOS LOS ADULTOS:

Lo que hacemos nosotros, los adultos que facilita que los niños aprendan, son fundamentalmente dos cosas:

  • por un lado, trabajamos matemáticas por y para nosotros mismos
  • por otro lado acompañamos al niño en su trabajo con las matemáticas

Un niño rodeado de gente que habla chino, aprende a hablar chino. Un niño rodeado de gente que camina, aprende a caminar. Y un niño rodeado de gente que utiliza las matemáticas, aprende a utilizar las matemáticas.

Así que en casa nosotros trabajamos con matemáticas, porque nos interesa y nos gusta.No trabajamos las matemáticas para que el niño las aprenda.Yo no hablo para que mis hijos aprendan a hablar. Esto es importante, hay un pequeño matiz que marca una gran diferencia. A mí me gustan las matemáticas, y por eso las utilizo, trabajo con ellas, juego a ponerme retos, busco soluciones, hago cursos, pregunto a los de alrededor (¿tú cómo haces para que te de esto? ¿se podrá hacer esto de otra manera?), comparto mis logros con los que me rodean… Si a mí no me gustan, me aburren, me parecen difíciles, y me pongo a trabajar con ellas para que mis hijos las aprendan, lo huelen y huyen. No funciona así. El interés, el entusiasmo, se contagia. No hay intención educativa en lo que hacemos. Hay interés personal. Y los niños, cuando nos ven enfrascados en un tema, por ejemplo, trabajando matemáticas, se interesan también. De forma natural, ocurre.

Concretando, cosas que hacemos:

  • leemos la hora, nos preguntamos qué hora es, hablamos de que hemos quedado en media hora, hablamos de si vamos pronto o tarde, de cuánto queda para ir al parque…
  • manejamos dinero, en mi casa, por suerte tenemos poco, así que necesitamos contarlo. Calculamos lo que nos vamos a gastar, comparamos precios, ahorramos y vamos sumando, gastamos y vamos restando, leemos las facturas…
  • cocinamos, medimos, cosemos….
  • utilizamos material montessori. A mí las matemáticas me han gustado siempre. Pero no me llama la atención ponerme a hacer cálculos, la verdad. Hasta que conocí estos materiales, que me han permitido redescubrir las matemáticas. En principio me interesé por ellos por mis hijos, pero reflexionando sobre esto, me he dado cuenta de que los tengo por mí: porque me gustan, y me alucina ver lo bonitas que son las matemáticas. Mis hijos son pequeños todavía para utilizarlo, y se lo dejo en contadas ocasiones. Saben que se utilizan para calcular, y poco más.  La verdad es que tengo muy poco tiempo para dedicarle. Cuando trabajo con ellos, me coloco en la mesa, y si algún niño quiere se acerca. Le pregunto si quiere él también trabajar y si me dicen que si, se lo coloco. Y si me dicen que no, no pasa nada.

Cosas que no hacemos:

  • No les motivamos. Ellos ya tienen motivaciones, intereses, iniciativa. No les quiero sacar de ahí, para hacer que les interese otra cosa.
  • No preparamos actividades para ellos. Son actividades en principio para mí.
  • No les queremos enseñar. En esta actividad, yo me centro en mi aprendizaje. A él le sirve que yo trabaje para mí, le da ejemplo, le puede producir algún interés, ve cómo se utiliza el material, ve que el trabajo y el aprendizaje no acaba nunca…. pero no son para enseñarle a él nada. Son para trabajar yo.

Esto en cuanto a nuestro propio proceso de trabajo con las matemáticas. En cuanto al proceso del niño, propiamente dicho:

El niño tiene preguntas, hace suposiciones y necesita comprobarlas. Que no haya enseñanza no significa que aprenda por inspiración divina: hay veces que necesita ayuda y respuestas. Y necesita sentirse acompañado en su proceso, sentir que no está solo, no está abandonado. Necesita saber que me importa su trabajo, que tiene un valor, que lo apoyo. Atención, porque en ningún momento he dicho que el niño necesite que se le juzgue su trabajo: necesita que se le valore, no necesita que yo le diga que lo hace bien. Valorar su trabajo no significa lo mismo que ponerle buena nota. Que yo juzgue su trabajo no le beneficia, le perjudica.

El niño sabe que se valora su trabajo, porque hacemos que este sea posible, porque nos tiene a su disposición, porque me lo tomo como algo importante (porque es importante), porque le busco material, porque si no sabemos algo lo busco…..

El niño cuando trabaja, lo hace por placer, porque es lo que le pide el cuerpo, porque lo necesita, porque juega. Que yo le diga “qué bien sumas” no le aporta nada positivo. Le hace dependiente de mi juicio, le hace entender que hay una forma de hacer las cosas bien, y por lo tanto las cosas le pueden salir mal; implica una concepción del aprendizaje, no como un proceso, sino como algo que tiene un final… Valoro su trabajo sin juzgarlo.

Concretando, cosas que hacemos:

  • Colocarnos detrás del niño, nunca delante. El niño sabe en qué momento está y qué tiene que hacer para avanzar, yo no. Si yo me adelanto a él para llevarle por un camino que a mí me interesa que recorra, tengo muchas posibilidades de equivocarme, de hacerle un lío, de romper su proceso.
  • Responder únicamente a sus preguntas. Para no adelantarme, no contesto a más cosas de las que me preguntan. Preguntan muchísimo. Ante la duda, le contesto de menos y él ya me pregunta otra vez. O le pregunto: ¿me estás preguntando cuánto me da a mí 5+5?
  • Ofrecer. Lo que a mí me parece interesante para él, se lo ofrezco, y él tiene libertad de cogerlo o no. Si le veo que calcula y no le dan los dedos, le pregunto ¿quieres que te deje una mano mía? ¿quieres que te saque el multibase?
  • Dejarle claro que me puede decir que no. Tengo una relación con ellos en las que tienen muy claro que su trabajo es suyo, no mío ni para mí, trabajan para uno mismo. Si me inmiscuyo en él, pueden decirme que no. Yo puedo marcar las normas, o el tiempo, pero no me meto dentro de su trabajo.
  • Tener claro el concepto “deberes”. En casa hemos introducido el concepto deberes, para hablar del trabajo impuesto desde fuera. Y nos ha sido muy útil. Alguna vez que le he ofrecido algún trabajo mi hijo me ha dicho: “no gracias, eso son deberes”. Las cosas claras: el trabajo que nace de uno, es un juego, el que te imponen desde fuera (aunque pueda parecer un juego) son deberes.
  • Cuidar el entorno en el que están los niños: proporcionarle gente que trabaje a su lado, buscarle cosas que le puedan interesar y servir, tener material en buenas condiciones, ordenado, limpio…
  • Poner a su alcance materiales: trabajando el material montessori se desarrollan capacidades matemáticas, por lo que este material lo tienen disponible. Si quiero que lea, tengo a su disposición libros, si quiero que sepa inglés, me busco la vida para que escuche inglés. Como quiero que trabaje matemáticas, le pongo en contacto con material matemático.
  • Defenderle del juicio externo.
  • Darles unos hábitos, unas normas. A mi hijo de año y medio, no le dejo el material porque se lo mete en la boca. A los otros, después de usarlo les hago recogerlo. El material no les dejo que lo lanzan por los aires. Hay veces en las que no les dejo usarlo, si hay mucho desorden, si nos vamos a ir, si no voy a poder estar disponible para ellos….
  • Reflexionar todo el tiempo acerca de mi relación con ellos, cuánto lo hago porque es bueno para ellos, cuánto lo hago con intención de enseñar, ¿les estoy apartando de su interés? ¿qué necesitará ahora?
  • Formarme: en los materiales, haciendo cursos, buscando historias de niños que aprendieron solos para ver cómo lo hicieron y en qué condiciones,…

Cosas que no hacemos (o que no queremos hacer, porque a veces nos descubrimos…):

  • Ponerle deberes, adelantarnos a sus intereses, intentar enseñar, planificar actividades, juzgar su proceso, evaluar constantemente lo que sabe y lo que no…

LO QUE HACEN LOS NIÑOS:

Trabajan constantemente, aunque los adultos no sepamos reconocer su actividad como trabajo. Las actividades que enumero a continuación, son juegos que hacen mis hijos en los que reconozco trabajo matemático. Esto no quiere decir que sea así de la única manera en la que trabajan, imagino que haya muchos otros trabajos de los que no soy consciente. Estos juegos parten siempre de ellos, se los ponen ellos así mismos:

  • Clasifican y relacionan: por colores, por tamaños, por preferencias, por propietarios… los muñecos o los coches, o las letras de los ábacos, o los números de la pizarra magnética. Relacionan al unir cada calcetín con su pareja cuando guardan la ropa limpia, y cada pareja con su dueño.
  • Ordenan: colocan a los muñecos de grandes a pequeños, o al revés. Se colocan ellos así mismos, de mayor a menor o al revés. O ordenan primero los muñecos que más me gustan y luego los que menos. Van ellos poniendo criterios diferentes para ordenar cosas diferentes.
  • Cuentan: vivimos en un quinto sin ascensor. Suben 5 pisos, dos tramos cada piso, y los tramos tienen 8 escaleras. Cuentan en español y en inglés, para delante y para atrás.
  • Reconocen números: por la calle, en libros, por todas partes. Les gusta especialmente encontrarse con su número de años. El 3 y el 5. El que ve uno, pega un grito de alegría.
  • Hacer series: con las construcciones, o con los muñecos…
  • Leen números: últimamente al mayor le ha dado por leer la hora “son las dos, uno, punto, punto, tres, cinco”, le gusta mucho, y ya puedo pedirle que vaya a mirar qué hora es, lo mira y me lo dice.
  • Preguntan, todo el tiempo, constantemente: ¿y si comemos tres magdalenas cada uno cuantas quedan en la bolsa?
  • Suman y restan. Por que sí, “dos y dos son cuatro” o en un contexto, en una situación en concreto. Al mayor le gusta mucho, y lo hace con los dedos. Le he ofrecido otro material, pero los dedos es lo que más le gusta: pone, quita y cuenta. Alguna vez le he ofrecido una mano mía para tener más dedos, y eso sí lo ha aceptado. Tenemos en casa un cuaderno de operaciones, y lo hace pero mentalmente, no escribe los resultados porque así le dura más el cuaderno. Se sienta con él delante, mueve dedos y cuenta, murmura números, y cuando se cansa se lo guarda. Y también piensa mucho en situaciones hipotéticas para calcular “Ahora somos 5, pero si hubiéramos dos hermanos más…”
  • Repartir: les encanta, lo reparten todo. Si tienen una bolsa de caramelos, los reparten entre ellos, luego piensan que también nos van a repartir a nosotros, entonces vuelven a hacer el reparto, ¿a cuántos tocaban antes? ¿y ahora? ¿y si viene un amigo?. O jugando, Luis coge sus muñecos, sus armas y les reparte el armamento. Solo quiere dos espadas por muñeco, así que las demás sobran. O les regalan unas pegatinas, pues pega una cada uno, y luego otra vez, y luego otra vez. Sobran dos, ¿cómo las repartimos entre los tres?
  • Cocinan: les gusta mucho, cocinar y poner la mesa. Relacionan, 5 personas, 5 platos. Si yo como dos huevos, y papá come 2 huevos, y él come un huevo… Además, como yo no tengo memoria necesito tener las cantidades apuntadas por escrito, así que cuando cocino algo necesito la receta.
  • Miden y pesan: les encanta. Si les dejamos un metro o la báscula, lo miden y pesan todo. Y preguntan todo el tiempo ¿cuanto mide…? ¿cuánto pesa…? ¿quien mide más…? ¿y si lo coloco así…?
  • Cosen: para que me dejen coser a mí, he tenido que prepararles un costurero a cada uno. Cuando me pongo yo, a veces quieren ellos también.
  • Se bañan en la bañera: y mientras, todo el tiempo mueven el agua de sitio y lo traspasan de un recipiente a otro.
  • Compran y manejan su dinero: preguntan ¿cuánto dinero tengo aquí? ¿con esto me da para un chicle? ¿y para dos? ¿y para un chicle y un regaliz? ¿y con lo que me sobra me da para…? ¿y cuánto me falta para…? ¿y quién tiene más, ella o yo?
  • Llaman por teléfono: y quieren ser ellos los que marquen el número, así que se lo dictamos y ellos marcan. Hace poco he apuntado los números más frecuentes en la nevera. Ahora a veces los miran de allí, y otras veces nos piden que se los dictemos.

Además hay una serie de juegos (o deberes, la verdad, deberes entretenidos) que han partido de nosotros los adultos, que se los hemos ofrecido y ellos han aceptado:

  • Se cogen un puñado de cositas pequeñas, por ejemplo, 5 garbanzos. Se le muestran al niño: tengo 5. Se llevan las dos manos a la espalda, se reparten los garbanzos entre las dos manos y se le muestran los puños al niño. Se abre una mano, si aquí tengo 3 garbanzos, ¿Cuántos tengo en la otra mano? y se comprueba. Se puede hacer con 3, con 10, depende del niño.
  • Una persona es la banca, tiene el multibase, y los demás juegan. Se tira el dado, salen 5, pues la banca le da 5 unidades. El siguiente tira, y así se van añadiendo unidades. Gana el que llegue a 100, o a mil. Por el camino se pueden ir haciendo cambios.
  • Y varios juegos de mesa: parchís, oca, uno, dominó…

Esto que he descrito aquí no es un método para aprender matemáticas, esto es el método que utilizan mis hijos para aprender matemáticas y que viene determinado por cómo son ellos, por lo que ellos necesitan, y por el entorno en el que están. Es lo que a ellos les sirve, lo que ellos nos van pidiendo, y lo que nosotros podemos darles. Cada familia tiene que buscar su manera de hacer las cosas.

CONSEJOS:

  • Tener controlado al maestro que todos llevamos dentro. A ese que corrige, que quiere seguir una programación lineal, y al que le encanta enseñar a los demás sacándoles de su proceso de aprendizaje para imponer el suyo.
  • Trabajar para uno mismo, seguir con nuestro proceso para poder dejar que el niño siga con el suyo. Los padres parece que solo nos preocupamos de que el niño aprenda, pero ¿y qué pasa con nosotros? ¿cuando uno es adulto ya no tiene que seguir con su proceso de aprendizaje? ¿nos lo sabemos ya todo?
  • Formarse en el proceso natural de aprendizaje, buscar cómo es, cómo se aprende. Si sabes que un niño para caminar, necesita antes gatear, no te extrañas de que lo haga, lo estás esperando, no te sorprende, reconoces el avance, te da seguridad y confianza en el niño y en su proceso. Buscar historias de niños que aprenden solos, para conocer cómo lo hacen, qué cosas les sirve y qué les dificulta.
  • Buscar apoyo, gente que te ayude a reflexionar, saber cómo se las arreglan los demás.
  • Confiar en el niño: él puede. Si yo, que soy muchísimo menos lista que mis hijos, sé multiplicar, no hay razón para que ellos no vayan a aprender.
 

9 Responses to “Cómo trabajamos las matemáticas en casa”

  1. carolina Says:

    Exelente resumen ! para reflexionar sobre los procesos y como podemos contribuir en el día a día en el aprendizaje de cualquier tema. Me gusto!

  2. carolina Says:

    Mira el método Pestalozzi aplicado por Rebeca Wild en ecuador, http://www.youtube.com/watch?v=EmZ3iZIawZw&feature=related , se habla mucho sobre el autoaprendizaje y autoregulación, aplican muchísimo de lo que tu hablas en esta entrada.

    • jejeje, bueno, o yo aplico de lo que hablan ellos…. Muchas gracias por el enlace, tenía el vídeo pero no sé dónde estará. Ahí está a mano, a ver si lo veo con calma estas Navidades. ¿Has visto en entradas anteriores que he colgado algún resumen de los cursos que hice con ellos, con los Wild?

  3. Maribel Says:

    Soy una apasionada de las matemáticas, aunque las aprendí de la forma tradicional que se enseñan en el colegio.
    He descubierto tu blog hace muy poco tiempo y estoy dándome una vuelta por el. Y tengo que decirte que estoy entusiasmada y sorprendida con muchas de tus entradas.
    Nunca pensé que las matemáticas se pudiesen aprender de esta forma diferente y tan creativa.
    Ademas me estas dando muchas ideas, te lo agradezco.

  4. Hola, muchísimas gracias a ti, por visitarnos y por tu comentario. A mí me encantan también, las matemáticas y el aprendizaje. Y ver cómo todos los días les “florecen” los conceptos matemáticos a mis hijos, ellos solitos, jugando a cosas que ellos inventan, me alucina.
    De verdad, gracias a ti. Tú también tienes un blog muy interesante.

  5. jose alejandro Says:

    me gusto mucho tu blog

  6. 14399601 Says:

    me gusta y quiero aprender y terminar la escuela de adultos

  7. nicol Says:

    es un buen blog para aprender


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