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Blog sobre aprendizaje, crecimiento…

Refuerzos y castigos junio 18, 2012

Nuestras acciones tienen consecuencias. Desde la psicología conductista, estas consecuencias se dividen en refuerzos y castigos:
Los refuerzos se utilizan para reforzar una conducta, para que se repita. En cambio los castigos se utilizan para eliminar conductas.
Tanto los castigos como los refuerzos pueden ser positivos o negativos:
– refuerzo positivo: a quien ejecuta la conducta que estamos reforzando, le damos algo positivo, le pasa algo bueno como consecuencia de esa conducta.
– refuerzo negativo: a quien ejecuta la conducta que estamos reforzando, le quitamos algo malo, algo malo que le pasaba le deja de pasar como consecuencia de esa conducta
– castigo positivo: a quien ejecuta la conducta que queremos eliminar, le damos algo malo, algo malo le pasa como consecuencia de esa conducta
– castigo negativo: a quien ejecuta la conducta que queremos eliminar, le quitamos algo bueno, algo bueno que le pasaba, le deja de pasar como consecuencia de esa conducta.
 

Para aumentar conducta  Refuerzo positivo  Damos algo bueno
Para aumentar conducta  Refuerzo negativo  Quitamos algo malo
Para disminuir conducta  Castigo positivo  Damos algo malo
Para disminuir conducta  Castigo negativo  Quitamos algo bueno

Ejemplos tradicionales de esto serían:
– refuerzo positivo: un niño hace algo que consideremos bueno, y para que lo mantenga o como premio, le compramos un regalo, le dejamos que tenga más recreo, le decimos muy bien… lo premiamos con algo que le gusta.
– refuerzo negativo: un niño hace algo que consideremos bueno, y para que lo mantenga, le dejamos salir antes de clase, puede no comerse todas las verduras que no le gustan, … lo premiamos evitando algo que no le gusta
– castigo positivo: un niño hace algo que consideremos malo, y para que no lo haga más, le damos trabajo extra, más deberes, … lo castigamos con algo que no le gusta
– castigo negativo: un niño hace algo que consideramos malo, y para que no lo haga más, le dejamos sin recreo, o sin postre, o sin ir al cine… lo castigamos quitándole algo que le gusta.

Así es como la psicología oficial entiende el desarrollo y el aprendizaje, y así es como se entienden normalmente los premios y castigos.
Esto lo he estudiado en cursos, en la carrera… está por todas partes, pero con el tiempo, cada vez me chirriaba más. Es completamente cierto que los refuerzos y castigos existen y nos afectan. Pero no estoy de acuerdo en cómo se enfocan, en cómo se utilizan.
Según esta forma de entender el desarrollo, los refuerzos y castigos son completamente necesarios. Además, los adultos que educamos, podemos manipular las consecuencias de las acciones de los niños, para poder poner o quitar las conductas que nos interesen.

Desde mi punto de vista, en general creo que no estoy a favor de premios o castigos, pero es cierto que todo en la vida tiene consecuencias: nuestras acciones van a tener consecuencias, y éstas delimitarán nuestras conductas futuras. Pero una cosa son las consecuencias naturales de nuestros actos, y otra cosas son las consecuencias que imponemos los adultos, y que utilizamos para manipular a los niños, para intentar modificar su conducta.

Yo he visto otra forma diferente de trabajar que funciona. Una forma de entender la educación y el desarrollo, que es diferente a la expuesta aquí arriba, y que sin embargo tiene buenos resultados. He visto trabajar y aprender a niños, sin “refuerzos positivos”. Y estos niños continuaban aprendiendo y trabajando, sin motivación extrínseca, sin que nadie les animara a hacerlo desde fuera. ¿Cómo es posible?

Los que seguís el blog, ya sabéis cómo entiendo la educación.
– desde el no juicio
– dándole mucha importancia a de las influencias, al grupo
– respetando el interés del niño (aquí , aquí y aquí hablamos de ello)
– cambiando el rol que se le da al acompañante
– entendiendo el juego del niño como su trabajo fundamental
– con las condiciones de la educación creadora (aquí y aquí hablamos de ellos)

Desde como yo entiendo la educación, el crecimiento y el aprendizaje:

¿Que es un refuerzo positivo?
He dicho que es una consecuencia, que te lleva a volver a repetir una conducta, que la refuerza, porque a cambio consigues algo bueno para ti.
El refuerzo positivo se entiende comúnmente como darle al niño algo que le gusta, cuando el niño hace algo “bien”. Hay un montón de programas educativos que se basan en el refuerzo positivo.
Pero, ¿y si trabajamos desde el no juicio? ¿y si cambia el papel del educador? ¿y si no es el educador el que reparte los refuerzos positivos? ¿como es que hay niños que trabajan sin motivación externa o sin recibir elogios?
Desde mi perspectiva, cuando el niño trabaja en (lo que yo creo que son) buenas condiciones, consigue un montón de cosas buenas para él:
– seguridad en sí mismo, porque su avance solo se le debe a sí mismo
– desarrolla capacidades: creatividad, autonomía,
– tiene el control de su trabajo
– trabaja en lo que le gusta, en lo que quiere
– crece su interés, su motivación, su trabajo

– establece relaciones de calidad con quienes le rodean, sin manipulaciones, sin competición
Esos son los refuerzos positivos, los naturales, los reales, los intrínsecos, los que le motivan al niño a continuar creciendo, trabajando, aprendiendo, desarrollarse….
Si trabajando, te desarrollas, continuas trabajando.

¿Qué es un refuerzo negativo?
He dicho que es una consecuencia, que te lleva a repetir una conducta, que la refuerza, porque a cambio consigues eliminar algo que era malo para ti.
El refuerzo negativo es menos conocido, estamos menos acostumbrados a hablar de él, y cuesta más encontrar ejemplos. El desarrollo del niño en las condiciones que yo considero adecuadas, tiene muy en cuenta el darle al niño las mejores condiciones de trabajo, y esto incluye eliminar todo lo que puede molestarle.
Si trabajando, quien se ocupa de tu educación evita las interrupciones, el juicio… puedes continuar trabajando.

¿Qué es un castigo positivo?
Dije anteriormente, que es una consecuencia que te lleva a eliminar una conducta porque con ella consigues algo que es malo para ti.
Normalmente, la gente lo entiende como darle al niño algo que no le gusta.
Desde mi punto de vista, ponerle al niño un castigo positivo, es darle un “muy bien”, darle una valoración positiva, que el niño no necesita, y que como consecuencia hará que desaparezca el trabajo.
El juicio, las alabanzas, hacen que el niño trabaje para que le alaben, por lo que se elimina el trabajo para uno mismo. Le damos al niño “una buena nota” y con ello le hacemos dependiente de nuestra opinión sobre su trabajo. Deja de trabajar para sí mismo, para empezar a trabajar para nosotros. Y con el tiempo, el trabajo desaparece.
Soy consciente de que esto suena muy fuerte, pero la realidad está al alcance de todos: a todos los niños les dicen que pintan muy bien, y todos los niños abandonan el dibujo con los años.
Si trabajando para ti, te dan una motivación extrínseca, dejas de trabajar con motivación intrínseca.

¿Qué es un castigo negativo?
Dijimos que es una consecuencia que te lleva a eliminar una conducta porque dejas de conseguir algo que era bueno para ti.
El ejemplo de esto es muy fácil, si a un niño le quitas la posibilidad de trabajar de forma autónoma y libre, el niño deja de trabajar. Si a un niño, le dices en qué tiene que trabajar y cómo, le estás quitando algo que era bueno para él (la posibilidad de trabajar a su manera, de desarrollar sus intereses, de hacer sus investigaciones y pruebas, de tomar sus decisiones…). Y como consecuencia, se extinguirá ese interés, esa iniciativa, ese trabajo.
Si trabajando, te quitan el poder tomar decisiones, dejarás de trabajar.

 

Actividad educativa: trabajar con papel junio 12, 2012

En esta actividad intentaremos crear las condiciones para que el niño pueda desarrollar por sí mismo su capacidad de construir con papel. Para que esto ocurra, para que el niño pueda desarrollar una capacidad, ésta hay que trabajarla de forma constante. Así que esta actividad no está pensada para hacerla de forma aislada, para realizar un día puntual y no volver a repetirla más.

Esta actividad no consiste en que le enseñemos al niño a trabajar con papel, sino justamente en lo contrario: el adulto se coloca detrás del niño para hacer lo que este necesite para desarrollar sus capacidades. Es el niño el que aprende por sí mismo, a su ritmo. Esta actividad no tiene como resultado trabajos “muy bonitos”. En esta actividad el niño desarrolla una capacidad.

Materiales:

Depende de cada situación, de cada casa y de cada niño. Lo más habitual es:

– papel: para reutilizar, folletos de propaganda, folios blancos, o de colores, diferentes tipos de papel…

– cartón

– herramientas para trabajarlo: tijeras, celo, grapadora, pegamento, cola blanca, cúter…

– útiles para pintar: rotuladores, lápiz, pinturas, témperas, pintura acrílica…

Con niños muy pequeños, yo utilizaría solo papel y tijeras. Con niños pequeños, también se les puede dar folios y trozos de celo. Un poco más mayores, pegamento en barra, otros tipos de papel y rotuladores. Con más mayores, cartón, cola y témperas. Con más mayores, un cúter….. Cada uno que decida con sus hijos y su circunstancias.

Yo prefiero empezar con poco, ver lo qué se necesita, y ofrecer más si hace falta.

Con mis hijos en casa, tenemos muy poco ritmo de trabajo, por lo que la actividad avanza muy poquito. Utilizamos folios, propaganda, tijeras, pegamento y celo.

Con otros grupos de niños con los que he trabajado, he comenzado con cartón y papel, y según avanzaban les iba ofreciendo otras cosas: cuerdas o lana, alambres, témperas….

Hoy en día, los niños (y los mayores) estamos saturados de materiales y de cosas. No pasa nada por empezar con 2 cositas humildes, y dar tiempo para ver por donde evoluciona el trabajo. Es preferible tener poco material que demasiado.

Espacio y tiempo:

El tiempo que dura la actividad, lo marca cada niño, depende.

El espacio lo buscamos lo más cómodo posible. Nosotros en casa, trabajamos en una mesa, pero hay niños que se sienten más cómodos trabajando en el suelo.

Lo que sí que creo que es importante es marcar una frecuencia, un ritmo en el trabajo. Para que haya una evolución, un proceso, hace falta repetición, una estructura, un ritmo, una frecuencia. Sino lo hay, es mucho más difícil. Yo lo pondría un día a la semana, aunque, como todo, depende de las circunstancias de cada familia. Un día sí uno no, también está bien, o una vez cada dos semanas……

Qué hace el niño:

El niño trabaja con el material. Recorta, pega, charla, construye, deshace, juega, crea, pinta, guarda, envuelve, mete, saca, ata, empaqueta, trabaja,…

Con constancia, poco a poco ese trabajo va cambiando, evolucionando. El niño va haciendo pequeños descubrimientos, movido únicamente por su interés, a su ritmo. Hace conquistas que se debe a sí mismo. Es el único responsable de su trabajo, evolución y crecimiento.

Qué hace el adulto:

El adulto no controla el trabajo del niño. El trabajo del niño es de lo único de lo que no se tiene que ocupar: no lo juzga, ni lo motiva, ni lo dirige. El trabajo del niño es solo asunto del niño. Queremos que el niño trabaje para sí mismo, a su ritmo, en lo que quiera, por lo que el trabajo no está destinado al adulto, no es para agradarnos. Evitaremos en lo posible condicionar ese trabajo.

El juicio, los halagos y alabanzas, motivaciones, refuerzos, estímulos…. hacen que el niño no trabaje por sí mismo, hacen que el niño trabaje por y para los demás. Es la diferencia entre aprender y que te enseñen.

En esta actividad intentaremos que se den las condiciones necesarias para que el niño trabaje para sí mismo, para que sea él el que tome las decisiones respecto a su trabajo sin estar condicionado por los que le rodeas: para que trabaje en libertad.

El adulto se ocupa de lo que el niño necesita. Está al servicio del niño y de la actividad. El adulto viene a ser una herramienta del niño, para hacer aquellas cosas accesorias que hacen el trabajo del niño agradable. El adulto hace pequeñas cosas que le hacen ver al niño que está pendiente de él, que lo está cuidando a él y a su trabajo. Que respeta y valora su trabajo sin pasar por el juicio o la manipulación.

Como hemos dicho que el material y el trabajo dependen de cada niño y de cada familia, es difícil concretar exactamente qué es lo que tiene que hacer el adulto. Más o menos, el adulto:

– posibilita la actividad: da el material, cuida de que se vaya a dar con una cierta frecuencia, busca las mejores condiciones posibles para el trabajo, ofrece material que cree que el niño puede necesitar

– crea las condiciones para que el trabajo sea posible: evita las interrupciones, protege el trabajo del juicio, de la enseñanza, de la desconfianza en el niño…

– da hábitos de trabajo: enseña cómo se cogen las tijeras para evitar accidentes, cuida de que el trabajo se coloque bien en la mesa para que no se caiga, o se arrugue o se estropee… Es la única situación en que la enseñanza es necesaria, para dar hábitos y enseñar a utilizar el material.

– da y hace cumplir normas: no se juzga el trabajo, ni el propio ni el de los demás, no se desperdicia material, hace falta un orden, se recogen las cosas cuando se acaban de usar,

– observa al niño, para buscar aquellas cosas que el niño necesite. Una vez que se tiene clara la posición del adulto, dónde se entra y dónde no, conviene pararse a mirar al niño que tenemos delante para buscar qué necesita.

– cosas que podemos hacer: una vez que el niño ve y comprende para qué está el adulto, una vez que está establecida la relación con el niño, éste ya le pide al adulto lo que necesita. Pero hasta entonces hay pequeñas cosas que podemos ir haciendo: recoger lo que se caiga del suelo, cortar los trocitos de celo, cortar con el cúter el cartón, por donde el niño nos diga, sujetarle dos papeles para que no se le muevan cuando él pegue el celo, ….

– se toma en serio el trabajo del niño, porque es una cosa muy seria

– conserva el trabajo: una vez que el trabajo está terminado, le pone el nombre y la fecha y lo archiva. Las cosas que son planas, las guardamos en una carpeta. Las bolitas de papel, las guardo en una caja, y cosas más voluminosas, que no puedo guardar en casa, les hago una fotografía.

– respetar al niño: y por eso, porque le respeta, es por lo que no condiciona su trabajo, por lo que le deja que haga sus propios descubrimientos, por lo que no le roba conquistas. El niño (todas las personas) están en proceso. El respeto al niño, pasa por respetar su proceso, por no sacarle de él para hacer cosas que no le corresponden.

Es decir, que lo que al adulto no hace es:

– juzgar el trabajo

– enseñar, robar descubrimientos

– abandonar al niño, dejarle solo

– quedarse sin hacer nada

Además:

Lo más importante es tener clara la postura del adulto. Una vez que se respete eso, lo demás viene solo. Pero para poder adoptar ese rol, es muy importante trabajarse a uno mismo. Tal y como está planteada la actividad, todas las decisiones, la responsabilidad, y el mérito del trabajo, lo tiene el niño. Hay adultos que no están dispuestos a que los niños a quienes acompañan, crezcan sin necesitar de su intervención, de su enseñanza, de su motivación. También hay quien no está dispuesto a que los niños que acompañan trabajen a su ritmo, porque eso conlleva que va “retrasado” con respecto a los demás, que no hace cosas tan “bonitas” como lo que haría si yo le dijera “pega esto así”. Hay quien no soporta que su hijo pase horas haciendo trocitos de papel, con lo fácil que sería decirle “haz una casita en esta caja”. O hay quien necesita “imponer” (muy amablemente) sus ideas, sus descubrimientos, su manera de hacer las cosas…, al niño, con lo cual este no puede vivir su proceso. Otras personas, tienen tantas ganas de trabajar y jugar, que se proyectan en el niño, y en vez de trabajar para sí mismos y seguir su propio proceso, sus ganas de jugar les llevan a hacer que el niño juegue como ellos querrían hacerlo. Otras personas tienen problemas con la seguridad en uno mismo, con su ego, con la inseguridad en las capacidades del niño……

Y también, hay que revisar las expectativas que tenemos con respecto a los niños. Facilita mucho las cosas, es mucho más fácil adoptar esta postura si has visto procesos, si sabes lo que es el desarrollo “normal del niño”. El conocer el proceso, te permite reconocerlo en el niño con el que trabajas, y entonces puedes no juzgarlo. Saber que los niños gatean, y luego andan, hace que cuando tu hijo gatea no lo juzgues,  porque sabes que es una parte normal del proceso, sabes que es una etapa y luego vendrá otra. Yo sé, que trabajando así, mis hijos desarrollan capacidades. Sería bueno conocer cómo es este proceso, saber en qué y cómo trabajan los niños cuando aprenden de forma natural. ¿Cómo es el aprendizaje natural? Hoy en día, apenas se da, no dejamos que se produzca porque lo destruimos con nuestras intervenciones.

 

¿Cómo valorar un esfuerzo sin destruirlo? junio 1, 2012

Filed under: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 18:37

EL ESFUERZO: ¿esfuerzo o placer

Parte 1: El esfuerzo del niño

Parte 2: Dos tipos de esfuerzo

Parte 3: ¿Cómo valorar un esfuerzo sin destruirlo?

Según esto, ¿qué podemos hacer para valorar el esfuerzo del niño? ¿cómo podemos acompañar ese esfuerzo para que continúe? ¿cómo podemos cuidar el esfuerzo del niño sin destruirlo?

En el caso de que la actividad que requiere el esfuerzo responda a un interés personal, tengo más o menos claro el papel del adulto. En este caso yo creo que la postura del adulto debiera basarse en el respeto absoluto a la actividad del niño, y en establecer con el niño una relación en la cual el niño trabaja y el adulto le acompaña para darle lo que necesita. Esta forma de acompañar, no consiste en cambiar unas palabras por otras. Esto consiste en establecer una relación diferente con el niño, dándole lo que necesite, estando a su servicio, poniendo normas, creando buenas condiciones para el trabajo, sin juicio.
Veamos algunos ejemplos:
– si estoy en casa trabajando en el blog, mi marido me demuestra el valor que le da a mi trabajo ocupándose de los niños y no dejando que me interrumpan
– cuando mis hijos corren y saltan por casa, yo les demuestro que valoro su trabajo al no dejarles hacerlo en casa (porque es una norma que tenemos y porque en casa no hay buenas condiciones), al ofrecerles salir a la calle, al buscar un ambiente (en un parque, con amigos…) en el que puedan desarrollar este trabajo en las mejores condiciones posibles.

En aquellas situaciones que suponen un esfuerzo porque las hacemos por obligación no tengo tan clara la postura del adulto, no he reflexionado tanto acerca de ello. En estas actividades están incluidas:
– obligaciones que nos vienen impuestas desde fuera, desde nuestro trabajo: madrugar, reuniones, cursos, estudiar, deberes, tareas,… A veces pueden ser trabajos muy amables y ser incluso divertido, pero continúan siendo obligaciones puesto que no es algo que el niño elige.
– normas: recoger después de utilizar algo, hablar bajito en espacios cerrados…
– cosas que no nos gustan pero que queremos hacer para conseguir algo que sí que nos gusta: ahorrar para ir de vacaciones
Imagino que las pautas a seguir en estos casos serían acompañar al niño, hacérselo lo más llevadero posible, explicarle los motivos por los que lo tiene que hacer, razonárselo, hacerle ver lo que va a conseguir con su esfuerzo….

 

Dos tipos de esfuerzo mayo 31, 2012

Filed under: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 06:06

EL ESFUERZO: ¿esfuerzo o placer?

Parte 1: El esfuerzo de los niños

Parte 2: Dos tipos de esfuerzo

Parte 3: ¿Cómo valorar un esfuerzo sin destruirlo?

Está muy extendida la idea de que los adultos tenemos que reconocer el esfuerzo de los niños. En que este esfuerzo hay que valorarlo, apreciarlo, cuidarlo, para que se mantenga y el niño continúe esforzándose.
Lo que se suele hacer normalmente es juzgar positivamente el trabajo del niño (qué bien saltas, qué bien escribes, qué bien hablas inglés, qué bien has hecho la tarea), o bien hay quien opta por describir la situación (qué salto tan alto, qué letra más redonda, veo que te esfuerzas mucho, he visto todo lo que te has esforzado, veo que estás usando muchas piezas amarillas en tu torre).
¿Cómo nos sentimos los adultos cuando recibimos este tipo de acompañamiento en actividades que nos suponen un esfuerzo?

Hemos visto que hay dos tipo de “esfuerzos”:
– en aquellas cosas que hacemos porque queremos, es decir, cuando jugamos o trabajamos en nuestro interés
– en aquellas cosas que hacemos obligados, que hacemos porque no tenemos más remedio, porque lo necesitamos para conseguir algo.

En aquellas actividades que a mí me cuesta realizar, no creo que me sintiera cómoda recibiendo un juicio positivo o una descripción de mi actividad:
– qué bien hablas inglés: sé que no es verdad. Si hablara bien inglés no tendría que estar estudiándolo.
– veo que te estás esforzando: ¿y por eso me estás suspendiendo?
– qué bien has aparcado: sí, hombre, después de 20 maniobras
– veo que te ha costado un esfuerzo aparcar: encima cachondeo
– qué bien madrugas¿?¿?
– veo que a pesar de que se te cierran los ojos, has conseguido madrugar: zzzzzz
Este tipo de actividades, solo se llevan a cabo porque se quieren conseguir algo a cambio:
– voy a reuniones de trabajo porque me pagan un sueldo
– estudio en la universidad para sacar un título
– ahorro para poder tener luz eléctrica en casa
– estudio inglés para conseguir un trabajo mejor
Pero sino consiguiera esas recompensas, no haría ese esfuerzo. Necesito la recompensa para hacer el esfuerzo.

En cambio, en el otro tipo de actividades que son las mismas que las anteriores, pero que no cuesta esfuerzo hacer, no necesito ninguna recompensa para hacer el esfuerzo.
Son actividades que se hacen sin obtener nada a cambio.

¿Qué pasa entonces si damos una recompensa por realizar una actividad que no la necesita? Evidentemente, que actividades que se hacen “porque sí”, pasan a convertirse en actividades del otro grupo, en cosas que hacemos para conseguir algo a cambio.

Un niño construye un torre con piezas de construcción. Hace un esfuerzo, pero lo hace jugando, simplemente porque quiere. No consigue nada a cambio, solo su propia satisfacción personal. ¿Qué pasa si le alabamos su torre? Pues que en futuras construcciones buscará nuestra aprobación, y así, una actividad que no necesitaba de nada pasa a ser una actividad que busca recompensa.

 

El esfuerzo de los niños mayo 30, 2012

Filed under: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 19:11

EL ESFUERZO: ¿esfuerzo o placer?

Parte 1: El esfuerzo de los niños

Parte 2: Dos tipos de esfuerzo

Parte 3: ¿Cómo valorar un esfuerzo sin destruirlo?

Estos días, a raíz de comentarios y entradas de otros blogs, hemos estado dándole vueltas en casa al tema del esfuerzo. Está claro que los niños se esfuerzan, que hacen muchísimas cosas que les suponen un esfuerzo. En los primeros años de vida es muy fácil verlo. Por ejemplo:
– nacer: supone un esfuerzo enorme para el bebé, y sin embargo, la inmensa mayoría de ellos lo hacen sin problemas
– andar, y el desarrollo de la motricidad en general, les supone un gran esfuerzo. Primero sujetar la cabeza, luego la espalda, darse la vuelta, sentarse, gatear, ponerse en pie, dar un paso sin apoyo…. Inmediatamente, tras conseguir un objetivo se lanzan a por el siguiente, a por el más difícil todavía.
– en el juego: cuando corren, cuando saltan, cuando construyen, … ponen su capacidad al límite, haciendo un gran esfuerzo, para correr lo más rápido que puedan, para saltar lo más alto posible, para construir la torre más alta…

Pero este tipo de actividades, ¿las viven los niños como un esfuerzo? ¿por qué lo hacen, si les supone un esfuerzo? Principalmente lo hacen porque quieren,  y porque no tienen más remedio, porque lo necesitan para crecer, para aprender, para desarrollarse.

Los adultos también hacemos esfuerzos a veces. Por ejemplo:
– a mí me cuesta un esfuerzo aprender inglés. En cambio a mis hijos y a mi marido, no les cuesta ningún esfuerzo
– a mí me cuesta un esfuerzo hacer los trabajos que me piden en la universidad. Tengo que ir a clase, leer la bibliografía, escribir reflexiones… En cambio no me supone ningún esfuerzo trabajar en el blog, ir a cursos, leer lo que me recomendais, escribir entradas
– a mí me cuesta un esfuerzo ahorrar dinero para pagar la factura de la luz o del gas, que sube y sube. En cambio, no me cuesta ningún esfuerzo ahorrar para irnos de vacaciones
– me cuesta un esfuerzo madrugar para ir a una reunión del trabajo. Y no me cuesta ningún esfuerzo madrugar para ir de excursión.

¿Cómo es posible? ¿Por qué una misma actividad puede ser un esfuerzo o un placer? ¿Qué es lo que hace la diferencia?
La diferencia está entre hacer lo propio o lo ajeno, en trabajar siguiendo tu interés o en trabajar por obligación, en que la motivación que te mueve sea intrínseca o extrínseca.

 

He leído: Del dibujo infantil a la semiología de la expresión, de Arno Stern mayo 22, 2012

Este libro nos dio una gran alegría cuando se publicó, en el 2008, porque no había ninguno reciente de Arno Stern en español. Pueden encontrarse más títulos en otros idiomas.

El libro trata de la evolución que va siguiendo el dibujo desde la infancia y a lo largo de toda la vida: es lo que Arno llama la Formulación. Explica en qué consiste, qué pintan los niños y qué no, y porqué. De dónde viene, cómo evoluciona, qué condiciones tienen que darse para que no se destruya ese proceso.

El libro se le muy rápido y es ameno (o eso me parece a mí, porque ya sé de lo que habla). Tiene muchas fotografías, dibujos y esquemas que ilustran la explicación.

En cuanto al contenido, me parece básico, imprescindible para cualquiera que tenga algo que ver con la infancia o con el dibujo. Me queda la duda, de si sólo con la lectura del libro se puede llegar a comprender en qué consiste y qué condiciones necesita el dibujo infantil para crecer y desarrollarse. Es mucho lo que se intenta trasmitir, y no sé si se consigue sólo con la lectura del libro. La forma de ver el dibujo infantil (y la educación en general) es muy diferente a lo que hemos vivido y a cualquier otro enfoque que hayamos visto, por lo que no sé, si con la lectura del libro se puede llegar a comprender cómo funciona realmente el dibujo infantil.

 

Por qué no decimos muy bien mayo 11, 2012

Filed under: aprendizaje,crianza,educacion,educacion alternativa,reflexion personal — seeducansolos @ 19:29

La primera vez que que me encontré con la idea de que decir “muy bien”, quizá no era tan positivo como pensaba, fue cuando conocí la educación creadora.
La verdad es que fue una suerte conocer esta forma de ver el desarrollo humano y la educación, antes de ser madre o  maestra, y no tener nada que ver con niños. Porque esta idea del no juicio, requiere un trabajo personal: no consiste en suprimir unas palabras de nuestro vocabulario, sino que va más allá.


No se trata de no decir qué bien, sino de no juzgar. Hay situaciones en las que las cosas no están ni bien ni mal, por lo que no se juzgan. El problema es que hay muchas cosas que están siendo juzgadas cuando no debieran.
Conozco personas que creen que es cruel, que no está bien no decirles a los niños lo que hacen bien. Volvemos al mismo razonamiento de antes: y es que hay cosas que no están ni bien ni mal hechas.
Hay otras personas que creen que los niños necesitan motivación. Los niños necesitan muchas cosas, que les quieran y sentirse queridos y cuidados, necesitan que sus cosas sean tratadas con la importancia que tienen. Y necesitan seguridad, sentir que van a recibir ayuda si la necesitan, saber que tienen a alguien que les valora, que les cuida, que da importancia a su trabajo. Pero todo esto se puede hacer sin juzgarles continuamente, sin estar poniéndoles nota en cada cosa que hacen. No decir muy bien, o muy bonito, no quiere decir que no les cojas en brazos y te les comas a besos siempre que te apetezca. Hay muchas formas de dar cariño a un niño y de demostrarle cuánto te importa. Si eso solo se hace a través de la buena nota que saca el niño en cada cosa que hace, creo que habría que revisar esa relación adulto-niño.
Cuesta mucho encontrar información sobre este tema, de hecho, creo que solo conozco este artículo donde se habla de esto, aunque no estoy de acuerdo con todo lo que dice:
http://www.baalya.es/2011/11/09/alfie-kohn-cinco-razones-para-dejar-de-decir-%C2%A1muy-bien/

Los seres humanos siempre estamos en proceso: no terminamos de hacernos nunca. Siempre nos quedan cosas por aprender, reflexiones que hacer…. nunca terminamos de trabajarnos. Hoy sé muchas más cosas de las que sabía la semana pasada. He conocido personas, he aprendido cosas, cocino diferente, escribo diferente, utilizo otras herramientas…. Soy distinta a como era la semana pasada. Si ahora hago algo bien, ¿quiere decir eso que la semana pasada lo hacía mal? Claro que no, lo hacía diferente, pero no mejor ni peor. Y la semana que viene lo haré diferente también.
Yo escribo de una manera. Y mi hija de 3 años y medio, escribe de otra manera. Si le digo que qué bien escribe….. ¿quiere decir eso que yo escribo muchísimo mejor? Claro que no. Es que ella no escribe bien. Tampoco mal. Escribe a su manera, que es diferente de la manera de escribir de los demás, y es diferente también de la manera que ella misma tenía de escribir en otros momentos de su proceso.
Mi hijo de 5 años, escribe algunas letras. ¿Las escribe bien? Noooo, las escribe a su manera, que es diferente (no mejor o peor) a la forma que tenía de escribir hace un año, y a la forma que tendrá de escribir dentro de un año. Pero no es que escriba “bien”.

Hacer las cosas bien o mal, es una percepción subjetiva, que solo tiene sentido si se compara, si se toma una referencia. Yo conduzco bien. ¿Comparado con qué? ¿con migo, con cómo conducía antes? ¿o con otras personas, que conducen mejor o peor que yo? Yo conduzco a mi manera, aquí y ahora. Pero no bien o mal, ni mejor o peor. No tiene sentido compararse con cómo conducen los demás, porque los demás son diferentes a mí, con otros procesos, otras capacidades, otras circunstancias. Bien-mal son términos relativos, que solo tiene significado si se comparan con otros, y no tiene sentido comparar procesos, porque las personas somos diferentes. Tenemos diferentes procesos y diferentes formas de hacer las cosas. Todas las personas son diferentes a las demás, por lo que tienen su propia manera (diferente a los demás) de hacer las cosas. Y esa forma de hace , no es mejor o peor, es diferente.

Si una cosa está “bien hecha”, cabe la posibilidad de que salga mal. Un juicio, una alabanza, un muy bien, dice muchas cosas. Si un niño hace algo, y recibe un “muy bien” o “qué bonito”, lo que se le da a entender es que eso que esté haciendo le gusta al adulto que le acompaña. Es decir, que lo que el niño hace, tiene que agradar a los demás. Ya no puede hacer las cosas por sí mismo, porque sí, por su motivación intrínseca, sino que tiene que hacer cosas para que le gusten a los demás, por la motivación extrínseca. Se le hace dependiente de los juicios, las opiniones, la motivación de los que le rodean.
Por otro lado, que esto que has hecho esté “bien”, quiere decir que podría haber salido mal. Si un dibujo es bonito, cabe la posibilidad de que me hubiera salido feo.
El juicio (refuerzo positivo, alabanzas, …) no motiva al niño, sino que le hace dependiente de la opinión de los demás. Hacen que el niño deje de trabajar para sí mismo, y se ponga a trabajar para los demás (para conseguir un muy bien). Le condiciona. Y tampoco le da seguridad, sino todo lo contrario: que te juzguen da miedo, da la posibilidad de hacerlo mal aunque siempre le vayamos a decir que lo hace bien.

Circulan por internet muchas presentaciones de diapositivas. Unas son de fotografías increíbles, otras de Dios te quiere… y otras acerca de lo especiales que somos las personas. Hace poco me llegó por correo uno de estos últimos, titulado “Terapia del elogio”. Habla de que las relaciones hoy en día no duran por la falta de cariño en las familias y el valor que se les da a las críticas. Dice que nos elogiamos poco, y esto destruye matrimonios, porque las personas terminan buscando fuera lo que no encuentran dentro. Y la solución que le da a esto es que busquemos lo que nos gusta de las personas para elogiarlas, porque los elogios son la motivación de nuestra vida.
No puedo estar más en desacuerdo. Es cierto que las relaciones hay que cuidarlas, porque sino se deterioran, por supuesto. Pero yo no creo que una relación basada en los elogios funcione. Yo al menos no busco eso en la vida.
En casa, no somos de elogiarnos, la verdad. Yo sé que mi marido me quiere, que le gusto y que le importo. Pero no lo sé por lo que me dice, sino por lo que hace: porque me escucha, me apoya, me ayuda en todo, me hace reír, me aconseja, me anima…. porque sé que le tengo a mi lado a capa y espada, para lo que yo necesite. Se nos nota que estamos enamorados y que hacemos un buen equipo, pero no porque nos lo digamos: es tan evidente que ni nos lo decimos, no hace falta.
En mi vida profesional ocurre lo mismo. Tengo un trabajo en el que se me valora y se me aprecia. Y no me lo dicen con palabras, sino con hechos: están pendientes de lo que necesito, cuando tengo un problema se desviven por ayudarme, me aconsejan, me animan y me apoyan…. Pero no me han dicho nunca lo buena profesional que soy. En cambio he trabajado en sitios donde me ha ocurrido lo contrario: donde todo eran buenas palabras, pero no había nada detrás.
Cuidar una relación, tener una buena relación con una persona, no tiene porqué pasar por juzgarla, alabarla, elogiarla…. por decirle lo bien que hace ciertas cosas.
¿Qué clase de seguridad tenemos en nosotros mismos si necesitamos que desde fuera nos aprueben? ¿Qué clase de madre soy, que necesito que desde fuera me vayan aplaudiendo el cómo lo hago? ¿Qué clase de profesional soy que dudo de todo si no se me reconoce mi trabajo? Y repito, es cierto que necesitamos el apoyo de los que nos rodean, necesitamos que nos quieran, a veces necesitamos oír la opinión de otras personas….. pero esto es diferente a necesitar un “muy bien”.

En mi vida diaria, no me cuesta no emitir el juicio, aunque como ya he dicho es un trabajo personal, de conocer procesos y de reflexión contínua.
No se trata de suprimir el “muy bien” y ya está: no estoy hablando de morderse la lengua y evitar decir ciertas cosas. Se trata de no juzgar, y de cambiar nuestra forma de relacionarnos con ellos, se trata de hacerles ver que les queremos, que nos importan, que valoramos su trabajo, su actividad, su juego, su crecimiento…

En las siguientes situaciones, no digo “muy bien”:
– cuando Luis me ayuda: hay veces, que necesito que me ayuden, por ejemplo, el otro día, subiendo las escaleras de casa, no podía sujetar a los niños y las cosas que llevaba, y le pedí a Luis que me llevara él la carpeta. Al llegar a casa, le dí las gracias, y le expliqué que si no llega a ser por él no hubiera podido subir a casa. Pero no le dije que muy bien.
– cuando pintan
– cuando comen: no creo que mis hijos coman bien, ni tampoco que coman mal. Comen lo que necesitan, lo que hay. Suelen comer de todo, aunque hay cosas que no les gustan. Y comen sentados a la mesa, con sus cubiertos. Lógicamente, el pequeño (2 años) aguanta menos sentado a la mesa que el mayor (5 años), pero eso no quiere decir que uno coma mejor o peor que el otro.
– cuando recogen: después de jugar con algo hay que recogerlo. Sé que mis niños son pequeños, y que por eso muchas veces no lo hacen. Pero no es que lo hagan mal. Les recordamos que hay que recoger, les acompañamos, a veces nos enfadamos, les ayudamos… Y si recogen, no les decimos que han hecho “bien”. Lo que hacen es ponerse a trabajar con otra cosa. La “recompensa” “el refuerzo positivo” viene solo, y es que como han recogido unos juguetes pueden sacar otros. Lógicamente, estoy de mejor humor cuando está todo recogido que cuando lo dejan todo por ahí tirado, pero no les decimos que lo hacen bien-mal.
– en los columpios: veo a madres que no paran de de decirles a sus hijos lo bien que suben al tobogán y lo bien que bajan, lo bien que se columpian, lo bien que se abrochan la cazadora, lo bien que se comen el bocadillo…. A mí eso no me sale. No sé si mis hijos suben bien al tobogán, nunca me lo he planteado.

 

 
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