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Blog sobre aprendizaje, crecimiento…

Actividad educativa: pintar abril 26, 2012

La actividad consiste en que el niño pinta, libremente lo que quiera, sin condicionamiento por parte de los adultos. Con el transcurso del tiempo y la práctica, este trabajo lógicamente irá evolucionando, creciendo y avanzando. No voy a entrar en cuestiones más teóricas acerca de cómo es el dibujo infantil, o en cómo se trabaja desde la educación creadora. Intentaré explicar tan solo lo concreto, lo práctico, el cómo hacer para pintar en casa desde esta perspectiva.

En qué no consiste esta actividad

La actividad que propongo es opuesta a la forma en que se trata el dibujo infantil normalmente en nuestra sociedad.

Lo normal, cuando un niño pinta es: que se le de papel sucio y pinturas de poca calidad; que no se le haga ningún caso mientras pinta; o que se le den dibujos para colorear o para copiar; que se le pinten cosas para que le inspiren, o para que vea cómo se pintan; que se le pregunte qué hace; se pide que de explicaciones sobre su trabajo; se le enseña a dibujar; se le dice que lo que hace es muy bonito, estupendo, precioso; se expone su trabajo; se abandona su trabajo.

El dibujo infantil se trabaja en estas condiciones normalmente, y lo que se consigue con ello es que los niños crean que no saben dibujar, y que abandonen la pintura. Esto es así, es un hecho.

Materiales:

Lo más sencillo es trabajar con papel blanco y rotuladores. El papel tiene que ser blanco, no cuadriculado ni por supuesto, con nada dibujado ni escrito. El adulto tiene que demostrarle al niño que su trabajo es importante. Por esto, porque se toma en serio el trabajo del niño, no le da papel sucio, ni usado, le da folios en blanco, un buen papel.

Si se deciden usar rotuladores, estos deben pintar correctamente y hay tener repuesto para cuando se sequen.

Si se quiere simplificar, se puede utilizar también un simple bolígrafo. Y si se quiere complicar más, se pueden utilizar témperas, pero siempre cuidando la calidad del material. Para poder trabajar bien, se necesita una buena herramienta.

Nosotros en casa utilizamos papel y rotuladores, no muchos colores. Pero a veces utilizan una pizarra blanca y rotuladores.

Lo importante es que tengan para trabajar un buen material, cuidado, bueno, en condiciones.

Espacio y tiempo:

Cuando nosotros pintamos en casa, lo hacen sentados en una mesa pequeña, de su medida. Se puede hacer también en una grande, o cada uno donde le resulte cómodo. Lo importante es que lo hagan en una posición adecuada. El adulto tiene que cuidar eso.

En casa no tenemos mucho espacio, pintan mis tres hijos juntos en la misma mesa. Cada uno en su hoja, porque el trabajo de cada niño es sagrado. No se comparte el trabajo. Pero sí se comparte el espacio (la mesa) y los rotuladores. Lo social se trabaja respetando escrupulosamente el trabajo de los demás, y respetando el material y el espacio que tenemos.

Y esta actividad se puede realizar todas las veces que se quiera, los días que se quieran. Como mínimo, yo la pondría un día a la semana. Pero lo que sí que es importante es que haya un ritmo, una continuidad en el trabajo, para que pueda haber una evolución. No sirve de nada pintar todos los días durante dos semanas, y estar otras dos sin pintar, luego pintar un día suelto, otra semana sin tocarlo y luego tres días seguidos… Es necesaria una constancia, que puede ser la que cada familia necesite: un día si, uno no; o todos los días; o cada tres días, o un día a la semana…. pero con una cierta regularidad.

Y el tiempo que dura la actividad, depende de cada niño, de su edad y de su ritmo. Mis hijos por ejemplo, cuando pintan suelen estar entre 15 y 30 minutos.

Qué hace el niño

El niño pinta. Ese es su trabajo. Es asunto solo de él, no nuestro. No pinta para nosotros.

Qué hace el adulto

El adulto se encarga de que el niño pinte en las mejores condiciones del mundo. Acompaña al niño, le apoya, y hace posible que el niño pueda trabajar. Le da valor e importancia al trabajo del niño sin juzgarlo. Asiste al niño y a su trabajo. El adulto tiene que establecer con el niño una relación a la que no estamos acostumbrados, una relación que es difícil que hayamos visto en ningún sitio.

El adulto hace cosas que son accesorias, que hacen el trabajo agradable. Es como una herramienta del niño. Hace aquellas cosas que distraerían al niño de su trabajo. Tiene que estar ocupado, porque no es un observador y es fácil pasar de observador a destinatario del trabajo. Tiene que dejar de ser el que evalúa el trabajo final, para pasar a ser el que cuida y hace posible que haya un proceso.

En nuestra sociedad, se alaba el trabajo del niño para motivarle a que siga pintando, para animarle, para demostrarle que nos importa. En esta actividad, le haremos ver al niño que le queremos, y que su trabajo nos importa de otra manera, sin inmiscuirnos en el contenido de su trabajo, sin juzgar el dibujo. Esto lo hacemos cuidando su trabajo, respetando su proceso, protegiéndolo del juicio, estando presentes, dándole lo que necesita, asistiéndole en su proceso y desarrollo.

Lo normal es que un niño pinte y cuando termine le digamos “que bonito”. Aquí lo que propongo es darle valor al trabajo del niño a lo largo de toda la actividad, sin pasar por el juicio. Yo no lo demuestro que le quiero y que su trabajo me importa porque le ponga una buena nota final diciéndole cuánto me gusta, yo le demuestro que le quiero y que su trabajo me importa, dando la posibilidad de que ese trabajo se desarrolle y crezca, respetándolo y protegiéndolo del juicio, cuidando de las condiciones para que todo esto pueda desarrollarse.

Esto se traduce en que el adulto:

– le da al niño un buen material: le da buen papel, le coloca a su alcance buenos rotuladores, tiene repuestos para cuando se sequen dárselos…

– cuida de que el material vaya a continuar en buen estado: limpia la mesa cuando se ensucia, cambia los rotuladores que se secan por otros nuevos, no deja que nadie trate mal el material, cuida de que el rotulador esté bien cerrado cuando se deja…

– cuida de que el niño trabaje cómodo: si está demasiado lejos de la mesa, le acerca; si la mesa es demasiado alta, le coloca un cojín en la silla; si el niño pinta tumbado en el suelo, le da un cojín, o le tapa con una mantita, o le da una carpetita o un cartóncillo para que ponga debajo del trabajo y pinte cómodo. También cuida de la mano del niño: para poder pintar en las mejores condiciones, la mano tiene que estar relajada y se tiene que coger el rotuladores de la forma correcta.

– da y hace cumplir unas normas: da hábitos de trabajo, de cómo coger el rotulador, respetar el trabajo del compañero…

– guarda el trabajo terminado, poniéndole antes el nombre y fecha, y lo archiva en una carpeta para cada niño

– no juzga el trabajo, ni lo describe, ni comenta, ni motiva… No entra para nada en el trabajo, porque no es asunto suyo: el dibujo es el juego del niño.

– conoce cómo es un proceso normal, hace cursos, lee libros y reflexiona. Conocer el proceso te permite no juzgarlo. Saber que hay una evolución, da mucha tranquilidad, quita miedo. Si sabes que en la evolución de dibujo, el niño pinta torbellinos, y luego ganchos, no te da miedo respetar el proceso, porque sabes lo que va a suceder. No te extrañas, ni te sorprendes, simplemente acompañas el proceso sin juzgarlo.

Qué no hace nunca

– hablar del contenido del trabajo, juzgar, exponer,

– comparar niños: cada niño es diferente a los demás, y por eso cada niño tiene un proceso diferente de los demás

– enseñar a pintar: trabajando así, el niño aprende a pintar, sin enseñanza. Con continuidad y sin juicio, el niño se siente seguro y puede jugar pintando. Así, su trabajo va evolucionando, pasando por diferentes etapas, conquistando nuevos descubrimientos con seguridad y sin miedo. Y este aprendizaje dura toda la vida.

– abandonar al niño: el adulto tiene que estar presente, no se les puede dejar solos

– ser un observador: y no puede tampoco quedarse quieto mirando, tiene que hacer algo

 

Un ejemplo práctico:

En nuestra casa, puede que ellos me pidan pintar, o que se lo ofrezca yo. Cuando les veo que no están haciendo nada se lo ofrezco, les pregunto ¿queréis pintar?  y si uno quiere, normalmente los demás también, por lo que casi siempre pintan los tres a la vez. Solo les dejo pintar en estas condiciones si yo voy a poder estar atendiéndoles, sino tienen que esperar a otro momento en que yo pueda estar con ellos.

Lo primero que hacemos es preparar la mesa, porque la solemos tener llena de cosas, así que despejamos el espacio y se sientan. Tiene cada uno su silla, pero a veces les gusta cambiarse el sitio. Da igual, lo importante es que la mesa esté limpia, despejada y en condiciones, que no haya nada alrededor que moleste o distraiga, que haya un orden. Pongo un bote con los rotuladores en el centro de la mesa (aunque también se puede colocar en otro lugar y van y vienen a cogerlos) y les doy una hoja a cada uno.

Al darles la hoja, conviene dársela a la mano y no colocársela en el mesa, porque así ellos se la ponen en la mesa como quieran (vertical u horizontal), sin que yo tenga que preguntarles. Los folios están guardados en otro lugar, por lo que se levantan a coger la hoja, y vuelven a la mesa.

Cada uno coge un rotulador, el que quiera y comienzan a pintar. Solo se puede coger un rotulador, el que van a usar, porque no se puede acaparar  los rotuladores (hay pocos y hay que tener en cuanta a los demás, y además solo se pinta con un color cada vez). Y hay que tratarlos bien, no les dejo que los golpeen. También hay que poner atención a que se tapen bien para que no se sequen. Cuando cambian de color, dejan el rotulador en su sitio (orden, limpieza y respeto por lo demás y el material) y cogen otro de otro color.

Mientras están pintando charlamos de todo un poco, de cualquier cosa menos del trabajo que estén haciendo, claro. Durante todo el proceso hay que hacer ver para qué estamos presentes: estamos ahí porque los queremos, porque los aceptamos, porque su trabajo es importante para nosotros. Esto hace que al final, el niño no busque la aprobación del adulto a través de su trabajo (“¿te gusta?”), el niño se tiene que dar cuenta de que ya tiene nuestra aprobación. Pero no hay un juicio del trabajo. No entramos en el trabajo, ni para juzgarlo ni para describirlo. Su trabajo es suyo.

Lo que suelo hacer mientras pintan es limpiar la mesa con una toallita, cuando se cae algo al suelo (un rotulador o una tapa) se lo recojo, y así no se tienen que levantar; asegurarme de que no se les dobla ninguna esquina del trabajo…. Esas cosas. En cuanto los niños y el adulto entienden cual es la función del adulto, surgen solas las cosillas que se pueden hacer.

Con mi hijo pequeño, por ejemplo, que tiene 20 meses, lo que tengo que hacer es tener cuidado de que coja bien el rotulador, porque tiende a cogerlo o muy cerca o muy lejos de la punta. Y recogerle todo lo que se le cae (que es bastante). También tengo que tener cuidado de que no coja un puñado de rotuladores. No lo hace para acaparar, lo hace por jugar, así que le suelo ofrecer otro material (“con los rotuladores no puede jugar así, ¿has terminado de pintar? ¿quieres que saquemos las piezas de construcción?”). Los rotuladores solo se los dejo para pintar, para jugar le doy otro material. No los puede chupar, ni lanzar, ni le dejo jugar a meterlos y sacarlos del bote (que le encanta).

Con mi hijo mayor, que tiene 5 años, mi trabajo va por otro camino. Él es más mayor, y está mucho más condicionado, por las abuelas y por el colegio. Por lo que mi trabajo fundamentalmente es darle conversación. Si mientras trabaja, estamos charlando tranquilamente, de cualquier cosa, no hay ningún problema, puede pintar con calma, con seguridad, jugando, disfrutando, sin comeduras de coco. Mientras charla conmigo puede jugar a pintar sin problemas. Pero si no estoy presente, o me distraigo… poco a poco tiende a meterse en el trabajo de sus hermanos, a contarnos qué está pintando, … es muy sutil, porque en casa esto lo trabajamos mucho, y no tiene un condicionamiento bestial, pero por pequeño que sea no me gusta. Cuanto más condicionado está el niño, más dificil es trabajar así.

Y con mi hija, que tiene 3 años, es todo mucho más fácil. Pide todo lo que necesita, y listo. Ahora mismo necesita muy poco: apenas se le caen cosas, y casi no se le escapa el trazo del papel. Y ahora mismo no tiene ningún condicionamiento ni ningún problema. Pero como tiene asumida esta relación que tenemos, como tiene claro cual es mi papel, y quiere seguir teniendo trato conmigo, ella misma ha buscado algo que yo pueda hacer, para trabajar juntas, para que yo la cuide, para que yo pueda hacer ver que su trabajo me importa sin pasar nunca por el juicio. Me pide que le sostenga la tapa del rotulador: coge un color, lo destapa, y me da la tapa, cuando termina con el color me lo da, y mientras yo lo tapo y lo pongo en su sitio, ella coge otro y me da la tapa nueva. Esto lo ha pedido ella sola, a mí no se me había ocurrido, y es un buen trabajo para el adulto que asiste el juego de pintar y que no sabe muy bien qué hacer.

Cuando alguno de los tres termina su trabajo, lo cojo y le doy la vuelta, y en la parte de atrás pongo su nombre y la fecha. E inmediatamente lo guardo en su carpeta.

Nunca hay comentarios sobre los trabajos:

– Ya está,

– Trae, hoy es….. ¿Quieres otra hoja?

– si, dame

No hay un momento en el que nos detengamos a mirar el trabajo, es todo inmediato, me lo dan, le pongo el nombre y lo archivo, por lo que no se da pie a hacer comentarios o a entrar en el trabajo del niño. Cada uno tiene una carpeta, en la que voy archivando todos sus trabajos. Tengo todos los dibujos que han hecho perfectamente guardados y archivados. Y lógicamente, en ellos hay una evolución, ha habido un proceso, un aprendizaje, sin juicio, con seguridad, sin depender de la opinión de los demás, sin motivación, solo respetando y haciendo posible el juego de pintar. De verdad que los niños no necesitan motivación para pintar: mi hijo mayor ha pintado así 5 años, y se ve perfectamente una evolución en su trabajo. Y en casa no ha recibido nunca ningún juicio sobre su trabajo.

Hay gente a quien no le gusta esta forma de hacer las cosas porque creen que es cruel no decirle a un niño que te gusta su dibujo. Esto no consiste en eso, esto no es un método que consiste en no decir “qué bonito”. Consiste en no juzgar algo que no está destinado a ser juzgado. Consiste en posibilitar una evolución y un desarrollo, en no cortarlo. Desde mi punto de vista es cruel destruir el juego de pintar, haciéndole entender al niño que al dibujar tiene que conseguir un trabajo que guste a los de su alrededor. Hay muchas formas de hacer ver a un niño que le quieres.

Si vas a intentar hacer algo así en casa:

Con un niño pequeño, que no está condicionado es muy fácil, y que empieza a pintar, es muy muy fácil. Solo hay que reflexionar un poco acerca del papel que quiere jugar el adulto en este proceso.

Con un niño que ya está condicionada, es un poco más complicado, pero se puede. El adulto tiene que tener claro, qué va a hacer y que no, y poner un antes y un después. Yo intentaría cambiar todo lo que rodeaba el dibujo antes, si se daban otras condiciones.

Por ejemplo, si antes el niño pintaba solo en su habitación, ahora le haría pintar en el salón. O si antes pintábamos juntos en el salón, pues ahora en la habitación. Cortar con lo que se ha hecho antes. Se pueden ir a comrpar un paquete de folios, una carpeta y unos rotuladores nuevos, que no haya usado antes. Y se puede preparar un rinconcito en casa, nuevo, donde se vaya a pintar.

Al niño se le puede verbalizar todo, no pasa nada, pero es mucho más importante lo que se hace que lo que se dice. Se le puede explicar en qué consiste el juego de pintar, y se puede poner la norma de que “no se habla del trabajo”.

Hay niños a quienes les resulta muy difícil recuperar su juego de pintar, todo depende de lo condicionados que estén, y hay niños que lo pasan muy mal. Pero se puede. Es una gran conquista para el niño dejar de trabajar para los demás y comenzar a trabajar para uno mismo. Es mucha responsabilidad y requiere un gran esfuerzo por parte del niño, pero por supuesto que se puede.

Para saber más:

– En el blog hay una serie de entradas dedicadas al dibujo infantil, a la educación creadora y al juego de pintar. Se pueden buscar en el índice, o en las categorías

– También hay mucha información en la página de Diraya, los talleres de educación creadora de Bilbao. En los enlaces hay referencias de a más páginas de educación creadora.

– El último libro de Arno Stern, titulado Del dibujo infantil a la semiología de la expresión, ed. Carena

 

Capacidad de abstraccción abril 23, 2012

Filed under: aprendizaje,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 15:39

Una de las capacidades más importantes de los seres humanos es nuestra capacidad de abstracción. Nos permite pensar en cosas solo con el cerebro, sin necesidad de tenerlas delante. Esto nos permite adquirir el lenguaje, hacer operaciones matemáticas y resolver problemas, entre muchas otras cosas.

¿Para qué se utiliza?

Se utiliza en el lenguaje, para poder comunicarnos con palabras. Les damos un significado a las palabras, y solo con ellas podemos pensar y trasmitir ideas, sin necesidad de tener delante los objetos o las personas de las que estamos hablando. La capacidad de abstracción es fundamental en la comunicación y en el pensamiento.

También se necesita esta capacidad para comprender lo que pone en un texto escrito, para que las palabras que leemos, vayan construyendo un significado en la mente. La capacidad de abstracción es fundamental en la comprensión lectora.

Es la capacidad que nos permite hacer cosas sin hacerlas realmente, sólo imaginándolas. Yo me voy a encargar de la comida de mañana, y mi capacidad de abstracción me permite imaginar y organizar esa comida: sin abstracción no podría. Me “imagino”, cocino mentalmente, lo que me permite anticiparme, hacerme a la idea de qué es lo que voy a necesitar. Esta capacidad es fundamental para planificar, organizar, inventar, crear…

Se utiliza para resolver problemas, para pensar soluciones, “ver” las distintas consecuencias de nuestros actos sin llegar a hacerlos, para poder decidir la mejor opción. Si me enfrento a un problema matemático en el que tengo un cesto con manzanas y me como una, necesito de mi capacidad de abstracción, para “ver” las manzanas y saber que estoy quitando. Esta capacidad es fundamental para resolver problemas matemáticos y cálculos.

A la hora de construir cualquier cosa (coser una falda, construir un edificio, hacer un mueble, escribir un libro, resolver un ejercicio, planificar un viaje…) se necesita de esta capacidad, para poder “ver” las partes que formarán el conjunto, y para poder “ver” cómo se van a unir y encajar entre sí. Es fundamental para poder planificar cualquier cosa.

¿Cómo se desarrolla?

Los seres humanos nacemos con capacidades, y estas capacidades se desarrollan más o menos según nuestra experiencia, nuestro entorno, nuestras actividades…. Hay muchas actividades que favorecen el desarrollo de esta capacidad. Esta capacidad se trabaja con aquellas actividades en las que se practica la abstracción, en donde se juega, en donde se le da un significado diferente del habitual a un objeto, se trabaja en todas las acciones en las que haya que imaginar, que jugar, que crear. Algunas de ellas son:

– dibujar: porque cuando dibujamos, representamos cosas con los trazos que pintamos.

– escuchar cuentos: porque cuando escuchamos una narración, nuestro cerebro va creando la historia, la va imaginando, la construye en nuestra mente.

– jugar: porque cuando el niño juega, imagina, crea mentalmente, cambia el significado de los objetos, representa, hace como si….

Pero para que se trabaje esta capacidad con estas actividades, hay que trabajar de una cierta manera. No se trabaja si la actividad se produce de cualquier forma. Se tienen que dar una serie de condiciones.

No se trabaja la capacidad de abstracción, si al pintar lo que estás haciendo es seguir un modelo, por ejemplo. Se trabaja esta capacidad cuando se dibuja con las condiciones de las que hablamos en el juego de pintar. En estas condiciones, el juego y el trabajo crecen sin parar a lo largo de toda la vida, no se detiene, no tiene fin.

Para trabajar la capacidad de abstracción al escuchar una narración es necesario que se puedan elaborar imágenes. Es decir, que el que escucha pueda ir construyendo, elaborando, imaginando la historia mentalmente. Esto no puede hacerse por ejemplo, si estamos leyendo un cuento con dibujos. Si la lectura está ilustrada, al cerebro se le imponen las imágenes impresas, y no puede crear las propias. Para trabajar esta capacidad es fundamental el lenguaje oral. Son actividades estupendas contar cuentos (sin imágenes, solo de forma oral, sin el apoyo de un libro) y anécdotas.

Cuando un niño juega, no hace otra cosa más que trabajar con su capacidad de abstracción: juega a que el muñeco es su hijo, a que el sofá es su coche, a que la mesa es su casa….Hay mucha confusión con el “juego”, porque es una palabra que se usa para todo. Hablo de ello en esta entrada y en esta. El niño juega cuando trabaja en algo que le apasiona, sin perseguir ningún objetivo concreto. Un niño no juega cuando obedece las órdenes de otra persona, aunque aquello que le hayan mandado hacer sea muy entretenido.

Esta capacidad la tiene que trabajar el cerebro. Es un proceso interno. Lógicamente, una persona cuanto más trabaje en cosas abstractas, mejor será su capacidad de abstracción. Pero no es un trabajo que podamos hacer desde el exterior de la persona. Es un proceso mental que cada sujeto tiene que construir por sí mismo.

Los adultos que acompañamos a los niños, muchas veces no consideramos “trabajo” a las actividades con las que se desarrolla esta capacidad. Cuando se tabaja esta capacidad, no necesariamente se produce en trabajo, no tienen como resultado un producto, porque como ya hemos dicho, el trabajo es mental. Estas actividades son las típicas, en las que los que acompañamos al niño creemos que “no hace nada”, porque no está produciendo un trabajo, un producto. A los adultos solo nos parece que un trabajo es trabajo si está produciendo algo. Pero el mayor trabajo que tiene que hacer un niño es jugar.

Esta capacidad es tan básica, que prácticamente toda la actividad del niño (jugar) está encaminada a desarrollarla. Y este trabajo es insustituible. La falta de horas y horas sin hacer nada, solo jugando a meter y casar cosas de un cajón, o garabateando, o escuchando las historias de cuando la abuela era pequeña…… producen que luego te encuentres con niños que, acabando la primaria (12 años) no saben (porque no pueden) resolver problemas matemáticos sencillos. Niños, que después de 9 años trabajado sin parar los problemas matemáticos, no pueden imaginarse un cesto con 6 manzanas y a un niño comiéndose 2.

 

Actividades educativas para niños abril 15, 2012

Yo soy de la opinión de que los niños aprenden solos, sin necesidad de enseñanza ni programación por parte de los adultos que los acompañan. Pero este aprendizaje necesita de un cierto entorno para que se produzca. Por ejemplo, para un bebé pequeño aprender alemán es una cosa normal y natural. No necesita enseñanza, sino que aprenderá él solito. Pero para ello necesita una serie de condiciones, por ejemplo, que sus padres hablen alemán. Y así, en Alemania, millones y millones de bebés, aprenden ellos solitos a hablar alemán, sin enseñanza, sin “programación”, sin “actividades”.

Lo mismo sucede con el resto de aprendizajes. Para aprender a andar, necesitan tener la posibilidad de hacerlo (que le dejen explorar en el suelo) y tener humanos a su alrededor que anden. Para aprender a leer necesitan tener a su alcance textos escritos, estar rodeados de adultos que lean y que contesten a sus preguntas. Para aprender a contar necesitan oír contar, y poder jugar con ello, practicarlo.

El niño puede aprender cualquier cosa por sí mismo, sin enseñanza, en las condiciones adecuadas y con el acompañamiento adecuado.

Cuando busco actividades para hacer con mis hijos, no encuentro casi ninguna que cumpla con estas condiciones, que esté así planteada. Casi todas las actividades educativas están pensadas desde el punto de vista contrario: le enseñan al niño a hacer cosas. Es casi imposible encontarr actividades programadas en las que no se enseñe, en las que el adulto tome otro pepel que no sea el de “enseñante”.

Por ejemplo, si busco una actividad que me sirva para enseñarles a construir adornos navideños, es fácil encontrar un montón de actividades y de ideas, ya diseñadas. Pero lo que yo busco son ideas para que ellos desarrollen su capacidad de construir con distintos materiales… la cosa se pone más difícil.

En próximas entradas, pretendo escribir sobre las actividades educativas que nosotros llevamos a cabo en casa, describirlas a modo de receta, igual que se hace con las actividades que enseñan cosas. Lo que propongo, no son actividades para enseñar, o que aprendan algo en concreto. Y muchísimo menos, son actividades que terminan con la elaboración de un producto muy bonito. Vienen a ser actividades para desarrollar capacidades, y aprender según su interés, lo que tengan que aprender, sin enseñanza, por sí mismos, a su ritmo, influenciándose del trabajo de los que les rodean, sin que se les imponga ningún modelo ni se les roben descubrimientos y con algún adulto que se ocupe de cubrir las necesidades de los niños.

 

Que cada uno haga lo que quiera, ¿qué pasa con las normas? abril 7, 2012

Filed under: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 13:53

Hay personas que cuando escuchan “que cada niño trabaje en lo que quiera” se imagina un caos, ausencia de cualquier norma, niños corriendo y gritando por los pasillos, cristales rotos….. Piensan en ausencia de normas y en desorganización, en pérdida de control. ¿No conocen ninguna situación en la que un grupo de personas haga cada una lo que quiera? Por ejemplo, un domingo en casa, el padre hace algo en el ordenador, la madre ve la televisión, un hijo juega con los coches y otro con la plastilina. ¿No es eso un grupo de gente en el que cada uno hace lo que quiere? Pues a la hora de trabajar con niños desde su interés, es lo mismo.

Si estoy en casa con mis hijos, cada uno hace lo que quiere. Pero luego depende, claro. No pueden sacar un juguete del armario si no han guardado el anterior. Y no pueden jugar si por ejemplo, tienen que cenar, o bañarse. Y hay actividades en las que quiero estar con ellos, así que por ejemplo, no pueden cocinar si no puedo yo acompañarlos en la cocina. Y pueden ver vídeos en el ordenador, pero un tiempo limitado, no les dejo estar horas y horas con el ordenador. Y por mucho interés que tenga mi hijo en montar en bicicleta, dentro de mi casa no se monta en bicicleta. Para eso buscaremos un tiempo y un espacio, en el que pueda desarrollar ese interés. Cuando les veo indecisos también les propongo cosas. Y hay actividades que a mí me parecen importantes, por ejemplo pintar, o leer, o plastilina… Y si no las escogen por sí mismos, se las propongo. Me dicen casi siempre que sí, pero si dado el caso dejaran de hacerlo, yo creo que les haría trabajar en ello: tienes que pintar (aunque sea un trabajo solo, y por supuesto pintas lo que quieras) o tienes que leer (aunque sean solo 5 minutos, en los que lo leo yo en voz alta, y leo lo que tú me digas); o tienes que trabajar el inglés, así que decide qué día te comprometes conmigo a hacer algo en inglés, puedes ver una película, leer un libro, cantar canciones…..

Cada uno pone las normas y las reglas que necesita poner. Hay casas en las que se vuelan aviones teledirigidos, pero en la mía no, por mucho interés que tenga mi hijo. Se puede respetar y trabajar el interés del niño de muchas formas. Y con el tiempo cada vez estoy más convencida de que para que un niño pueda trabajar libremente desde su interés, necesita un buen montón de normas.

Desde mi punto de vista, el niño tiene que ocuparse de su trabajo, y el adulto tiene que proporcionarle las mejores condiciones para que precisamente, pueda trabajar. Así ese trabajo puede crecer y evolucionar. El adulto se coloca detrás del niño, no delante. No le da actividades para hacer, se coloca detrás del niño para ver qué necesita según el trabajo que esté realizando. Y no le pone nota al trabajo del niño, porque el trabajo no es para el adulto: el niño trabaja para sí mismo. El adulto le demuestra que el trabajo le importa, precisamente porque le toma en serio, le cuida, le da lo que necesita.

Si mis hijos quieren trabajar con las piezas de construcción, mi trabajo consiste en: sacárselas del armario (ellos no llegan donde las guardamos), buscar un lugar despejado de la casa, cuidar que cada uno tenga espacio suficiente para que no haya accidentes, hacer que cada uno respete la construcción de los demás, o cuidar que se pongan de acuerdo si están construyendo juntos, cuidar de que quien se quiera incorporar pida permiso y que el que esté jugando acepte, se necesita cuidar bien las piezas para que no se pierdan, recordar que hay que recoger…… Para que puedan trabajar en lo que quieran, necesitan límites, normas y hábitos de trabajo. Sin límites no hay libertad.

 

He leído: La madurez de Eva, de Alice Miller abril 3, 2012

Filed under: Uncategorized — seeducansolos @ 12:24
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No había leído nunca ningún libro de Alice Miller, y ya tenía ganas.

El libro es cortito, y se lee bien, rápido y sin problemas. Aunque es el primero que leo de la autora, me habían hablado mucho de ella. Lo que me habían contado era que resultaba un poco duro, pero no me lo ha parecido.

Habla acerca del maltrato en la infancia, de cómo afecta a nuestra vida de adultos. Habla de cómo el trato que recibimos en nuestra infancia, que cosideramos normal, porque nos han dicho que era por nuestro bien, no lo es en realidad, sino que es maltrato. En ese sentido es en el que me han contado diferentes personas que el libro es duro, porque te hace enfrentarte a tu infancia-feliz para reflexionar acerca de cómo te maltrataban tus padres, y como eso hace que ahora trates así a tus hijos. Habla de cómo se nos reprime todo lo que nos pasó en la infancia, de la poca importancia de esa etapa en general. Habla de que si no recibes amor en la infancia (respeto, empatía) no puedes darlo en la vida adulta, porque no lo has conocido. Y pone muchos ejemplos, de personas que llegan a enfermar, pasan por crisis, van a terapia en la que sale a relucir los malos tratos de su infancia y tras superarlo, recuperan la salud.

A mí, personalmente, lo que me preocupa y me lleva a leer el lirbo es el cómo trato a mis hijos, puesto que me gustaría tratarlos mejor, y lo que busco son soluciones. Y siento decir que no da respuesta ni recetas. Me han comentado que en otros libros explica más cosas. Habrá que seguir leyendo.

 

 
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