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Blog sobre aprendizaje, crecimiento…

La motivación julio 5, 2012

Filed under: Uncategorized — seeducansolos @ 09:51

Ha ce tiempo asistí a un curso para maestros acerca de la motivación del alumnado.

Hice el curso, porque no conozco la “teoría” oficial de cómo funciona la motivación. Es una parte del proceso de enseñanza-aprendizaje que no me gusta nada. Veo su importancia, pero no acabo de decidirme a utilizarla. No acabo de verle el sentido: si el trabajo que vamos a realizar es interesante, los niños ya lo ven, no hace falta motivarlos; y si en trabajo que vamos a hacer es aburrido, no me parece justo engañarte haciéndote creer que no lo es.

Básicamente, es que prefiero hacer actividades que ya son motivantes, que motivar.

Los que siguen el blog, ya conocen mi forma de ver el proceso de enseñanza-aprendizaje, y ya conocen que yo prefiero trabajar con la motivación que ya tiene el niño.

EL CURSO:

El curso lo impartieron dos autoridades en la materia: José Escaño y María Gil.

Básicamente, nos contaron que para motivar a un niño podemos tirar de 5 hilos diferentes:

– se le puede motivar al niño, enganchándolo por un proyecto personal: haciendo que el trabajo escolar forme parte de su proyecto de vida, por ejemplo, si el niño quiere ser abogado, necesita estudiar

– contenido: el niño puede sentirse atraído al estudio, porque le interesa o hacemos atractivo el contenido a estudiar

– habilidades: el niño se siente motivado al trabajo porque se le da bien, o porque está utilizando herramientas que le gustan

– relación con el profesor: el niño trabaja porque tiene una buena relación con el maestro y quiere agradarle

– relación con los compañeros: el niño trabaja gracias al apoyo y a la motivación de sus compañeros

Explicaron que lógicamente, un profesor no puede utilizar los 5 tipos de motivación, ya que cada uno se siente más cómodo utilizando 1 ó 2 hilos, y que lo normal es utilizar esos, 1 ó 2. Dijeron que no tenemos que sentirnos abrumados con la responsabilidad de nuestra tarea, porque hay niños que, aunque nosotros lo hagamos perfecto, no se pueden llegar a motivar.

En ningún momento se habló de la motivación intrínseca, ni de cómo hacer para que ésta no desaparezca.

MI OPINIÓN:

Pues en mi opinión, continúo pensando que los niños no necesitan motivación, puesto que creo que ya tienen motivación de sobra. Cualquiera que tenga un hijo pequeño, puede comprobar que no para de hacer cosas, crecer y aprender, sin motivación externa.

El curso se enfocaba en motivar al niño para el trabajo escolar (resolver ejercicios y estudiar el libro de texto). Realmente lo planteado resulta útil cuando lo que quieres es imponer una enseñanza concreta, una actividad escolar o un contenido. En ningún momento se habló de la posibilidad de que cada niño trabajara según su interés.

Pero cuando un niño trabaja desde su propio interés, con las condiciones de las que nos habla la educación creadora, trabaja con los 5 tipos de motivaciones. Y no hay fracaso posible: siempre, todos los niños pueden.

En mi opinión, al niño le mueve su motivación intrínseca, y si le hacemos trabajar en cosas que no le interesan, lo único que se consigue es que no se trabaje esa motivación intrínseca, ese interés personal, y que al final acabe desapareciendo. La prueba de esto que digo está a la vista de todo el mundo: a los niños de tres años, que comienzan su escolarización les interesa prácticamente TODO, son niños con interesas y capacidad de trabajo. Pasan años y años trabajando en lo que les toca (ahora el cuerpo humano, ahora Picasso, ahora dividir…) y su interés se extingue. Al salir de la escuela, son muy pocos los que conservan algún interés personal y trabajan en él. Y son muchos los que no saben qué hacer con su vida, a los que les da igual hacer derecho que empresas. Esto es un hecho, y ocurre aún cuando los maestros sean capaces de hacer motivador el trabajo.

Otras entradas acerca del trabajo desde el interés personal:

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La importancia del trabajo personal junio 23, 2012

Filed under: Uncategorized — seeducansolos @ 18:06

La vida es muy complicada. Ojalá fuera sencillita, pero es que los seres humanos somos muy complicados. Cada aspecto de nuestra vida se puede analizar hasta el aburrimiento.
En el mundo, hay gente que se hace preguntas continuamente, que se replantea sus decisiones, que piensa las cosas, que analiza, que se interesa por cómo hacen los demás las cosas y porqué, que está en constante formación (por lo que es consciente de que esta formación no acabará nunca), que busca conocimiento, y que se interesa por el que opina diferente. En definitiva, que asume la responsabilidad sobre su propia vida.
Y por el contrario, hay personas que son menos inquietas, y que hacen “lo que les toca” hacer en cada momento.

Por supuesto que estoy generalizando. Ya sé que las cosas (o las personas) no son blancas o negras. Hay infinitos niveles intermedios: hay personas que tienen un hijo porque es lo que toca, pero en cambio reflexionan mucho acerca de la salud; y hay personas que reflexionan mucho sobre su paternidad, pero no se cuestionan nada acerca del consumo; otros analizan absolutamente todo lo que consumen, pero no se cuestionan nada en lo referente a la sanidad…….
Y además hay que contar con las limitaciones que tenemos: no se puede analizar y reflexionar sobre absolutamente todo lo que afecta a nuestra vida.

Cualquiera estará de acuerdo en que la reflexión es necesaria: para poder ser libre, es imprescindible tener toda la información para poder elegir. Quiero tener la libertad de poder elegir seguir al rebaño, o desviarme un poquito en aquellos temas en los que yo crea que mi camino va por otro lado.
En los últimos años, me he movido mucho en el mundillo de la maternidad: embarazo, parto, lactancia, portabebés, crianza con apego, colecho….Todo esto entra en el paquete de lo que se llama por ahí “crianza natural”. Y es muy tentadora la idea de cambiar un rebaño por otro: cambiar le epidural por parir en casa, cambiar el biberón por la lactancia, cambiar el cochecito por el fular, y el filete de ternera por el arroz integral ecológico.

Yo creo que lo importante es el trabajo personal de cada uno de nosotros. Creo que ser adulto consiste en eso, en tomar las riendas de nuestra vida, en responsabilizarse de nuestras decisiones. Y eso implica, plantearse las cosas, buscar información, decidir, y asumir las consecuencias de nuestras decisiones.
La responsabilidad es abrumadora, y como he dicho antes, la tentación de seguir al rebaño es enorme. Pero esto no deja de ser una vía de escape,otra forma de quitarnos responsabilidad, de evitarnos tener que tomar decisiones conscientes. Si hacemos lo que nos toca, la responsabilidad de mis decisiones será de la sociedad, o de mi grupo, no mía.
Podemos delegar responsabilidades en la sociedad (es algo por lo que hay que pasar), en la ignorancia (es mejor no saber), en un método, en un grupo alternativo, en un gurú, en un dogma, en un sistema educativo,….

Muchas veces nos quedamos en las apariencias, pero repito, que el ser humano es sumamente complejo. El estar frente a una persona “alternativa” no te asegura que esa persona reflexiones y sea crítica con lo que le rodea. Y al contrario, el ser una persona “tradicional” tampoco. Cada vez me veo más lejos del mundo alternativo, en el que en muchas ocasiones se cambia un dogma por otro. Y cada vez me encuentro con más personas “normales”, que me aportan, que abren mi visión sobre las cosas, que me hacen reflexionar sobre cosas que no me había planteado.
No porque una actividad sea alternativa me sirve sin más. Hay aspectos de la educación alternativa con los que no estoy nada de acuerdo. Y hay, en cambio, aspectos de la educación tradicional, que son fundamentales.
Lo importante son las personas, su trabajo, y lo que nos aportan, no el cómo estén etiquetadas o lo que aparenten ser.

Y más difícil todavía que reflexión es el trabajarse a uno mismo. Normalmente, tras una formación y conocimiento, llegamos a hacer una reflexión. Tras esto, podemos cambiar algunos de nuestros actos. Pero cambiar una palabra por otra, cambiar una actividad por otra, no nos asegura que realmente estemos haciendo un trabajo interno, que realmente estemos haciendo las cosas de manera diferente. Mis hijos van a aprender de mí, como persona, no de las cosas que digo. Y aprenderán de lo que me vean hacer y sentir, no de las actividades preparadas que yo tenga. Si quiero educarlos de una determinada manera, el camino está en trabajarme a mí. No en hacer las cosas de una o de otra determinada manera con ellos.
Por ejemplo, una madre puede informarse acerca de la lactancia. Puede decidir dar el pecho a su bebé. Puede buscar apoyo, leer y formarse en lactancia. Y cuando tiene a su bebé, puede que le dé de mamar… o puede que no. Hay muchas mujeres que llegados a este punto, no son capaces. Hay algo que se lo impide y podemos saber exactamente a qué se debe.
Y en el caso de que lo consiga, ¿realmente esa mujer ha hecho un proceso interno, un trabajo de ver el mundo, de relacionarse con su bebé de diferente manera? ¿o ha sustituido sin más una actividad por otra?
Una madre puede buscar información acerca del efecto de los juicios y las alabanzas en el trabajo de sus hijos. Y la lógica, la cabeza, pueden decidir que eso no lo quiere para sus hijos. Puede que consiga controlar todas las palabras que salgan de su boca. Pero, ¿basta con suprimir unas palabras para llevar a cabo otra educación?

Hay que trabajar miedos, nuestra propia historia personal, nuestra forma de entender al ser humano… y hay que dejar egos y dogmas de lado.

Hoy en día encontramos por todas partes esta falta de trabajo personal, esta falta de profundidad. La blogosfera maternal, por ejemplo, está llena de madres que acaban de comenzar su proceso, madres con bebés que acaban de descubrir que les robaron su parto, y que deciden hacerse doulas. Es un trabajo que permite trabajar sin separarse de sus bebés. Pero, ¿qué formación tienen estas mujeres? ¿basta con haber vivido esa experiencia para poder acompañarla profesionalmente? ¿cuánto hay de querer ayudar, y cuánto de proyección en la otra madre?
O por ejemplo, hay familias que no quieren una educación tradicional para sus hijos, y como no quieren algo tradicional, escogen algo alternativo, ¡pero les sirve cualquier cosa que sea alternativa!
Y en el sentido opuesto, encontramos en facultades de educación, profesores de universidad en los que hay mucha menos profundidad y reflexión que en muchísimos blogs de madres “normales y corrientes”

Últimamente, en cada entrada que leo por ahí, llego a la misma conclusión: “esto se resume en trabajo personal”, del bueno, del que duele, del que nos llega a las tripas. Me da igual que tratemos el acompañamiento en las normas, el no juicio, la autoestima o la educación emocional. Ojalá supiera más sobre este tema. ¿Cómo se puede llevar a cabo un trabajo interno, personal, profundo? La verdad, es que no tengo ni idea.

 

Actividad educativa: pintar abril 26, 2012

La actividad consiste en que el niño pinta, libremente lo que quiera, sin condicionamiento por parte de los adultos. Con el transcurso del tiempo y la práctica, este trabajo lógicamente irá evolucionando, creciendo y avanzando. No voy a entrar en cuestiones más teóricas acerca de cómo es el dibujo infantil, o en cómo se trabaja desde la educación creadora. Intentaré explicar tan solo lo concreto, lo práctico, el cómo hacer para pintar en casa desde esta perspectiva.

En qué no consiste esta actividad

La actividad que propongo es opuesta a la forma en que se trata el dibujo infantil normalmente en nuestra sociedad.

Lo normal, cuando un niño pinta es: que se le de papel sucio y pinturas de poca calidad; que no se le haga ningún caso mientras pinta; o que se le den dibujos para colorear o para copiar; que se le pinten cosas para que le inspiren, o para que vea cómo se pintan; que se le pregunte qué hace; se pide que de explicaciones sobre su trabajo; se le enseña a dibujar; se le dice que lo que hace es muy bonito, estupendo, precioso; se expone su trabajo; se abandona su trabajo.

El dibujo infantil se trabaja en estas condiciones normalmente, y lo que se consigue con ello es que los niños crean que no saben dibujar, y que abandonen la pintura. Esto es así, es un hecho.

Materiales:

Lo más sencillo es trabajar con papel blanco y rotuladores. El papel tiene que ser blanco, no cuadriculado ni por supuesto, con nada dibujado ni escrito. El adulto tiene que demostrarle al niño que su trabajo es importante. Por esto, porque se toma en serio el trabajo del niño, no le da papel sucio, ni usado, le da folios en blanco, un buen papel.

Si se deciden usar rotuladores, estos deben pintar correctamente y hay tener repuesto para cuando se sequen.

Si se quiere simplificar, se puede utilizar también un simple bolígrafo. Y si se quiere complicar más, se pueden utilizar témperas, pero siempre cuidando la calidad del material. Para poder trabajar bien, se necesita una buena herramienta.

Nosotros en casa utilizamos papel y rotuladores, no muchos colores. Pero a veces utilizan una pizarra blanca y rotuladores.

Lo importante es que tengan para trabajar un buen material, cuidado, bueno, en condiciones.

Espacio y tiempo:

Cuando nosotros pintamos en casa, lo hacen sentados en una mesa pequeña, de su medida. Se puede hacer también en una grande, o cada uno donde le resulte cómodo. Lo importante es que lo hagan en una posición adecuada. El adulto tiene que cuidar eso.

En casa no tenemos mucho espacio, pintan mis tres hijos juntos en la misma mesa. Cada uno en su hoja, porque el trabajo de cada niño es sagrado. No se comparte el trabajo. Pero sí se comparte el espacio (la mesa) y los rotuladores. Lo social se trabaja respetando escrupulosamente el trabajo de los demás, y respetando el material y el espacio que tenemos.

Y esta actividad se puede realizar todas las veces que se quiera, los días que se quieran. Como mínimo, yo la pondría un día a la semana. Pero lo que sí que es importante es que haya un ritmo, una continuidad en el trabajo, para que pueda haber una evolución. No sirve de nada pintar todos los días durante dos semanas, y estar otras dos sin pintar, luego pintar un día suelto, otra semana sin tocarlo y luego tres días seguidos… Es necesaria una constancia, que puede ser la que cada familia necesite: un día si, uno no; o todos los días; o cada tres días, o un día a la semana…. pero con una cierta regularidad.

Y el tiempo que dura la actividad, depende de cada niño, de su edad y de su ritmo. Mis hijos por ejemplo, cuando pintan suelen estar entre 15 y 30 minutos.

Qué hace el niño

El niño pinta. Ese es su trabajo. Es asunto solo de él, no nuestro. No pinta para nosotros.

Qué hace el adulto

El adulto se encarga de que el niño pinte en las mejores condiciones del mundo. Acompaña al niño, le apoya, y hace posible que el niño pueda trabajar. Le da valor e importancia al trabajo del niño sin juzgarlo. Asiste al niño y a su trabajo. El adulto tiene que establecer con el niño una relación a la que no estamos acostumbrados, una relación que es difícil que hayamos visto en ningún sitio.

El adulto hace cosas que son accesorias, que hacen el trabajo agradable. Es como una herramienta del niño. Hace aquellas cosas que distraerían al niño de su trabajo. Tiene que estar ocupado, porque no es un observador y es fácil pasar de observador a destinatario del trabajo. Tiene que dejar de ser el que evalúa el trabajo final, para pasar a ser el que cuida y hace posible que haya un proceso.

En nuestra sociedad, se alaba el trabajo del niño para motivarle a que siga pintando, para animarle, para demostrarle que nos importa. En esta actividad, le haremos ver al niño que le queremos, y que su trabajo nos importa de otra manera, sin inmiscuirnos en el contenido de su trabajo, sin juzgar el dibujo. Esto lo hacemos cuidando su trabajo, respetando su proceso, protegiéndolo del juicio, estando presentes, dándole lo que necesita, asistiéndole en su proceso y desarrollo.

Lo normal es que un niño pinte y cuando termine le digamos “que bonito”. Aquí lo que propongo es darle valor al trabajo del niño a lo largo de toda la actividad, sin pasar por el juicio. Yo no lo demuestro que le quiero y que su trabajo me importa porque le ponga una buena nota final diciéndole cuánto me gusta, yo le demuestro que le quiero y que su trabajo me importa, dando la posibilidad de que ese trabajo se desarrolle y crezca, respetándolo y protegiéndolo del juicio, cuidando de las condiciones para que todo esto pueda desarrollarse.

Esto se traduce en que el adulto:

– le da al niño un buen material: le da buen papel, le coloca a su alcance buenos rotuladores, tiene repuestos para cuando se sequen dárselos…

– cuida de que el material vaya a continuar en buen estado: limpia la mesa cuando se ensucia, cambia los rotuladores que se secan por otros nuevos, no deja que nadie trate mal el material, cuida de que el rotulador esté bien cerrado cuando se deja…

– cuida de que el niño trabaje cómodo: si está demasiado lejos de la mesa, le acerca; si la mesa es demasiado alta, le coloca un cojín en la silla; si el niño pinta tumbado en el suelo, le da un cojín, o le tapa con una mantita, o le da una carpetita o un cartóncillo para que ponga debajo del trabajo y pinte cómodo. También cuida de la mano del niño: para poder pintar en las mejores condiciones, la mano tiene que estar relajada y se tiene que coger el rotuladores de la forma correcta.

– da y hace cumplir unas normas: da hábitos de trabajo, de cómo coger el rotulador, respetar el trabajo del compañero…

– guarda el trabajo terminado, poniéndole antes el nombre y fecha, y lo archiva en una carpeta para cada niño

– no juzga el trabajo, ni lo describe, ni comenta, ni motiva… No entra para nada en el trabajo, porque no es asunto suyo: el dibujo es el juego del niño.

– conoce cómo es un proceso normal, hace cursos, lee libros y reflexiona. Conocer el proceso te permite no juzgarlo. Saber que hay una evolución, da mucha tranquilidad, quita miedo. Si sabes que en la evolución de dibujo, el niño pinta torbellinos, y luego ganchos, no te da miedo respetar el proceso, porque sabes lo que va a suceder. No te extrañas, ni te sorprendes, simplemente acompañas el proceso sin juzgarlo.

Qué no hace nunca

– hablar del contenido del trabajo, juzgar, exponer,

– comparar niños: cada niño es diferente a los demás, y por eso cada niño tiene un proceso diferente de los demás

– enseñar a pintar: trabajando así, el niño aprende a pintar, sin enseñanza. Con continuidad y sin juicio, el niño se siente seguro y puede jugar pintando. Así, su trabajo va evolucionando, pasando por diferentes etapas, conquistando nuevos descubrimientos con seguridad y sin miedo. Y este aprendizaje dura toda la vida.

– abandonar al niño: el adulto tiene que estar presente, no se les puede dejar solos

– ser un observador: y no puede tampoco quedarse quieto mirando, tiene que hacer algo

 

Un ejemplo práctico:

En nuestra casa, puede que ellos me pidan pintar, o que se lo ofrezca yo. Cuando les veo que no están haciendo nada se lo ofrezco, les pregunto ¿queréis pintar?  y si uno quiere, normalmente los demás también, por lo que casi siempre pintan los tres a la vez. Solo les dejo pintar en estas condiciones si yo voy a poder estar atendiéndoles, sino tienen que esperar a otro momento en que yo pueda estar con ellos.

Lo primero que hacemos es preparar la mesa, porque la solemos tener llena de cosas, así que despejamos el espacio y se sientan. Tiene cada uno su silla, pero a veces les gusta cambiarse el sitio. Da igual, lo importante es que la mesa esté limpia, despejada y en condiciones, que no haya nada alrededor que moleste o distraiga, que haya un orden. Pongo un bote con los rotuladores en el centro de la mesa (aunque también se puede colocar en otro lugar y van y vienen a cogerlos) y les doy una hoja a cada uno.

Al darles la hoja, conviene dársela a la mano y no colocársela en el mesa, porque así ellos se la ponen en la mesa como quieran (vertical u horizontal), sin que yo tenga que preguntarles. Los folios están guardados en otro lugar, por lo que se levantan a coger la hoja, y vuelven a la mesa.

Cada uno coge un rotulador, el que quiera y comienzan a pintar. Solo se puede coger un rotulador, el que van a usar, porque no se puede acaparar  los rotuladores (hay pocos y hay que tener en cuanta a los demás, y además solo se pinta con un color cada vez). Y hay que tratarlos bien, no les dejo que los golpeen. También hay que poner atención a que se tapen bien para que no se sequen. Cuando cambian de color, dejan el rotulador en su sitio (orden, limpieza y respeto por lo demás y el material) y cogen otro de otro color.

Mientras están pintando charlamos de todo un poco, de cualquier cosa menos del trabajo que estén haciendo, claro. Durante todo el proceso hay que hacer ver para qué estamos presentes: estamos ahí porque los queremos, porque los aceptamos, porque su trabajo es importante para nosotros. Esto hace que al final, el niño no busque la aprobación del adulto a través de su trabajo (“¿te gusta?”), el niño se tiene que dar cuenta de que ya tiene nuestra aprobación. Pero no hay un juicio del trabajo. No entramos en el trabajo, ni para juzgarlo ni para describirlo. Su trabajo es suyo.

Lo que suelo hacer mientras pintan es limpiar la mesa con una toallita, cuando se cae algo al suelo (un rotulador o una tapa) se lo recojo, y así no se tienen que levantar; asegurarme de que no se les dobla ninguna esquina del trabajo…. Esas cosas. En cuanto los niños y el adulto entienden cual es la función del adulto, surgen solas las cosillas que se pueden hacer.

Con mi hijo pequeño, por ejemplo, que tiene 20 meses, lo que tengo que hacer es tener cuidado de que coja bien el rotulador, porque tiende a cogerlo o muy cerca o muy lejos de la punta. Y recogerle todo lo que se le cae (que es bastante). También tengo que tener cuidado de que no coja un puñado de rotuladores. No lo hace para acaparar, lo hace por jugar, así que le suelo ofrecer otro material (“con los rotuladores no puede jugar así, ¿has terminado de pintar? ¿quieres que saquemos las piezas de construcción?”). Los rotuladores solo se los dejo para pintar, para jugar le doy otro material. No los puede chupar, ni lanzar, ni le dejo jugar a meterlos y sacarlos del bote (que le encanta).

Con mi hijo mayor, que tiene 5 años, mi trabajo va por otro camino. Él es más mayor, y está mucho más condicionado, por las abuelas y por el colegio. Por lo que mi trabajo fundamentalmente es darle conversación. Si mientras trabaja, estamos charlando tranquilamente, de cualquier cosa, no hay ningún problema, puede pintar con calma, con seguridad, jugando, disfrutando, sin comeduras de coco. Mientras charla conmigo puede jugar a pintar sin problemas. Pero si no estoy presente, o me distraigo… poco a poco tiende a meterse en el trabajo de sus hermanos, a contarnos qué está pintando, … es muy sutil, porque en casa esto lo trabajamos mucho, y no tiene un condicionamiento bestial, pero por pequeño que sea no me gusta. Cuanto más condicionado está el niño, más dificil es trabajar así.

Y con mi hija, que tiene 3 años, es todo mucho más fácil. Pide todo lo que necesita, y listo. Ahora mismo necesita muy poco: apenas se le caen cosas, y casi no se le escapa el trazo del papel. Y ahora mismo no tiene ningún condicionamiento ni ningún problema. Pero como tiene asumida esta relación que tenemos, como tiene claro cual es mi papel, y quiere seguir teniendo trato conmigo, ella misma ha buscado algo que yo pueda hacer, para trabajar juntas, para que yo la cuide, para que yo pueda hacer ver que su trabajo me importa sin pasar nunca por el juicio. Me pide que le sostenga la tapa del rotulador: coge un color, lo destapa, y me da la tapa, cuando termina con el color me lo da, y mientras yo lo tapo y lo pongo en su sitio, ella coge otro y me da la tapa nueva. Esto lo ha pedido ella sola, a mí no se me había ocurrido, y es un buen trabajo para el adulto que asiste el juego de pintar y que no sabe muy bien qué hacer.

Cuando alguno de los tres termina su trabajo, lo cojo y le doy la vuelta, y en la parte de atrás pongo su nombre y la fecha. E inmediatamente lo guardo en su carpeta.

Nunca hay comentarios sobre los trabajos:

– Ya está,

– Trae, hoy es….. ¿Quieres otra hoja?

– si, dame

No hay un momento en el que nos detengamos a mirar el trabajo, es todo inmediato, me lo dan, le pongo el nombre y lo archivo, por lo que no se da pie a hacer comentarios o a entrar en el trabajo del niño. Cada uno tiene una carpeta, en la que voy archivando todos sus trabajos. Tengo todos los dibujos que han hecho perfectamente guardados y archivados. Y lógicamente, en ellos hay una evolución, ha habido un proceso, un aprendizaje, sin juicio, con seguridad, sin depender de la opinión de los demás, sin motivación, solo respetando y haciendo posible el juego de pintar. De verdad que los niños no necesitan motivación para pintar: mi hijo mayor ha pintado así 5 años, y se ve perfectamente una evolución en su trabajo. Y en casa no ha recibido nunca ningún juicio sobre su trabajo.

Hay gente a quien no le gusta esta forma de hacer las cosas porque creen que es cruel no decirle a un niño que te gusta su dibujo. Esto no consiste en eso, esto no es un método que consiste en no decir “qué bonito”. Consiste en no juzgar algo que no está destinado a ser juzgado. Consiste en posibilitar una evolución y un desarrollo, en no cortarlo. Desde mi punto de vista es cruel destruir el juego de pintar, haciéndole entender al niño que al dibujar tiene que conseguir un trabajo que guste a los de su alrededor. Hay muchas formas de hacer ver a un niño que le quieres.

Si vas a intentar hacer algo así en casa:

Con un niño pequeño, que no está condicionado es muy fácil, y que empieza a pintar, es muy muy fácil. Solo hay que reflexionar un poco acerca del papel que quiere jugar el adulto en este proceso.

Con un niño que ya está condicionada, es un poco más complicado, pero se puede. El adulto tiene que tener claro, qué va a hacer y que no, y poner un antes y un después. Yo intentaría cambiar todo lo que rodeaba el dibujo antes, si se daban otras condiciones.

Por ejemplo, si antes el niño pintaba solo en su habitación, ahora le haría pintar en el salón. O si antes pintábamos juntos en el salón, pues ahora en la habitación. Cortar con lo que se ha hecho antes. Se pueden ir a comrpar un paquete de folios, una carpeta y unos rotuladores nuevos, que no haya usado antes. Y se puede preparar un rinconcito en casa, nuevo, donde se vaya a pintar.

Al niño se le puede verbalizar todo, no pasa nada, pero es mucho más importante lo que se hace que lo que se dice. Se le puede explicar en qué consiste el juego de pintar, y se puede poner la norma de que “no se habla del trabajo”.

Hay niños a quienes les resulta muy difícil recuperar su juego de pintar, todo depende de lo condicionados que estén, y hay niños que lo pasan muy mal. Pero se puede. Es una gran conquista para el niño dejar de trabajar para los demás y comenzar a trabajar para uno mismo. Es mucha responsabilidad y requiere un gran esfuerzo por parte del niño, pero por supuesto que se puede.

Para saber más:

– En el blog hay una serie de entradas dedicadas al dibujo infantil, a la educación creadora y al juego de pintar. Se pueden buscar en el índice, o en las categorías

– También hay mucha información en la página de Diraya, los talleres de educación creadora de Bilbao. En los enlaces hay referencias de a más páginas de educación creadora.

– El último libro de Arno Stern, titulado Del dibujo infantil a la semiología de la expresión, ed. Carena

 

He leído: La madurez de Eva, de Alice Miller abril 3, 2012

Filed under: Uncategorized — seeducansolos @ 12:24
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No había leído nunca ningún libro de Alice Miller, y ya tenía ganas.

El libro es cortito, y se lee bien, rápido y sin problemas. Aunque es el primero que leo de la autora, me habían hablado mucho de ella. Lo que me habían contado era que resultaba un poco duro, pero no me lo ha parecido.

Habla acerca del maltrato en la infancia, de cómo afecta a nuestra vida de adultos. Habla de cómo el trato que recibimos en nuestra infancia, que cosideramos normal, porque nos han dicho que era por nuestro bien, no lo es en realidad, sino que es maltrato. En ese sentido es en el que me han contado diferentes personas que el libro es duro, porque te hace enfrentarte a tu infancia-feliz para reflexionar acerca de cómo te maltrataban tus padres, y como eso hace que ahora trates así a tus hijos. Habla de cómo se nos reprime todo lo que nos pasó en la infancia, de la poca importancia de esa etapa en general. Habla de que si no recibes amor en la infancia (respeto, empatía) no puedes darlo en la vida adulta, porque no lo has conocido. Y pone muchos ejemplos, de personas que llegan a enfermar, pasan por crisis, van a terapia en la que sale a relucir los malos tratos de su infancia y tras superarlo, recuperan la salud.

A mí, personalmente, lo que me preocupa y me lleva a leer el lirbo es el cómo trato a mis hijos, puesto que me gustaría tratarlos mejor, y lo que busco son soluciones. Y siento decir que no da respuesta ni recetas. Me han comentado que en otros libros explica más cosas. Habrá que seguir leyendo.

 

Curso de introducción: Mauricio y Rebeca Wild 2/2 octubre 23, 2011

Filed under: pestalozzi,transcripcion curso,Uncategorized,wild — seeducansolos @ 14:09
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Notas extraídas del curso. No es una trascripción, sino un breve resúmen de lo allí tratado, de las charlas, las preguntas, etc que pude ir recogiendo. 2º Parte.

18:00

El ambiente tiene que tener todo lo que el niño podría necesitar para vivir. Sin expectativas para el niño. Estas las tenemos que tener muy claras para poder ver cómo inciden en el niño. Sin peligros activos. Un adulto que no está por preguntar, por ver las necesidades del niño es un peligro para el niño.

En el Pesta, la estructura del edificio favorece que haya 60 niños y 4 adultos más o menos. Es circular y muy transparente. Hay un adulto acompañando en cada espacio, y otro flotante que va donde hace falta. Frente a los niños se mantiene una posición de coherencia, no se discute. Pero por las tardes hay reuniones donde sí se hablan los temas que puedan surgir del trabajo con los niños. Los adultos van rotando de espacios.

Uno de los espacios era el “rincón tranquilo”, donde había cojines y cosas así para poder relajarse y descansar. Un día fueron unos niños allí y comenzaron una pelea de almohadas. El adulto que les acompañaba no dijo nada, y en la reunión de la tarde salió el tema. El acompañante consideró que la palea de almohadas sí era una necesidad de los niños, y puesto que no molestaban a nadie porque no había nadie más usando el rincón tranquilo, les dejó continuar. Lo que surgió de la charla que tuvimos fue: ¿la pelea de almohadas es una necesidad? Pues necesitamos otro espacio donde esa actividad se pueda llevar a cabo. Tuvimos que crear otro espacio.

La regla hay que cumplirla, sino se va a cumplir no se pone. No sirve para nada sino.

El llanto del niño es para desahogarse. Si no se tiene acceso al llanto para restablecer el equilibrio hemostático aparecen problemas. Es una olla a presión que está llena y necesita ir soltando energía poco a poco. Por ejemplo, chupándose el dedo. Pero la olla solo se vacía a través del llanto de desahogo. Los niños que tiene dolor dentro tienen que provocarse dolor para poder justificarlo. Hay que llorar.

Dormir, ¿Qué es? El organismo está pendiente de lo que pasa a su alrededor. Solo le presta atención a una cosa, y todos los otros estímulos que recibe los recoge sin procesarlos. Cuando no caben más, caemos dormidos, ya no podemos prestar atención a nada. Hay muchos niños que no quieren dormir porque al dormir tienen dolor: al procesar esa información que por lo que sea le resulta dolorosa. El niño solo puede deshacerse de esto mediante el llanto de desahogo, aunque4 al adulto además puede hablar.

16:00

Continuamos con la participación de los niños en las reglas del colegio.

En los procesos de vida las cosas no pasan porque sí. Las plantas crecen de semillas, necesitan condiciones y necesitan cierta madurez para que salga una flor. Los procesos de vida no se dan con una metodología que se aplica, no funciona así. Es muy difícil que los niños maduren si están rodeados de adultos a los que no les interesa el niño.

Nosotros acompañamos a niños y vimos muchas diferencias: hay niños que no tenían la experiencia de unos límites claros, y solo los cumplen si hay un adulto mirándole (doble moral). Los adultos nos reuníamos y nos poníamos de acuerdo sobre esos límites, estas reglas. Las reglas son de persona a persona, no se escriben nunca en papel. Los límites tienen que ser para que no se moleste a otros, para mantener el ambiente relajado, y para evitar peligros activos. Así la regla va en beneficio de todos: si yo no pego, los demás tampoco me pueden pegar a mí.

En pequeños círculos de niños, van poniendo reglas para jugar, dentro de un pequeño juego, pero estas reglas no son válidas para todo el mundo, cuando acaba el juego acaba la regla. El juego representativo lo hemos protegido de forma que cuando hay dos niños jugando, y un tercero quiere incorporarse, lo hace solo si le dejan los que estaban jugando primero. Se respeta la decisión.

Entre lo 6-7-8 años se da un cambio. Antes era lo afectivo, lo motriz, los sentidos, y se activa la fantasía (sistema límbico). Ahora el hemisferio izquierdo quiere desarrollarse también y comienza la edad de hacer reglas. Es una necesidad de desarrollo. Se interesan en los resultados de sus acciones, y en materiales que les permitan ver reglas y regularidades. Cambian de juegos. Juegan y cambian continuamente de reglas, cambia la regla a cada momento a servicio del juego.

Estos niños, una vez a la semana acudían a la asamblea. Esto lo aprendimos de Summerhill y también fue un proceso. Cuando empezamos teníamos unos 30 niños, pero muchos de ellos no habían tenido una vivencia de reglas y límites como hemos contado.

Acordamos que a la asamblea acudían los adultos y los niños de primaria. Había un orden del día compuesto por:

  • pequeñas responsabilidades: se repartían entre los que quisieran. Cosas como dar de comer a los peces, recoger las herramientas y ponerlas bajo llave, hacer y repartir el desayuno, apuntar los turnos en la cocina…

  • anuncios: tal día vamos a ir a tal sitio

  • ideas

  • quejas: cosa que habían pasado y habían causado malestar. Primero se escucha la queja, a todas las partes, se ve si la queja es válida o no y se define la consecuencia.

A la consecuencia de estas quejas los niños lo llamaban “castigo”. Para entender esto conviene leerse el libro El desarrollo moral en el niño, de Piaget.

Una de las quejas de los pequeños fue que la asamblea duraba mucho y se querían ir a jugar, así que se estableció la regla de que solo 5 quejas cada lunes.

En el Pesta uno de los espacios, el casino, tiene juegos de mesa, de reglas. Los niños, al principio preguntan como se juego, y luego cambian las reglas. Luego llega una edad en la que ya quieren jugar de forma tradicional.

Al llegar a la preadolescencia (12 años) podían pasar a la secundaria. La mayoría no quería, y solían pasar primero las niñas que los niños.

Las reglas de respeto mutuo nunca fueron objeto de “quejas”. Nunca surgió una queja del tipo de “esto no lo podemos dejar por ahí tirado…”

En la asamblea valoran hacer las reglas con los adultos.

La secundaria tiene otra asamblea pero con la diferencia de que si hemos puesto reglas y alguien se va sin estar de acuerdo con esa regla ¿Qué pasa? ¿cómo ayudamos al compañero para que no tenga que ir contra la regla que hemos establecido?

Viaje a Manaos: se preparó con muchísimo tiempo de antelación y se establecieron muchas reglas. Aún así decidimos hacer una asamblea cada tarde, al acampar, porque surgían cosas durante el viaje que no se podían prever. Las reglas se fijan por consenso, no por mayoría, porque todos tenemos que asumirla.

Este proceso de asumir reglas, es para todos, para los niños y también para los adultos.

Da la impresión de que las separaciones por edades son muy importantes para vosotros.

Los niños de diferentes edades tienen diferentes necesidades, y nosotros preparamos espacios para que se satisfagan esas necesidades.

La ilegalidad les presionaba mucho. Estaban reconocidos como escuela hasta los 15 años. Si le pasa algo a un adolescente de 17 años no pasa nada, porque no es asunto del ministerio de educación, pero si le pasa a uno de 14 años, podían tener muchos problemas. Esta situación la conocían también los niños.

No se trata de que todo el mundo pueda hacer lo mismo, los de infantil no pueden ir al espacio de la primaria, pero estos si pueden volver a infantil, sino de que todo el mundo pueda hacer lo que necesita. Sin un ambiente relajado no se dan procesos de vida.

¿Tenéis algún tipo de problema en el colegio por el hecho de que haya educadores que sean padres de algunos alumnos?

Da problemas y conflictos a veces, porque hay padres que solo atienden a sus hijos, y hay otros que hacen lo contrario. Los adultos tienen que ser primero padres y luego educadores de los demás, porque sino a sus hijos les provoca mucha inseguridad.

Los padres tenemos la tentación de aplicar técnicas y métodos. Esto no les gusta a los niños. Necesitan padres, no educadores profesionales, maestros, psicólogos… imitadores de modelos de los otros.

Volviendo a los límites, ¿Qué pasa con las exclusiones? Si se repiten varias veces en varios niños, ¿no hay un daño ahí?

¿Qué es lo que pretendes lograr? Nos sentimos afectados ante la exclusión de u niño, y eso es bueno porque significa que tenemos empatía. Un adulto se desahoga con un amigo contándole su pena y su dolor, y si llega otra persona, deja de hablar con su amigo porque ya no tiene confianza. El mismo papel tiene el juego en el niño, le ayuda, le sirve para procesar vivencias.

Los niños que causan dolor a otros lo hacen porque tienen mucho dolor dentro. Los niños sin problemas, en equilibrio, no les molestan que no les dejen jugar.

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La mayoría de los adultos empujamos a los niños en vez de apoyarlos. Esto ocurre hasta llegar a la adolescencia, que entonces les frenamos.

¿Podrían hablar más acerca de las causas por las que cerraron el Pesta?

Estaba el deseo de los padres de tener un Pesta para los adultos, pero cada adulto tiene unas necesidades muy diferentes. No se puede preparar un entorno preparado para los adultos. Nuestra preocupación era crear ambientes relajados para desarrollarnos desde dentro, pero no nos dábamos cuenta de lo que implica para el adulto un ambiente relajado. Lo vimos claro cuando comenzamos con la experiencia de la economía alternativa, cuando creamos nuestra propia divisa, la red de apoyo. Estas reuniones las hacíamos los sábados y para la mayoría de los que participaban en ella fue vital para su subsistencia. Éramos unos 300, de los cuales solían acudir al mercado uno 100-150. Podías conseguir lo que quisieras sin dinero, eso da alivio y cambió las relaciones entre los adultos. Estar en un grupo donde te apoyan en cualquier cosa que necesites.

Con esta vivencia se aclaró que el ambiente relajado para los adultos implica otra economía. El comercio es la forma legal de quitarle la plata al otro.

Si no conoces a fondo el material y el niño te pide algo, vas a estar más pendiente de cómo se usa el material y no vas a atender al niño, y aunque digas las palabras correctas, el niño lo nota.

Hay familias que no pueden realizarse porque no les deja la economía. Tenemos que apoyar más a los padres para que puedan crecer también, junto a sus hijos, para que tengan también procesos de vida.

Dentro del mercado se vieron también cosas interesantes, porque en el ambiente relajado hablas de tus necesidades y el grupo puede ayudarte. Creamos una red autodidacta como defensa, estrategia (aunque al mismo tiempo nos ayuda a nosotros) para defendernos de las autoridades educativas.

Surgió también el proyecto de vivienda, entre todos se reúne lo que se pueda, cada uno aporta una cantidad económica y con eso se va construyendo. Se dan las cosas y las viviendas según las necesidades y prioridades de las familias. Esto surgió de adultos relajados que sienten que tienen que apoyarse. Pero esta experiencia se vino abajo por el derrumbe económico de Ecuador, llegó un momento en que nadie tenía dinero.

Ante la crisis económica vimos las dificultades que tenían ciertas comunidades indígenas, y les ayudé a crear grupos de economía alternativa. Logramos unos 80 grupos.

Los adultos entraron en otra problemática: los hijos van al colegio porque así tienen un título que les permitirá encontrar trabajo para ganar dinero. Pero ahora ya no les hace falta ir al colegio, porque con este otro sistema pueden vivir bien. Nos pidieron ayuda y así creamos los CEPAS (centros de actividades autónomas). El Pesta se cerró en el 2005.

Hubo algunas personas que dijeron que había fracasado por las ideas económicas de los Wild, pero que si lo mantenían económicamente los padres podrían mantenerse. En un año cayó en bancarrota.

¿Todas las familias del colegio tienen una coherencia con este, o los niños viven en dos ambientes diferentes?

No tenemos derecho a decirles a los padres cómo tienen que vivir. Al principio teníamos mucho miedo, porque no somos pedagogos ni médicos ni psicólogos, y muchos de los padres sí que lo eran. No somos especialistas, y por eso nos preparábamos mucho las reuniones con los padres. Hay por algunas escuelas de aquí en España, unos cuadernitos fotocopiados de otros que escribimos en esa época, que igual les interesaría leer, porque habla y aclara más cosas del trabajo.

Cuando comencé a formar grupos de padres me di cuenta de que me sobrepasaba. Continuamos las reuniones pero a nivel de información, no para llevarles a cabo su proceso de vida, eso era solo para los hijos. Gran parte de los padres nos delegaban a sus hijos.

En casos muy extremos, cuando se ven problemas en el niño, poníamos un límite, un plazo, y si en ese plazo no se ven procesos de vida, en el próximo curso no lo admitíamos en el Pesta.

Cada uno saca lo que quiere, y si lo que se quiere es delegar éramos cada vez más duros. Hemos dejado a un total de 4 niños en 30 años. Pero la mayoría eran padres como nosotros, que tenemos hijos y no sabemos cómo hacer. Poco a poco van estando más relajados los padres con los hijos, y eso facilita las relaciones familiares. Dando pasos muy pequeños.

Se hizo un experimento, en un campamento de militares introdujeron bebés pequeños, que ya se movían pero no se desplazaban mucho todavía. Ordenaron a los reclutas seguir los movimientos de los bebés, moverse igual que los bebés lo hacían. Y los reclutas acabaron agotados. Esto ocurre porque los bebés estaban haciendo lo propio, lo que les corresponde, pero lo reclutas hacen lo de los otros. Es la diferencia entre hacer lo propio o lo de otros.

 

El taller de pintura y las condiciones de la educación creadora: el espacio personal y colectivo y el grupo heterogéneo junio 30, 2011

Extraído del curso de formación de Educación Creadora; del módulo 1 titulado “Curso de introducción a los fenómenos y condiciones de la educación creadora” impartido por Jose Miguel Castro, el 6 y 7 de noviembre de 2011. Parte 8.

El taller de pintura que creó Arno Stern, es una reproducción evolucionada del primer taller que creó en el orfelinato del campo de refugiados. Es una sala de unos 20m2 en cuyo centro hay una mesa paleta donde se encuentra la pintura, los pinceles, el agua y las chinchetas. Esta mesa paleta representa el espacio de crecimiento social, es un lugar donde hay que tener muy en cuenta a los demás y donde debemos prestar mucha atención a todo lo que hacemos.

En un primer momento, cuando Arno abre su taller, la mesa paleta era más amplia y había más espacio entre los objetos, pero evolucionó hacia concentrarlo. Actualmente hay el espacio y los útiles justos. Así se hace totalmente necesario poner atención para mantenerla en perfecto estado.

La atención es necesaria para favorecer el tener en cuenta a los demás, ya que todo el material es colectivo: hay que poner atención al coger un pincel para no tropezar y desordenarla, hay que tener cuidado al coger pintura para no manchar los colores que después van a utilizar las otras personas y necesitan encontrarlos en las mejores condiciones posibles.

Esto se equilibra con el espacio de crecimiento personal, que es el espacio que cada uno de ellos tiene para trabajar. En este espacio, el papel en el que se pinta, no hay que tener en cuenta a los demás y no se comparte con nadie.

A la hora de pintar, hay un va y viene constante entre el espacio de crecimiento personal y el espacio de crecimiento social, puesto que pintando hay que acudir cada poco tiempo a por la pintura a la mesa paleta.



El mantenimiento de este equilibrio entre las dos zonas define las dimensiones del espacio en el que se trabaja. Ese espacio es para un máximo de 14 personas, para que se puedan desenvolver y se les pueda atender adecuadamente. Se crean unas dimensiones y unos límites que están en armonía con el número de personas y la actividad que se hace, los desplazamientos…, etc.

A la hora de establecer los grupos de personas que van a pintar en el taller, Arno hizo lo contrario, a lo que se suele hacer normalmente, y formó grupos en los que coloca a gente de todas las edades. Así los grupos son completamente heterogéneos y diversos: hay niños grandes, pequeños, jóvenes, adultos, ancianos…

A la hora de formar un grupo para pintar, se separan los niños de la misma edad o los adultos con características similares como por ejemplo dos viudos, o dos presidiarios, o dos personas con síndrome de Down.

La razón de esto es muy sencilla, y es para mandar un mensaje claro a cada persona: eres diferente y aquí tienes el espacio donde tienes derecho a ejercer esa diferencia y expresarte.

Solamente aceptando que eres diferente a todos los demás puedes tomar las riendas de tu propio proceso. No sólo tienes que aceptar tu diferencia y asumirla como algo valioso en sí misma si no que es la única manera de aportar riqueza a los demás.

En un grupo diverso hay una corriente de influencias enorme. No se va a dar el fenómeno de imitación como se da en otros espacios pero si va a haber corrientes de influencias muy grandes.

Este es el primer principio de la Educación creadora, asumir radicalmente que somos diferentes y crear estructuras donde se pueda ejercer ese derecho básico a ser uno mismo. Esto implica una aceptación incondicional de cada persona independientemente de su punto de partida también lleva implícita una confianza absoluta en cada persona.

En un grupo donde se da esta variedad en seguida se manifiesta, enseguida se hace evidente que son diferentes, crecen de forma diferente, trabajan de forma diferente y necesitan cosas diferentes. Entre otras cosas, necesitan espacios diferentes.

El espacio personal de cada uno no tiene límites. En esos espacios se ve que tienen diferentes ritmos de trabajo porque no hay un ritmo personal común para nadie. Hay personas que hacen trabajos grandes, y personas que hacen trabajos pequeños (con independencia de la edad de cada uno). Los contenidos son también sustancialmente diferentes porque tienen intereses y necesidades diferentes, trabajan con conocimientos diferentes, con emociones diferentes, es decir que la diversidad se manifiesta en toda su riqueza. En un grupo tan rico, las ideas de quién es el que lo hace bien, el que lo hace mal… no se puede mantener, naufragan. No se sienten ni mejores ni peores.

Esa aportación de riqueza a los demás suelen verbalizarla aquellas personas que desde una minusvalía sienten que su diferencia es una carga para los demás y sin embargo en este espacio lo sienten como un valor añadido que están aportando al grupo.



Como se puede imaginar, en un grupo tan diverso hay una corriente de influencias enorme y se establecen gran cantidad de relaciones, conversaciones, juegos secundarios…. Llegan a conocerse los unos a los otros de una forma auténtica. Saben lo que pintan unos y otros y la desaparición de la concepción de cosas bien o mal hechas, mejores o peores, suele manifestarse rápidamente. Así por ejemplo, ante un trabajo grande, de 30 papeles puede llegar un niño pequeño al taller por primera vez y decir – ¡qué grande, qué bonito!-. Cuando este mismo niño lleva dos o tres semanas trabajando en el taller, lo que dice es: -¡Hoy va a venir Fulanita, qué bien¡- Porque ya asocia cada trabajo a cada persona, con las diferencias que ésta tiene. Ya no piensan en mejor hecho, peor hecho, qué grande o qué pequeño, si no que ya solo ve a esa persona.

En un espacio así, donde no hay nadie parecido a ti, no puedes compararte con nadie y no se establecen relaciones competitivas: cada cual tiene su espacio y su ritmo. Es evidente que todos somos diferentes, no mejores ni peores sino diferentes. Es este espacio, con un grupo así formado no se puede competir con nadie.

En este espacio no se está en silencio, si no que se habla de todo tipo de cosas menos de una: no hablan nunca de lo que pintan, porque al estar haciendo un trabajo de expresión profundo (de 4º grado) están teniendo una relación completa, compleja y profunda entre ellos. No utilizan jamás lo que pintan para comunicarse entre ellos.

 

Imitación e influencia

Filed under: Uncategorized — seeducansolos @ 13:03

Extraído del curso de formación de Educación Creadora; del módulo 1 titulado “Curso de introducción a los fenómenos y condiciones de la educación creadora” impartido por Jose Miguel Castro, el 6 y 7 de noviembre de 2011. Parte 6.

Hay dos conceptos que desde la educación creadora nos gusta aclarar para poder diferenciar: la imitación y la influencia.

Nuestro cerebro está formado por una serie de neuronas que nos permiten aprender por imitación. Así aprendemos por ejemplo el lenguaje, junto con muchos otros aprendizajes. La imitación es un mecanismo muy valioso, siempre y cuando no haya un modelo que te aparte de lo que tú necesites en ese momento y te empuje a hacer otra cosa, siempre y cuando no se te imponga y te aparte de lo que necesitabas.

Utilizaré el término imitación, para referirme a esos modelos que se nos imponen, mientras que a aquellos modelos que no se nos imponen desde fuera, sino que es algo externo a ti que es valioso, que puedes utilizar, los llamaré influencias.

Una influencia de no saca de donde estás, te enriquece, te permite hacer avances y descubrimientos, conquistas… Las influencias no te apartan de la dirección en la que necesitas ir.

 

 
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