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Blog sobre aprendizaje, crecimiento…

Refuerzos y castigos junio 18, 2012

Nuestras acciones tienen consecuencias. Desde la psicología conductista, estas consecuencias se dividen en refuerzos y castigos:
Los refuerzos se utilizan para reforzar una conducta, para que se repita. En cambio los castigos se utilizan para eliminar conductas.
Tanto los castigos como los refuerzos pueden ser positivos o negativos:
– refuerzo positivo: a quien ejecuta la conducta que estamos reforzando, le damos algo positivo, le pasa algo bueno como consecuencia de esa conducta.
– refuerzo negativo: a quien ejecuta la conducta que estamos reforzando, le quitamos algo malo, algo malo que le pasaba le deja de pasar como consecuencia de esa conducta
– castigo positivo: a quien ejecuta la conducta que queremos eliminar, le damos algo malo, algo malo le pasa como consecuencia de esa conducta
– castigo negativo: a quien ejecuta la conducta que queremos eliminar, le quitamos algo bueno, algo bueno que le pasaba, le deja de pasar como consecuencia de esa conducta.
 

Para aumentar conducta  Refuerzo positivo  Damos algo bueno
Para aumentar conducta  Refuerzo negativo  Quitamos algo malo
Para disminuir conducta  Castigo positivo  Damos algo malo
Para disminuir conducta  Castigo negativo  Quitamos algo bueno

Ejemplos tradicionales de esto serían:
– refuerzo positivo: un niño hace algo que consideremos bueno, y para que lo mantenga o como premio, le compramos un regalo, le dejamos que tenga más recreo, le decimos muy bien… lo premiamos con algo que le gusta.
– refuerzo negativo: un niño hace algo que consideremos bueno, y para que lo mantenga, le dejamos salir antes de clase, puede no comerse todas las verduras que no le gustan, … lo premiamos evitando algo que no le gusta
– castigo positivo: un niño hace algo que consideremos malo, y para que no lo haga más, le damos trabajo extra, más deberes, … lo castigamos con algo que no le gusta
– castigo negativo: un niño hace algo que consideramos malo, y para que no lo haga más, le dejamos sin recreo, o sin postre, o sin ir al cine… lo castigamos quitándole algo que le gusta.

Así es como la psicología oficial entiende el desarrollo y el aprendizaje, y así es como se entienden normalmente los premios y castigos.
Esto lo he estudiado en cursos, en la carrera… está por todas partes, pero con el tiempo, cada vez me chirriaba más. Es completamente cierto que los refuerzos y castigos existen y nos afectan. Pero no estoy de acuerdo en cómo se enfocan, en cómo se utilizan.
Según esta forma de entender el desarrollo, los refuerzos y castigos son completamente necesarios. Además, los adultos que educamos, podemos manipular las consecuencias de las acciones de los niños, para poder poner o quitar las conductas que nos interesen.

Desde mi punto de vista, en general creo que no estoy a favor de premios o castigos, pero es cierto que todo en la vida tiene consecuencias: nuestras acciones van a tener consecuencias, y éstas delimitarán nuestras conductas futuras. Pero una cosa son las consecuencias naturales de nuestros actos, y otra cosas son las consecuencias que imponemos los adultos, y que utilizamos para manipular a los niños, para intentar modificar su conducta.

Yo he visto otra forma diferente de trabajar que funciona. Una forma de entender la educación y el desarrollo, que es diferente a la expuesta aquí arriba, y que sin embargo tiene buenos resultados. He visto trabajar y aprender a niños, sin “refuerzos positivos”. Y estos niños continuaban aprendiendo y trabajando, sin motivación extrínseca, sin que nadie les animara a hacerlo desde fuera. ¿Cómo es posible?

Los que seguís el blog, ya sabéis cómo entiendo la educación.
– desde el no juicio
– dándole mucha importancia a de las influencias, al grupo
– respetando el interés del niño (aquí , aquí y aquí hablamos de ello)
– cambiando el rol que se le da al acompañante
– entendiendo el juego del niño como su trabajo fundamental
– con las condiciones de la educación creadora (aquí y aquí hablamos de ellos)

Desde como yo entiendo la educación, el crecimiento y el aprendizaje:

¿Que es un refuerzo positivo?
He dicho que es una consecuencia, que te lleva a volver a repetir una conducta, que la refuerza, porque a cambio consigues algo bueno para ti.
El refuerzo positivo se entiende comúnmente como darle al niño algo que le gusta, cuando el niño hace algo “bien”. Hay un montón de programas educativos que se basan en el refuerzo positivo.
Pero, ¿y si trabajamos desde el no juicio? ¿y si cambia el papel del educador? ¿y si no es el educador el que reparte los refuerzos positivos? ¿como es que hay niños que trabajan sin motivación externa o sin recibir elogios?
Desde mi perspectiva, cuando el niño trabaja en (lo que yo creo que son) buenas condiciones, consigue un montón de cosas buenas para él:
– seguridad en sí mismo, porque su avance solo se le debe a sí mismo
– desarrolla capacidades: creatividad, autonomía,
– tiene el control de su trabajo
– trabaja en lo que le gusta, en lo que quiere
– crece su interés, su motivación, su trabajo

– establece relaciones de calidad con quienes le rodean, sin manipulaciones, sin competición
Esos son los refuerzos positivos, los naturales, los reales, los intrínsecos, los que le motivan al niño a continuar creciendo, trabajando, aprendiendo, desarrollarse….
Si trabajando, te desarrollas, continuas trabajando.

¿Qué es un refuerzo negativo?
He dicho que es una consecuencia, que te lleva a repetir una conducta, que la refuerza, porque a cambio consigues eliminar algo que era malo para ti.
El refuerzo negativo es menos conocido, estamos menos acostumbrados a hablar de él, y cuesta más encontrar ejemplos. El desarrollo del niño en las condiciones que yo considero adecuadas, tiene muy en cuenta el darle al niño las mejores condiciones de trabajo, y esto incluye eliminar todo lo que puede molestarle.
Si trabajando, quien se ocupa de tu educación evita las interrupciones, el juicio… puedes continuar trabajando.

¿Qué es un castigo positivo?
Dije anteriormente, que es una consecuencia que te lleva a eliminar una conducta porque con ella consigues algo que es malo para ti.
Normalmente, la gente lo entiende como darle al niño algo que no le gusta.
Desde mi punto de vista, ponerle al niño un castigo positivo, es darle un “muy bien”, darle una valoración positiva, que el niño no necesita, y que como consecuencia hará que desaparezca el trabajo.
El juicio, las alabanzas, hacen que el niño trabaje para que le alaben, por lo que se elimina el trabajo para uno mismo. Le damos al niño “una buena nota” y con ello le hacemos dependiente de nuestra opinión sobre su trabajo. Deja de trabajar para sí mismo, para empezar a trabajar para nosotros. Y con el tiempo, el trabajo desaparece.
Soy consciente de que esto suena muy fuerte, pero la realidad está al alcance de todos: a todos los niños les dicen que pintan muy bien, y todos los niños abandonan el dibujo con los años.
Si trabajando para ti, te dan una motivación extrínseca, dejas de trabajar con motivación intrínseca.

¿Qué es un castigo negativo?
Dijimos que es una consecuencia que te lleva a eliminar una conducta porque dejas de conseguir algo que era bueno para ti.
El ejemplo de esto es muy fácil, si a un niño le quitas la posibilidad de trabajar de forma autónoma y libre, el niño deja de trabajar. Si a un niño, le dices en qué tiene que trabajar y cómo, le estás quitando algo que era bueno para él (la posibilidad de trabajar a su manera, de desarrollar sus intereses, de hacer sus investigaciones y pruebas, de tomar sus decisiones…). Y como consecuencia, se extinguirá ese interés, esa iniciativa, ese trabajo.
Si trabajando, te quitan el poder tomar decisiones, dejarás de trabajar.

 

Actividad educativa: trabajar con papel junio 12, 2012

En esta actividad intentaremos crear las condiciones para que el niño pueda desarrollar por sí mismo su capacidad de construir con papel. Para que esto ocurra, para que el niño pueda desarrollar una capacidad, ésta hay que trabajarla de forma constante. Así que esta actividad no está pensada para hacerla de forma aislada, para realizar un día puntual y no volver a repetirla más.

Esta actividad no consiste en que le enseñemos al niño a trabajar con papel, sino justamente en lo contrario: el adulto se coloca detrás del niño para hacer lo que este necesite para desarrollar sus capacidades. Es el niño el que aprende por sí mismo, a su ritmo. Esta actividad no tiene como resultado trabajos “muy bonitos”. En esta actividad el niño desarrolla una capacidad.

Materiales:

Depende de cada situación, de cada casa y de cada niño. Lo más habitual es:

– papel: para reutilizar, folletos de propaganda, folios blancos, o de colores, diferentes tipos de papel…

– cartón

– herramientas para trabajarlo: tijeras, celo, grapadora, pegamento, cola blanca, cúter…

– útiles para pintar: rotuladores, lápiz, pinturas, témperas, pintura acrílica…

Con niños muy pequeños, yo utilizaría solo papel y tijeras. Con niños pequeños, también se les puede dar folios y trozos de celo. Un poco más mayores, pegamento en barra, otros tipos de papel y rotuladores. Con más mayores, cartón, cola y témperas. Con más mayores, un cúter….. Cada uno que decida con sus hijos y su circunstancias.

Yo prefiero empezar con poco, ver lo qué se necesita, y ofrecer más si hace falta.

Con mis hijos en casa, tenemos muy poco ritmo de trabajo, por lo que la actividad avanza muy poquito. Utilizamos folios, propaganda, tijeras, pegamento y celo.

Con otros grupos de niños con los que he trabajado, he comenzado con cartón y papel, y según avanzaban les iba ofreciendo otras cosas: cuerdas o lana, alambres, témperas….

Hoy en día, los niños (y los mayores) estamos saturados de materiales y de cosas. No pasa nada por empezar con 2 cositas humildes, y dar tiempo para ver por donde evoluciona el trabajo. Es preferible tener poco material que demasiado.

Espacio y tiempo:

El tiempo que dura la actividad, lo marca cada niño, depende.

El espacio lo buscamos lo más cómodo posible. Nosotros en casa, trabajamos en una mesa, pero hay niños que se sienten más cómodos trabajando en el suelo.

Lo que sí que creo que es importante es marcar una frecuencia, un ritmo en el trabajo. Para que haya una evolución, un proceso, hace falta repetición, una estructura, un ritmo, una frecuencia. Sino lo hay, es mucho más difícil. Yo lo pondría un día a la semana, aunque, como todo, depende de las circunstancias de cada familia. Un día sí uno no, también está bien, o una vez cada dos semanas……

Qué hace el niño:

El niño trabaja con el material. Recorta, pega, charla, construye, deshace, juega, crea, pinta, guarda, envuelve, mete, saca, ata, empaqueta, trabaja,…

Con constancia, poco a poco ese trabajo va cambiando, evolucionando. El niño va haciendo pequeños descubrimientos, movido únicamente por su interés, a su ritmo. Hace conquistas que se debe a sí mismo. Es el único responsable de su trabajo, evolución y crecimiento.

Qué hace el adulto:

El adulto no controla el trabajo del niño. El trabajo del niño es de lo único de lo que no se tiene que ocupar: no lo juzga, ni lo motiva, ni lo dirige. El trabajo del niño es solo asunto del niño. Queremos que el niño trabaje para sí mismo, a su ritmo, en lo que quiera, por lo que el trabajo no está destinado al adulto, no es para agradarnos. Evitaremos en lo posible condicionar ese trabajo.

El juicio, los halagos y alabanzas, motivaciones, refuerzos, estímulos…. hacen que el niño no trabaje por sí mismo, hacen que el niño trabaje por y para los demás. Es la diferencia entre aprender y que te enseñen.

En esta actividad intentaremos que se den las condiciones necesarias para que el niño trabaje para sí mismo, para que sea él el que tome las decisiones respecto a su trabajo sin estar condicionado por los que le rodeas: para que trabaje en libertad.

El adulto se ocupa de lo que el niño necesita. Está al servicio del niño y de la actividad. El adulto viene a ser una herramienta del niño, para hacer aquellas cosas accesorias que hacen el trabajo del niño agradable. El adulto hace pequeñas cosas que le hacen ver al niño que está pendiente de él, que lo está cuidando a él y a su trabajo. Que respeta y valora su trabajo sin pasar por el juicio o la manipulación.

Como hemos dicho que el material y el trabajo dependen de cada niño y de cada familia, es difícil concretar exactamente qué es lo que tiene que hacer el adulto. Más o menos, el adulto:

– posibilita la actividad: da el material, cuida de que se vaya a dar con una cierta frecuencia, busca las mejores condiciones posibles para el trabajo, ofrece material que cree que el niño puede necesitar

– crea las condiciones para que el trabajo sea posible: evita las interrupciones, protege el trabajo del juicio, de la enseñanza, de la desconfianza en el niño…

– da hábitos de trabajo: enseña cómo se cogen las tijeras para evitar accidentes, cuida de que el trabajo se coloque bien en la mesa para que no se caiga, o se arrugue o se estropee… Es la única situación en que la enseñanza es necesaria, para dar hábitos y enseñar a utilizar el material.

– da y hace cumplir normas: no se juzga el trabajo, ni el propio ni el de los demás, no se desperdicia material, hace falta un orden, se recogen las cosas cuando se acaban de usar,

– observa al niño, para buscar aquellas cosas que el niño necesite. Una vez que se tiene clara la posición del adulto, dónde se entra y dónde no, conviene pararse a mirar al niño que tenemos delante para buscar qué necesita.

– cosas que podemos hacer: una vez que el niño ve y comprende para qué está el adulto, una vez que está establecida la relación con el niño, éste ya le pide al adulto lo que necesita. Pero hasta entonces hay pequeñas cosas que podemos ir haciendo: recoger lo que se caiga del suelo, cortar los trocitos de celo, cortar con el cúter el cartón, por donde el niño nos diga, sujetarle dos papeles para que no se le muevan cuando él pegue el celo, ….

– se toma en serio el trabajo del niño, porque es una cosa muy seria

– conserva el trabajo: una vez que el trabajo está terminado, le pone el nombre y la fecha y lo archiva. Las cosas que son planas, las guardamos en una carpeta. Las bolitas de papel, las guardo en una caja, y cosas más voluminosas, que no puedo guardar en casa, les hago una fotografía.

– respetar al niño: y por eso, porque le respeta, es por lo que no condiciona su trabajo, por lo que le deja que haga sus propios descubrimientos, por lo que no le roba conquistas. El niño (todas las personas) están en proceso. El respeto al niño, pasa por respetar su proceso, por no sacarle de él para hacer cosas que no le corresponden.

Es decir, que lo que al adulto no hace es:

– juzgar el trabajo

– enseñar, robar descubrimientos

– abandonar al niño, dejarle solo

– quedarse sin hacer nada

Además:

Lo más importante es tener clara la postura del adulto. Una vez que se respete eso, lo demás viene solo. Pero para poder adoptar ese rol, es muy importante trabajarse a uno mismo. Tal y como está planteada la actividad, todas las decisiones, la responsabilidad, y el mérito del trabajo, lo tiene el niño. Hay adultos que no están dispuestos a que los niños a quienes acompañan, crezcan sin necesitar de su intervención, de su enseñanza, de su motivación. También hay quien no está dispuesto a que los niños que acompañan trabajen a su ritmo, porque eso conlleva que va “retrasado” con respecto a los demás, que no hace cosas tan “bonitas” como lo que haría si yo le dijera “pega esto así”. Hay quien no soporta que su hijo pase horas haciendo trocitos de papel, con lo fácil que sería decirle “haz una casita en esta caja”. O hay quien necesita “imponer” (muy amablemente) sus ideas, sus descubrimientos, su manera de hacer las cosas…, al niño, con lo cual este no puede vivir su proceso. Otras personas, tienen tantas ganas de trabajar y jugar, que se proyectan en el niño, y en vez de trabajar para sí mismos y seguir su propio proceso, sus ganas de jugar les llevan a hacer que el niño juegue como ellos querrían hacerlo. Otras personas tienen problemas con la seguridad en uno mismo, con su ego, con la inseguridad en las capacidades del niño……

Y también, hay que revisar las expectativas que tenemos con respecto a los niños. Facilita mucho las cosas, es mucho más fácil adoptar esta postura si has visto procesos, si sabes lo que es el desarrollo “normal del niño”. El conocer el proceso, te permite reconocerlo en el niño con el que trabajas, y entonces puedes no juzgarlo. Saber que los niños gatean, y luego andan, hace que cuando tu hijo gatea no lo juzgues,  porque sabes que es una parte normal del proceso, sabes que es una etapa y luego vendrá otra. Yo sé, que trabajando así, mis hijos desarrollan capacidades. Sería bueno conocer cómo es este proceso, saber en qué y cómo trabajan los niños cuando aprenden de forma natural. ¿Cómo es el aprendizaje natural? Hoy en día, apenas se da, no dejamos que se produzca porque lo destruimos con nuestras intervenciones.

 

¿Cómo valorar un esfuerzo sin destruirlo? junio 1, 2012

Filed under: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 18:37

EL ESFUERZO: ¿esfuerzo o placer

Parte 1: El esfuerzo del niño

Parte 2: Dos tipos de esfuerzo

Parte 3: ¿Cómo valorar un esfuerzo sin destruirlo?

Según esto, ¿qué podemos hacer para valorar el esfuerzo del niño? ¿cómo podemos acompañar ese esfuerzo para que continúe? ¿cómo podemos cuidar el esfuerzo del niño sin destruirlo?

En el caso de que la actividad que requiere el esfuerzo responda a un interés personal, tengo más o menos claro el papel del adulto. En este caso yo creo que la postura del adulto debiera basarse en el respeto absoluto a la actividad del niño, y en establecer con el niño una relación en la cual el niño trabaja y el adulto le acompaña para darle lo que necesita. Esta forma de acompañar, no consiste en cambiar unas palabras por otras. Esto consiste en establecer una relación diferente con el niño, dándole lo que necesite, estando a su servicio, poniendo normas, creando buenas condiciones para el trabajo, sin juicio.
Veamos algunos ejemplos:
– si estoy en casa trabajando en el blog, mi marido me demuestra el valor que le da a mi trabajo ocupándose de los niños y no dejando que me interrumpan
– cuando mis hijos corren y saltan por casa, yo les demuestro que valoro su trabajo al no dejarles hacerlo en casa (porque es una norma que tenemos y porque en casa no hay buenas condiciones), al ofrecerles salir a la calle, al buscar un ambiente (en un parque, con amigos…) en el que puedan desarrollar este trabajo en las mejores condiciones posibles.

En aquellas situaciones que suponen un esfuerzo porque las hacemos por obligación no tengo tan clara la postura del adulto, no he reflexionado tanto acerca de ello. En estas actividades están incluidas:
– obligaciones que nos vienen impuestas desde fuera, desde nuestro trabajo: madrugar, reuniones, cursos, estudiar, deberes, tareas,… A veces pueden ser trabajos muy amables y ser incluso divertido, pero continúan siendo obligaciones puesto que no es algo que el niño elige.
– normas: recoger después de utilizar algo, hablar bajito en espacios cerrados…
– cosas que no nos gustan pero que queremos hacer para conseguir algo que sí que nos gusta: ahorrar para ir de vacaciones
Imagino que las pautas a seguir en estos casos serían acompañar al niño, hacérselo lo más llevadero posible, explicarle los motivos por los que lo tiene que hacer, razonárselo, hacerle ver lo que va a conseguir con su esfuerzo….

 

Dos tipos de esfuerzo mayo 31, 2012

Filed under: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 06:06

EL ESFUERZO: ¿esfuerzo o placer?

Parte 1: El esfuerzo de los niños

Parte 2: Dos tipos de esfuerzo

Parte 3: ¿Cómo valorar un esfuerzo sin destruirlo?

Está muy extendida la idea de que los adultos tenemos que reconocer el esfuerzo de los niños. En que este esfuerzo hay que valorarlo, apreciarlo, cuidarlo, para que se mantenga y el niño continúe esforzándose.
Lo que se suele hacer normalmente es juzgar positivamente el trabajo del niño (qué bien saltas, qué bien escribes, qué bien hablas inglés, qué bien has hecho la tarea), o bien hay quien opta por describir la situación (qué salto tan alto, qué letra más redonda, veo que te esfuerzas mucho, he visto todo lo que te has esforzado, veo que estás usando muchas piezas amarillas en tu torre).
¿Cómo nos sentimos los adultos cuando recibimos este tipo de acompañamiento en actividades que nos suponen un esfuerzo?

Hemos visto que hay dos tipo de “esfuerzos”:
– en aquellas cosas que hacemos porque queremos, es decir, cuando jugamos o trabajamos en nuestro interés
– en aquellas cosas que hacemos obligados, que hacemos porque no tenemos más remedio, porque lo necesitamos para conseguir algo.

En aquellas actividades que a mí me cuesta realizar, no creo que me sintiera cómoda recibiendo un juicio positivo o una descripción de mi actividad:
– qué bien hablas inglés: sé que no es verdad. Si hablara bien inglés no tendría que estar estudiándolo.
– veo que te estás esforzando: ¿y por eso me estás suspendiendo?
– qué bien has aparcado: sí, hombre, después de 20 maniobras
– veo que te ha costado un esfuerzo aparcar: encima cachondeo
– qué bien madrugas¿?¿?
– veo que a pesar de que se te cierran los ojos, has conseguido madrugar: zzzzzz
Este tipo de actividades, solo se llevan a cabo porque se quieren conseguir algo a cambio:
– voy a reuniones de trabajo porque me pagan un sueldo
– estudio en la universidad para sacar un título
– ahorro para poder tener luz eléctrica en casa
– estudio inglés para conseguir un trabajo mejor
Pero sino consiguiera esas recompensas, no haría ese esfuerzo. Necesito la recompensa para hacer el esfuerzo.

En cambio, en el otro tipo de actividades que son las mismas que las anteriores, pero que no cuesta esfuerzo hacer, no necesito ninguna recompensa para hacer el esfuerzo.
Son actividades que se hacen sin obtener nada a cambio.

¿Qué pasa entonces si damos una recompensa por realizar una actividad que no la necesita? Evidentemente, que actividades que se hacen “porque sí”, pasan a convertirse en actividades del otro grupo, en cosas que hacemos para conseguir algo a cambio.

Un niño construye un torre con piezas de construcción. Hace un esfuerzo, pero lo hace jugando, simplemente porque quiere. No consigue nada a cambio, solo su propia satisfacción personal. ¿Qué pasa si le alabamos su torre? Pues que en futuras construcciones buscará nuestra aprobación, y así, una actividad que no necesitaba de nada pasa a ser una actividad que busca recompensa.

 

El esfuerzo de los niños mayo 30, 2012

Filed under: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 19:11

EL ESFUERZO: ¿esfuerzo o placer?

Parte 1: El esfuerzo de los niños

Parte 2: Dos tipos de esfuerzo

Parte 3: ¿Cómo valorar un esfuerzo sin destruirlo?

Estos días, a raíz de comentarios y entradas de otros blogs, hemos estado dándole vueltas en casa al tema del esfuerzo. Está claro que los niños se esfuerzan, que hacen muchísimas cosas que les suponen un esfuerzo. En los primeros años de vida es muy fácil verlo. Por ejemplo:
– nacer: supone un esfuerzo enorme para el bebé, y sin embargo, la inmensa mayoría de ellos lo hacen sin problemas
– andar, y el desarrollo de la motricidad en general, les supone un gran esfuerzo. Primero sujetar la cabeza, luego la espalda, darse la vuelta, sentarse, gatear, ponerse en pie, dar un paso sin apoyo…. Inmediatamente, tras conseguir un objetivo se lanzan a por el siguiente, a por el más difícil todavía.
– en el juego: cuando corren, cuando saltan, cuando construyen, … ponen su capacidad al límite, haciendo un gran esfuerzo, para correr lo más rápido que puedan, para saltar lo más alto posible, para construir la torre más alta…

Pero este tipo de actividades, ¿las viven los niños como un esfuerzo? ¿por qué lo hacen, si les supone un esfuerzo? Principalmente lo hacen porque quieren,  y porque no tienen más remedio, porque lo necesitan para crecer, para aprender, para desarrollarse.

Los adultos también hacemos esfuerzos a veces. Por ejemplo:
– a mí me cuesta un esfuerzo aprender inglés. En cambio a mis hijos y a mi marido, no les cuesta ningún esfuerzo
– a mí me cuesta un esfuerzo hacer los trabajos que me piden en la universidad. Tengo que ir a clase, leer la bibliografía, escribir reflexiones… En cambio no me supone ningún esfuerzo trabajar en el blog, ir a cursos, leer lo que me recomendais, escribir entradas
– a mí me cuesta un esfuerzo ahorrar dinero para pagar la factura de la luz o del gas, que sube y sube. En cambio, no me cuesta ningún esfuerzo ahorrar para irnos de vacaciones
– me cuesta un esfuerzo madrugar para ir a una reunión del trabajo. Y no me cuesta ningún esfuerzo madrugar para ir de excursión.

¿Cómo es posible? ¿Por qué una misma actividad puede ser un esfuerzo o un placer? ¿Qué es lo que hace la diferencia?
La diferencia está entre hacer lo propio o lo ajeno, en trabajar siguiendo tu interés o en trabajar por obligación, en que la motivación que te mueve sea intrínseca o extrínseca.

 

Por qué no decimos muy bien mayo 11, 2012

Filed under: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 19:29

La primera vez que que me encontré con la idea de que decir “muy bien”, quizá no era tan positivo como pensaba, fue cuando conocí la educación creadora.
La verdad es que fue una suerte conocer esta forma de ver el desarrollo humano y la educación, antes de ser madre o  maestra, y no tener nada que ver con niños. Porque esta idea del no juicio, requiere un trabajo personal: no consiste en suprimir unas palabras de nuestro vocabulario, sino que va más allá.


No se trata de no decir qué bien, sino de no juzgar. Hay situaciones en las que las cosas no están ni bien ni mal, por lo que no se juzgan. El problema es que hay muchas cosas que están siendo juzgadas cuando no debieran.
Conozco personas que creen que es cruel, que no está bien no decirles a los niños lo que hacen bien. Volvemos al mismo razonamiento de antes: y es que hay cosas que no están ni bien ni mal hechas.
Hay otras personas que creen que los niños necesitan motivación. Los niños necesitan muchas cosas, que les quieran y sentirse queridos y cuidados, necesitan que sus cosas sean tratadas con la importancia que tienen. Y necesitan seguridad, sentir que van a recibir ayuda si la necesitan, saber que tienen a alguien que les valora, que les cuida, que da importancia a su trabajo. Pero todo esto se puede hacer sin juzgarles continuamente, sin estar poniéndoles nota en cada cosa que hacen. No decir muy bien, o muy bonito, no quiere decir que no les cojas en brazos y te les comas a besos siempre que te apetezca. Hay muchas formas de dar cariño a un niño y de demostrarle cuánto te importa. Si eso solo se hace a través de la buena nota que saca el niño en cada cosa que hace, creo que habría que revisar esa relación adulto-niño.
Cuesta mucho encontrar información sobre este tema, de hecho, creo que solo conozco este artículo donde se habla de esto, aunque no estoy de acuerdo con todo lo que dice:
http://www.baalya.es/2011/11/09/alfie-kohn-cinco-razones-para-dejar-de-decir-%C2%A1muy-bien/

Los seres humanos siempre estamos en proceso: no terminamos de hacernos nunca. Siempre nos quedan cosas por aprender, reflexiones que hacer…. nunca terminamos de trabajarnos. Hoy sé muchas más cosas de las que sabía la semana pasada. He conocido personas, he aprendido cosas, cocino diferente, escribo diferente, utilizo otras herramientas…. Soy distinta a como era la semana pasada. Si ahora hago algo bien, ¿quiere decir eso que la semana pasada lo hacía mal? Claro que no, lo hacía diferente, pero no mejor ni peor. Y la semana que viene lo haré diferente también.
Yo escribo de una manera. Y mi hija de 3 años y medio, escribe de otra manera. Si le digo que qué bien escribe….. ¿quiere decir eso que yo escribo muchísimo mejor? Claro que no. Es que ella no escribe bien. Tampoco mal. Escribe a su manera, que es diferente de la manera de escribir de los demás, y es diferente también de la manera que ella misma tenía de escribir en otros momentos de su proceso.
Mi hijo de 5 años, escribe algunas letras. ¿Las escribe bien? Noooo, las escribe a su manera, que es diferente (no mejor o peor) a la forma que tenía de escribir hace un año, y a la forma que tendrá de escribir dentro de un año. Pero no es que escriba “bien”.

Hacer las cosas bien o mal, es una percepción subjetiva, que solo tiene sentido si se compara, si se toma una referencia. Yo conduzco bien. ¿Comparado con qué? ¿con migo, con cómo conducía antes? ¿o con otras personas, que conducen mejor o peor que yo? Yo conduzco a mi manera, aquí y ahora. Pero no bien o mal, ni mejor o peor. No tiene sentido compararse con cómo conducen los demás, porque los demás son diferentes a mí, con otros procesos, otras capacidades, otras circunstancias. Bien-mal son términos relativos, que solo tiene significado si se comparan con otros, y no tiene sentido comparar procesos, porque las personas somos diferentes. Tenemos diferentes procesos y diferentes formas de hacer las cosas. Todas las personas son diferentes a las demás, por lo que tienen su propia manera (diferente a los demás) de hacer las cosas. Y esa forma de hace , no es mejor o peor, es diferente.

Si una cosa está “bien hecha”, cabe la posibilidad de que salga mal. Un juicio, una alabanza, un muy bien, dice muchas cosas. Si un niño hace algo, y recibe un “muy bien” o “qué bonito”, lo que se le da a entender es que eso que esté haciendo le gusta al adulto que le acompaña. Es decir, que lo que el niño hace, tiene que agradar a los demás. Ya no puede hacer las cosas por sí mismo, porque sí, por su motivación intrínseca, sino que tiene que hacer cosas para que le gusten a los demás, por la motivación extrínseca. Se le hace dependiente de los juicios, las opiniones, la motivación de los que le rodean.
Por otro lado, que esto que has hecho esté “bien”, quiere decir que podría haber salido mal. Si un dibujo es bonito, cabe la posibilidad de que me hubiera salido feo.
El juicio (refuerzo positivo, alabanzas, …) no motiva al niño, sino que le hace dependiente de la opinión de los demás. Hacen que el niño deje de trabajar para sí mismo, y se ponga a trabajar para los demás (para conseguir un muy bien). Le condiciona. Y tampoco le da seguridad, sino todo lo contrario: que te juzguen da miedo, da la posibilidad de hacerlo mal aunque siempre le vayamos a decir que lo hace bien.

Circulan por internet muchas presentaciones de diapositivas. Unas son de fotografías increíbles, otras de Dios te quiere… y otras acerca de lo especiales que somos las personas. Hace poco me llegó por correo uno de estos últimos, titulado “Terapia del elogio”. Habla de que las relaciones hoy en día no duran por la falta de cariño en las familias y el valor que se les da a las críticas. Dice que nos elogiamos poco, y esto destruye matrimonios, porque las personas terminan buscando fuera lo que no encuentran dentro. Y la solución que le da a esto es que busquemos lo que nos gusta de las personas para elogiarlas, porque los elogios son la motivación de nuestra vida.
No puedo estar más en desacuerdo. Es cierto que las relaciones hay que cuidarlas, porque sino se deterioran, por supuesto. Pero yo no creo que una relación basada en los elogios funcione. Yo al menos no busco eso en la vida.
En casa, no somos de elogiarnos, la verdad. Yo sé que mi marido me quiere, que le gusto y que le importo. Pero no lo sé por lo que me dice, sino por lo que hace: porque me escucha, me apoya, me ayuda en todo, me hace reír, me aconseja, me anima…. porque sé que le tengo a mi lado a capa y espada, para lo que yo necesite. Se nos nota que estamos enamorados y que hacemos un buen equipo, pero no porque nos lo digamos: es tan evidente que ni nos lo decimos, no hace falta.
En mi vida profesional ocurre lo mismo. Tengo un trabajo en el que se me valora y se me aprecia. Y no me lo dicen con palabras, sino con hechos: están pendientes de lo que necesito, cuando tengo un problema se desviven por ayudarme, me aconsejan, me animan y me apoyan…. Pero no me han dicho nunca lo buena profesional que soy. En cambio he trabajado en sitios donde me ha ocurrido lo contrario: donde todo eran buenas palabras, pero no había nada detrás.
Cuidar una relación, tener una buena relación con una persona, no tiene porqué pasar por juzgarla, alabarla, elogiarla…. por decirle lo bien que hace ciertas cosas.
¿Qué clase de seguridad tenemos en nosotros mismos si necesitamos que desde fuera nos aprueben? ¿Qué clase de madre soy, que necesito que desde fuera me vayan aplaudiendo el cómo lo hago? ¿Qué clase de profesional soy que dudo de todo si no se me reconoce mi trabajo? Y repito, es cierto que necesitamos el apoyo de los que nos rodean, necesitamos que nos quieran, a veces necesitamos oír la opinión de otras personas….. pero esto es diferente a necesitar un “muy bien”.

En mi vida diaria, no me cuesta no emitir el juicio, aunque como ya he dicho es un trabajo personal, de conocer procesos y de reflexión contínua.
No se trata de suprimir el “muy bien” y ya está: no estoy hablando de morderse la lengua y evitar decir ciertas cosas. Se trata de no juzgar, y de cambiar nuestra forma de relacionarnos con ellos, se trata de hacerles ver que les queremos, que nos importan, que valoramos su trabajo, su actividad, su juego, su crecimiento…

En las siguientes situaciones, no digo “muy bien”:
– cuando Luis me ayuda: hay veces, que necesito que me ayuden, por ejemplo, el otro día, subiendo las escaleras de casa, no podía sujetar a los niños y las cosas que llevaba, y le pedí a Luis que me llevara él la carpeta. Al llegar a casa, le dí las gracias, y le expliqué que si no llega a ser por él no hubiera podido subir a casa. Pero no le dije que muy bien.
– cuando pintan
– cuando comen: no creo que mis hijos coman bien, ni tampoco que coman mal. Comen lo que necesitan, lo que hay. Suelen comer de todo, aunque hay cosas que no les gustan. Y comen sentados a la mesa, con sus cubiertos. Lógicamente, el pequeño (2 años) aguanta menos sentado a la mesa que el mayor (5 años), pero eso no quiere decir que uno coma mejor o peor que el otro.
– cuando recogen: después de jugar con algo hay que recogerlo. Sé que mis niños son pequeños, y que por eso muchas veces no lo hacen. Pero no es que lo hagan mal. Les recordamos que hay que recoger, les acompañamos, a veces nos enfadamos, les ayudamos… Y si recogen, no les decimos que han hecho “bien”. Lo que hacen es ponerse a trabajar con otra cosa. La “recompensa” “el refuerzo positivo” viene solo, y es que como han recogido unos juguetes pueden sacar otros. Lógicamente, estoy de mejor humor cuando está todo recogido que cuando lo dejan todo por ahí tirado, pero no les decimos que lo hacen bien-mal.
– en los columpios: veo a madres que no paran de de decirles a sus hijos lo bien que suben al tobogán y lo bien que bajan, lo bien que se columpian, lo bien que se abrochan la cazadora, lo bien que se comen el bocadillo…. A mí eso no me sale. No sé si mis hijos suben bien al tobogán, nunca me lo he planteado.

 

Qué enseñar mayo 6, 2012

Filed under: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 09:24

No hay quien nos entienda a los adultos responsables de la educación de los pobres niños.

Por un lado, estamos llenos de miedos y de ganas de enseñar. Nos encanta coger a un niño y explicarle, enseñarle todo lo que nosotros ya sabemos y él aún no ha descubierto. Comúnmente tenemos la idea de que el pobre, como es pequeñito, no va a poder conquistar el mundo por sí mismo, así que nos necesita para descubrirle el entorno. Te cojo de la mano para enseñarte a andar (cuando aún lo que tienes que hacer es gatear), te hablo con palabritas para que me entiendas, este cuento no porque es muy complicado para ti, mira así se dibuja un caracol, ahora vamos a jugar con las maderas y hacemos una torre grande…  y por supuesto, cosas más complicadas como leer, escribir, contar, calcular….puufff, eso no nos cabe en la cabeza que pueda aprenderse sin enseñanza.

Y por otro lado, estamos tan ocupados robando descubrimientos y pisoteando procesos, que no nos da tiempo a ver qué necesita un niño. Un niño para trabajar, necesita buen material, necesita orden, necesita HÁBITOS de trabajo. Y este aspecto de la enseñanza no se trabaja: normas, uso del material y respeto, por mí, por mi trabajo y por el de mis compañeros.

¿Y cuál es la consecuencia de esto?

Pues que los niños se creen todo lo que les hemos contado: que aprender es difícil, que como son pequeños no pueden aprender por sí mismo, que necesitan a alguien que les enseñe. Y que como el conocimiento del mundo ya está programado por nosotros, pues no necesitan hacerse preguntas y mucho menos buscar respuestas ni tener interés por nada.

Hay niños que te pueden leer un texto en voz alta, pero no saben coger un libro, no saben pasar páginas, no saben tratar un libro, no han visto un índice, una solapa, un marcapáginas, subrayar lo importante, no saben buscar un libro en una estantería…. Hay niños que te pueden hacer páginas y páginas de ejercicios, pero no saben coger un lápiz, no saben sentarse delante de un trabajo, no saben organizarse el trabajo, no saben buscar la solución en otro libro, no saben cómo hacer para que no se les arrugue todo el trabajo…..

Puestos a enseñar, ¿por qué no dejamos de enseñar contenidos, y nos paramos a enseñar hábitos de trabajo?

 

Necesitamos influencias mayo 1, 2012

El grupo de gente que nos rodea es importantísimo para nuestro desarrollo, para nuestra educación. Cuanto más variado sea ese grupo, mejor, más influencias y posibilidades tendremos.

Hay personas a quienes no les gusta que los niños trabajen desde su interés, porque creen que entonces los niños solo van a trabajar, solo van a conocer y a interesarse por las cosas que les gustan. Creen que un niño así, que solo trabaja desde el interés tendría muchas lagunas. Lógicamente, si una persona solo trabaja en lo que le gusta, hay muchísimas cosas por las que no siente interés y a las que nunca se acercará.

Primero hay que tener en cuenta que en la vida, todos los conocimientos están interrelacionados. Las cosas tiene relación unas con otras. Nuestra idea de trabajo y de aprendizaje es muy escolar. Cuando pensamos en aprender, pensamos en ciencias, lectura o matemáticas. Y lógicamente si un niño se interesa por una de ellas y abandona las otras, tiene carencias enormes. Pero en la vida esto no sucede así, porque absolutamente todo está relacionado y un interés te lleva a estudiar cosas muy diferentes entre sí. Si estoy en clase y les enseño a mis alumnos a dividir, solo les enseño a dividir. En cambio, si un niño, por su propio interés, trabaja con números, descubre muchas cosas, no solo las relacionadas con las matemáticas.

En caso de que fuera cierto, que el niño solo trabaja en lo que le gusta, y no quiere saber nada más de ninguna otra cosa, ¿Qué podríamos hacer? ¿Cuál sería la solución lógica? Los seres humanos somos seres sociales, y necesitamos a los demás para aprender. Yo necesito gente que me hable de los dinosaurios para saber lo que son. Si no los he visto, ni conozco a nadie que me haya hablado nunca de ellos, difícilmente me pueden interesar. Necesitamos a personas diferentes que tengan intereses diferentes alrededor nuestro. Cuanto más diferentes sean, más completo será el ambiente que me rodea, y con más cosas tendré contacto.

El ambiente ideal entonces, desde mi punto de vista, sería aquel en el que trabajan personas diferentes, en intereses diferentes. Si estoy en un aula, en clase de plástica, el maestro puede enseñarles a construir una mecedora con pinzas de la ropa, y en el mejor de los casos, todos los niños aprenden eso. Pero si cada uno de los 20 niños puede trabajar en aquello en lo que les interesa, cada niño aprende 20 cosas diferentes: aprende aquello en lo que está trabajando, lo único por lo que sentía interés, y al mismo tiempo ve a sus 19 compañeros trabajar en otras cosas.

Entonces, en el caso de que a un niño, solo le interese un único tema, y no salga de ahí, lo que podríamos hacer es, por un lado, conseguirle más información sobre ese interés. En vez de apartarle, darle más y más, para que ese interés crezca y de diversifique. Y por otro lado, podríamos buscarle una estructura, un ambiente, en el que trabaje junto a otras personas que a su vez trabajen apasionadas en algo de su interés. Ojo, no para apartarle, sino para que vea que hay otras cosas apasionantes en el mundo.

 

Actividad educativa: pintar abril 26, 2012

La actividad consiste en que el niño pinta, libremente lo que quiera, sin condicionamiento por parte de los adultos. Con el transcurso del tiempo y la práctica, este trabajo lógicamente irá evolucionando, creciendo y avanzando. No voy a entrar en cuestiones más teóricas acerca de cómo es el dibujo infantil, o en cómo se trabaja desde la educación creadora. Intentaré explicar tan solo lo concreto, lo práctico, el cómo hacer para pintar en casa desde esta perspectiva.

En qué no consiste esta actividad

La actividad que propongo es opuesta a la forma en que se trata el dibujo infantil normalmente en nuestra sociedad.

Lo normal, cuando un niño pinta es: que se le de papel sucio y pinturas de poca calidad; que no se le haga ningún caso mientras pinta; o que se le den dibujos para colorear o para copiar; que se le pinten cosas para que le inspiren, o para que vea cómo se pintan; que se le pregunte qué hace; se pide que de explicaciones sobre su trabajo; se le enseña a dibujar; se le dice que lo que hace es muy bonito, estupendo, precioso; se expone su trabajo; se abandona su trabajo.

El dibujo infantil se trabaja en estas condiciones normalmente, y lo que se consigue con ello es que los niños crean que no saben dibujar, y que abandonen la pintura. Esto es así, es un hecho.

Materiales:

Lo más sencillo es trabajar con papel blanco y rotuladores. El papel tiene que ser blanco, no cuadriculado ni por supuesto, con nada dibujado ni escrito. El adulto tiene que demostrarle al niño que su trabajo es importante. Por esto, porque se toma en serio el trabajo del niño, no le da papel sucio, ni usado, le da folios en blanco, un buen papel.

Si se deciden usar rotuladores, estos deben pintar correctamente y hay tener repuesto para cuando se sequen.

Si se quiere simplificar, se puede utilizar también un simple bolígrafo. Y si se quiere complicar más, se pueden utilizar témperas, pero siempre cuidando la calidad del material. Para poder trabajar bien, se necesita una buena herramienta.

Nosotros en casa utilizamos papel y rotuladores, no muchos colores. Pero a veces utilizan una pizarra blanca y rotuladores.

Lo importante es que tengan para trabajar un buen material, cuidado, bueno, en condiciones.

Espacio y tiempo:

Cuando nosotros pintamos en casa, lo hacen sentados en una mesa pequeña, de su medida. Se puede hacer también en una grande, o cada uno donde le resulte cómodo. Lo importante es que lo hagan en una posición adecuada. El adulto tiene que cuidar eso.

En casa no tenemos mucho espacio, pintan mis tres hijos juntos en la misma mesa. Cada uno en su hoja, porque el trabajo de cada niño es sagrado. No se comparte el trabajo. Pero sí se comparte el espacio (la mesa) y los rotuladores. Lo social se trabaja respetando escrupulosamente el trabajo de los demás, y respetando el material y el espacio que tenemos.

Y esta actividad se puede realizar todas las veces que se quiera, los días que se quieran. Como mínimo, yo la pondría un día a la semana. Pero lo que sí que es importante es que haya un ritmo, una continuidad en el trabajo, para que pueda haber una evolución. No sirve de nada pintar todos los días durante dos semanas, y estar otras dos sin pintar, luego pintar un día suelto, otra semana sin tocarlo y luego tres días seguidos… Es necesaria una constancia, que puede ser la que cada familia necesite: un día si, uno no; o todos los días; o cada tres días, o un día a la semana…. pero con una cierta regularidad.

Y el tiempo que dura la actividad, depende de cada niño, de su edad y de su ritmo. Mis hijos por ejemplo, cuando pintan suelen estar entre 15 y 30 minutos.

Qué hace el niño

El niño pinta. Ese es su trabajo. Es asunto solo de él, no nuestro. No pinta para nosotros.

Qué hace el adulto

El adulto se encarga de que el niño pinte en las mejores condiciones del mundo. Acompaña al niño, le apoya, y hace posible que el niño pueda trabajar. Le da valor e importancia al trabajo del niño sin juzgarlo. Asiste al niño y a su trabajo. El adulto tiene que establecer con el niño una relación a la que no estamos acostumbrados, una relación que es difícil que hayamos visto en ningún sitio.

El adulto hace cosas que son accesorias, que hacen el trabajo agradable. Es como una herramienta del niño. Hace aquellas cosas que distraerían al niño de su trabajo. Tiene que estar ocupado, porque no es un observador y es fácil pasar de observador a destinatario del trabajo. Tiene que dejar de ser el que evalúa el trabajo final, para pasar a ser el que cuida y hace posible que haya un proceso.

En nuestra sociedad, se alaba el trabajo del niño para motivarle a que siga pintando, para animarle, para demostrarle que nos importa. En esta actividad, le haremos ver al niño que le queremos, y que su trabajo nos importa de otra manera, sin inmiscuirnos en el contenido de su trabajo, sin juzgar el dibujo. Esto lo hacemos cuidando su trabajo, respetando su proceso, protegiéndolo del juicio, estando presentes, dándole lo que necesita, asistiéndole en su proceso y desarrollo.

Lo normal es que un niño pinte y cuando termine le digamos “que bonito”. Aquí lo que propongo es darle valor al trabajo del niño a lo largo de toda la actividad, sin pasar por el juicio. Yo no lo demuestro que le quiero y que su trabajo me importa porque le ponga una buena nota final diciéndole cuánto me gusta, yo le demuestro que le quiero y que su trabajo me importa, dando la posibilidad de que ese trabajo se desarrolle y crezca, respetándolo y protegiéndolo del juicio, cuidando de las condiciones para que todo esto pueda desarrollarse.

Esto se traduce en que el adulto:

– le da al niño un buen material: le da buen papel, le coloca a su alcance buenos rotuladores, tiene repuestos para cuando se sequen dárselos…

– cuida de que el material vaya a continuar en buen estado: limpia la mesa cuando se ensucia, cambia los rotuladores que se secan por otros nuevos, no deja que nadie trate mal el material, cuida de que el rotulador esté bien cerrado cuando se deja…

– cuida de que el niño trabaje cómodo: si está demasiado lejos de la mesa, le acerca; si la mesa es demasiado alta, le coloca un cojín en la silla; si el niño pinta tumbado en el suelo, le da un cojín, o le tapa con una mantita, o le da una carpetita o un cartóncillo para que ponga debajo del trabajo y pinte cómodo. También cuida de la mano del niño: para poder pintar en las mejores condiciones, la mano tiene que estar relajada y se tiene que coger el rotuladores de la forma correcta.

– da y hace cumplir unas normas: da hábitos de trabajo, de cómo coger el rotulador, respetar el trabajo del compañero…

– guarda el trabajo terminado, poniéndole antes el nombre y fecha, y lo archiva en una carpeta para cada niño

– no juzga el trabajo, ni lo describe, ni comenta, ni motiva… No entra para nada en el trabajo, porque no es asunto suyo: el dibujo es el juego del niño.

– conoce cómo es un proceso normal, hace cursos, lee libros y reflexiona. Conocer el proceso te permite no juzgarlo. Saber que hay una evolución, da mucha tranquilidad, quita miedo. Si sabes que en la evolución de dibujo, el niño pinta torbellinos, y luego ganchos, no te da miedo respetar el proceso, porque sabes lo que va a suceder. No te extrañas, ni te sorprendes, simplemente acompañas el proceso sin juzgarlo.

Qué no hace nunca

– hablar del contenido del trabajo, juzgar, exponer,

– comparar niños: cada niño es diferente a los demás, y por eso cada niño tiene un proceso diferente de los demás

– enseñar a pintar: trabajando así, el niño aprende a pintar, sin enseñanza. Con continuidad y sin juicio, el niño se siente seguro y puede jugar pintando. Así, su trabajo va evolucionando, pasando por diferentes etapas, conquistando nuevos descubrimientos con seguridad y sin miedo. Y este aprendizaje dura toda la vida.

– abandonar al niño: el adulto tiene que estar presente, no se les puede dejar solos

– ser un observador: y no puede tampoco quedarse quieto mirando, tiene que hacer algo

 

Un ejemplo práctico:

En nuestra casa, puede que ellos me pidan pintar, o que se lo ofrezca yo. Cuando les veo que no están haciendo nada se lo ofrezco, les pregunto ¿queréis pintar?  y si uno quiere, normalmente los demás también, por lo que casi siempre pintan los tres a la vez. Solo les dejo pintar en estas condiciones si yo voy a poder estar atendiéndoles, sino tienen que esperar a otro momento en que yo pueda estar con ellos.

Lo primero que hacemos es preparar la mesa, porque la solemos tener llena de cosas, así que despejamos el espacio y se sientan. Tiene cada uno su silla, pero a veces les gusta cambiarse el sitio. Da igual, lo importante es que la mesa esté limpia, despejada y en condiciones, que no haya nada alrededor que moleste o distraiga, que haya un orden. Pongo un bote con los rotuladores en el centro de la mesa (aunque también se puede colocar en otro lugar y van y vienen a cogerlos) y les doy una hoja a cada uno.

Al darles la hoja, conviene dársela a la mano y no colocársela en el mesa, porque así ellos se la ponen en la mesa como quieran (vertical u horizontal), sin que yo tenga que preguntarles. Los folios están guardados en otro lugar, por lo que se levantan a coger la hoja, y vuelven a la mesa.

Cada uno coge un rotulador, el que quiera y comienzan a pintar. Solo se puede coger un rotulador, el que van a usar, porque no se puede acaparar  los rotuladores (hay pocos y hay que tener en cuanta a los demás, y además solo se pinta con un color cada vez). Y hay que tratarlos bien, no les dejo que los golpeen. También hay que poner atención a que se tapen bien para que no se sequen. Cuando cambian de color, dejan el rotulador en su sitio (orden, limpieza y respeto por lo demás y el material) y cogen otro de otro color.

Mientras están pintando charlamos de todo un poco, de cualquier cosa menos del trabajo que estén haciendo, claro. Durante todo el proceso hay que hacer ver para qué estamos presentes: estamos ahí porque los queremos, porque los aceptamos, porque su trabajo es importante para nosotros. Esto hace que al final, el niño no busque la aprobación del adulto a través de su trabajo (“¿te gusta?”), el niño se tiene que dar cuenta de que ya tiene nuestra aprobación. Pero no hay un juicio del trabajo. No entramos en el trabajo, ni para juzgarlo ni para describirlo. Su trabajo es suyo.

Lo que suelo hacer mientras pintan es limpiar la mesa con una toallita, cuando se cae algo al suelo (un rotulador o una tapa) se lo recojo, y así no se tienen que levantar; asegurarme de que no se les dobla ninguna esquina del trabajo…. Esas cosas. En cuanto los niños y el adulto entienden cual es la función del adulto, surgen solas las cosillas que se pueden hacer.

Con mi hijo pequeño, por ejemplo, que tiene 20 meses, lo que tengo que hacer es tener cuidado de que coja bien el rotulador, porque tiende a cogerlo o muy cerca o muy lejos de la punta. Y recogerle todo lo que se le cae (que es bastante). También tengo que tener cuidado de que no coja un puñado de rotuladores. No lo hace para acaparar, lo hace por jugar, así que le suelo ofrecer otro material (“con los rotuladores no puede jugar así, ¿has terminado de pintar? ¿quieres que saquemos las piezas de construcción?”). Los rotuladores solo se los dejo para pintar, para jugar le doy otro material. No los puede chupar, ni lanzar, ni le dejo jugar a meterlos y sacarlos del bote (que le encanta).

Con mi hijo mayor, que tiene 5 años, mi trabajo va por otro camino. Él es más mayor, y está mucho más condicionado, por las abuelas y por el colegio. Por lo que mi trabajo fundamentalmente es darle conversación. Si mientras trabaja, estamos charlando tranquilamente, de cualquier cosa, no hay ningún problema, puede pintar con calma, con seguridad, jugando, disfrutando, sin comeduras de coco. Mientras charla conmigo puede jugar a pintar sin problemas. Pero si no estoy presente, o me distraigo… poco a poco tiende a meterse en el trabajo de sus hermanos, a contarnos qué está pintando, … es muy sutil, porque en casa esto lo trabajamos mucho, y no tiene un condicionamiento bestial, pero por pequeño que sea no me gusta. Cuanto más condicionado está el niño, más dificil es trabajar así.

Y con mi hija, que tiene 3 años, es todo mucho más fácil. Pide todo lo que necesita, y listo. Ahora mismo necesita muy poco: apenas se le caen cosas, y casi no se le escapa el trazo del papel. Y ahora mismo no tiene ningún condicionamiento ni ningún problema. Pero como tiene asumida esta relación que tenemos, como tiene claro cual es mi papel, y quiere seguir teniendo trato conmigo, ella misma ha buscado algo que yo pueda hacer, para trabajar juntas, para que yo la cuide, para que yo pueda hacer ver que su trabajo me importa sin pasar nunca por el juicio. Me pide que le sostenga la tapa del rotulador: coge un color, lo destapa, y me da la tapa, cuando termina con el color me lo da, y mientras yo lo tapo y lo pongo en su sitio, ella coge otro y me da la tapa nueva. Esto lo ha pedido ella sola, a mí no se me había ocurrido, y es un buen trabajo para el adulto que asiste el juego de pintar y que no sabe muy bien qué hacer.

Cuando alguno de los tres termina su trabajo, lo cojo y le doy la vuelta, y en la parte de atrás pongo su nombre y la fecha. E inmediatamente lo guardo en su carpeta.

Nunca hay comentarios sobre los trabajos:

– Ya está,

– Trae, hoy es….. ¿Quieres otra hoja?

– si, dame

No hay un momento en el que nos detengamos a mirar el trabajo, es todo inmediato, me lo dan, le pongo el nombre y lo archivo, por lo que no se da pie a hacer comentarios o a entrar en el trabajo del niño. Cada uno tiene una carpeta, en la que voy archivando todos sus trabajos. Tengo todos los dibujos que han hecho perfectamente guardados y archivados. Y lógicamente, en ellos hay una evolución, ha habido un proceso, un aprendizaje, sin juicio, con seguridad, sin depender de la opinión de los demás, sin motivación, solo respetando y haciendo posible el juego de pintar. De verdad que los niños no necesitan motivación para pintar: mi hijo mayor ha pintado así 5 años, y se ve perfectamente una evolución en su trabajo. Y en casa no ha recibido nunca ningún juicio sobre su trabajo.

Hay gente a quien no le gusta esta forma de hacer las cosas porque creen que es cruel no decirle a un niño que te gusta su dibujo. Esto no consiste en eso, esto no es un método que consiste en no decir “qué bonito”. Consiste en no juzgar algo que no está destinado a ser juzgado. Consiste en posibilitar una evolución y un desarrollo, en no cortarlo. Desde mi punto de vista es cruel destruir el juego de pintar, haciéndole entender al niño que al dibujar tiene que conseguir un trabajo que guste a los de su alrededor. Hay muchas formas de hacer ver a un niño que le quieres.

Si vas a intentar hacer algo así en casa:

Con un niño pequeño, que no está condicionado es muy fácil, y que empieza a pintar, es muy muy fácil. Solo hay que reflexionar un poco acerca del papel que quiere jugar el adulto en este proceso.

Con un niño que ya está condicionada, es un poco más complicado, pero se puede. El adulto tiene que tener claro, qué va a hacer y que no, y poner un antes y un después. Yo intentaría cambiar todo lo que rodeaba el dibujo antes, si se daban otras condiciones.

Por ejemplo, si antes el niño pintaba solo en su habitación, ahora le haría pintar en el salón. O si antes pintábamos juntos en el salón, pues ahora en la habitación. Cortar con lo que se ha hecho antes. Se pueden ir a comrpar un paquete de folios, una carpeta y unos rotuladores nuevos, que no haya usado antes. Y se puede preparar un rinconcito en casa, nuevo, donde se vaya a pintar.

Al niño se le puede verbalizar todo, no pasa nada, pero es mucho más importante lo que se hace que lo que se dice. Se le puede explicar en qué consiste el juego de pintar, y se puede poner la norma de que “no se habla del trabajo”.

Hay niños a quienes les resulta muy difícil recuperar su juego de pintar, todo depende de lo condicionados que estén, y hay niños que lo pasan muy mal. Pero se puede. Es una gran conquista para el niño dejar de trabajar para los demás y comenzar a trabajar para uno mismo. Es mucha responsabilidad y requiere un gran esfuerzo por parte del niño, pero por supuesto que se puede.

Para saber más:

– En el blog hay una serie de entradas dedicadas al dibujo infantil, a la educación creadora y al juego de pintar. Se pueden buscar en el índice, o en las categorías

– También hay mucha información en la página de Diraya, los talleres de educación creadora de Bilbao. En los enlaces hay referencias de a más páginas de educación creadora.

– El último libro de Arno Stern, titulado Del dibujo infantil a la semiología de la expresión, ed. Carena

 

Actividades educativas para niños abril 15, 2012

Yo soy de la opinión de que los niños aprenden solos, sin necesidad de enseñanza ni programación por parte de los adultos que los acompañan. Pero este aprendizaje necesita de un cierto entorno para que se produzca. Por ejemplo, para un bebé pequeño aprender alemán es una cosa normal y natural. No necesita enseñanza, sino que aprenderá él solito. Pero para ello necesita una serie de condiciones, por ejemplo, que sus padres hablen alemán. Y así, en Alemania, millones y millones de bebés, aprenden ellos solitos a hablar alemán, sin enseñanza, sin “programación”, sin “actividades”.

Lo mismo sucede con el resto de aprendizajes. Para aprender a andar, necesitan tener la posibilidad de hacerlo (que le dejen explorar en el suelo) y tener humanos a su alrededor que anden. Para aprender a leer necesitan tener a su alcance textos escritos, estar rodeados de adultos que lean y que contesten a sus preguntas. Para aprender a contar necesitan oír contar, y poder jugar con ello, practicarlo.

El niño puede aprender cualquier cosa por sí mismo, sin enseñanza, en las condiciones adecuadas y con el acompañamiento adecuado.

Cuando busco actividades para hacer con mis hijos, no encuentro casi ninguna que cumpla con estas condiciones, que esté así planteada. Casi todas las actividades educativas están pensadas desde el punto de vista contrario: le enseñan al niño a hacer cosas. Es casi imposible encontarr actividades programadas en las que no se enseñe, en las que el adulto tome otro pepel que no sea el de “enseñante”.

Por ejemplo, si busco una actividad que me sirva para enseñarles a construir adornos navideños, es fácil encontrar un montón de actividades y de ideas, ya diseñadas. Pero lo que yo busco son ideas para que ellos desarrollen su capacidad de construir con distintos materiales… la cosa se pone más difícil.

En próximas entradas, pretendo escribir sobre las actividades educativas que nosotros llevamos a cabo en casa, describirlas a modo de receta, igual que se hace con las actividades que enseñan cosas. Lo que propongo, no son actividades para enseñar, o que aprendan algo en concreto. Y muchísimo menos, son actividades que terminan con la elaboración de un producto muy bonito. Vienen a ser actividades para desarrollar capacidades, y aprender según su interés, lo que tengan que aprender, sin enseñanza, por sí mismos, a su ritmo, influenciándose del trabajo de los que les rodean, sin que se les imponga ningún modelo ni se les roben descubrimientos y con algún adulto que se ocupe de cubrir las necesidades de los niños.

 

 
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