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Blog sobre aprendizaje, crecimiento…

Actividad educativa: trabajar con papel junio 12, 2012

En esta actividad intentaremos crear las condiciones para que el niño pueda desarrollar por sí mismo su capacidad de construir con papel. Para que esto ocurra, para que el niño pueda desarrollar una capacidad, ésta hay que trabajarla de forma constante. Así que esta actividad no está pensada para hacerla de forma aislada, para realizar un día puntual y no volver a repetirla más.

Esta actividad no consiste en que le enseñemos al niño a trabajar con papel, sino justamente en lo contrario: el adulto se coloca detrás del niño para hacer lo que este necesite para desarrollar sus capacidades. Es el niño el que aprende por sí mismo, a su ritmo. Esta actividad no tiene como resultado trabajos “muy bonitos”. En esta actividad el niño desarrolla una capacidad.

Materiales:

Depende de cada situación, de cada casa y de cada niño. Lo más habitual es:

– papel: para reutilizar, folletos de propaganda, folios blancos, o de colores, diferentes tipos de papel…

– cartón

– herramientas para trabajarlo: tijeras, celo, grapadora, pegamento, cola blanca, cúter…

– útiles para pintar: rotuladores, lápiz, pinturas, témperas, pintura acrílica…

Con niños muy pequeños, yo utilizaría solo papel y tijeras. Con niños pequeños, también se les puede dar folios y trozos de celo. Un poco más mayores, pegamento en barra, otros tipos de papel y rotuladores. Con más mayores, cartón, cola y témperas. Con más mayores, un cúter….. Cada uno que decida con sus hijos y su circunstancias.

Yo prefiero empezar con poco, ver lo qué se necesita, y ofrecer más si hace falta.

Con mis hijos en casa, tenemos muy poco ritmo de trabajo, por lo que la actividad avanza muy poquito. Utilizamos folios, propaganda, tijeras, pegamento y celo.

Con otros grupos de niños con los que he trabajado, he comenzado con cartón y papel, y según avanzaban les iba ofreciendo otras cosas: cuerdas o lana, alambres, témperas….

Hoy en día, los niños (y los mayores) estamos saturados de materiales y de cosas. No pasa nada por empezar con 2 cositas humildes, y dar tiempo para ver por donde evoluciona el trabajo. Es preferible tener poco material que demasiado.

Espacio y tiempo:

El tiempo que dura la actividad, lo marca cada niño, depende.

El espacio lo buscamos lo más cómodo posible. Nosotros en casa, trabajamos en una mesa, pero hay niños que se sienten más cómodos trabajando en el suelo.

Lo que sí que creo que es importante es marcar una frecuencia, un ritmo en el trabajo. Para que haya una evolución, un proceso, hace falta repetición, una estructura, un ritmo, una frecuencia. Sino lo hay, es mucho más difícil. Yo lo pondría un día a la semana, aunque, como todo, depende de las circunstancias de cada familia. Un día sí uno no, también está bien, o una vez cada dos semanas……

Qué hace el niño:

El niño trabaja con el material. Recorta, pega, charla, construye, deshace, juega, crea, pinta, guarda, envuelve, mete, saca, ata, empaqueta, trabaja,…

Con constancia, poco a poco ese trabajo va cambiando, evolucionando. El niño va haciendo pequeños descubrimientos, movido únicamente por su interés, a su ritmo. Hace conquistas que se debe a sí mismo. Es el único responsable de su trabajo, evolución y crecimiento.

Qué hace el adulto:

El adulto no controla el trabajo del niño. El trabajo del niño es de lo único de lo que no se tiene que ocupar: no lo juzga, ni lo motiva, ni lo dirige. El trabajo del niño es solo asunto del niño. Queremos que el niño trabaje para sí mismo, a su ritmo, en lo que quiera, por lo que el trabajo no está destinado al adulto, no es para agradarnos. Evitaremos en lo posible condicionar ese trabajo.

El juicio, los halagos y alabanzas, motivaciones, refuerzos, estímulos…. hacen que el niño no trabaje por sí mismo, hacen que el niño trabaje por y para los demás. Es la diferencia entre aprender y que te enseñen.

En esta actividad intentaremos que se den las condiciones necesarias para que el niño trabaje para sí mismo, para que sea él el que tome las decisiones respecto a su trabajo sin estar condicionado por los que le rodeas: para que trabaje en libertad.

El adulto se ocupa de lo que el niño necesita. Está al servicio del niño y de la actividad. El adulto viene a ser una herramienta del niño, para hacer aquellas cosas accesorias que hacen el trabajo del niño agradable. El adulto hace pequeñas cosas que le hacen ver al niño que está pendiente de él, que lo está cuidando a él y a su trabajo. Que respeta y valora su trabajo sin pasar por el juicio o la manipulación.

Como hemos dicho que el material y el trabajo dependen de cada niño y de cada familia, es difícil concretar exactamente qué es lo que tiene que hacer el adulto. Más o menos, el adulto:

– posibilita la actividad: da el material, cuida de que se vaya a dar con una cierta frecuencia, busca las mejores condiciones posibles para el trabajo, ofrece material que cree que el niño puede necesitar

– crea las condiciones para que el trabajo sea posible: evita las interrupciones, protege el trabajo del juicio, de la enseñanza, de la desconfianza en el niño…

– da hábitos de trabajo: enseña cómo se cogen las tijeras para evitar accidentes, cuida de que el trabajo se coloque bien en la mesa para que no se caiga, o se arrugue o se estropee… Es la única situación en que la enseñanza es necesaria, para dar hábitos y enseñar a utilizar el material.

– da y hace cumplir normas: no se juzga el trabajo, ni el propio ni el de los demás, no se desperdicia material, hace falta un orden, se recogen las cosas cuando se acaban de usar,

– observa al niño, para buscar aquellas cosas que el niño necesite. Una vez que se tiene clara la posición del adulto, dónde se entra y dónde no, conviene pararse a mirar al niño que tenemos delante para buscar qué necesita.

– cosas que podemos hacer: una vez que el niño ve y comprende para qué está el adulto, una vez que está establecida la relación con el niño, éste ya le pide al adulto lo que necesita. Pero hasta entonces hay pequeñas cosas que podemos ir haciendo: recoger lo que se caiga del suelo, cortar los trocitos de celo, cortar con el cúter el cartón, por donde el niño nos diga, sujetarle dos papeles para que no se le muevan cuando él pegue el celo, ….

– se toma en serio el trabajo del niño, porque es una cosa muy seria

– conserva el trabajo: una vez que el trabajo está terminado, le pone el nombre y la fecha y lo archiva. Las cosas que son planas, las guardamos en una carpeta. Las bolitas de papel, las guardo en una caja, y cosas más voluminosas, que no puedo guardar en casa, les hago una fotografía.

– respetar al niño: y por eso, porque le respeta, es por lo que no condiciona su trabajo, por lo que le deja que haga sus propios descubrimientos, por lo que no le roba conquistas. El niño (todas las personas) están en proceso. El respeto al niño, pasa por respetar su proceso, por no sacarle de él para hacer cosas que no le corresponden.

Es decir, que lo que al adulto no hace es:

– juzgar el trabajo

– enseñar, robar descubrimientos

– abandonar al niño, dejarle solo

– quedarse sin hacer nada

Además:

Lo más importante es tener clara la postura del adulto. Una vez que se respete eso, lo demás viene solo. Pero para poder adoptar ese rol, es muy importante trabajarse a uno mismo. Tal y como está planteada la actividad, todas las decisiones, la responsabilidad, y el mérito del trabajo, lo tiene el niño. Hay adultos que no están dispuestos a que los niños a quienes acompañan, crezcan sin necesitar de su intervención, de su enseñanza, de su motivación. También hay quien no está dispuesto a que los niños que acompañan trabajen a su ritmo, porque eso conlleva que va “retrasado” con respecto a los demás, que no hace cosas tan “bonitas” como lo que haría si yo le dijera “pega esto así”. Hay quien no soporta que su hijo pase horas haciendo trocitos de papel, con lo fácil que sería decirle “haz una casita en esta caja”. O hay quien necesita “imponer” (muy amablemente) sus ideas, sus descubrimientos, su manera de hacer las cosas…, al niño, con lo cual este no puede vivir su proceso. Otras personas, tienen tantas ganas de trabajar y jugar, que se proyectan en el niño, y en vez de trabajar para sí mismos y seguir su propio proceso, sus ganas de jugar les llevan a hacer que el niño juegue como ellos querrían hacerlo. Otras personas tienen problemas con la seguridad en uno mismo, con su ego, con la inseguridad en las capacidades del niño……

Y también, hay que revisar las expectativas que tenemos con respecto a los niños. Facilita mucho las cosas, es mucho más fácil adoptar esta postura si has visto procesos, si sabes lo que es el desarrollo “normal del niño”. El conocer el proceso, te permite reconocerlo en el niño con el que trabajas, y entonces puedes no juzgarlo. Saber que los niños gatean, y luego andan, hace que cuando tu hijo gatea no lo juzgues,  porque sabes que es una parte normal del proceso, sabes que es una etapa y luego vendrá otra. Yo sé, que trabajando así, mis hijos desarrollan capacidades. Sería bueno conocer cómo es este proceso, saber en qué y cómo trabajan los niños cuando aprenden de forma natural. ¿Cómo es el aprendizaje natural? Hoy en día, apenas se da, no dejamos que se produzca porque lo destruimos con nuestras intervenciones.

 

Necesitamos influencias mayo 1, 2012

El grupo de gente que nos rodea es importantísimo para nuestro desarrollo, para nuestra educación. Cuanto más variado sea ese grupo, mejor, más influencias y posibilidades tendremos.

Hay personas a quienes no les gusta que los niños trabajen desde su interés, porque creen que entonces los niños solo van a trabajar, solo van a conocer y a interesarse por las cosas que les gustan. Creen que un niño así, que solo trabaja desde el interés tendría muchas lagunas. Lógicamente, si una persona solo trabaja en lo que le gusta, hay muchísimas cosas por las que no siente interés y a las que nunca se acercará.

Primero hay que tener en cuenta que en la vida, todos los conocimientos están interrelacionados. Las cosas tiene relación unas con otras. Nuestra idea de trabajo y de aprendizaje es muy escolar. Cuando pensamos en aprender, pensamos en ciencias, lectura o matemáticas. Y lógicamente si un niño se interesa por una de ellas y abandona las otras, tiene carencias enormes. Pero en la vida esto no sucede así, porque absolutamente todo está relacionado y un interés te lleva a estudiar cosas muy diferentes entre sí. Si estoy en clase y les enseño a mis alumnos a dividir, solo les enseño a dividir. En cambio, si un niño, por su propio interés, trabaja con números, descubre muchas cosas, no solo las relacionadas con las matemáticas.

En caso de que fuera cierto, que el niño solo trabaja en lo que le gusta, y no quiere saber nada más de ninguna otra cosa, ¿Qué podríamos hacer? ¿Cuál sería la solución lógica? Los seres humanos somos seres sociales, y necesitamos a los demás para aprender. Yo necesito gente que me hable de los dinosaurios para saber lo que son. Si no los he visto, ni conozco a nadie que me haya hablado nunca de ellos, difícilmente me pueden interesar. Necesitamos a personas diferentes que tengan intereses diferentes alrededor nuestro. Cuanto más diferentes sean, más completo será el ambiente que me rodea, y con más cosas tendré contacto.

El ambiente ideal entonces, desde mi punto de vista, sería aquel en el que trabajan personas diferentes, en intereses diferentes. Si estoy en un aula, en clase de plástica, el maestro puede enseñarles a construir una mecedora con pinzas de la ropa, y en el mejor de los casos, todos los niños aprenden eso. Pero si cada uno de los 20 niños puede trabajar en aquello en lo que les interesa, cada niño aprende 20 cosas diferentes: aprende aquello en lo que está trabajando, lo único por lo que sentía interés, y al mismo tiempo ve a sus 19 compañeros trabajar en otras cosas.

Entonces, en el caso de que a un niño, solo le interese un único tema, y no salga de ahí, lo que podríamos hacer es, por un lado, conseguirle más información sobre ese interés. En vez de apartarle, darle más y más, para que ese interés crezca y de diversifique. Y por otro lado, podríamos buscarle una estructura, un ambiente, en el que trabaje junto a otras personas que a su vez trabajen apasionadas en algo de su interés. Ojo, no para apartarle, sino para que vea que hay otras cosas apasionantes en el mundo.

 

Actividad educativa: pintar abril 26, 2012

La actividad consiste en que el niño pinta, libremente lo que quiera, sin condicionamiento por parte de los adultos. Con el transcurso del tiempo y la práctica, este trabajo lógicamente irá evolucionando, creciendo y avanzando. No voy a entrar en cuestiones más teóricas acerca de cómo es el dibujo infantil, o en cómo se trabaja desde la educación creadora. Intentaré explicar tan solo lo concreto, lo práctico, el cómo hacer para pintar en casa desde esta perspectiva.

En qué no consiste esta actividad

La actividad que propongo es opuesta a la forma en que se trata el dibujo infantil normalmente en nuestra sociedad.

Lo normal, cuando un niño pinta es: que se le de papel sucio y pinturas de poca calidad; que no se le haga ningún caso mientras pinta; o que se le den dibujos para colorear o para copiar; que se le pinten cosas para que le inspiren, o para que vea cómo se pintan; que se le pregunte qué hace; se pide que de explicaciones sobre su trabajo; se le enseña a dibujar; se le dice que lo que hace es muy bonito, estupendo, precioso; se expone su trabajo; se abandona su trabajo.

El dibujo infantil se trabaja en estas condiciones normalmente, y lo que se consigue con ello es que los niños crean que no saben dibujar, y que abandonen la pintura. Esto es así, es un hecho.

Materiales:

Lo más sencillo es trabajar con papel blanco y rotuladores. El papel tiene que ser blanco, no cuadriculado ni por supuesto, con nada dibujado ni escrito. El adulto tiene que demostrarle al niño que su trabajo es importante. Por esto, porque se toma en serio el trabajo del niño, no le da papel sucio, ni usado, le da folios en blanco, un buen papel.

Si se deciden usar rotuladores, estos deben pintar correctamente y hay tener repuesto para cuando se sequen.

Si se quiere simplificar, se puede utilizar también un simple bolígrafo. Y si se quiere complicar más, se pueden utilizar témperas, pero siempre cuidando la calidad del material. Para poder trabajar bien, se necesita una buena herramienta.

Nosotros en casa utilizamos papel y rotuladores, no muchos colores. Pero a veces utilizan una pizarra blanca y rotuladores.

Lo importante es que tengan para trabajar un buen material, cuidado, bueno, en condiciones.

Espacio y tiempo:

Cuando nosotros pintamos en casa, lo hacen sentados en una mesa pequeña, de su medida. Se puede hacer también en una grande, o cada uno donde le resulte cómodo. Lo importante es que lo hagan en una posición adecuada. El adulto tiene que cuidar eso.

En casa no tenemos mucho espacio, pintan mis tres hijos juntos en la misma mesa. Cada uno en su hoja, porque el trabajo de cada niño es sagrado. No se comparte el trabajo. Pero sí se comparte el espacio (la mesa) y los rotuladores. Lo social se trabaja respetando escrupulosamente el trabajo de los demás, y respetando el material y el espacio que tenemos.

Y esta actividad se puede realizar todas las veces que se quiera, los días que se quieran. Como mínimo, yo la pondría un día a la semana. Pero lo que sí que es importante es que haya un ritmo, una continuidad en el trabajo, para que pueda haber una evolución. No sirve de nada pintar todos los días durante dos semanas, y estar otras dos sin pintar, luego pintar un día suelto, otra semana sin tocarlo y luego tres días seguidos… Es necesaria una constancia, que puede ser la que cada familia necesite: un día si, uno no; o todos los días; o cada tres días, o un día a la semana…. pero con una cierta regularidad.

Y el tiempo que dura la actividad, depende de cada niño, de su edad y de su ritmo. Mis hijos por ejemplo, cuando pintan suelen estar entre 15 y 30 minutos.

Qué hace el niño

El niño pinta. Ese es su trabajo. Es asunto solo de él, no nuestro. No pinta para nosotros.

Qué hace el adulto

El adulto se encarga de que el niño pinte en las mejores condiciones del mundo. Acompaña al niño, le apoya, y hace posible que el niño pueda trabajar. Le da valor e importancia al trabajo del niño sin juzgarlo. Asiste al niño y a su trabajo. El adulto tiene que establecer con el niño una relación a la que no estamos acostumbrados, una relación que es difícil que hayamos visto en ningún sitio.

El adulto hace cosas que son accesorias, que hacen el trabajo agradable. Es como una herramienta del niño. Hace aquellas cosas que distraerían al niño de su trabajo. Tiene que estar ocupado, porque no es un observador y es fácil pasar de observador a destinatario del trabajo. Tiene que dejar de ser el que evalúa el trabajo final, para pasar a ser el que cuida y hace posible que haya un proceso.

En nuestra sociedad, se alaba el trabajo del niño para motivarle a que siga pintando, para animarle, para demostrarle que nos importa. En esta actividad, le haremos ver al niño que le queremos, y que su trabajo nos importa de otra manera, sin inmiscuirnos en el contenido de su trabajo, sin juzgar el dibujo. Esto lo hacemos cuidando su trabajo, respetando su proceso, protegiéndolo del juicio, estando presentes, dándole lo que necesita, asistiéndole en su proceso y desarrollo.

Lo normal es que un niño pinte y cuando termine le digamos “que bonito”. Aquí lo que propongo es darle valor al trabajo del niño a lo largo de toda la actividad, sin pasar por el juicio. Yo no lo demuestro que le quiero y que su trabajo me importa porque le ponga una buena nota final diciéndole cuánto me gusta, yo le demuestro que le quiero y que su trabajo me importa, dando la posibilidad de que ese trabajo se desarrolle y crezca, respetándolo y protegiéndolo del juicio, cuidando de las condiciones para que todo esto pueda desarrollarse.

Esto se traduce en que el adulto:

– le da al niño un buen material: le da buen papel, le coloca a su alcance buenos rotuladores, tiene repuestos para cuando se sequen dárselos…

– cuida de que el material vaya a continuar en buen estado: limpia la mesa cuando se ensucia, cambia los rotuladores que se secan por otros nuevos, no deja que nadie trate mal el material, cuida de que el rotulador esté bien cerrado cuando se deja…

– cuida de que el niño trabaje cómodo: si está demasiado lejos de la mesa, le acerca; si la mesa es demasiado alta, le coloca un cojín en la silla; si el niño pinta tumbado en el suelo, le da un cojín, o le tapa con una mantita, o le da una carpetita o un cartóncillo para que ponga debajo del trabajo y pinte cómodo. También cuida de la mano del niño: para poder pintar en las mejores condiciones, la mano tiene que estar relajada y se tiene que coger el rotuladores de la forma correcta.

– da y hace cumplir unas normas: da hábitos de trabajo, de cómo coger el rotulador, respetar el trabajo del compañero…

– guarda el trabajo terminado, poniéndole antes el nombre y fecha, y lo archiva en una carpeta para cada niño

– no juzga el trabajo, ni lo describe, ni comenta, ni motiva… No entra para nada en el trabajo, porque no es asunto suyo: el dibujo es el juego del niño.

– conoce cómo es un proceso normal, hace cursos, lee libros y reflexiona. Conocer el proceso te permite no juzgarlo. Saber que hay una evolución, da mucha tranquilidad, quita miedo. Si sabes que en la evolución de dibujo, el niño pinta torbellinos, y luego ganchos, no te da miedo respetar el proceso, porque sabes lo que va a suceder. No te extrañas, ni te sorprendes, simplemente acompañas el proceso sin juzgarlo.

Qué no hace nunca

– hablar del contenido del trabajo, juzgar, exponer,

– comparar niños: cada niño es diferente a los demás, y por eso cada niño tiene un proceso diferente de los demás

– enseñar a pintar: trabajando así, el niño aprende a pintar, sin enseñanza. Con continuidad y sin juicio, el niño se siente seguro y puede jugar pintando. Así, su trabajo va evolucionando, pasando por diferentes etapas, conquistando nuevos descubrimientos con seguridad y sin miedo. Y este aprendizaje dura toda la vida.

– abandonar al niño: el adulto tiene que estar presente, no se les puede dejar solos

– ser un observador: y no puede tampoco quedarse quieto mirando, tiene que hacer algo

 

Un ejemplo práctico:

En nuestra casa, puede que ellos me pidan pintar, o que se lo ofrezca yo. Cuando les veo que no están haciendo nada se lo ofrezco, les pregunto ¿queréis pintar?  y si uno quiere, normalmente los demás también, por lo que casi siempre pintan los tres a la vez. Solo les dejo pintar en estas condiciones si yo voy a poder estar atendiéndoles, sino tienen que esperar a otro momento en que yo pueda estar con ellos.

Lo primero que hacemos es preparar la mesa, porque la solemos tener llena de cosas, así que despejamos el espacio y se sientan. Tiene cada uno su silla, pero a veces les gusta cambiarse el sitio. Da igual, lo importante es que la mesa esté limpia, despejada y en condiciones, que no haya nada alrededor que moleste o distraiga, que haya un orden. Pongo un bote con los rotuladores en el centro de la mesa (aunque también se puede colocar en otro lugar y van y vienen a cogerlos) y les doy una hoja a cada uno.

Al darles la hoja, conviene dársela a la mano y no colocársela en el mesa, porque así ellos se la ponen en la mesa como quieran (vertical u horizontal), sin que yo tenga que preguntarles. Los folios están guardados en otro lugar, por lo que se levantan a coger la hoja, y vuelven a la mesa.

Cada uno coge un rotulador, el que quiera y comienzan a pintar. Solo se puede coger un rotulador, el que van a usar, porque no se puede acaparar  los rotuladores (hay pocos y hay que tener en cuanta a los demás, y además solo se pinta con un color cada vez). Y hay que tratarlos bien, no les dejo que los golpeen. También hay que poner atención a que se tapen bien para que no se sequen. Cuando cambian de color, dejan el rotulador en su sitio (orden, limpieza y respeto por lo demás y el material) y cogen otro de otro color.

Mientras están pintando charlamos de todo un poco, de cualquier cosa menos del trabajo que estén haciendo, claro. Durante todo el proceso hay que hacer ver para qué estamos presentes: estamos ahí porque los queremos, porque los aceptamos, porque su trabajo es importante para nosotros. Esto hace que al final, el niño no busque la aprobación del adulto a través de su trabajo (“¿te gusta?”), el niño se tiene que dar cuenta de que ya tiene nuestra aprobación. Pero no hay un juicio del trabajo. No entramos en el trabajo, ni para juzgarlo ni para describirlo. Su trabajo es suyo.

Lo que suelo hacer mientras pintan es limpiar la mesa con una toallita, cuando se cae algo al suelo (un rotulador o una tapa) se lo recojo, y así no se tienen que levantar; asegurarme de que no se les dobla ninguna esquina del trabajo…. Esas cosas. En cuanto los niños y el adulto entienden cual es la función del adulto, surgen solas las cosillas que se pueden hacer.

Con mi hijo pequeño, por ejemplo, que tiene 20 meses, lo que tengo que hacer es tener cuidado de que coja bien el rotulador, porque tiende a cogerlo o muy cerca o muy lejos de la punta. Y recogerle todo lo que se le cae (que es bastante). También tengo que tener cuidado de que no coja un puñado de rotuladores. No lo hace para acaparar, lo hace por jugar, así que le suelo ofrecer otro material (“con los rotuladores no puede jugar así, ¿has terminado de pintar? ¿quieres que saquemos las piezas de construcción?”). Los rotuladores solo se los dejo para pintar, para jugar le doy otro material. No los puede chupar, ni lanzar, ni le dejo jugar a meterlos y sacarlos del bote (que le encanta).

Con mi hijo mayor, que tiene 5 años, mi trabajo va por otro camino. Él es más mayor, y está mucho más condicionado, por las abuelas y por el colegio. Por lo que mi trabajo fundamentalmente es darle conversación. Si mientras trabaja, estamos charlando tranquilamente, de cualquier cosa, no hay ningún problema, puede pintar con calma, con seguridad, jugando, disfrutando, sin comeduras de coco. Mientras charla conmigo puede jugar a pintar sin problemas. Pero si no estoy presente, o me distraigo… poco a poco tiende a meterse en el trabajo de sus hermanos, a contarnos qué está pintando, … es muy sutil, porque en casa esto lo trabajamos mucho, y no tiene un condicionamiento bestial, pero por pequeño que sea no me gusta. Cuanto más condicionado está el niño, más dificil es trabajar así.

Y con mi hija, que tiene 3 años, es todo mucho más fácil. Pide todo lo que necesita, y listo. Ahora mismo necesita muy poco: apenas se le caen cosas, y casi no se le escapa el trazo del papel. Y ahora mismo no tiene ningún condicionamiento ni ningún problema. Pero como tiene asumida esta relación que tenemos, como tiene claro cual es mi papel, y quiere seguir teniendo trato conmigo, ella misma ha buscado algo que yo pueda hacer, para trabajar juntas, para que yo la cuide, para que yo pueda hacer ver que su trabajo me importa sin pasar nunca por el juicio. Me pide que le sostenga la tapa del rotulador: coge un color, lo destapa, y me da la tapa, cuando termina con el color me lo da, y mientras yo lo tapo y lo pongo en su sitio, ella coge otro y me da la tapa nueva. Esto lo ha pedido ella sola, a mí no se me había ocurrido, y es un buen trabajo para el adulto que asiste el juego de pintar y que no sabe muy bien qué hacer.

Cuando alguno de los tres termina su trabajo, lo cojo y le doy la vuelta, y en la parte de atrás pongo su nombre y la fecha. E inmediatamente lo guardo en su carpeta.

Nunca hay comentarios sobre los trabajos:

– Ya está,

– Trae, hoy es….. ¿Quieres otra hoja?

– si, dame

No hay un momento en el que nos detengamos a mirar el trabajo, es todo inmediato, me lo dan, le pongo el nombre y lo archivo, por lo que no se da pie a hacer comentarios o a entrar en el trabajo del niño. Cada uno tiene una carpeta, en la que voy archivando todos sus trabajos. Tengo todos los dibujos que han hecho perfectamente guardados y archivados. Y lógicamente, en ellos hay una evolución, ha habido un proceso, un aprendizaje, sin juicio, con seguridad, sin depender de la opinión de los demás, sin motivación, solo respetando y haciendo posible el juego de pintar. De verdad que los niños no necesitan motivación para pintar: mi hijo mayor ha pintado así 5 años, y se ve perfectamente una evolución en su trabajo. Y en casa no ha recibido nunca ningún juicio sobre su trabajo.

Hay gente a quien no le gusta esta forma de hacer las cosas porque creen que es cruel no decirle a un niño que te gusta su dibujo. Esto no consiste en eso, esto no es un método que consiste en no decir “qué bonito”. Consiste en no juzgar algo que no está destinado a ser juzgado. Consiste en posibilitar una evolución y un desarrollo, en no cortarlo. Desde mi punto de vista es cruel destruir el juego de pintar, haciéndole entender al niño que al dibujar tiene que conseguir un trabajo que guste a los de su alrededor. Hay muchas formas de hacer ver a un niño que le quieres.

Si vas a intentar hacer algo así en casa:

Con un niño pequeño, que no está condicionado es muy fácil, y que empieza a pintar, es muy muy fácil. Solo hay que reflexionar un poco acerca del papel que quiere jugar el adulto en este proceso.

Con un niño que ya está condicionada, es un poco más complicado, pero se puede. El adulto tiene que tener claro, qué va a hacer y que no, y poner un antes y un después. Yo intentaría cambiar todo lo que rodeaba el dibujo antes, si se daban otras condiciones.

Por ejemplo, si antes el niño pintaba solo en su habitación, ahora le haría pintar en el salón. O si antes pintábamos juntos en el salón, pues ahora en la habitación. Cortar con lo que se ha hecho antes. Se pueden ir a comrpar un paquete de folios, una carpeta y unos rotuladores nuevos, que no haya usado antes. Y se puede preparar un rinconcito en casa, nuevo, donde se vaya a pintar.

Al niño se le puede verbalizar todo, no pasa nada, pero es mucho más importante lo que se hace que lo que se dice. Se le puede explicar en qué consiste el juego de pintar, y se puede poner la norma de que “no se habla del trabajo”.

Hay niños a quienes les resulta muy difícil recuperar su juego de pintar, todo depende de lo condicionados que estén, y hay niños que lo pasan muy mal. Pero se puede. Es una gran conquista para el niño dejar de trabajar para los demás y comenzar a trabajar para uno mismo. Es mucha responsabilidad y requiere un gran esfuerzo por parte del niño, pero por supuesto que se puede.

Para saber más:

– En el blog hay una serie de entradas dedicadas al dibujo infantil, a la educación creadora y al juego de pintar. Se pueden buscar en el índice, o en las categorías

– También hay mucha información en la página de Diraya, los talleres de educación creadora de Bilbao. En los enlaces hay referencias de a más páginas de educación creadora.

– El último libro de Arno Stern, titulado Del dibujo infantil a la semiología de la expresión, ed. Carena

 

Cómo trabajamos la lectoescritura en casa enero 21, 2012

Tras contar en esta entrada como trabajamos las matemáticas en casa, creo que falta explicar más o menos cómo trabajamos la lectoescritura.

Igual que con las matemáticas, la lectoescritura no la trabajamos en casa. Surge en numerosas actividades de la vida diaria, de la de los adultos y de la de los niños. Y como los niños son seres humanos, con un cerebro capaz de aprender por sí mismos, con el tiempo adquirirán la lectoescritura.

Para adquirir la lectoescritura por sí mismo, un niño tiene que cumplir con una serie de condiciones:

  • tienen que querer, se necesita motivación intrínseca
  • tienen que estar maduro, necesita que en su cerebro haya ciertas estructuras
  • tiene que vivir en un ambiente alfabetizado, necesita estar rodeado de personas que lean y escriban
  • necesita que no le enseñan. No conocemos apenas casos de niños que aprendan por sí mismos, pero esto no es por culpa de los niños, no es porque no puedan aprender por ellos mismos, es porque los adultos que les rodeamos les enseñamos: les robamos la posibilidad de aprender por sí mismos
  • necesita confianza: y todos los niños la tienen. Los que les quitamos la confianza en ellos mismos somos los adultos, que dudamos de su capacidad para aprender.

El aprendizaje de la lectoescritura en estas condiciones, en general pasa por una serie de etapas:

  • 1º) El niño es muy pequeño, muestra interés por los libros como por cualquier otra cosa, para tocar, chupar, lanzar…. Los padres están convencidos de que aprenderá por sí mismo, no hay ningún tipo de miedo en el ambiente. En esta etapa el niño aprende: el concepto de libro, a pasar hojas, hábitos acerca de cómo se manipulan los libros…
  • 2º) El niño crece un poco. Hay dos variantes: el niño da signos de que conoce el nombre de algunas letras y los padres se emocionan al creer que su hijo en breve leerá de corrido; o bien el niño no da signos de conocer el nombre de ninguna letra
  • 3º) Pasa un tiempo. El niño no aprende a leer como los padres esperaban así que se tiran de los pelos, les da miedo y encuentran docenas de niños que aprenden antes que el suyo….
  • 4º) Un buen día, descubren que su hijo sabe leer. Los padres se preguntan: ¿desde cuando? ¿cómo ha sido? no era para tanto, ¿verdad? Normalmente, los niños que de muy pequeños conocen el nombre de las letras, tardan unos cuantos años en leer, por lo que los padres se impacientan un poco.
  • 5º) El niño lee todo lo que cae en sus manos: no quiere salir de casa, no duerme, solo lee y lee. La gran preocupación de los padres ahora es cómo hacer para que deje de leer.

La duración de todo este proceso depende de cada niño y de cada familia. Normalmente aprenden a leer solos entre los 5 y 8 años. Los padres cuyos hijos aprenden antes, pasan menos miedo que los que aprenden después.

Pero un niño no aprende a leer pronto o tarde: el niño que aprende a leer por sí mismo con 10 años, no aprende a leer tarde, aprende a leer cuando se cumplen las condiciones que vimos antes. Cada niño aprende justo en el momento en que está preparado para ello. Y ese momento no puede ser ni pronto ni tarde, porque siempre es en el momento justo.

La idea de aprender tarde o pronto, solo tiene sentido si estamos comparando a un niño con otro. Todos los niños son diferentes. A mi hijo mayor le salió su primer diente con 15 meses, y a mi hija con 7 meses. No es mejor ni pero una cosa que la otra. No es “malo” hacer las cosas más tarde que otra persona. Lo que no es bueno, desde mi punto de vista, es no poder vivir tu proceso, o vivir comparando los procesos de personas diferentes.

Lo raro es que dos personan coincidan en su proceso. Lo normal es que personas diferentes tengan intereses diferentes. Todos los niños tienen ritmos, capacidades, cerebros, motivaciones e intereses diferentes. Por lo que es igual de normal aprender a leer con 5 años, que aprender con 8 años.

Los adultos tenemos mucha prisa. Pero es que un niño que con 7 años no lee él solo, no se está perdiendo nada, no va más retrasado que el niño que aprendió con 5. No se pierde nada. Está trabajando en cosas diferentes, a otro ritmo, porque es diferente.

¿Por qué nos da tanto miedo? ¿Qué mas da dos años antes que después? Si de verdad creemos que el niño se está perdiendo algo porque no lee solo, la solución es evidente: leerle. Leerle todo aquello que él quiera. Y así seguro que no se pierde nada, que no se “atrasa”.

En la escuela se empieza a enseñar a leer desde infantil, por lo que es muy difícil que un niño que va al colegio pueda aprender por sí mismo. Pero, ¿qué dice la ley?: La ley educativa es muy clara, y en España, el niño debiera aprender a leer en PRIMER CICLO. Esto lo dice la ley, ni los maestros, ni las editoriales, ni los padres, que normalmente tienen más prisa. Y el primer ciclo de primaria abarca primer y segundo curso de primaria, es decir, que (repito) según la ley educativa española, los niños debieran aprender a leer con 6-7 años. Un niño tiene que tener adquirida la lectoescritura al pasar a segundo ciclo de primaria: tiene que saber leer con 8 años.

Un niño no “aprende a leer”. No hay un punto en el que se sepa y un punto en el que no. Esa forma de entender el aprendizaje es escolar. Todos los seres humanos leen, cada uno a su manera. La lectoescritura es un proceso. Ninguna persona acaba de aprender a leer.

El entender la lectura desde otro punto de vista, lo único que genera es miedo, desconfianza, ganas de enseñar. Implica que “saber leer” es un punto y final. Y no es así. Todo el mundo sabe leer, cada uno a su manera, porque estamos hablando de un proceso, de recorrer un camino que no acaba nunca.

Entender la lectoescritura como un proceso, ayuda mucho a los padres, da mucha tranquilidad. Porque yo veo que mis hijos están en su proceso, veo que no hay nada que se lo interrumpa (juicio, enseñanza, miedo), luego todo está bien. Es cuestión de tiempo y trabajo que sigan en su proceso, cambiando, evolucionando, aprendiendo cosas nuevas.

Mi hijo pequeño tiene año y medio, y sabe leer. Lógicamente, no lee como leo yo. Ni siquiera lee como otro niño de año y medio. Mi hijo pequeño es único en el mundo. No hay ningún otro niño igual a él en todo el universo. Y por eso, no hay nadie que lea igual que él. Es único, diferente, especial. Ahora mismo, le gusta mucho leer. Está muy centrado en cómo pasar las páginas de libros. Sabe que ahí ponen cosas, lee imágenes, juega a que las imágenes representan cosas diferentes, las señala y hace gestos: si señala a un niño, luego se señala a él mismo, si señala a un perro, dice “guau”…

Mi hija acaba de cumplir 3 años, y tampoco hay una niña igual que ella. También le gusta mucho leer, y es muy pesada: cada dos por tres se escapa a la estantería, coge un libro y dice que quiere leer. Tenemos que reñirle y pedirle que deje de sacar libros. Los lee sola, o nos pide que le acompañemos. Le gusta muchísimo que le leamos nosotros en voz alta. Y si no le queda más remedio, pues lee ella sola. Es como un lorito, se sienta con su libro y parlotea, y parlotea….Y le encanta ver escrita la letra H, porque es con la que empieza su nombre. Se alegra cuando encuentra M, A, L y B, que son las de las letras de los demás, pero su favorita sin dudarlo es la H.

Mi hijo mayor tiene 5 años, y también es único en el mundo. Y también le encanta leer. Lee solo o acompañado. Por diversión o para buscar información. Y a veces le lee cuantos a sus hermanos: como le hemos leído los cuentos tantas veces, se lo sabe de memoria y se los repite a sus hermanos. Lo que más le gusta es que nos sentemos a leer con él. Y tiene muy claro que libros le gusta y cuales no, cuando quiere leer y cuando no. Ahora mismo está muy interesado en escribir palabras concretas con las que buscar en google las páginas que le gustan.

Mi marido también es único. Tiene clarísimo lo que va a leer y lo que no. Lee todas las noches, varios libros a la vez. El año pasado le regalamos un e-book, y eso ha cambiado su forma de leer: ha aumentado considerablemente su biblioteca. Ahora está muy interesado en catalogar los libros que tiene, y en conseguir más.

Y yo, leo los libros de uno en uno. No puedo leer varias cosas al tiempo. También tengo claro lo que me gusta y lo que no. Leo por temporadas, hay veces que mucho, hay veces que menos. Desde que tengo a los niños no leo apenas.

Hay muchísimo miedo a que no aprendan, miedo que si se analiza bien no tiene razón de ser. ¡Pero si aprenden a leer aunque les enseñes!

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA  QUE APRENDAN A LEER POR SÍ MISMOS?

Como en la entrada de las matemáticas, contaré a continuación qué cosas son las que hacemos en casa que sirven para este proceso, qué cosas hacemos los adultos (en relación con nuestro propio proceso y en relación con el proceso de los niños) y qué cosas son las que hacen los niños.

Qué hacemos los adultos para nosotros:

  • leemos, porque nos gusta, porque nos entretiene, nos divierte, porque buscamos información sobre algo…
  • cocinamos: buscamos recetas en libros o en internet, la escogida la escribimos (un resumen) y mientras cocinamos la leemos
  • enviamos mails y mensajes, y los recibimos. Los que son para toda la familia, los comentamos entre todos
  • escribimos, yo por ejemplo, este blog
  • compartimos lo que nos gusta con los demás: si leo algo que me impacta, se lo cuento. Si mi marido encuentra una historia que le gusta y cree que a nosotros nos puede interesar, nos la lee…

Qué hacemos los adultos en relación al proceso de los niños:

  • no les enseñamos: si le enseño yo, él no va a aprender por sí mismo. No quiero robarle eso. Tampoco planificamos actividades, ni juegos ni ejercicios
  • contestamos sus preguntas, solo a lo que pregunta, no más allá. No aprovechamos sus preguntas para enseñar cosas.
  • no nos adelantamos
  • no juzgamos sus proceso: no evaluamos todos los días lo que sabe y lo que no, y igual que no le decimos que no sabe leer, tampoco le decimos que lee “bien”
  • intentamos defenderles del juicio externo
  • ponemos material a su alcance: libros, papel, rotuladores, abecedarios… Con este material, ellos solos, por propia iniciativa trabajan. Ellos solos, cuando les apetece, cogen un libro, o un abecedario. Y ellos solos decide cómo van a usarlo, si van a clasificar las letras o si van a formar palabras. Si van a leer un libro, o si van a buscar en él la letra P. Ellos solos, espontáneamente, por propia iniciativa, ya se ponen juegos, actividades y ejercicios.
  • hablarles claro, no hacerles un lío. Llamamos a los deberes deberes (actividad que te ponen desde fuera) y a los juegos juegos (actividad espontánea que surge de uno mismo). También les damos la posibilidad de que nos digan que no a las actividades que les proponemos
  • darles hábitos y normas para usar el material: por ejemplo, los libros no se rompen, ni se chupan, después de utilizarlos hay que guardarlos en su sitio, el rotulador se coge de una manera, las hojas también hay una forma de pasarlas, hay cierto material que solo les dejamos si vamos a poder estar con ellos acompañándoles…
  • reflexionar y formarnos

Qué cosas hacen los niños:

  • escriben solos, jugando o con intención de comunicarse(la carta a los reyes magos)
  • escriben pidiendo nuestra ayuda, para que les digamos con qué letras se pone una palabra, o nos piden que la escribamos para copiarla, o directamente que la escribamos nosotros
  • preguntan constantemente: ¿qué pone aquí? ¿dónde pone eso? ¿qué letra es esta? ¿cómo se escribe…?
  • juegan: a que escriben, o con los abecedarios, con textos que recortan, doblan, pegan…

CONSEJOS:

  • Tener controlado al maestro que todos llevamos dentro. A ese que corrige, que quiere seguir una programación lineal, y al que le encanta enseñar a los demás sacándoles de su proceso de aprendizaje para imponer el suyo.
  • Trabajar para uno mismo, seguir con nuestro proceso para poder dejar que el niño siga con el suyo. Los padres parece que solo nos preocupamos de que el niño aprenda, pero ¿y qué pasa con nosotros? ¿cuando uno es adulto ya no tiene que seguir con su proceso de aprendizaje? ¿nos lo sabemos ya todo?
  • Formarse en el proceso natural de aprendizaje, buscar cómo es, cómo se aprende. Si sabes que un niño para caminar, necesita antes gatear, no te extrañas de que lo haga, lo estás esperando, no te sorprende, reconoces el avance, te da seguridad y confianza en el niño y en su proceso. Buscar historias de niños que aprenden solos, para conocer cómo lo hacen, qué cosas les sirve y qué les dificulta.
  • Buscar apoyo, gente que te ayude a reflexionar, saber cómo se las arreglan los demás.
  • Confiar en el niño: él puede. Si yo, que soy muchísimo menos inteligente que mis hijos, puedo leer un texto y comprender lo que pone, no hay razón para que ellos no vayan a aprender.
 

Cómo trabajamos las matemáticas en casa diciembre 18, 2011

Esta podría ser una entrada corta y fácil: las matemáticas en casa no las trabajamos de ninguna manera. De verdad que no. No ponemos a los niños ningún tipo de actividades, y muchísimo menos organizadas o programadas.

Pero los niños en casa aprenden  ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo se puede facilitar que un niño aprenda matemáticas? ¿Qué ambiente hace falta para adquirir conceptos matemáticos? ¿Cómo trabajo las matemáticas en casa desde el interés del niño? ¿Qué actividades favorecen el aprendizaje matemático? ¿Qué puedo hacer yo para que ellos aprendan matemáticas por sí mismos, sin que nadie les enseñe? ¿Qué necesita un niño para aprender matemáticas por sí mismo?

Antes de empezar a contestar estas cosas, creo que hay que tener claro una serie de cuestiones acerca del aprendizaje:

  • Los niños aprenden solos todo lo que necesitan. Tienen capacidad para ello porque son seres humanos. Cada niño busca su método para aprender, según sus características, sus habilidades, sus capacidades, va buscando y haciendo unas actividades, unos ejercicios, que son exactamente los  que él necesita para aprender. Los niños, son capaces. Son personas completas, perfectas, en su momento de desarrollo. Saben cómo hacer para conseguir nacer, alimentarse, dominar su cuerpo, la abstracción y el lenguaje oral. Estos son aprendizajes mucho más complejos que las matemáticas o el lenguaje escrito.
  • El aprendizaje es un acto social: aprendemos de otras personas. No inventamos el conocimiento cada vez que lo aprendemos, sino que se lo vemos a los demás, y nos quedamos con ello. Necesitamos a los demás. Atención que no he dicho que necesitamos que nos enseñen, porque no es así: necesitamos a los demás para aprender, pero no necesariamente necesitamos que nos enseñen.
  • El aprendizaje es un proceso interno: esto implica, por un lado que va por dentro, y por lo tanto no se puede ver desde fuera. Los de alrededor no tenemos forma de saber lo que sabe o no sabe otra persona. Y también implica que el aprendizaje tiene que hacerlo la persona, los de alrededor no podemos hacer que el otro aprenda, es una cosa que tiene que hacer uno mismo.

Para aprender un niño necesita:

  • Que la actividad nazca de él, necesita que el interés sea suyo, que la actividad tenga sentido para él, que sea suya la iniciativa, motivación intrínseca. Tiene que querer hacer lo que hace.
  • Sentirse seguro, sentirse capaz, no tener miedo.
  • Estar en un entorno donde la gente haga lo que se supone que va a prender.

Teniendo esto presente, ¿QUÉ PUEDO HACER YO CÓMO MADRE PARA QUE APRENDA MATEMÁTICAS? Mi respuesta es que nada: Las va a aprender de todos modos.

Cuando busco en Internet ideas de actividades y juegos para hacer con los niños, tengo el problema de que todo lo que encuentro es contrario a esta forma de ver el aprendizaje. Si quiero favorecer el aprendizaje de las matemáticas, sin imponer nada a mis hijos, dejando que sigan su proceso natural, cuesta mucho encontrar actividades educativas que trabajen así. Prácticamente todo lo que encuentro es para sacar al niño de su proceso y motivarle para seguir el camino que se supone que es mejor para él. No se encuentran actividades diseñadas para trabajar desde esta perspectiva, y me gustaría tener tiempo para poder trabajar en ello, plasmar a modo de receta nuestras “actividades educativas” aún cuando las trabajemos sin intención de enseñar nada. Actividades educativas para niños, sin intención educativa.

A continuación contaré qué es lo que hacemos los adultos que ayuda a que los niños desarrollen su capacidad matemática, y qué es lo que hacen los niños cuando trabajan las matemáticas:

LO QUE HACEMOS LOS ADULTOS:

Lo que hacemos nosotros, los adultos que facilita que los niños aprendan, son fundamentalmente dos cosas:

  • por un lado, trabajamos matemáticas por y para nosotros mismos
  • por otro lado acompañamos al niño en su trabajo con las matemáticas

Un niño rodeado de gente que habla chino, aprende a hablar chino. Un niño rodeado de gente que camina, aprende a caminar. Y un niño rodeado de gente que utiliza las matemáticas, aprende a utilizar las matemáticas.

Así que en casa nosotros trabajamos con matemáticas, porque nos interesa y nos gusta.No trabajamos las matemáticas para que el niño las aprenda.Yo no hablo para que mis hijos aprendan a hablar. Esto es importante, hay un pequeño matiz que marca una gran diferencia. A mí me gustan las matemáticas, y por eso las utilizo, trabajo con ellas, juego a ponerme retos, busco soluciones, hago cursos, pregunto a los de alrededor (¿tú cómo haces para que te de esto? ¿se podrá hacer esto de otra manera?), comparto mis logros con los que me rodean… Si a mí no me gustan, me aburren, me parecen difíciles, y me pongo a trabajar con ellas para que mis hijos las aprendan, lo huelen y huyen. No funciona así. El interés, el entusiasmo, se contagia. No hay intención educativa en lo que hacemos. Hay interés personal. Y los niños, cuando nos ven enfrascados en un tema, por ejemplo, trabajando matemáticas, se interesan también. De forma natural, ocurre.

Concretando, cosas que hacemos:

  • leemos la hora, nos preguntamos qué hora es, hablamos de que hemos quedado en media hora, hablamos de si vamos pronto o tarde, de cuánto queda para ir al parque…
  • manejamos dinero, en mi casa, por suerte tenemos poco, así que necesitamos contarlo. Calculamos lo que nos vamos a gastar, comparamos precios, ahorramos y vamos sumando, gastamos y vamos restando, leemos las facturas…
  • cocinamos, medimos, cosemos….
  • utilizamos material montessori. A mí las matemáticas me han gustado siempre. Pero no me llama la atención ponerme a hacer cálculos, la verdad. Hasta que conocí estos materiales, que me han permitido redescubrir las matemáticas. En principio me interesé por ellos por mis hijos, pero reflexionando sobre esto, me he dado cuenta de que los tengo por mí: porque me gustan, y me alucina ver lo bonitas que son las matemáticas. Mis hijos son pequeños todavía para utilizarlo, y se lo dejo en contadas ocasiones. Saben que se utilizan para calcular, y poco más.  La verdad es que tengo muy poco tiempo para dedicarle. Cuando trabajo con ellos, me coloco en la mesa, y si algún niño quiere se acerca. Le pregunto si quiere él también trabajar y si me dicen que si, se lo coloco. Y si me dicen que no, no pasa nada.

Cosas que no hacemos:

  • No les motivamos. Ellos ya tienen motivaciones, intereses, iniciativa. No les quiero sacar de ahí, para hacer que les interese otra cosa.
  • No preparamos actividades para ellos. Son actividades en principio para mí.
  • No les queremos enseñar. En esta actividad, yo me centro en mi aprendizaje. A él le sirve que yo trabaje para mí, le da ejemplo, le puede producir algún interés, ve cómo se utiliza el material, ve que el trabajo y el aprendizaje no acaba nunca…. pero no son para enseñarle a él nada. Son para trabajar yo.

Esto en cuanto a nuestro propio proceso de trabajo con las matemáticas. En cuanto al proceso del niño, propiamente dicho:

El niño tiene preguntas, hace suposiciones y necesita comprobarlas. Que no haya enseñanza no significa que aprenda por inspiración divina: hay veces que necesita ayuda y respuestas. Y necesita sentirse acompañado en su proceso, sentir que no está solo, no está abandonado. Necesita saber que me importa su trabajo, que tiene un valor, que lo apoyo. Atención, porque en ningún momento he dicho que el niño necesite que se le juzgue su trabajo: necesita que se le valore, no necesita que yo le diga que lo hace bien. Valorar su trabajo no significa lo mismo que ponerle buena nota. Que yo juzgue su trabajo no le beneficia, le perjudica.

El niño sabe que se valora su trabajo, porque hacemos que este sea posible, porque nos tiene a su disposición, porque me lo tomo como algo importante (porque es importante), porque le busco material, porque si no sabemos algo lo busco…..

El niño cuando trabaja, lo hace por placer, porque es lo que le pide el cuerpo, porque lo necesita, porque juega. Que yo le diga “qué bien sumas” no le aporta nada positivo. Le hace dependiente de mi juicio, le hace entender que hay una forma de hacer las cosas bien, y por lo tanto las cosas le pueden salir mal; implica una concepción del aprendizaje, no como un proceso, sino como algo que tiene un final… Valoro su trabajo sin juzgarlo.

Concretando, cosas que hacemos:

  • Colocarnos detrás del niño, nunca delante. El niño sabe en qué momento está y qué tiene que hacer para avanzar, yo no. Si yo me adelanto a él para llevarle por un camino que a mí me interesa que recorra, tengo muchas posibilidades de equivocarme, de hacerle un lío, de romper su proceso.
  • Responder únicamente a sus preguntas. Para no adelantarme, no contesto a más cosas de las que me preguntan. Preguntan muchísimo. Ante la duda, le contesto de menos y él ya me pregunta otra vez. O le pregunto: ¿me estás preguntando cuánto me da a mí 5+5?
  • Ofrecer. Lo que a mí me parece interesante para él, se lo ofrezco, y él tiene libertad de cogerlo o no. Si le veo que calcula y no le dan los dedos, le pregunto ¿quieres que te deje una mano mía? ¿quieres que te saque el multibase?
  • Dejarle claro que me puede decir que no. Tengo una relación con ellos en las que tienen muy claro que su trabajo es suyo, no mío ni para mí, trabajan para uno mismo. Si me inmiscuyo en él, pueden decirme que no. Yo puedo marcar las normas, o el tiempo, pero no me meto dentro de su trabajo.
  • Tener claro el concepto “deberes”. En casa hemos introducido el concepto deberes, para hablar del trabajo impuesto desde fuera. Y nos ha sido muy útil. Alguna vez que le he ofrecido algún trabajo mi hijo me ha dicho: “no gracias, eso son deberes”. Las cosas claras: el trabajo que nace de uno, es un juego, el que te imponen desde fuera (aunque pueda parecer un juego) son deberes.
  • Cuidar el entorno en el que están los niños: proporcionarle gente que trabaje a su lado, buscarle cosas que le puedan interesar y servir, tener material en buenas condiciones, ordenado, limpio…
  • Poner a su alcance materiales: trabajando el material montessori se desarrollan capacidades matemáticas, por lo que este material lo tienen disponible. Si quiero que lea, tengo a su disposición libros, si quiero que sepa inglés, me busco la vida para que escuche inglés. Como quiero que trabaje matemáticas, le pongo en contacto con material matemático.
  • Defenderle del juicio externo.
  • Darles unos hábitos, unas normas. A mi hijo de año y medio, no le dejo el material porque se lo mete en la boca. A los otros, después de usarlo les hago recogerlo. El material no les dejo que lo lanzan por los aires. Hay veces en las que no les dejo usarlo, si hay mucho desorden, si nos vamos a ir, si no voy a poder estar disponible para ellos….
  • Reflexionar todo el tiempo acerca de mi relación con ellos, cuánto lo hago porque es bueno para ellos, cuánto lo hago con intención de enseñar, ¿les estoy apartando de su interés? ¿qué necesitará ahora?
  • Formarme: en los materiales, haciendo cursos, buscando historias de niños que aprendieron solos para ver cómo lo hicieron y en qué condiciones,…

Cosas que no hacemos (o que no queremos hacer, porque a veces nos descubrimos…):

  • Ponerle deberes, adelantarnos a sus intereses, intentar enseñar, planificar actividades, juzgar su proceso, evaluar constantemente lo que sabe y lo que no…

LO QUE HACEN LOS NIÑOS:

Trabajan constantemente, aunque los adultos no sepamos reconocer su actividad como trabajo. Las actividades que enumero a continuación, son juegos que hacen mis hijos en los que reconozco trabajo matemático. Esto no quiere decir que sea así de la única manera en la que trabajan, imagino que haya muchos otros trabajos de los que no soy consciente. Estos juegos parten siempre de ellos, se los ponen ellos así mismos:

  • Clasifican y relacionan: por colores, por tamaños, por preferencias, por propietarios… los muñecos o los coches, o las letras de los ábacos, o los números de la pizarra magnética. Relacionan al unir cada calcetín con su pareja cuando guardan la ropa limpia, y cada pareja con su dueño.
  • Ordenan: colocan a los muñecos de grandes a pequeños, o al revés. Se colocan ellos así mismos, de mayor a menor o al revés. O ordenan primero los muñecos que más me gustan y luego los que menos. Van ellos poniendo criterios diferentes para ordenar cosas diferentes.
  • Cuentan: vivimos en un quinto sin ascensor. Suben 5 pisos, dos tramos cada piso, y los tramos tienen 8 escaleras. Cuentan en español y en inglés, para delante y para atrás.
  • Reconocen números: por la calle, en libros, por todas partes. Les gusta especialmente encontrarse con su número de años. El 3 y el 5. El que ve uno, pega un grito de alegría.
  • Hacer series: con las construcciones, o con los muñecos…
  • Leen números: últimamente al mayor le ha dado por leer la hora “son las dos, uno, punto, punto, tres, cinco”, le gusta mucho, y ya puedo pedirle que vaya a mirar qué hora es, lo mira y me lo dice.
  • Preguntan, todo el tiempo, constantemente: ¿y si comemos tres magdalenas cada uno cuantas quedan en la bolsa?
  • Suman y restan. Por que sí, “dos y dos son cuatro” o en un contexto, en una situación en concreto. Al mayor le gusta mucho, y lo hace con los dedos. Le he ofrecido otro material, pero los dedos es lo que más le gusta: pone, quita y cuenta. Alguna vez le he ofrecido una mano mía para tener más dedos, y eso sí lo ha aceptado. Tenemos en casa un cuaderno de operaciones, y lo hace pero mentalmente, no escribe los resultados porque así le dura más el cuaderno. Se sienta con él delante, mueve dedos y cuenta, murmura números, y cuando se cansa se lo guarda. Y también piensa mucho en situaciones hipotéticas para calcular “Ahora somos 5, pero si hubiéramos dos hermanos más…”
  • Repartir: les encanta, lo reparten todo. Si tienen una bolsa de caramelos, los reparten entre ellos, luego piensan que también nos van a repartir a nosotros, entonces vuelven a hacer el reparto, ¿a cuántos tocaban antes? ¿y ahora? ¿y si viene un amigo?. O jugando, Luis coge sus muñecos, sus armas y les reparte el armamento. Solo quiere dos espadas por muñeco, así que las demás sobran. O les regalan unas pegatinas, pues pega una cada uno, y luego otra vez, y luego otra vez. Sobran dos, ¿cómo las repartimos entre los tres?
  • Cocinan: les gusta mucho, cocinar y poner la mesa. Relacionan, 5 personas, 5 platos. Si yo como dos huevos, y papá come 2 huevos, y él come un huevo… Además, como yo no tengo memoria necesito tener las cantidades apuntadas por escrito, así que cuando cocino algo necesito la receta.
  • Miden y pesan: les encanta. Si les dejamos un metro o la báscula, lo miden y pesan todo. Y preguntan todo el tiempo ¿cuanto mide…? ¿cuánto pesa…? ¿quien mide más…? ¿y si lo coloco así…?
  • Cosen: para que me dejen coser a mí, he tenido que prepararles un costurero a cada uno. Cuando me pongo yo, a veces quieren ellos también.
  • Se bañan en la bañera: y mientras, todo el tiempo mueven el agua de sitio y lo traspasan de un recipiente a otro.
  • Compran y manejan su dinero: preguntan ¿cuánto dinero tengo aquí? ¿con esto me da para un chicle? ¿y para dos? ¿y para un chicle y un regaliz? ¿y con lo que me sobra me da para…? ¿y cuánto me falta para…? ¿y quién tiene más, ella o yo?
  • Llaman por teléfono: y quieren ser ellos los que marquen el número, así que se lo dictamos y ellos marcan. Hace poco he apuntado los números más frecuentes en la nevera. Ahora a veces los miran de allí, y otras veces nos piden que se los dictemos.

Además hay una serie de juegos (o deberes, la verdad, deberes entretenidos) que han partido de nosotros los adultos, que se los hemos ofrecido y ellos han aceptado:

  • Se cogen un puñado de cositas pequeñas, por ejemplo, 5 garbanzos. Se le muestran al niño: tengo 5. Se llevan las dos manos a la espalda, se reparten los garbanzos entre las dos manos y se le muestran los puños al niño. Se abre una mano, si aquí tengo 3 garbanzos, ¿Cuántos tengo en la otra mano? y se comprueba. Se puede hacer con 3, con 10, depende del niño.
  • Una persona es la banca, tiene el multibase, y los demás juegan. Se tira el dado, salen 5, pues la banca le da 5 unidades. El siguiente tira, y así se van añadiendo unidades. Gana el que llegue a 100, o a mil. Por el camino se pueden ir haciendo cambios.
  • Y varios juegos de mesa: parchís, oca, uno, dominó…

Esto que he descrito aquí no es un método para aprender matemáticas, esto es el método que utilizan mis hijos para aprender matemáticas y que viene determinado por cómo son ellos, por lo que ellos necesitan, y por el entorno en el que están. Es lo que a ellos les sirve, lo que ellos nos van pidiendo, y lo que nosotros podemos darles. Cada familia tiene que buscar su manera de hacer las cosas.

CONSEJOS:

  • Tener controlado al maestro que todos llevamos dentro. A ese que corrige, que quiere seguir una programación lineal, y al que le encanta enseñar a los demás sacándoles de su proceso de aprendizaje para imponer el suyo.
  • Trabajar para uno mismo, seguir con nuestro proceso para poder dejar que el niño siga con el suyo. Los padres parece que solo nos preocupamos de que el niño aprenda, pero ¿y qué pasa con nosotros? ¿cuando uno es adulto ya no tiene que seguir con su proceso de aprendizaje? ¿nos lo sabemos ya todo?
  • Formarse en el proceso natural de aprendizaje, buscar cómo es, cómo se aprende. Si sabes que un niño para caminar, necesita antes gatear, no te extrañas de que lo haga, lo estás esperando, no te sorprende, reconoces el avance, te da seguridad y confianza en el niño y en su proceso. Buscar historias de niños que aprenden solos, para conocer cómo lo hacen, qué cosas les sirve y qué les dificulta.
  • Buscar apoyo, gente que te ayude a reflexionar, saber cómo se las arreglan los demás.
  • Confiar en el niño: él puede. Si yo, que soy muchísimo menos lista que mis hijos, sé multiplicar, no hay razón para que ellos no vayan a aprender.
 

Trabajar desde el interés: “encontrad lo que amáis” diciembre 14, 2011

Filed under: aprendizaje,deriva personal,educacion — seeducansolos @ 22:07

Últimamente me llegan cosas interesantes a través del facebook.

El siguiente enlace es de un artículo en el que se habla de un discurso que dio Steve Jobs a unos graduados hace unos años:

http://www.elpais.com/articulo/tecnologia/Encontrad/amais/elpeputec/20111006elpeputec_5/Tes

En él viene a decir que la vida solo se vive una vez, y que no tiene sentido dedicarla a hacer cosas que no te gustan. Anima a trabajar desde el interés personal de cada uno, a ocuparnos de aquello que nos motiva, y pone como ejemplo su propia vida. Cuenta cómo, moviéndose gracias a sus intereses personales, a trabajar en sus aficiones que no tenían sentido, es como se realizó en la vida. Habla acerca de lo importante que es la formación, en general, no especialmente la formación escolar. Habla de que cuando uno sigue su deriva personal, esta le lleva por caminos insospechados, que solo tienen sentido si echas la vista atrás, pero que no tienen lógica en el día a día. Habla de cómo una persona que trabaja desde su interés puede buscarse la vida para continuar haciéndolo, puede buscar la manera de salir adelante, de como se aprovecha de las cosas que salen mal para poder seguir creciendo.

Y no concreta, pero da la impresión de que este camino, este recorrido, el trabajar desde su interés, solo lo pudo hacer una vez que dejó la escuela, una vez que se “desescolarizó”. Eso nos pasa mucho a los adultos. Una vez que dejamos la etapa escolar, podemos permitirnos trabajar en lo que quedamos, trabajar ya por fin desde nuestro interés. ¿Porqué no les dejamos a los niños hacer lo mismo? ¿porque se acepta sin problemas que los adultos tenemos diferentes capacidades y intereses pero no podemos aceptarlo en los niños? ¿Porqué no pasa nada si hay adultos que nunca han ido en avión, o no saben inglés, o no manejan internet? La diversidad es normal en los adultos, ¿Por qué no lo vemos normal en los niños? ¿Por qué a ellos sí les uniformamos con un programa?

 

Trabajar desde el interés: los romanos diciembre 3, 2011

Filed under: deriva personal,Educación Creadora,reflexion personal — seeducansolos @ 15:24

TENER INTERÉS
Las personas, tengan la edad que tengan, tienen intereses propios. Lo normal es que a una persona le interesen varias cosas a la vez, aunque hay gran variedad de posibilidades:

  • Hay a quien le interesa sobre todo una única cosa, y luego tiene otros intereses secundarios, cosas que le gustan pero que le importan un poco menos. Personas con muchos intereses, pero con uno que predomina por encima de los demás durante largo tiempo.
  • Hay a quien le interesan muchísimas cosas a la vez, y va picando un poco de cada una, como puede. Personas con muchos intereses, relacionados entre sí, o no, y trabaja en varios a la vez.
  • Hay personas que tienen un interés que predomina sobre los otros, y este interés va evolucionando, y le va llevando de una cosa a otra. Un interés principal, y prácticamente único, pero que va cambiando poco a poco con el paso del tiempo, se va trasformando.
  • Hay quien conserva un interés durante toda su vida, aunque luego trabaje también en otros que son los que van cambiando. Personas que conservan un único interés principal, y en cambio tiene intereses secundarios que van cambiando.
  • Y también existen todas las posibilidades intermedias de las anteriores.

A mi hijo mayor, de 5 años recién cumplidos, le interesan muchísimas cosas. En casa trabaja y juega con cosas muy diferentes, se entretiene con variadas actividades. Le gusta pintar, modelar, ir a los columpios, a la playa, al colegio, jugar con amigos, ir a cualquier parque, a los columpios, ir al pueblo o de picnic, jugar con los playmobil, con material matemático, con construcciones, ver películas, charlar, que le cuentes cuentos o cualquier otra cosa, trabajar la huerta, jugar con sus hermanos, ir de excursión, que le leas, leer él solo, ir a exposiciones, ir a casa de otras personas, estar con sus abuelas, cocinar, ir a comprar, recortar,…… Tiene muchos intereses.

Mi hijo es de esas personas a las que les interesan muchas cosas a la vez, pero trascurrido un tiempo largo, mirando hacia atrás podemos ver que hay un interés que le ha acompañado a lo largo de toda su vida: le gustan los romanos. Para poder ver un interés así, como el que voy a mostrar a continuación, se necesita tiempo, se necesita tener una cierta perspectiva para poder ver la relación entre ciertos elementos. En el día a día es difícil apreciar el trabajo y la evolución de un niño: parece que no hace nada, que pierden el tiempo, que solo juegan. Pero estando atentos, y habiendo una cierta distancia, un recorrido, se pueden ver conexiones entre distintas actividades, se puede analizar la relación entre las diferentes actividades, y se aprecian procesos largos.

Este interés por los romanos no sabemos cuándo comenzó. No nos acordamos. Pero sí sabemos de dónde viene, de donde procede: a su padre le encanta la historia.

Su padre es una persona normal, con sus intereses. Y esos intereses los comparte con las personas con las que convive. Es fácil que cualquiera que le conozca, haya tenido alguna conversación con él sobre historia. Y a los que vivimos con él nos ocurre lo mismo. Una película que ve, o un libro que lee…. si le gusta nos lo cuenta. Comparte sus intereses con los demás, no por enseñar nada a nadie, sino porque es lo normal, el que hables con la gente de tu alrededor de las cosas que te gustan, que te apasionan, en las que trabajas. Es así como las personas se influencian una a las otras.

A mí la historia no me gusta especialmente. Le escucho cuando me habla de la Edad Media y de cosas relacionadas con la historia, y me gusta que me cuente sus cosas, pero al momento lo olvido. Y ahí queda todo. Disfruto con ello, pero no me genera nada más.

Pero con Luis no ocurre eso, con él ha sido diferente: a él le ha enganchado. El interés de su padre se le ha contagiado. Pero no le ha enganchado la Edad Media, ni la prehistoria, ni la historia en general: a él lo que le ha apasionado han sido los romanos.
A continuación intentaré exponer a dónde le ha llevado este interés, y cómo lo ha trabajado.

DISFRAZ DE ROMANO:

No recordamos cómo empezó todo, no sabemos si leyendo libros, contando historias, con alguna película….. Pero una de las primeras cosas en las que trabajó Luis relacionada con los romanos fue en la construcción de un disfraz. Una tarde, ya casi de noche, llego a casa y me encuentro al padre y al hijo completamente emocionados: “¿A qué no sabes lo que hemos hecho hoy”? Habían construido un disfraz de romano. No sé por qué razón, el padre le había propuesto ¿”Qué te parece si hacemos un disfraz de romano?” y Luis abrió unos ojos como platos. Tenía unos 2 años. Y se pusieron a ello. Lo de menos es el disfraz, porque realmente el resultado no se parece en nada a la vestimenta de un romano. Lo que importa aquí es jugar a vestirse de romano, sentirse como un romano, no parecer un romano. Lo importante es uno mismo: el niño trabaja para sí mismo, no para que los demás le reconozcan como un romano. Es un juego de uno mismo, no es para los demás.
Lo hicieron con el material que había por casa: con unas camisetas viejas, se recortaron una capa. Con cartón hicieron una espada y un escudo. Y lo más difícil, el casco, también lo hicieron con camiseta, recortando los flecos, y pegando las piezas con cinta americana.


LIBROS


En casa tenemos muchos libros, muy variados. Y cuando nos dimos cuanta de que existía este interés por los romanos, empezamos a regalarle libros de romanos. Le regalamos libros muy a menudo, de este y de otros temas: porque sí, por su cumpleaños o por navidad, le caen libros. Tiene muchos. Pero no le compramos cualquier libro: tiene que reunir una serie de condiciones. No nos sobra el dinero, y los libros para niños pequeños desde nuestro punto de vista aportan muy poco. Procuramos comprarle libros que de verdad tengan información, que tengan contenido, que sean buenos. Libros serios. Con los años se ha juntado con una buena biblioteca, tiene libros muy variados: con mucho texto y poca ilustración, con muchas ilustraciones y poco texto…..


A él le gustan mucho, y los hojea a menudo él solo. Y también los vemos juntos, nos hace preguntas, y le leemos las partes que nos pide. Dentro de los libros que tiene, él tiene sus favoritos, los que maneja más que otros: tiene su criterio y los selecciona. Además si quiere mirar una cosa concreta, sabe en qué libro tiene que buscarla. Y también los relaciona entre sí, sabe que en este hablan de las armas, y en este también, que aquí hay dibujos de esto, y en aquel libro también aunque peor explicado….
Como a su padre le gusta más la historia que a mí, su padre sabe más cosas de romanos que yo, y a su padre le gusta más ver estos libros con él que a mí, así que los suelen leer ellos dos juntos. Charlan y charlan, los comparan, comentan, contrastan información, una y otra vez, una y otra vez…. Pero cuando no está su padre con él, se conforma con que esté yo. Y conmigo también charla y charla, me pregunta, me pide que le lea, pero sobre todo lo que hace es contarme, él a mí, las cosas que le llaman la atención, lo que le ha contado su padre o lo que han leído juntos. Me explica cantidad de cosas, de las que yo no tenía ni idea.


Y cuando viene alguna abuela a casa, hace lo mismo con ellas “¿Abuela, quieres que te enseñe un libro que tengo?” y se lo enseña mientras le explica todo lo que allí pone: “Mira, este es Augusto, y este César, como el vecino de abajo (que se llama César), y esto es Roma, y aquí luchaban gladiadores, y esto en un león que traían de África, y con esto se limpiaban el culo porque no tenían papel higiénico, y este es un legionario romano…..”
Cuando tratas a las personas de tu alrededor como personas, no como a gente pequeña que no sabe, o a gente mayor que sabe mucho, el interés se contagia y crece. De forma natural, sin intención de enseñar nada a nadie, hay aprendizaje por todas partes: Luis aprende de su libro y de su padre, yo aprendo del libro y de Luis, y las abuelas aprenden del libro y de su nieto. Pero para que esto tenga lugar en necesario tratar con personas, no con gente que es más o menos que tú.

 

ASTERIX Y OBELIX


Como le gustaban los romanos, nosotros pensamos en cosas relacionadas con romanos que le podrían interesar para acercárselas, para ofrecérselas. Hasta ahora, nos ha dicho que sí a todo lo que le hemos ofrecido, aunque luego, a la hora de trabajarlo, hay cosas que le han gustado y ha continuado con ellas, y hay actividades que no le han gustado y ha abandonado. Se las ofrecemos sin compromiso. Es su trabajo, luego es él el que toma las decisiones.
Un día le pusimos una película de Asterix y Obelix. Al  principio, cuando tenía unos dos años, no le gustaron nada, porque los romanos salen como perdedores: “Pero, ¿Qué romanos son estos? ¿Qué les pasa? ¿Son tontos?” decía el pobre. Cuando fue un poco mayor, ya con unos 4 años, ya le hicieron más gracia y veía las películas como otra cualquiera. Y ahora con 5, le gusta relacionar las cosas que sabe con lo que ve que hacen: la formación en tortuga, las armaduras, los dioses y edificios, la forma de organizar y construir los campamentos romanos…
En casa tenemos también los cómics, pero están escritos en inglés. Los hemos visto, y nos ha pedido que se los leamos, pero yo tengo un gran problema con el inglés. A él le hace gracia, ver que no entiendo nada, que casi no puedo leer aquello…. y la verdad es que le gusta que le lean en inglés. Esto nos ha llevado a acercarle otros cómics, ya en español, sobre romanos y sobre otros temas.


Un interés abarca muchos aspectos de la vida, está relacionando con otras muchas cosas. Si se trabaja este interés, va creciendo, te va llevando a intereses diferentes que no tienen porque estar relacionado a priori: en este caso, el interés por los romanos nos lleva al interés por el inglés, y por los cómics. El recorrido que se sigue al trabajar desde el interés, muchas veces, desde fuera, parece no tener ninguna lógica.

 

PELÍCULAS:
A Luis le encanta ver películas. Y su forma favorita de verlas es, por la noche, cuando sus hermanos ya se han dormido, se queda con su padre o conmigo solo. Es su momento de niño mayor, de tenernos en exclusiva, y lo disfruta mucho. Mientras ve películas así, habla muchísimo, de lo que ve, lo relaciona con lo que ya sabe, y hace muchas preguntas acerca de todo. Constantemente pide explicaciones que a nosotros nos encanta darle. Es una maravilla charlar con él así. Hemos visto películas muy variadas, para niños y para mayores. Hay muchas películas de romanos que están muy bien, a nosotros nos gusta Gladiator, la última legión, Arturo…
Muchos intereses están relacionados y se combinan: en este caso, si te gustan las películas, y te gustan los romanos, es fácil que te gusten las películas de romanos

 

SALIDAS:

Nosotros somos bastante caseros, aunque de vez en cuando claro que nos gusta salir, visitar sitios, hacer excursiones, ir de picnic. Y al conocer este interés, se nos ocurrieron un montón de sitios a donde podíamos llevar a Luis que igual le gustaban. Estas salidas se hicieron sin intención educativa: el objetivo de las mismas no era ir y aprender cosas de romanos, el objetivo era pasar un tiempo en familia, viendo cosas que podían resultarnos interesantes. Es como si te gusta la playa, que vas a la playa, no con intención de aprender, solo con intención de disfrutar.
Estas visitas comenzaron por casualidad:

DESFILE Y MERCADO:


Un día, como muchos otros salimos a dar un paseo. Solemos pasear por nuestra ciudad, casi siempre por la misma calle. Y por ahí íbamos cuando vimos a lo lejos, dos calles más allá, en un parque, adornos, ruido, música, tenderetes… Nos acercamos a ver qué era, y aquello estaba lleno de romanos. Varias veces al año, coincidiendo con alguna fiesta, en mi ciudad se hacen mercados artesanales con temáticas diferentes: mercado medieval, mercado marinero….mercado romano.


En años posteriores hemos vuelto a verlo, ya a propósito, no como esta primera vez. Nos gustan mucho. Además de los puestos, hay pequeñas exposiciones y exhibiciones. A lo largo de estos años hemos visto: cómo se pintan los frescos de las paredes, una exhibición de caza, cómo se hacen los ladrillos, armaduras, armas, cómo hacen las cazuelas…..
Tras esta visita casual del primer año, estábamos esperando a un semáforo para cruzar y salir del parque, cuando nos fijamos que casi no había tráfico, y había demasiada gente esperando en las aceras. Preguntamos y nos explicaron que poco después iba a haber un desfile. A los pocos minutos desfiló delante de nosotros toda una legión romana.
Cuando una persona tiene un interés, se lo encuentra por todas partes. Está más atento a ello, se fija en aquello que le gusta, y “casualmente” abundan situaciones en las que puede trabajarlo. En este caso fue exagerado, no es normal que te gusten los romanos y que al salir de casa te cruces con una legión romana, pero ocurre.
El desfile fue con motivo de una fiesta que se celebraba en un pueblo la semana siguiente: las guerras cántabras.

 

GUERRAS CÁNTABRAS:
Después de esta casualidad tan enorme, ya nos informamos sobre las actividades que había programadas, y a la semana siguiente le llevamos a las Guerras Cántabras. Es una fiesta que celebran en un pueblo cerca de dónde vivimos. Esta fiesta ha ido creciendo poco a poco con los años, y hoy en día todo el pueblo está implicado. Montan un campamento romano, un poblado cántabro, representan pequeñas escenas históricas, está el mercado romano, con sus exposiciones y exhibiciones….
Más información sobre esta fiesta en:
http://www.guerrascantabras.net/scripts/index.php

 

POBLADO CÁNTABRO:

En vista del éxito de las excursiones anteriores, fuimos de visita a un poblado cántabro. En la visita te enseñan el poblado, tienen huertos y algunos animales, las casitas…. Fuimos a este:

http://pobladocantabrodeargueso.blogspot.com/

Luis estuvo bastante aburrido toda la visita, y prestó poca atención a las explicaciones de las costumbres y modos de vida de los cántabros. Pero cuando la guía comenzó a hablar de la guerra con los romanos, y comentó cómo se construían las armas, abrió unos ojos como platos.

Su interés por los romanos le llevó a interesarse por los cántabros, pero cuando supo sobre ellos todo lo que necesitaba, perdió el interés para volver a su interés anterior. Esto, en este caso, fue así, pero podía haber sucedido de otra manera. Nunca puedes saber qué va a ocurrir: en todo momento es el niño el que decide, y al niño le guía su necesidad, su interés, su curiosidad.

JULIÓBRIGA:

También fuimos a ver el yacimiento romano de Julióbriga, donde además de las ruinas de una pequeña ciudad, hay una iglesia mucho posterior, y una reconstrucción de una domus, con su patio y sus habitaciones:

http://www.cantabriajoven.com/arte/index_juliobriga.html

Yo pensaba que esto le iba a gustar, ya que no deja de ser estar en una casa de romanos, pero me equivoqué, no le gustó nada. Pasó por allí sin pena ni gloria. En cambio, cuando terminamos la visita se interesó mucho por la iglesia, y al acercarnos tuvimos mucha suerte porque estaba el párroco por allí, y viéndonos interesados, nos la abrió y nos la enseñó por dentro.

Cuando a alguien le ofreces algo que responde a su interés, no se puede prever su reacción, ni lo que va a ocurrir. Al trabajar desde el interés se pierde por completo el control. Nunca puedes prever lo que va a ocurrir, lo que va a aprovechar de las situaciones, a dónde le va a llevar su interés.

 

CAMESA:

 

En mi comunidad hay otro yacimiento romano:

http://www.cantabriarural.com/detail.php?Elem_ID=745&AD_ID=4

En este se ven los cimientos de otro edificio, con sus habitaciones y sus baños. Posteriormente se construyó encima una iglesia y un cementerio medieval, por lo que se entremezclan los restos y las construcciones.

Pocos días antes de ir, le habíamos regalado un libro (de romanos) y estaba tan contento con él que le llevaba a todas partes debajo del brazo. Era para verlo, todo serio y formal con su libro debajo del brazo….

Esta visita yo pensé que no le iba a gustar, porque al fin y al cabo solo se ven ruinas…. Pero me equivoqué otra vez. Le gustó muchísimo.

Antes de pasar a ver las ruinas, hay una exposición y unos paneles informativos. Nos hizo leérselos todos, escuchaba atentamente, hacía preguntas, comentaba cosas, nos hablaba de su libro y de otros que dejó en casa…También tienen unas piedras enormes con inscripciones, que también nos pidió que se lo leyéramos. Al escuchar nos interrumpió con un grito: “¡Augusto! ¡Ese es el romano que estuvo en mi pueblo!”. La gente lo miraba alucinada.

La gente se sorprende de ver un niño tan pequeño que sabe tantas cosas sobre esto. Pero esto no es sorprendente: esto es normal. La mayoría de la gente, no sabemos, ni siquiera sospechamos, la enorme capacidad que tiene el ser humano.

Las ruinas le gustaron mucho. Ya acabando la visita, lo último que te enseñan es el cementerio. A una de las tumbas le faltaba la lápida y se veía un esqueleto. Le encantó, se quedó sorprendidísimo. Al volver a casa nos pidió jugar con Huesitos, un esqueleto de juguete que le trajeron los Reyes Magos, y con el que juegan a montarle y desmontarle.

Otra vez vemos como los intereses se relacionan de manera muy poco lógica, ¿quién podía imaginar que el interés por los romanos te lleva a tener interés por el inglés? ¿Y que el interés de los romanos te puede llevar a tener interés por el cuerpo humano?

Hay personas reacias a dejar que los niños trabajen desde su interés. Una de las razones que dan es que entonces solo trabajarían en aquello que les guste, y tendrían muchas lagunas y carencias. Esto es falso. En la vida, todo está relacionado. Un niño que trabaja en el mundo en el que vive (no aislado del mundo), rodeado de otras personas que trabajan y que también tienen sus intereses, no puede tener lagunas o carencias.

Para poder permitir que un trabajo así, desde el interés se desarrolle, es necesario:

–         Saber que se puede, haberlo visto antes, tener una formación

–         Tener confianza en el niño, saber que el niño puede aprender por sí mismo, verle como una persona completa, no como a un proyecto de persona

–         No esperar nada, no tener expectativas, no querer que aprendan nada determinado. No se puede tener una programación ni unos objetivos, porque entonces, aunque no te des cuenta, manipulas para intentar conseguirlos.

–         Colocarse detrás del niño, atento a lo que necesita. No adelantarse. Que el niño aprenda por sí mismo no quiere decir que lo haga solo: necesita saber que está acompañado, que está protegido.

–         Tener un entorno, tener un grupo, estar rodeado de otras personas que trabajan para sí mismas, tener influencias. Necesita estar con gente, diferente haciendo cosas diferentes.

 

CAVE CANEM:

Un día, leyendo un libro, llegamos hasta los mosaicos, qué eran, cómo se hacen….y su padre le propuso hacerse uno. Él quiso uno como este:

Hablamos de lo que significa y para qué se usa, y comenzó a construirlo: hizo el dibujo, le escribimos las palabras y lo pegamos en una cartulina. A los pocos días comenzó a pegar piedrecitas, pero se cansó y lo dejó. Aprendió un montó un de cosas nuevas, y llegó a la conclusión de que “los romanos tenían mucha paciencia”.

Su hermana vio esto: las piedrecitas, las letras… y ella nos pidió también hacerse uno: nos dijo que le escribiéramos en un cartón su nombre (le encanta verle escrito) y ella también se puso a pegar piedras. No había cumplido todavía los 3 años. Ella sí terminó el trabajo que se había propuesto, y cuando acabó, los dos hermanos discutieron qué iban a hacer con el trabajo. Al final lo pegaron en un palo, a modo de bandera o estandarte, y se pasaron toda la tarde desfilando con su bandera.

El no haber terminado el trabajo no le supone ningún problema: estaba contentísimo con su mosaico, y se lo contaba a todo el mundo: “Me he hecho un cave canem”. La gente le preguntaba qué era eso, y él daba explicaciones a todo aquel que quisiera escucharle.

El trabajo se lo pone él, y es para él. No es para los demás. Él toma las decisiones acerca de su trabajo, de dónde a dónde va, y hasta dónde llega.

 

PLAYMOBIL:

Mi hijo es un niño normal y corriente: no se pasa el día trabajando y estudiando tal y como los adultos entendemos el trabajo. Desordena, ensucia, se pelea con sus hermanos, a veces no hace caso de lo que le decimos,…y pasa mucho tiempo jugando.

Uno de sus juguetes favoritos son los playmobil. Tiene de muchos tipos: piratas, conductores, ciudadanos podernos, caballeros… y también tiene romanos. Pasa horas y horas jugando con ellos. Los coloca, los ordena, les reparte las armas, les hace casitas, los embarca, hace campamentos, se camuflan, luchan, conquistan territorios, los mezcla, los clasifica… Juega con los juguetes y con los conocimientos que tiene: organiza los campamentos de una determinada manera, no le da cualquier arma a cualquier romano, en las batallas los coloca como él sabe que luchaban…

 

SANDALIAS:

Me parece importante que haya más gente con la que se relacionen nuestros hijos, no solo con sus padres, que tengan más adultos de referencia que apoyen su aprendizaje. Tenemos lo gran suerte de contar con ello.

En el colegio de Luis hay personas que conocen este interés, y le ofrecen cosas. El año pasado, una madre del colegio al que vamos le enseñó unos clavos auténticos de sandalia romana. Esto nos llevó a fijarnos más y releer los libros para fijarnos en el calzado, diferentes calzados de diferentes romanos, el porqué hacen falta los clavos, las calzadas romanas….

 

JUEGO EN FACEBOOK:

En facebook hay un juego que consiste en construirse un pueblecillo romano. Yo jugué con él una temporada. Cuando me veía con ello, se acercaba y me preguntaba: “¿Qué tal tus romanos?” Charlábamos un poco de ello (cuánto tarda en construirse el circo, qué tal la última batalla, puedes con esos bárbaros…) y se volvía a hacer cualquier otra cosa.

 

LATÍN:

Al trabajar así, poco a poco se va encontrando palabras en latín, y le verdad es que ya tiene bastante vocabulario: cave canem, domus, pilum, scutum, lupus beli, amicus, gladius, centurio, legionarius, caesar, Roma, toga, Augustus…

 

CONCLUSIÓN:

Esto que he descrito aquí, no son un conjunto de actividades para trabajar un proyecto. Hay gente que sabe que los niños trabajan muchas cosas si las trabajan en torno a un tema, es decir, que se aprenden muchas cosas si se trabaja por proyectos. Pero esto no es un trabajo por proyectos.

Esto es lo contrario. En ningún momento nadie, ni siquiera el niño, se planteó hacer un proyecto sobre nada: los niños no trabajan por proyectos. Los niños trabajan. Solo después de un proceso largo se puede llegar a ver la conexión entre los diferentes trabajos, entre las diferentes actividades que hace un niño.

Este proceso ha tenido lugar porque el ambiente en el que vive Luis le permite desarrollar sus intereses. El mérito de todo esto lo tiene únicamente el niño. Ha trabajado a su ritmo según sus necesidades, sus capacidades y sus intereses, con respeto a su proceso. Y todo ha sido para él un juego. Estas son palabras que se utilizan a menudo para describir actividades que son en esencia todo lo contrario de lo que aquí he expuesto.

Aquí no hay programación, no hay enseñanza, no hay intención educativa, no hay nadie que se coloca delante del niño, no hay desconfianza en el niño ni en sus capacidades, no hay paternalismo, no hay motivación extrínseca. Aquí hay aprendizaje, hay educación, hay personas que acompañan al niño, hay crecimiento, hay confianza en los demás, hay influencias entre personas, hay motivación intrínseca, hay capacidad de trabajo.

 

 
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