seeducansolos

Blog sobre aprendizaje, crecimiento…

Dos tipos de esfuerzo mayo 31, 2012

Filed under: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 06:06

EL ESFUERZO: ¿esfuerzo o placer?

Parte 1: El esfuerzo de los niños

Parte 2: Dos tipos de esfuerzo

Parte 3: ¿Cómo valorar un esfuerzo sin destruirlo?

Está muy extendida la idea de que los adultos tenemos que reconocer el esfuerzo de los niños. En que este esfuerzo hay que valorarlo, apreciarlo, cuidarlo, para que se mantenga y el niño continúe esforzándose.
Lo que se suele hacer normalmente es juzgar positivamente el trabajo del niño (qué bien saltas, qué bien escribes, qué bien hablas inglés, qué bien has hecho la tarea), o bien hay quien opta por describir la situación (qué salto tan alto, qué letra más redonda, veo que te esfuerzas mucho, he visto todo lo que te has esforzado, veo que estás usando muchas piezas amarillas en tu torre).
¿Cómo nos sentimos los adultos cuando recibimos este tipo de acompañamiento en actividades que nos suponen un esfuerzo?

Hemos visto que hay dos tipo de “esfuerzos”:
– en aquellas cosas que hacemos porque queremos, es decir, cuando jugamos o trabajamos en nuestro interés
– en aquellas cosas que hacemos obligados, que hacemos porque no tenemos más remedio, porque lo necesitamos para conseguir algo.

En aquellas actividades que a mí me cuesta realizar, no creo que me sintiera cómoda recibiendo un juicio positivo o una descripción de mi actividad:
– qué bien hablas inglés: sé que no es verdad. Si hablara bien inglés no tendría que estar estudiándolo.
– veo que te estás esforzando: ¿y por eso me estás suspendiendo?
– qué bien has aparcado: sí, hombre, después de 20 maniobras
– veo que te ha costado un esfuerzo aparcar: encima cachondeo
– qué bien madrugas¿?¿?
– veo que a pesar de que se te cierran los ojos, has conseguido madrugar: zzzzzz
Este tipo de actividades, solo se llevan a cabo porque se quieren conseguir algo a cambio:
– voy a reuniones de trabajo porque me pagan un sueldo
– estudio en la universidad para sacar un título
– ahorro para poder tener luz eléctrica en casa
– estudio inglés para conseguir un trabajo mejor
Pero sino consiguiera esas recompensas, no haría ese esfuerzo. Necesito la recompensa para hacer el esfuerzo.

En cambio, en el otro tipo de actividades que son las mismas que las anteriores, pero que no cuesta esfuerzo hacer, no necesito ninguna recompensa para hacer el esfuerzo.
Son actividades que se hacen sin obtener nada a cambio.

¿Qué pasa entonces si damos una recompensa por realizar una actividad que no la necesita? Evidentemente, que actividades que se hacen “porque sí”, pasan a convertirse en actividades del otro grupo, en cosas que hacemos para conseguir algo a cambio.

Un niño construye un torre con piezas de construcción. Hace un esfuerzo, pero lo hace jugando, simplemente porque quiere. No consigue nada a cambio, solo su propia satisfacción personal. ¿Qué pasa si le alabamos su torre? Pues que en futuras construcciones buscará nuestra aprobación, y así, una actividad que no necesitaba de nada pasa a ser una actividad que busca recompensa.

 

El esfuerzo de los niños mayo 30, 2012

Filed under: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 19:11

EL ESFUERZO: ¿esfuerzo o placer?

Parte 1: El esfuerzo de los niños

Parte 2: Dos tipos de esfuerzo

Parte 3: ¿Cómo valorar un esfuerzo sin destruirlo?

Estos días, a raíz de comentarios y entradas de otros blogs, hemos estado dándole vueltas en casa al tema del esfuerzo. Está claro que los niños se esfuerzan, que hacen muchísimas cosas que les suponen un esfuerzo. En los primeros años de vida es muy fácil verlo. Por ejemplo:
– nacer: supone un esfuerzo enorme para el bebé, y sin embargo, la inmensa mayoría de ellos lo hacen sin problemas
– andar, y el desarrollo de la motricidad en general, les supone un gran esfuerzo. Primero sujetar la cabeza, luego la espalda, darse la vuelta, sentarse, gatear, ponerse en pie, dar un paso sin apoyo…. Inmediatamente, tras conseguir un objetivo se lanzan a por el siguiente, a por el más difícil todavía.
– en el juego: cuando corren, cuando saltan, cuando construyen, … ponen su capacidad al límite, haciendo un gran esfuerzo, para correr lo más rápido que puedan, para saltar lo más alto posible, para construir la torre más alta…

Pero este tipo de actividades, ¿las viven los niños como un esfuerzo? ¿por qué lo hacen, si les supone un esfuerzo? Principalmente lo hacen porque quieren,  y porque no tienen más remedio, porque lo necesitan para crecer, para aprender, para desarrollarse.

Los adultos también hacemos esfuerzos a veces. Por ejemplo:
– a mí me cuesta un esfuerzo aprender inglés. En cambio a mis hijos y a mi marido, no les cuesta ningún esfuerzo
– a mí me cuesta un esfuerzo hacer los trabajos que me piden en la universidad. Tengo que ir a clase, leer la bibliografía, escribir reflexiones… En cambio no me supone ningún esfuerzo trabajar en el blog, ir a cursos, leer lo que me recomendais, escribir entradas
– a mí me cuesta un esfuerzo ahorrar dinero para pagar la factura de la luz o del gas, que sube y sube. En cambio, no me cuesta ningún esfuerzo ahorrar para irnos de vacaciones
– me cuesta un esfuerzo madrugar para ir a una reunión del trabajo. Y no me cuesta ningún esfuerzo madrugar para ir de excursión.

¿Cómo es posible? ¿Por qué una misma actividad puede ser un esfuerzo o un placer? ¿Qué es lo que hace la diferencia?
La diferencia está entre hacer lo propio o lo ajeno, en trabajar siguiendo tu interés o en trabajar por obligación, en que la motivación que te mueve sea intrínseca o extrínseca.

 

He leído: Del dibujo infantil a la semiología de la expresión, de Arno Stern mayo 22, 2012

Este libro nos dio una gran alegría cuando se publicó, en el 2008, porque no había ninguno reciente de Arno Stern en español. Pueden encontrarse más títulos en otros idiomas.

El libro trata de la evolución que va siguiendo el dibujo desde la infancia y a lo largo de toda la vida: es lo que Arno llama la Formulación. Explica en qué consiste, qué pintan los niños y qué no, y porqué. De dónde viene, cómo evoluciona, qué condiciones tienen que darse para que no se destruya ese proceso.

El libro se le muy rápido y es ameno (o eso me parece a mí, porque ya sé de lo que habla). Tiene muchas fotografías, dibujos y esquemas que ilustran la explicación.

En cuanto al contenido, me parece básico, imprescindible para cualquiera que tenga algo que ver con la infancia o con el dibujo. Me queda la duda, de si sólo con la lectura del libro se puede llegar a comprender en qué consiste y qué condiciones necesita el dibujo infantil para crecer y desarrollarse. Es mucho lo que se intenta trasmitir, y no sé si se consigue sólo con la lectura del libro. La forma de ver el dibujo infantil (y la educación en general) es muy diferente a lo que hemos vivido y a cualquier otro enfoque que hayamos visto, por lo que no sé, si con la lectura del libro se puede llegar a comprender cómo funciona realmente el dibujo infantil.

 

Por qué no decimos muy bien mayo 11, 2012

Filed under: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 19:29

La primera vez que que me encontré con la idea de que decir “muy bien”, quizá no era tan positivo como pensaba, fue cuando conocí la educación creadora.
La verdad es que fue una suerte conocer esta forma de ver el desarrollo humano y la educación, antes de ser madre o  maestra, y no tener nada que ver con niños. Porque esta idea del no juicio, requiere un trabajo personal: no consiste en suprimir unas palabras de nuestro vocabulario, sino que va más allá.


No se trata de no decir qué bien, sino de no juzgar. Hay situaciones en las que las cosas no están ni bien ni mal, por lo que no se juzgan. El problema es que hay muchas cosas que están siendo juzgadas cuando no debieran.
Conozco personas que creen que es cruel, que no está bien no decirles a los niños lo que hacen bien. Volvemos al mismo razonamiento de antes: y es que hay cosas que no están ni bien ni mal hechas.
Hay otras personas que creen que los niños necesitan motivación. Los niños necesitan muchas cosas, que les quieran y sentirse queridos y cuidados, necesitan que sus cosas sean tratadas con la importancia que tienen. Y necesitan seguridad, sentir que van a recibir ayuda si la necesitan, saber que tienen a alguien que les valora, que les cuida, que da importancia a su trabajo. Pero todo esto se puede hacer sin juzgarles continuamente, sin estar poniéndoles nota en cada cosa que hacen. No decir muy bien, o muy bonito, no quiere decir que no les cojas en brazos y te les comas a besos siempre que te apetezca. Hay muchas formas de dar cariño a un niño y de demostrarle cuánto te importa. Si eso solo se hace a través de la buena nota que saca el niño en cada cosa que hace, creo que habría que revisar esa relación adulto-niño.
Cuesta mucho encontrar información sobre este tema, de hecho, creo que solo conozco este artículo donde se habla de esto, aunque no estoy de acuerdo con todo lo que dice:
http://www.baalya.es/2011/11/09/alfie-kohn-cinco-razones-para-dejar-de-decir-%C2%A1muy-bien/

Los seres humanos siempre estamos en proceso: no terminamos de hacernos nunca. Siempre nos quedan cosas por aprender, reflexiones que hacer…. nunca terminamos de trabajarnos. Hoy sé muchas más cosas de las que sabía la semana pasada. He conocido personas, he aprendido cosas, cocino diferente, escribo diferente, utilizo otras herramientas…. Soy distinta a como era la semana pasada. Si ahora hago algo bien, ¿quiere decir eso que la semana pasada lo hacía mal? Claro que no, lo hacía diferente, pero no mejor ni peor. Y la semana que viene lo haré diferente también.
Yo escribo de una manera. Y mi hija de 3 años y medio, escribe de otra manera. Si le digo que qué bien escribe….. ¿quiere decir eso que yo escribo muchísimo mejor? Claro que no. Es que ella no escribe bien. Tampoco mal. Escribe a su manera, que es diferente de la manera de escribir de los demás, y es diferente también de la manera que ella misma tenía de escribir en otros momentos de su proceso.
Mi hijo de 5 años, escribe algunas letras. ¿Las escribe bien? Noooo, las escribe a su manera, que es diferente (no mejor o peor) a la forma que tenía de escribir hace un año, y a la forma que tendrá de escribir dentro de un año. Pero no es que escriba “bien”.

Hacer las cosas bien o mal, es una percepción subjetiva, que solo tiene sentido si se compara, si se toma una referencia. Yo conduzco bien. ¿Comparado con qué? ¿con migo, con cómo conducía antes? ¿o con otras personas, que conducen mejor o peor que yo? Yo conduzco a mi manera, aquí y ahora. Pero no bien o mal, ni mejor o peor. No tiene sentido compararse con cómo conducen los demás, porque los demás son diferentes a mí, con otros procesos, otras capacidades, otras circunstancias. Bien-mal son términos relativos, que solo tiene significado si se comparan con otros, y no tiene sentido comparar procesos, porque las personas somos diferentes. Tenemos diferentes procesos y diferentes formas de hacer las cosas. Todas las personas son diferentes a las demás, por lo que tienen su propia manera (diferente a los demás) de hacer las cosas. Y esa forma de hace , no es mejor o peor, es diferente.

Si una cosa está “bien hecha”, cabe la posibilidad de que salga mal. Un juicio, una alabanza, un muy bien, dice muchas cosas. Si un niño hace algo, y recibe un “muy bien” o “qué bonito”, lo que se le da a entender es que eso que esté haciendo le gusta al adulto que le acompaña. Es decir, que lo que el niño hace, tiene que agradar a los demás. Ya no puede hacer las cosas por sí mismo, porque sí, por su motivación intrínseca, sino que tiene que hacer cosas para que le gusten a los demás, por la motivación extrínseca. Se le hace dependiente de los juicios, las opiniones, la motivación de los que le rodean.
Por otro lado, que esto que has hecho esté “bien”, quiere decir que podría haber salido mal. Si un dibujo es bonito, cabe la posibilidad de que me hubiera salido feo.
El juicio (refuerzo positivo, alabanzas, …) no motiva al niño, sino que le hace dependiente de la opinión de los demás. Hacen que el niño deje de trabajar para sí mismo, y se ponga a trabajar para los demás (para conseguir un muy bien). Le condiciona. Y tampoco le da seguridad, sino todo lo contrario: que te juzguen da miedo, da la posibilidad de hacerlo mal aunque siempre le vayamos a decir que lo hace bien.

Circulan por internet muchas presentaciones de diapositivas. Unas son de fotografías increíbles, otras de Dios te quiere… y otras acerca de lo especiales que somos las personas. Hace poco me llegó por correo uno de estos últimos, titulado “Terapia del elogio”. Habla de que las relaciones hoy en día no duran por la falta de cariño en las familias y el valor que se les da a las críticas. Dice que nos elogiamos poco, y esto destruye matrimonios, porque las personas terminan buscando fuera lo que no encuentran dentro. Y la solución que le da a esto es que busquemos lo que nos gusta de las personas para elogiarlas, porque los elogios son la motivación de nuestra vida.
No puedo estar más en desacuerdo. Es cierto que las relaciones hay que cuidarlas, porque sino se deterioran, por supuesto. Pero yo no creo que una relación basada en los elogios funcione. Yo al menos no busco eso en la vida.
En casa, no somos de elogiarnos, la verdad. Yo sé que mi marido me quiere, que le gusto y que le importo. Pero no lo sé por lo que me dice, sino por lo que hace: porque me escucha, me apoya, me ayuda en todo, me hace reír, me aconseja, me anima…. porque sé que le tengo a mi lado a capa y espada, para lo que yo necesite. Se nos nota que estamos enamorados y que hacemos un buen equipo, pero no porque nos lo digamos: es tan evidente que ni nos lo decimos, no hace falta.
En mi vida profesional ocurre lo mismo. Tengo un trabajo en el que se me valora y se me aprecia. Y no me lo dicen con palabras, sino con hechos: están pendientes de lo que necesito, cuando tengo un problema se desviven por ayudarme, me aconsejan, me animan y me apoyan…. Pero no me han dicho nunca lo buena profesional que soy. En cambio he trabajado en sitios donde me ha ocurrido lo contrario: donde todo eran buenas palabras, pero no había nada detrás.
Cuidar una relación, tener una buena relación con una persona, no tiene porqué pasar por juzgarla, alabarla, elogiarla…. por decirle lo bien que hace ciertas cosas.
¿Qué clase de seguridad tenemos en nosotros mismos si necesitamos que desde fuera nos aprueben? ¿Qué clase de madre soy, que necesito que desde fuera me vayan aplaudiendo el cómo lo hago? ¿Qué clase de profesional soy que dudo de todo si no se me reconoce mi trabajo? Y repito, es cierto que necesitamos el apoyo de los que nos rodean, necesitamos que nos quieran, a veces necesitamos oír la opinión de otras personas….. pero esto es diferente a necesitar un “muy bien”.

En mi vida diaria, no me cuesta no emitir el juicio, aunque como ya he dicho es un trabajo personal, de conocer procesos y de reflexión contínua.
No se trata de suprimir el “muy bien” y ya está: no estoy hablando de morderse la lengua y evitar decir ciertas cosas. Se trata de no juzgar, y de cambiar nuestra forma de relacionarnos con ellos, se trata de hacerles ver que les queremos, que nos importan, que valoramos su trabajo, su actividad, su juego, su crecimiento…

En las siguientes situaciones, no digo “muy bien”:
– cuando Luis me ayuda: hay veces, que necesito que me ayuden, por ejemplo, el otro día, subiendo las escaleras de casa, no podía sujetar a los niños y las cosas que llevaba, y le pedí a Luis que me llevara él la carpeta. Al llegar a casa, le dí las gracias, y le expliqué que si no llega a ser por él no hubiera podido subir a casa. Pero no le dije que muy bien.
– cuando pintan
– cuando comen: no creo que mis hijos coman bien, ni tampoco que coman mal. Comen lo que necesitan, lo que hay. Suelen comer de todo, aunque hay cosas que no les gustan. Y comen sentados a la mesa, con sus cubiertos. Lógicamente, el pequeño (2 años) aguanta menos sentado a la mesa que el mayor (5 años), pero eso no quiere decir que uno coma mejor o peor que el otro.
– cuando recogen: después de jugar con algo hay que recogerlo. Sé que mis niños son pequeños, y que por eso muchas veces no lo hacen. Pero no es que lo hagan mal. Les recordamos que hay que recoger, les acompañamos, a veces nos enfadamos, les ayudamos… Y si recogen, no les decimos que han hecho “bien”. Lo que hacen es ponerse a trabajar con otra cosa. La “recompensa” “el refuerzo positivo” viene solo, y es que como han recogido unos juguetes pueden sacar otros. Lógicamente, estoy de mejor humor cuando está todo recogido que cuando lo dejan todo por ahí tirado, pero no les decimos que lo hacen bien-mal.
– en los columpios: veo a madres que no paran de de decirles a sus hijos lo bien que suben al tobogán y lo bien que bajan, lo bien que se columpian, lo bien que se abrochan la cazadora, lo bien que se comen el bocadillo…. A mí eso no me sale. No sé si mis hijos suben bien al tobogán, nunca me lo he planteado.

 

Qué enseñar mayo 6, 2012

Filed under: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 09:24

No hay quien nos entienda a los adultos responsables de la educación de los pobres niños.

Por un lado, estamos llenos de miedos y de ganas de enseñar. Nos encanta coger a un niño y explicarle, enseñarle todo lo que nosotros ya sabemos y él aún no ha descubierto. Comúnmente tenemos la idea de que el pobre, como es pequeñito, no va a poder conquistar el mundo por sí mismo, así que nos necesita para descubrirle el entorno. Te cojo de la mano para enseñarte a andar (cuando aún lo que tienes que hacer es gatear), te hablo con palabritas para que me entiendas, este cuento no porque es muy complicado para ti, mira así se dibuja un caracol, ahora vamos a jugar con las maderas y hacemos una torre grande…  y por supuesto, cosas más complicadas como leer, escribir, contar, calcular….puufff, eso no nos cabe en la cabeza que pueda aprenderse sin enseñanza.

Y por otro lado, estamos tan ocupados robando descubrimientos y pisoteando procesos, que no nos da tiempo a ver qué necesita un niño. Un niño para trabajar, necesita buen material, necesita orden, necesita HÁBITOS de trabajo. Y este aspecto de la enseñanza no se trabaja: normas, uso del material y respeto, por mí, por mi trabajo y por el de mis compañeros.

¿Y cuál es la consecuencia de esto?

Pues que los niños se creen todo lo que les hemos contado: que aprender es difícil, que como son pequeños no pueden aprender por sí mismo, que necesitan a alguien que les enseñe. Y que como el conocimiento del mundo ya está programado por nosotros, pues no necesitan hacerse preguntas y mucho menos buscar respuestas ni tener interés por nada.

Hay niños que te pueden leer un texto en voz alta, pero no saben coger un libro, no saben pasar páginas, no saben tratar un libro, no han visto un índice, una solapa, un marcapáginas, subrayar lo importante, no saben buscar un libro en una estantería…. Hay niños que te pueden hacer páginas y páginas de ejercicios, pero no saben coger un lápiz, no saben sentarse delante de un trabajo, no saben organizarse el trabajo, no saben buscar la solución en otro libro, no saben cómo hacer para que no se les arrugue todo el trabajo…..

Puestos a enseñar, ¿por qué no dejamos de enseñar contenidos, y nos paramos a enseñar hábitos de trabajo?

 

Necesitamos influencias mayo 1, 2012

El grupo de gente que nos rodea es importantísimo para nuestro desarrollo, para nuestra educación. Cuanto más variado sea ese grupo, mejor, más influencias y posibilidades tendremos.

Hay personas a quienes no les gusta que los niños trabajen desde su interés, porque creen que entonces los niños solo van a trabajar, solo van a conocer y a interesarse por las cosas que les gustan. Creen que un niño así, que solo trabaja desde el interés tendría muchas lagunas. Lógicamente, si una persona solo trabaja en lo que le gusta, hay muchísimas cosas por las que no siente interés y a las que nunca se acercará.

Primero hay que tener en cuenta que en la vida, todos los conocimientos están interrelacionados. Las cosas tiene relación unas con otras. Nuestra idea de trabajo y de aprendizaje es muy escolar. Cuando pensamos en aprender, pensamos en ciencias, lectura o matemáticas. Y lógicamente si un niño se interesa por una de ellas y abandona las otras, tiene carencias enormes. Pero en la vida esto no sucede así, porque absolutamente todo está relacionado y un interés te lleva a estudiar cosas muy diferentes entre sí. Si estoy en clase y les enseño a mis alumnos a dividir, solo les enseño a dividir. En cambio, si un niño, por su propio interés, trabaja con números, descubre muchas cosas, no solo las relacionadas con las matemáticas.

En caso de que fuera cierto, que el niño solo trabaja en lo que le gusta, y no quiere saber nada más de ninguna otra cosa, ¿Qué podríamos hacer? ¿Cuál sería la solución lógica? Los seres humanos somos seres sociales, y necesitamos a los demás para aprender. Yo necesito gente que me hable de los dinosaurios para saber lo que son. Si no los he visto, ni conozco a nadie que me haya hablado nunca de ellos, difícilmente me pueden interesar. Necesitamos a personas diferentes que tengan intereses diferentes alrededor nuestro. Cuanto más diferentes sean, más completo será el ambiente que me rodea, y con más cosas tendré contacto.

El ambiente ideal entonces, desde mi punto de vista, sería aquel en el que trabajan personas diferentes, en intereses diferentes. Si estoy en un aula, en clase de plástica, el maestro puede enseñarles a construir una mecedora con pinzas de la ropa, y en el mejor de los casos, todos los niños aprenden eso. Pero si cada uno de los 20 niños puede trabajar en aquello en lo que les interesa, cada niño aprende 20 cosas diferentes: aprende aquello en lo que está trabajando, lo único por lo que sentía interés, y al mismo tiempo ve a sus 19 compañeros trabajar en otras cosas.

Entonces, en el caso de que a un niño, solo le interese un único tema, y no salga de ahí, lo que podríamos hacer es, por un lado, conseguirle más información sobre ese interés. En vez de apartarle, darle más y más, para que ese interés crezca y de diversifique. Y por otro lado, podríamos buscarle una estructura, un ambiente, en el que trabaje junto a otras personas que a su vez trabajen apasionadas en algo de su interés. Ojo, no para apartarle, sino para que vea que hay otras cosas apasionantes en el mundo.

 

 
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