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Blog sobre aprendizaje, crecimiento…

Actividad educativa: contar cuentos agosto 1, 2012

En esta entrada presento otra actividad, sin mucha intención educativa. En esta actividad, el adulto cuenta un cuento, y el niño escucha.

Para poder llevar a cabo esta actividad, es imprescindible que el adulto quiera contar el cuento, y que el niño quiera escuchar. Sino no se puede llevar a cabo.

El mejor momento para la mayoría de la gente suele ser al acostarse, todos juntos metiditos en la cama, suele ser lo más habitual, pero se puede hacer en cualquier otro lugar o momento: en el coche, de paseo, después de comer, en el autobús, en la sala de espera del médico….

Qué contar:

A la hora de contar, hay varias opciones. Podemos:

– inventarnos un cuento

– contar un cuento que nos sepamos

– contar otra cosa

Lo más habitual es contar un cuento que nos sepamos, o aprendernos un cuento para contar, pero cualquiera de las otras opciones son perfectas. Hay quien no se siente capaz de aprenderse un cuento y acordarse de él más tarde para contarlo; y hay quien no tiene tiempo de leer cuentos para aprenderse. Por lo que a lo mejor estas personas prefieren inventarse los cuentos sobre la marcha. Perfecto.

En cualquier caso, no tener cuento, no es disculpa para no hacer esta actividad: todos podemos pasar un rato divertido, tranquilo, íntimo, con nuestros niños contándoles cosas. Son buenísimas las historias de nuestra propia infancia, cosas de cuando éramos novios… todas esas anécdotas familiares que le encantan a todo el mundo.

Si lo que vamos a hacer es buscar un cuento para contar, recomendamos buscarlos entre los cuentos de tradición oral. Estos cuentos se han formado pasando de generación en generación de forma oral, por lo que tienen una estructura perfecta para ser contados. Son claros y directos, con mucha acción, sin detenerse en descripciones o detalles que puedan distraer de la historia. Los cuentos tradicionales son cuentos diseñados para contar.

Para poder contar un cuento, es importante que nos guste, que nos mueva algo por dentro. Que nos haga mucha gracia, o mucho miedo. Pero que nos diga algo. Hay personas a quienes los cuentos tradicionales no les gustan porque les parecen violentos o machistas.  Si un cuento no te gusta, no lo cuentes. Escoje otro.

Requisitos imprescindibles para llevar a cabo la actividad:

Sé que me repito, pero es importante:

– querer contar

– que el niño quiera escuchar

– que te guste lo que cuentas, o que te de mucho miedo, o mucha risa, o mucha pena…… que lo que vayas a contar te mueva por dentro, que te llegue de verdad, que conecte contigo

– escoger un buen momento

Desarrollo de la actividad:

Empiezo desde el principio:

– busca algo para contar: esto te lo puedes saltar, porque todo el mundo tiene millones de historias para contar (anécdotas personales e historias familiares). Pero si quieres buscar algo para contar, lee cuentos tradicionales. Lee y lee hasta que encuentres uno que te guste mucho, y apréndetelo. Si no te gustan los cuentos tradicionales, busca otro tipo de historia.

– busca un buen momento para contar: un momento en el que te apetezca, y en el que le apetezca al que va a escucharte. Un momento tranquilo, sin interrupciones, sin juicios externos… Un momento y un lugar en el que estéis en confianza.

– cuéntalo, y disfrútalo.

Completamente prohibido:

– Fingir, no ser uno mismo. La actividad implica sinceridad, no actuar, y no juzgarse. A los niños les encantan los cuentos, les encanta pasar tiempo de calidad con sus padres, por lo que simplemente con esto, está garantizado el éxito. Queremos pasar un buen rato, compartir una historia, y crear un clima de comunicación profunda. Hay personas que son muy serias, otras que les encanta poner voces, otros que necesitan estar en movimiento para contar cosas…. perfecto todo, cada uno es como es, y cada cual cuenta las cosas a su manera.

– hacer preguntas: terminantemente prohibido hacer un examen después del cuento para comprobar si escucharon y comprendieron bien la historia

– enseñar ilustraciones: la actividad consiste en contar, no en leer, por lo que para llevarla a cabo no tendremos ningún libro ni soporte visual delante. Queremos una comunicación profunda, por lo que no nos interesan los intermediarios. Por otra parte, cuando el niño escucha una historia, su cerebro trabaja creando sus propias imágenes, y desarrollando así su capacidad de abstracción. Si presentamos imágenes, el cerebro no puede elaborar las suyas.

– intentar animar a la lectura: esto no es una actividad de animación a la lectura. Leer es apasionante, no se necesita que te animen.

– interrumpirse: si la actividad termina antes de que se acabe de contar el cuento, por ejemplo porque el niño se cansó de escuchar o se quedó dormido, o surgió algo más interesante, no pasa nada. Pero lo que no puede ser es que empecemos con el cuento  y nos acordemos de tal cosa y se desvié todo el asunto.

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La comprensión lectora y sus implicaciones para el aula 2/2 febrero 18, 2012

Apuntes recogidos en el seminario “Sesiones con Miriam Nemirovsky”, en Santander en el 2008. 2ª parte.

(Viene de la 1ª parte)

  • Fomentar diferentes interpretaciones de un texto. Este rol es fundamental porque en el texto no está el significado: el significado del texto se construye a través de la relación ente el sujeto y el texto. No tiene sentido pedirles a los niños que destaquen las ideas importantes, puesto que varían en cada momento. Mientras se lee se negocia lo importante. Hay tantas interpretaciones posibles de un texto como lectores. Lo que nos interesa es la heterogeneidad de opiniones, diferentes interpretaciones argumentadas. Mostrando esta competencia que el maestro tiene, los alumnos la aprenden.

  • Consultar a los niños sobre dudas que provoquen los textos y consultar otros textos. La lectura genera dudas y sino de poco sirve. Todos aprendemos.

  • Compartimos reflexiones sobre significado posible de palabras y expresiones.

  • Leer lo mismo que leen ellos en clase. Así se es modelo de comportamientos, de modos de actuar, de posturas… es fundamental, ya que hay niños que nunca ven a nadie leyendo.

  • Leer otros textos en clase y aportarlos. Cuando el docente hace lo mismo que les está pidiendo a los niños lo legitimiza. Lo que no vale la pena que haga el maestro, no vale la pena que lo hagan los niños.

  • Intentar leer muchos tipos de textos

  • Promover la lectura de distintas versiones de un mismo texto. Un mismo asunto puede ser tratado de maneras diferentes.

  • Leer un texto con diferentes propósitos: para compararlo, para aprender, para ver de qué trata… según para qué lo quiero leer, lo leo de diferente manera. La lectura cumple funciones muy diversas. Estudiar es un modo peculiar de leer. También hay que ejercer de modelos para que nuestros alumnos aprendan a estudiar estudiando con ellos.

  • Impulsar la búsqueda de textos: en biblioteca, librería… el que en septiembre el niño ya tenga todos los libros que necesitará en todo el curso es lo peor que se puede hacer para desarrollar este aspecto.

  • Favorecer las preguntas auténticas: en los textos de la vida no aparecen preguntas tontas. No hay tareas postlectura.

  • Favorecer la lectura en silencio.

  • Promueve la formulación de preguntas siendo modelo

  • Explicita hipótesis y promueve las hipótesis de los niños

  • Propiciar el volver al texto para explicitar las hipótesis.

  • Promover el que los niños interactúen.

  • Tener una biblioteca de aula lo más rica posible.

  • Plantear el por qué se va a leer un texto determinado. Cuando se acude a un texto se va por algo, por alguna razón. Antes de leer hay un propósito en el lector.

  • Utilizar la anticipación lectora: es importante porque a mayor anticipación mayor compresión. Como los demás aspectos, se trabaja con el profesor sirviendo de modelo. Para la anticipación lectora, el sujeto utiliza:

  • El soporte del texto: cuantos más tipos y mejor los conoces, más información te dan del texto, y por lo tanto, mayor anticipación

El libro de texto es un solo soporte, e impide el desarrollo de la capacidad anticipatoria. En el mundo letrado esta situación no existe.

  • Portada: nos da más datos anticipatorios.

  • Título/s: lo mismo. A la hora de trabajar esto en el aula, no les pido a los alumnos que me digan de qué creen que va el libro, no les pregunto sino que hago de modelo de sujeto que anticipa.

  • Indice

  • Párrafo: entre un párrafo y el que sigue, el lector anticipa.

  • Palabra y letra: al leer no se va descifrando palabra por palabra o letra a letra, sino que se anticipa. Se lee pensando en lo que dice y anticipando.

PREGUNTAS:

– ¿Leer o narrar? : Solo hay algunos cuentos que tienen una determinada forma para ser narrados. Narrar es estupendo, y está bien hacerlo, pero no es una práctica lectora. Centrándonos en la cultura letrada, necesitamos leer textos.

El cuento clásico es como es, no lo hagamos picadillo. Es un texto que aguantó años así. Si no te gusta, inventa cuentos, pero a los clásicos no debemos tocarlos. El lobo es malo porque el cuento lo necesita, porque representa la maldad.

– ¿Lo que evaluamos actualmente en el aula no tiene nada que ver con la competencia lectora? Por lo general no, tiene que ver con la sonorización, que es lo que realmente se evalúa.

– En clase hay veces que unos niños les leen a otros, pero inventándose completamente el texto, no leen lo que pone.

El niño que quiere leer a otros, antes que se lo prepare. Todos deben aprender a preparárselo. Si no, lo que se hace es un “como si supiera”, y el niño debe saber en qué momento de su desarrollo está. Hay que desmontarlo y asumir las cosas como son, ofreciéndole tu apoyo. Puedes ayudarle a preparárselo, o puede leer un trocito y seguir tu…

– Sobre la sonorización: el que crea que es importante que lo trabaje, allá cada cual. Hay que relativizar la importancia de cada cosa. Hay que priorizar cómo organizo el tiempo en el aula. El tiempo y la energía que habría que poner… no tengo claro que sea útil, que compense. Que cada docente valore la prioridad.

– Desde la Consejería, en 4º de primaria nos pasan un cuestionario donde se evalúa la sonorización.

No conozco ningún sistema educativo coherente por completo. Es una utopía. Un sistema coherente es deseable pero imposible. Se intenta que cada vez esta perspectiva esté más sustentada y consolidada.

PROPÓSITO ———– Crear usuarios de la cultura letrada

CULTURA LETRADA —– constituida por —– textos, sujetos y prácticas sociales

ROL DEL DOCENTE ——– Modelo de prácticas sociales

 

La comprensión lectora y sus implicaciones para el aula 1/2 febrero 11, 2012

Apuntes recogidos en el seminario “Sesiones con Miriam Nemirovsky”, en Santander en el 2008. 1ª parte.

Nuestro propósito como educadores es que los niños sean usuarios de una cultura letrada. Esta cultura exige un trabajo durante toda la vida, es un trabajo que no tiene fin: a lo largo de nuestra vida se van enriqueciendo nuestras posibilidades lectoras. Esto implica que no hay un momento en la educación en el que se enseña a leer, sino que se aprende a lo largo de toda la escolaridad y después de ésta.

Esto implica:

  • que enseñar a leer es tarea de todos los docentes, no sólo de los de primer curso.

  • que para lograrlo lo haremos desde todas las áreas, no sólo lengua.

Es competencia de todo docente contribuir a ello.

Los elementos que constituyen la cultura letrada son:

  • los textos: son objetos culturales donde se comunican cosas. No todo objeto con algo escrito es un texto. Tiene que decir algo que merezca la pena ser leído. “Ma me mi mo mu” no es un texto, y tampoco lo es “Lola salta la ola”. Un texto integra la cultura letrada si integra estas cualidades. El conjunto de textos es infinito. Este conjunto es parte fundamental de la cultura letrada.

  • Los sujetos: son los usuarios de estos textos, tanto como productores como lectores. Los sujetos acuden a la lectura y a la escritura para resolver un sin fin de situaciones de la vida. Hay diferentes ámbitos y una diversidad absoluta.

  • Prácticas sociales de lectura y escritura: es la relaciones entre sujeto-objeto, sujeto-sujeto, y objeto-objeto. Hay una enorme diversidad de formas de actuación, y todos ellos son actividades sociales.

La relación objeto-objeto se da por ejemplo cuando en un texto se cita otro texto, cuando el autor busca datos en otros textos…

Entre objetos y sujetos se produce un entramado, una red de relaciones.

No se nace sabiendo usar estas prácticas sociales: se aprenden. ¿Cómo incorporamos a un sujeto a la cultura letrada? Cuando el sujeto está en un grupo social donde otros lleven a cabo estas prácticas. No se aprende la acción social porque alguien diga cómo se usan: se aprende cuando se vive con alguien, interactuando con alguien que las realiza. Los niños necesitan contar con un modelo de cómo se hacen estas prácticas sociales para saber utilizar la cultura letrada.

No basta con que alguien sonorice lo que pone un texto. Eso no es un acto social que forme parte de la cultura letrada. Hoy en día no se lee en voz alta a un grupo, eso se hacia antes en las iglesias, fábricas, etc.

Para incorporar la práctica social necesita estar en un contexto donde los otros sean usuarios de la práctica social. No decir para que el otro haga.

En el sujeto que se incorpora a la cultura letrada, tenemos que ver su hacer, no sirve que me diga: se relativiza la enseñanza transmisiva. Enseñamos actuando y valoramos su avance en su actuación. Centramos el proceso de enseñanza-aprendizaje en la acción. A medida que utiliza con más eficacia esta práctica social, es más competente.

Nos centramos en las acciones. No sirve que el niño me diga cómo se hace, sino que lo haga, avanzando en su competencia como usuario de la cultura letrada.

Como este proceso es para toda la vida, es importante que intervengan todos los docentes.

Nos transformamos así en un modelo de usuario de la cultura letrada:

El rol del docente es el de ser modelo de usuario de la cultura letrada porque es la única forma en la que nuestros alumnos pueden avanzar. Como docentes, las prácticas sociales que llevaremos a cabo para servir de modelo son:

  • Leer en voz alta: a nuestros alumnos todo lo que nosotros leemos habitualmente (periódico), textos que tengamos ganas de compartir, lo que a nosotros nos interese, no lo que creamos que les puede gustar a ellos. Con el tiempo a ellos les gusta lo que le gusta a la persona que les lee.

Hay que leer lo que te mueva el alma, para que descubran que las letras mueven el alma. Lo que al maestro le parezca que merece la pena leer.

No se trata de todo o nada, se les puede leer solo un trocito de un texto grande.

Esto es lo que se hace en la cultura letrada: a las personas con las que vives les cuentas lo que lees, no entero en voz alta, pero si un trocito. Esta es la práctica social. Ellos participan del acto lector a través de lo que yo leo. Cuando lees en voz alta, lo que se transmite es lo que a ti te importa lo que estás leyendo. Todo docente es deseable que lea en voz alta con sus alumnos porque es la manera privilegiada para conocer la relación entre el texto y el sujeto que lo está leyendo.¿Cómo van a saber que hay textos que te afectan si no lo compartes con ellos?

Es bueno hacer un decreto que prohíba a los niños leer en voz alta. Que los niños lean en voz alta es una manera de evaluarle, pero hoy en día se sabe que no tiene nada que ver lo que se sonoriza con la competencia lectora. Ahora bien, si un niño quiere leer algo en voz alta, se le puede pedir que lo prepare, para que asuman que leer en voz alta requiere preparación. Escuchar leer tiene que ser una situación placentera, fluida y agradable para todos, por lo que exige preparación.

Sonorizar no tiene que ver con la competencia lectora. Es un aspecto que solo trabajan algunos niños a los que les interesa. Para sonorizar debe sentirse seguro y llevarlo preparado, para que todos disfruten con la actividad.

Cuando un sujeto lee en voz alta ante unos oyentes, quienes están leyendo son los oyentes. Por ejemplo, si os leo una noticia la sonorizo, no la leo realmente porque yo ya sé lo que pone, los que escuchan son los que están leyendo, los que interpretan el texto.

Escuchar un texto es una estrategia lectora para formar buenos lectores. Otra vez leer es una práctica social.

  • Comentar textos leídos: es también una práctica social. Comentamos entre usuarios de la cultura letrada. Hay que ser modelo del rol de comentador de textos para que ellos también lo sean. Esto implica que no les ponemos la tarea de escribir comentarios de texto.

  • Resumir

  • Opinar

  • Recomendar. Es bueno prohibir a los niños hacer resúmenes. En la vida, los usuarios de la cultura letrada no hacen resúmenes. No es una práctica social. En cambio recomendar sí que es una práctica social. Por ejemplo, yo recomiendo leer el libro “Estrategias de lectura” de Isabel Soler.

  • Vincular textos entre sí: cuando lees algo y te recuerda a aquel otro texto… El conjunto de textos están relacionados entre sí.

  • Hacer referencias a autores: porque establecemos relaciones y vínculos con los autores a través de sus textos. Socialmente, el escribir se premia, y es bueno comentar este tipo de premios en clase.

(Continua)

 

Cómo trabajamos la lectoescritura en casa enero 21, 2012

Tras contar en esta entrada como trabajamos las matemáticas en casa, creo que falta explicar más o menos cómo trabajamos la lectoescritura.

Igual que con las matemáticas, la lectoescritura no la trabajamos en casa. Surge en numerosas actividades de la vida diaria, de la de los adultos y de la de los niños. Y como los niños son seres humanos, con un cerebro capaz de aprender por sí mismos, con el tiempo adquirirán la lectoescritura.

Para adquirir la lectoescritura por sí mismo, un niño tiene que cumplir con una serie de condiciones:

  • tienen que querer, se necesita motivación intrínseca
  • tienen que estar maduro, necesita que en su cerebro haya ciertas estructuras
  • tiene que vivir en un ambiente alfabetizado, necesita estar rodeado de personas que lean y escriban
  • necesita que no le enseñan. No conocemos apenas casos de niños que aprendan por sí mismos, pero esto no es por culpa de los niños, no es porque no puedan aprender por ellos mismos, es porque los adultos que les rodeamos les enseñamos: les robamos la posibilidad de aprender por sí mismos
  • necesita confianza: y todos los niños la tienen. Los que les quitamos la confianza en ellos mismos somos los adultos, que dudamos de su capacidad para aprender.

El aprendizaje de la lectoescritura en estas condiciones, en general pasa por una serie de etapas:

  • 1º) El niño es muy pequeño, muestra interés por los libros como por cualquier otra cosa, para tocar, chupar, lanzar…. Los padres están convencidos de que aprenderá por sí mismo, no hay ningún tipo de miedo en el ambiente. En esta etapa el niño aprende: el concepto de libro, a pasar hojas, hábitos acerca de cómo se manipulan los libros…
  • 2º) El niño crece un poco. Hay dos variantes: el niño da signos de que conoce el nombre de algunas letras y los padres se emocionan al creer que su hijo en breve leerá de corrido; o bien el niño no da signos de conocer el nombre de ninguna letra
  • 3º) Pasa un tiempo. El niño no aprende a leer como los padres esperaban así que se tiran de los pelos, les da miedo y encuentran docenas de niños que aprenden antes que el suyo….
  • 4º) Un buen día, descubren que su hijo sabe leer. Los padres se preguntan: ¿desde cuando? ¿cómo ha sido? no era para tanto, ¿verdad? Normalmente, los niños que de muy pequeños conocen el nombre de las letras, tardan unos cuantos años en leer, por lo que los padres se impacientan un poco.
  • 5º) El niño lee todo lo que cae en sus manos: no quiere salir de casa, no duerme, solo lee y lee. La gran preocupación de los padres ahora es cómo hacer para que deje de leer.

La duración de todo este proceso depende de cada niño y de cada familia. Normalmente aprenden a leer solos entre los 5 y 8 años. Los padres cuyos hijos aprenden antes, pasan menos miedo que los que aprenden después.

Pero un niño no aprende a leer pronto o tarde: el niño que aprende a leer por sí mismo con 10 años, no aprende a leer tarde, aprende a leer cuando se cumplen las condiciones que vimos antes. Cada niño aprende justo en el momento en que está preparado para ello. Y ese momento no puede ser ni pronto ni tarde, porque siempre es en el momento justo.

La idea de aprender tarde o pronto, solo tiene sentido si estamos comparando a un niño con otro. Todos los niños son diferentes. A mi hijo mayor le salió su primer diente con 15 meses, y a mi hija con 7 meses. No es mejor ni pero una cosa que la otra. No es “malo” hacer las cosas más tarde que otra persona. Lo que no es bueno, desde mi punto de vista, es no poder vivir tu proceso, o vivir comparando los procesos de personas diferentes.

Lo raro es que dos personan coincidan en su proceso. Lo normal es que personas diferentes tengan intereses diferentes. Todos los niños tienen ritmos, capacidades, cerebros, motivaciones e intereses diferentes. Por lo que es igual de normal aprender a leer con 5 años, que aprender con 8 años.

Los adultos tenemos mucha prisa. Pero es que un niño que con 7 años no lee él solo, no se está perdiendo nada, no va más retrasado que el niño que aprendió con 5. No se pierde nada. Está trabajando en cosas diferentes, a otro ritmo, porque es diferente.

¿Por qué nos da tanto miedo? ¿Qué mas da dos años antes que después? Si de verdad creemos que el niño se está perdiendo algo porque no lee solo, la solución es evidente: leerle. Leerle todo aquello que él quiera. Y así seguro que no se pierde nada, que no se “atrasa”.

En la escuela se empieza a enseñar a leer desde infantil, por lo que es muy difícil que un niño que va al colegio pueda aprender por sí mismo. Pero, ¿qué dice la ley?: La ley educativa es muy clara, y en España, el niño debiera aprender a leer en PRIMER CICLO. Esto lo dice la ley, ni los maestros, ni las editoriales, ni los padres, que normalmente tienen más prisa. Y el primer ciclo de primaria abarca primer y segundo curso de primaria, es decir, que (repito) según la ley educativa española, los niños debieran aprender a leer con 6-7 años. Un niño tiene que tener adquirida la lectoescritura al pasar a segundo ciclo de primaria: tiene que saber leer con 8 años.

Un niño no “aprende a leer”. No hay un punto en el que se sepa y un punto en el que no. Esa forma de entender el aprendizaje es escolar. Todos los seres humanos leen, cada uno a su manera. La lectoescritura es un proceso. Ninguna persona acaba de aprender a leer.

El entender la lectura desde otro punto de vista, lo único que genera es miedo, desconfianza, ganas de enseñar. Implica que “saber leer” es un punto y final. Y no es así. Todo el mundo sabe leer, cada uno a su manera, porque estamos hablando de un proceso, de recorrer un camino que no acaba nunca.

Entender la lectoescritura como un proceso, ayuda mucho a los padres, da mucha tranquilidad. Porque yo veo que mis hijos están en su proceso, veo que no hay nada que se lo interrumpa (juicio, enseñanza, miedo), luego todo está bien. Es cuestión de tiempo y trabajo que sigan en su proceso, cambiando, evolucionando, aprendiendo cosas nuevas.

Mi hijo pequeño tiene año y medio, y sabe leer. Lógicamente, no lee como leo yo. Ni siquiera lee como otro niño de año y medio. Mi hijo pequeño es único en el mundo. No hay ningún otro niño igual a él en todo el universo. Y por eso, no hay nadie que lea igual que él. Es único, diferente, especial. Ahora mismo, le gusta mucho leer. Está muy centrado en cómo pasar las páginas de libros. Sabe que ahí ponen cosas, lee imágenes, juega a que las imágenes representan cosas diferentes, las señala y hace gestos: si señala a un niño, luego se señala a él mismo, si señala a un perro, dice “guau”…

Mi hija acaba de cumplir 3 años, y tampoco hay una niña igual que ella. También le gusta mucho leer, y es muy pesada: cada dos por tres se escapa a la estantería, coge un libro y dice que quiere leer. Tenemos que reñirle y pedirle que deje de sacar libros. Los lee sola, o nos pide que le acompañemos. Le gusta muchísimo que le leamos nosotros en voz alta. Y si no le queda más remedio, pues lee ella sola. Es como un lorito, se sienta con su libro y parlotea, y parlotea….Y le encanta ver escrita la letra H, porque es con la que empieza su nombre. Se alegra cuando encuentra M, A, L y B, que son las de las letras de los demás, pero su favorita sin dudarlo es la H.

Mi hijo mayor tiene 5 años, y también es único en el mundo. Y también le encanta leer. Lee solo o acompañado. Por diversión o para buscar información. Y a veces le lee cuantos a sus hermanos: como le hemos leído los cuentos tantas veces, se lo sabe de memoria y se los repite a sus hermanos. Lo que más le gusta es que nos sentemos a leer con él. Y tiene muy claro que libros le gusta y cuales no, cuando quiere leer y cuando no. Ahora mismo está muy interesado en escribir palabras concretas con las que buscar en google las páginas que le gustan.

Mi marido también es único. Tiene clarísimo lo que va a leer y lo que no. Lee todas las noches, varios libros a la vez. El año pasado le regalamos un e-book, y eso ha cambiado su forma de leer: ha aumentado considerablemente su biblioteca. Ahora está muy interesado en catalogar los libros que tiene, y en conseguir más.

Y yo, leo los libros de uno en uno. No puedo leer varias cosas al tiempo. También tengo claro lo que me gusta y lo que no. Leo por temporadas, hay veces que mucho, hay veces que menos. Desde que tengo a los niños no leo apenas.

Hay muchísimo miedo a que no aprendan, miedo que si se analiza bien no tiene razón de ser. ¡Pero si aprenden a leer aunque les enseñes!

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA  QUE APRENDAN A LEER POR SÍ MISMOS?

Como en la entrada de las matemáticas, contaré a continuación qué cosas son las que hacemos en casa que sirven para este proceso, qué cosas hacemos los adultos (en relación con nuestro propio proceso y en relación con el proceso de los niños) y qué cosas son las que hacen los niños.

Qué hacemos los adultos para nosotros:

  • leemos, porque nos gusta, porque nos entretiene, nos divierte, porque buscamos información sobre algo…
  • cocinamos: buscamos recetas en libros o en internet, la escogida la escribimos (un resumen) y mientras cocinamos la leemos
  • enviamos mails y mensajes, y los recibimos. Los que son para toda la familia, los comentamos entre todos
  • escribimos, yo por ejemplo, este blog
  • compartimos lo que nos gusta con los demás: si leo algo que me impacta, se lo cuento. Si mi marido encuentra una historia que le gusta y cree que a nosotros nos puede interesar, nos la lee…

Qué hacemos los adultos en relación al proceso de los niños:

  • no les enseñamos: si le enseño yo, él no va a aprender por sí mismo. No quiero robarle eso. Tampoco planificamos actividades, ni juegos ni ejercicios
  • contestamos sus preguntas, solo a lo que pregunta, no más allá. No aprovechamos sus preguntas para enseñar cosas.
  • no nos adelantamos
  • no juzgamos sus proceso: no evaluamos todos los días lo que sabe y lo que no, y igual que no le decimos que no sabe leer, tampoco le decimos que lee “bien”
  • intentamos defenderles del juicio externo
  • ponemos material a su alcance: libros, papel, rotuladores, abecedarios… Con este material, ellos solos, por propia iniciativa trabajan. Ellos solos, cuando les apetece, cogen un libro, o un abecedario. Y ellos solos decide cómo van a usarlo, si van a clasificar las letras o si van a formar palabras. Si van a leer un libro, o si van a buscar en él la letra P. Ellos solos, espontáneamente, por propia iniciativa, ya se ponen juegos, actividades y ejercicios.
  • hablarles claro, no hacerles un lío. Llamamos a los deberes deberes (actividad que te ponen desde fuera) y a los juegos juegos (actividad espontánea que surge de uno mismo). También les damos la posibilidad de que nos digan que no a las actividades que les proponemos
  • darles hábitos y normas para usar el material: por ejemplo, los libros no se rompen, ni se chupan, después de utilizarlos hay que guardarlos en su sitio, el rotulador se coge de una manera, las hojas también hay una forma de pasarlas, hay cierto material que solo les dejamos si vamos a poder estar con ellos acompañándoles…
  • reflexionar y formarnos

Qué cosas hacen los niños:

  • escriben solos, jugando o con intención de comunicarse(la carta a los reyes magos)
  • escriben pidiendo nuestra ayuda, para que les digamos con qué letras se pone una palabra, o nos piden que la escribamos para copiarla, o directamente que la escribamos nosotros
  • preguntan constantemente: ¿qué pone aquí? ¿dónde pone eso? ¿qué letra es esta? ¿cómo se escribe…?
  • juegan: a que escriben, o con los abecedarios, con textos que recortan, doblan, pegan…

CONSEJOS:

  • Tener controlado al maestro que todos llevamos dentro. A ese que corrige, que quiere seguir una programación lineal, y al que le encanta enseñar a los demás sacándoles de su proceso de aprendizaje para imponer el suyo.
  • Trabajar para uno mismo, seguir con nuestro proceso para poder dejar que el niño siga con el suyo. Los padres parece que solo nos preocupamos de que el niño aprenda, pero ¿y qué pasa con nosotros? ¿cuando uno es adulto ya no tiene que seguir con su proceso de aprendizaje? ¿nos lo sabemos ya todo?
  • Formarse en el proceso natural de aprendizaje, buscar cómo es, cómo se aprende. Si sabes que un niño para caminar, necesita antes gatear, no te extrañas de que lo haga, lo estás esperando, no te sorprende, reconoces el avance, te da seguridad y confianza en el niño y en su proceso. Buscar historias de niños que aprenden solos, para conocer cómo lo hacen, qué cosas les sirve y qué les dificulta.
  • Buscar apoyo, gente que te ayude a reflexionar, saber cómo se las arreglan los demás.
  • Confiar en el niño: él puede. Si yo, que soy muchísimo menos inteligente que mis hijos, puedo leer un texto y comprender lo que pone, no hay razón para que ellos no vayan a aprender.
 

Abecedarios noviembre 13, 2011

Últimamente niños en casa están trabajando muchísimo con abecedarios. Esto me parece que es de forma casual, no por ninguna razón en concreto. Suelen trabajar por temporadas, por rachas, según lo que les apetece: hay días que les da por leer, otros por pintar, otros por las construcciones…. No llegan a abandonar ningún trabajo, en un día trabajan con varias de esas cosas, pero en una temporada siempre hay algo que prefieren a los demás. Pues en los últimos días con lo que más les ha apetecido trabajar es con los abecedarios. Nosotros no les animamos, ni les sugerimos, ni les motivamos, ni nada de nada en su trabajo en casa. Ellos saben las cosas de las que disponen y las cogen o nos las piden.

En casa tenemos bastantes abecedarios. Nos parece un material interesante, nos gusta, nos parece bueno para ellos y por eso tenemos a su disposición, a su alcance, este material. Además nos parece importante darles unos hábitos de su manejo, y unas normas. Por ejemplo, las letras pequeñas no se las dejamos si su hermano pequeño está cerca y no podemos estar uno de nosotros vigilándoles. Tampoco les dejamos esconder las letras por casa, ni lanzarlas. Y no les dejamos sacar otro juguete sino han recogido el abecedario que han sacado.

Pero lo que no hacemos es decirles cuando o cómo tienen que trabajar con ellos, ellos deciden cuando y cómo. Tampoco ponemos actividades, ni intentamos enseñar nada. Esto lo tenemos decidido así, pero tampoco podríamos hacerlo de otra manera por falta de tiempo.

Decía que tenemos diferentes abecedarios. Creo que el primero que compramos fue uno de madera, en mayúsculas, de colores y de tamaño bastante grande. También tenemos letras para la pizarra magnética, mayúsculas y minúsculas, también de colores. Son bastante pequeñas, y las utilizan o bien junto con la pizarra magnética o bien ellas solas.

Además de estos “comprados” a propósito por nosotros, por casa hay letras, que o bien les han regalado en algún cumpleaños para formar sus nombres, o las han recortado ellos de revistas, y otras que no tengo ni idea de donde han salido.

Y también tenemos un abecedario hecho por nosotros que he terminado hace bien poco. A pesar de no ser muy manitas, y que todo lo que fabrico tiene un acabado bastante chapucero, me decidí a hacerlo por un montón de razones:

-por tener algo más Montessori, porque en lectoescritura no tengo nada ni estoy muy puesta en este tipo de material. No creo que sea así exactamente, pero me voy acercando poco a poco.

– porque así tengo uno exactamente a mi gusto: puedo hacer las letras con el trazo que yo quiera, puedo meter mayúsculas y minúsculas en el mismo abecedario…

– por necesidad, porque con los comprados te vienen muy pocas letras, y haciéndomelas yo, las puedo tener ilimitadas.

– Así además, si se pierde o se rompe alguna no pasa nada, son fácilmente reponibles, y me ha salido muy barato.

Aunque lo hemos hecho nosotros, los padres de las criaturas, no hemos intentado implicarles en el proceso: nosotros decidimos hacerlo, y construirlo ha sido trabajo nuestro. Su fabricación no ha sido una actividad “educativa”. Aún así, nos han visto medir, comparar el material, discutir cómo será mejor, así de otra manera, calcular el precio y comparar, el color….nos han visto cortar, medir, calcar, coser, equivocarnos y hacerlo otra vez. Todo lo que nos ven hacer , todo lo que les rodea, es educativo. No hace falta que nos lo propongamos. Y son como esponjas, no hace falta de que les metas nada por los ojos para que se queden con ello. Vienen ya preparados de serie para aprender todo lo que hay en su alrededor, no hace falta implicarlos especialmente. Hace falta tratarlos como a personas con las que convives, ni escondiéndoles, ni imponiéndoles experiencias en su entorno.

Con un abecedario de madera que compramos de oferta, calcamos las letras sobre gomaeva y luego las recortamos. La gomaeva la compré de dos colores, azul y rojo para seguir el color Montessori. Y cuando ya tenía las letras cosí una tela con unos bolsillos para guardarlas ordenadas, cada una en su sitio. Me quedó bastante chapucero, pero a nosotros nos sirve.

Mis tres hijos trabajan de forma diferente con los abecedarios, como tres personas diferentes que son.

Mi hijo mayor acaba de cumplir ahora los 5 años. Conoce todas las letras, las reconoce en mayúsculas, y muy pocas en minúscula. Cuando juega con ellas, lo que hace es: formar palabras, buscar letras en concreto, clasificarlas (por colores, o las de su nombre, las del nombre de su hermana, las grandes y las pequeñas), colocarlas de cualquier forma y preguntarnos qué pone. Además, al terminar lo recoge por sí mismo y lo guarda en su sitio con mucho cuidado.

Mi hija cumple los 3 años en un par de semanas. Conoce algunas pocas letras, creo que solo las iniciales de nuestros nombres, aunque puede que alguna más. Cuando juega con ellas,lo que más le gusta es manipularlas, jugar con ellas como si fuera material continuo (arena), y juega a que las cocina, a que las cambia de recipiente… Pero en cuanto encuentra una conocida lanza un grito (es muy muy gritona): ¡UNA HACHE MÍA! y corre a enseñárnosla a todos. Cuando termina de trabajar con ello hay que estar muy pendiente de recordarle que lo tiene que recoger, e insistir y acompañarle. Se suele escaquear, y realmente, le cuesta un mundo recoger.

Y mi hijo pequeño tiene año y medio. No reconoce ninguna letra. Cuando juega con los abecedarios, como con cualquier otro material pequeño: lo chupa, lo coge, lo mira, lo mete, lo saca, lo amontona, lo cambia de sitio… Las imantadas las intenta pegar por toda la casa, aunque sabe que solo se “unen” a la nevera y a la pizarra magnética. Le gustan mucho los abecedarios, imagino que porque ve un montón de misteriosas piezas pequeñas que casi nunca le dejamos. Cuando termina le decimos “vamos a recoger” y lo acepta muy bien, si nos ve guardar las letras, él lo hace también.

 

 
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